LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

02/02/05 07:30:00

Después de una encarnizada pelea contra guerreros yakuza en el sótano de una videogalería de Tokio, en la que evidentemente yo gano, y tras recuperarme haciendo surf aéreo en un lujoso complejo hotelero en la órbita de la luna de Chisgán, me encuentro de pronto, sin transición y sin cables, suspendida en un gran túnel o pozo, negro y enorme con una luz al fondo. Y ya se sabe, en estas situaciones de tunel/pozo con luz al fondo… ¡NO VAYAS HACIA ELLA! No lo hago. Pero entonces, noto que del fondo de luz viene un ruido estridente y muy molesto, y una música de hip-hop de fondo. Me pregnto de donde viene y qué quiere de mí. En ese momento la luz se hace más grande, avanzando hacia mí con el efecto del zoom de una cámara y retrocede otra vez. Ya entiendo lo que pasa pero, no es posible, no pueden ser ya las 7:30. Inicio la dura escalada por el túnel vertical. Es difícil, no hay casi de donde agarrarse, la superficie es blanda, gelatinosa, se escapa entre los dedos y es todo tan negro que ni siquiera puedo verme las manos. Antes de llegar al final ya siento el aire helado y la dureza de la luz del otro lado, que espera para clavarse en los ojos. Conseguido. Pero he tardado una eternidad y ahora toca correr porque por alguna razón que aún desconozco tengo que llegar lo antes posible a una cueva artificial de paredes lisas y colores metálicos en la que hay una música muy bonita que un señor hace salir de un Yamaha, pero nadie te saca a bailar a pesar de la cantidad de gente que hay. Es un momento duro porque casi todo el mundo está de muy mal humor y se mueven por raíles invisibles que tienes que intentar no cruzar si no quieres ser atropellado sin remedio. Una vez a salvo en la plataforma de espera, llega un vehículo en forma de gusano articulado de metal gigante, haciendo un ruido horrible en el mejor momento de la sonata de Chopin que sale del Yamaha. Las puertas se abren y ves un tetris humano en el que no tienes más remedio que participar como pieza porque si no, no hay viaje. Así que coges aire y saltas hacia dentro. Pasado un rato, muchos se cansan de jugar y se bajan. No es tan divertido pero hay más oxígeno, puedes leer, mover los brazos o descifrar los titulares en los periódicos de los demás. Luego escaleras, más gente de mal humor, luz natural. Parada de 10 minutos de placer en un refugio con el super combo mañanero café-cigarro-libro. Se acabó el tiempo. Salgo de nuevo al Sol y al viento para pasar la segunda pantalla. Es una calle larga y gris entre bosques feos de ladrillo. Si llegas al final sin que ningún vehículo a motor te atropelle ganas. Si te atropella otro jugador también ganas pero con menos vidas para la pantalla siguiente. Entro en el familiar edificio de cristal color bronce suspendido en la contaminación y subo a la planta once, un centro de operaciones administrativas del Imperio con fotos de Darth Vader en las paredes. Es un lugar frío y algo inhóspito donde paso un montón de horas haciendo cosas bastante absurdas. Pero me refugio en mi ordenador, en la Red, que crea una cápsula de protección a mi alrededor y me conecta con la realidad. Pronto saldré del Imperio para siempre y volaré muy lejos, atravesando pantallas sin parar, dando saltos por el mundo sujeta por la tela de araña.

«02/02/05 07:30:00» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 2 de Febrero de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.