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15M: un año después

Un año después, el 15M no ha conseguido vencer sus principales debilidades. Y sin embargo, lo que se manifiesta como una menor convocatoria y una consolidada incapacidad para el hacer, puede estar ocultando motivos para la esperanza.

15m un año después«El País» dedica una página especial con emisión en directo a la asamblea de la Puerta del Sol. Hay poca gente. La asamblea, que se proponía resumir todas las reivindicaciones del movimiento elaboradas durante un año y las recogidas desde el día 12, avanza torpemente. Las intervenciones tienen algo de litúrgico: varios oradores matizan sus propuestas apostillando «si alguien está en contra, no pasa nada». Hay en otros mucho sabor a autoayuda y muchas referencias a la «experiencia» personal, al «hacer amigos». Cuando empiezan a surgir propuestas, no quedan más de unos cientos de personas. Resultan decepcionantes: desde sustituir el euro por una «peseta del amor» a convertir el 15M de cada año en un día de «huelga social» hasta que el capitalismo caiga de rodillas. Dan ganas de preguntar cómo es que un domingo extra va a doblegar al sistema en una parte del mundo en la que, en la mayoría de las ciudades, los domingos las tiendas están cerradas y no nadie va a trabajar.

¿Por qué hay tan poca gente y sobre todo tan pocas ideas?

La prensa y en especial «El País» habían levantado altas expectativas sobre la capacidad del movimiento 15M para plantear una alternativa a la situación cada día más precaria de la política y la economía. Y el pasado sábado 12 de mayo, sin llegar ni de lejos a la movilización masiva de la víspera de las elecciones del 20 de noviembre de 2011, la Puerta del Sol reunió 30.000 manifestantes. Los columnistas estrella alabaron la «poesía política» de unos carteles -como los que ilustran este post- rebosantes de infantilismo y vacíos de contenido. Pero no había manera: las propuestas, publicadas por fin tras un año de «sistematización», seguían sin aportar nada, confundiendo deseos con ideas e ideas con reformas.

La frustración de la expectativa es evidente y las convocatorias «se desangran», reduciendo el número de manifestantes cada día. El día del aniversario, apenas quedan unos miles y al final de la noche unos centenares, en una ciudad habituada a manifestaciones de centenares de miles de personas.

La frustración no se produce solo en los sectores sociales que miraban el movimiento desde fuera a través de los medios. Desde dentro del movimiento, en muchas conversaciones, se bromea abiertamente con una dinámica deliberativa dependiente de lo presencial hasta el límite, obsesionada por la unanimidad sin acabar de definir quién es parte de la que comunidad y que parece querer solucionar todo organizando una comisión adhoc para su estudio. Sus únicas realizaciones materiales, como la «Cooperativa integral catalana», parecen caer en los mismos errores, confundiendo deseos con planes, reuniones con acciones, adhesión con participación e interacción, sin pasar de un plan ambicioso a su realización.

El hecho es que en un año el movimiento 15M ha sido incapaz de transformar la deliberación en acción y mucho menos de constituir las bases de un nuevo consenso social más allá de ese gigantesco «no me gusta» que, al modo de un facebook presencial, representó en su origen. Por eso pierde capacidad de convocatoria a pesar de que su propio entorno esté sediento de alternativas y su audiencia esté siendo azotada por alarmas financieras y avisos de nuevos recortes de gasto público casi diariamente.

Y sin embargo…

Sin embargo, el 15M tiene también una cara esperanzadora y oculta: su colapso.

En la práctica las asambleas de barrio y ciudad evolucionaron pronto hacia conjuntos de «comisiones de trabajo» relativamente estables, que se hicieron conscientes de ser comunidades conversacionales autónomas. Algunos de esos grupos tienen la dimensión y el grado de interacción necesarios para ser capaces de destilar algo más que descontento, asumir una reflexión más profunda y pasar al hacer. Les pesa sin embargo la banalidad del movimiento en su conjunto y la decantación se dibuja para muchos entre el ir más allá y la fiesta social, casi folclórica, que en muchos barrios supone «el grupo de los domingos» con su mercado de trueque y sus debates abiertos que no avanzan más allá de la agenda mediática.

Si visitamos tomalaplaza.net veremos que ni siquiera el aniversario ha sido capaz de reactivar la mayoría de los grupos locales. Muchos han quedado reducidos a una docena de personas o menos. Otros han abandonado casi toda la actividad e incluso cerrado sus webs. Y sin embargo, cada día hay más iniciativas, más conversaciones abiertas, una actitud distinta y caras nuevas en cualquier debate público que se plantee desde la construcción de alternativas a la crisis. En pequeños grupos entre el público plantearán preguntas, se quedarán a discutir, nos contarán que han comenzado a escribir un blog y se están planteando constituir una cooperativa… Son los que «ya se han ido». Aunque sigan emocionalmente ligados a la experiencia de hace un año, han sabido empezar a hacer la crítica. Les queda un largo camino de discusiones, de aprendizaje y de construcción. Pero representan una esperanza.

«15M: un año después» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 16 de Mayo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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