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Historia del 8 de marzo

El «8 de marzo» fue creado por mujeres socialistas para dejar en evidencia a las feministas y su relación con el poder. No se celebraba con una manifestación de mujeres, sino con una huelga y demostración de fuerza de toda la clase trabajadora: hombres y mujeres, estuvieran en activo, parados o dedicados a la crianza. Si queremos que sirva para cambiar algo, mañana debería ser igual.

El 8 de marzo nació como parte de la batalla de los grupos de mujeres de la izquierda socialista de finales del siglo XIX contra el feminismo de la época. Aunque hoy parezca sorprendente, la mayor red política de mujeres de la Historia, la más radical y más combativa, no solo no fue «feminista» sino que batalló duramente durante años en nombre de la liberación de la mujer contra el feminismo que entonces nacía como movimiento político haciendo bandera del «sufragismo». ¿Estaban mujeres como Rosa Luxemburg en contra del voto femenino? Estaban por el sufragio universal verdadero, incluyendo hombres y mujeres de todas las clases sociales. En cambio, las feministas estaban de acuerdo en apoyar el sufragio censitario -solo para las élites sociales- siempre que incluyera a las mujeres de las clases superiores.

El feminismo reivindicaba voto femenino para las clases altas, el #8deMarzo el sufragio universal

Clara Zetkin

A la cabeza de la organización de las mujeres trabajadoras en Europa estaba Clara Zetkin, a quien no por casualidad se le suele considerar la principal responsable de la consecución del sufragio universal en Alemania en 1918, el primero de Europa junto con la Finlandia revolucionaria. En su círculo estaba también Rosa Luxemburg, posiblemente la revolucionaria más influyente de la historia europea.

Clara Zetkin era una veinteañera maestra socialista cuando Bismarck prohibe el partido Socialdemócrata en 1881. Se exilia entonces voluntariamente en París primero y en Suiza después, donde entablará relación con Paul Lafargue, Jenny Marx, Plejánov, la gran Vera Zasulich y, epistolarmente, con Engels. Zetkin será parte, con Kautsky y Bebel del núcleo de ideólogos heredero del marxismo pragmático de Wilhem Liebknecht que daría forma a la socialdemocracia alemana y europea; y se identificará cada vez más con el ala izquierda de la nueva generación -Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.

A su vuelta a Alemania, en enero de 1892 toma la dirección de «Die Arbeiterin» («El trabajador») un periódico socialdemócrata de Stuttgart que está en crisis financiera. Cambia la cabecera a «Die Gleichheit» («La Igualdad»), conviertiéndolo desde el primer momento en portavoz del ala marxista del partido. Y es que la reivindicación de la igualdad para los socialdemócratas de la época se fundamentaba en su concepción del trabajo. Era igualdad como en «comunidad igualitaria», no como en «igualdad de género». Por supuesto el igualitarismo de los marxistas de la época partía de no hacer diferencias entre hombres y mujeres, pero era mucho más ambicioso, aspiraba a una sociedad realmente igualitaria en lo que es verdaderamente importante: la satisfacción de las necesidades de cada persona.

Liberación contra feminismo

Zetkin presenta en el famoso congreso del SPD en Gotha (1896), su informe sobre «la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia». El informe estaba fuertemente influido por el que seguramente sea el libro más importante de la teoría marxista alemana del siglo XIX, «La Mujer y el Socialismo», de August Bebel. Zetkin levantará explícitamente la bandera del voto universal femenino como parte integral de la reivindicación de la extensión del derecho al voto a las clases trabajadoras. Estamos un año antes de que el primer feminismo político, las sufragistas, se organice por primera vez a nivel nacional en Gran Bretaña.

Las creadoras del #8deMarzo consideraban el feminismo una ideología de mujeres privilegiadas

Para Zetkin como para todo el ala izquierda de la socialdemocracia el sufragio universal es parte del «programa táctico». Lo «táctico» para los marxistas significaba una serie de conquistas democráticas básicas que habrían de permitir a los trabajadores madurar como sujeto político y construir un proyecto político y social propio capaz de transformar el orden social.

Que sea táctico no quiere decir que no sea importante, al revés: en el lenguaje de la socialdemocracia del XIX «táctico» es todo aquello por lo que hay que luchar para que la revolución pueda llegar a ser posible. Para la izquierda del partido, en lo «táctico» más que en ninguna otra cosa hay que ser intransiguente. Esa intransigencia en la batalla por el voto para todos, les llevó a tener enfrentamientos graves en el seno de la Internacional. Zetkin, Luxemburg, Liebknecht y otros dirigentes de la izquierda reprocharán a la Internacional haber permitido que el partido socialista belga aprobara un sufragio femenino restringido a las clases altas, según el modelo defendido entonces por las feministas británicas, y protestarán una y otra vez por haber dejado pasar que los sindicatos ingleses retrasaran el voto universal en Gran Bretaña. El enfrentamiento, que se daba en el marco revolucionarios vs reformistas, llegará a la ruptura total con el estallido de la guerra mundial. Recuerda Zetkin:

El Congreso de la II Internacional celebrado en Stuttgart comprometió a los partidos socialdemócratas de todos los países a iniciar la lucha por el sufragio universal femenino como parte esencial e irrenunciable de la lucha general del proletariado por el derecho de voto y por el poder, en neta contraposición con las aspiraciones feministas.

Porque lo que quedaba claro tanto para Zetkin como para Luxemburg es que con las feministas no cabía otra cosa que la decantación y la separación y que había que hacerlo de la manera más clara y contundente posible. No soportaban el argumentario «moral y espiritual» del feminismo y las invocaciones al «desarrollo de la propia personalidad» cuando lo que estaban en realidad reivindicando las feministas era la igualdad entre hombres y mujeres de las capas en el poder dentro de ese poder. Como escribiría en «Die Gleichheit» Rosa Luxemburg, el poder de las señoras burguesas nacía de su posición social y la reforma legal del derecho a voto lo afianzaría; sin embargo, las mujeres trabajadoras no tenían otra opcción que afirmar una lógica de poder diferente y solo podían hacerlo en el marco de las luchas obreras.

Las defensoras de los derechos de las mujeres burguesas desean adquirir derechos políticos para participar en la vida política. Las mujeres proletarias solo pueden seguir el camino de las luchas obreras, lo opuesto de poner un pie en el poder real por medio de estatutos básicamente jurídicos.

Zetkin y Luxemburg batallarán fieramente durante años contra la propuesta de las feministas a nivel internacional de hacer un frente único de organizaciones de mujeres por el sufragio femenino. En vez de entrar en el juego posibilista, remarcarán el carácter socialista y obrero del movimiento por el sufragio realmente universal, es decir, incluyendo la consecución del voto por las mujeres. Parte de la estrategia para conseguirlo fue la propuesta, que haría Zetkin, de convertir el 8 de marzo en «Día de Solidaridad Internacional entre las mujeres proletarias» en 1910.

La fecha y la denominación son importantes: se conmemoraba un infame y cruel asesinato patronal de obreras en huelga, lo que no podía sino incomodar a unas feministas que eran en su mayoría esposas e hijas de la burguesía industrial. Las manifestaciones y huelgas del 8 de marzo no eran «de mujeres», sino una manifestación de la capacidad de la clase trabajadora para poner en cuestión el orden establecido y la continuidad de la producción.

En otras palabras, es difícil imaginar una festividad más específicamente diseñada para poner en evidencia al feminismo de la época. No sería exagerado decir que el 8 de marzo era, en realidad, una manifestación contra el feminismo.

El #8deMarzo buscaba dejar en evidencia la relación del feminismo con el poder

Apéndice: La hora de la verdad

Cuando en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial los miedos del ala izquierda de la socialdemocracia se confirman: la tendencia «reformista» se alinea en cada país con los gobiernos y llaman a los trabajadores a alistarse y matarse unos a otros en masa. La tecnología y la lógica de la producción industrial a gran escala se usará por primera vez para destruir y masacrar. Morirán a lo largo de la guerra más de 30 millones de personas, en su mayoría jóvenes trabajadores; quedarán también millones de heridos. La conclusión de los marxistas es obvia: un sistema que dedica sus capacidades a la destrucción de sus principales fuerzas productivas -capital y trabajo- ya no puede ser progresivo, ha de ser abolido cuanto antes.

Las feministas británicas -las sufragistas- mientras tanto, han «exigido» ser parte del «esfuerzo de guerra» y tener un papel apoyando a sus gobiernos y ejércitos en la carnicería bélica. Nada podía haber dado más la razón a las antiguas diatribas de Zetkin y Luxemburg contra ellas. Escribe Zetkin:

No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas

Las creadoras del #8deMarzo no se dirigían solo a las trabajadoras, sino a todos los trabajadores

En el momento más duro de persecución Zetkin organizará una conferencia internacional contra la guerra… aunque en su título fuera «de mujeres» el objetivo no tendrá nada de específicamente femenino sino:

Conducir a los proletarios a liberarse del nacionalismo y a los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para la lucha de clases. El fin de la guerra no puede ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de una acción, la Conferencia hace un llamamiento a las mujeres socialistas y a los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!

Este carácter universal del movimiento revolucionario, está en la línea con lo que dicen en ese momento las grandes dirigentes revolucionarias como Luxemburg o Kollontai. La insurrección obrera en los frentes y la retaguardias rusa, alemana y -en menor medida francesa- ha conseguido parar la guerra, la revolución mundial parece inminente, una nueva Internacional se está organizando, la izquierda socialdemócrata forma un nuevo partido, el «Spartakus Bund» (la «Unión Espartaquista»), con Rosa Luxemburg, Clara Zetkin, Leo Jogiches y Karl Liebknecht a su frente.

La «Liberación de la mujer»

La diferencia entre «liberación de la mujer» y «feminismo» nunca fue baladí. El feminismo entonces y ahora, es una ideología cuyos presupuestos vienen del puritanismo y el radicalismo democrático anglosajón, fundamentalmente esencialista. El elemento común que define al feminismo, entonces y ahora, es la idea de que «las mujeres» forman un sujeto político con una agenda propia, independiente de la superación de las divisiones de clase.

La idea de Zetkin, como de sus amigos Rosa Luxemburg, Bebel o Liebknecht, era muy distinta y muy sencilla: el feminismo, un movimiento democrático-burgués, podría conseguir solo aquello que los grandes intereses económicos estuvieran dispuestos a «conceder» o incluso encabezar en cada momento. No es posible siquiera pensar una «liberación femenina» sin la liberación de todo el género humano. ¿Liberarse de qué? De una organización económica enfrentada a las necesidades humanas: el capitalismo. Para Zetkin y Luxemburg como para toda el ala izquierda de la socialdemocracia -que pasarían a llamarse «comunistas»- el único sujeto que podría conseguir eso era la clase trabajadora. La nación, el sexo, el género y cualquier otra categoría sociológica no hablaban en nombre de las necesidades humanas genéricas y estaban condenadas -incluso con independencia de la voluntad de sus portavoces e ideólogos- a poner por delante sus agendas particulares y servir a la conservación de un sistema que era urgente superar, como habían hecho las feministas con la guerra.

¿Es posible concebir una «liberación de la mujer» sin la liberación de todo el género humano?

Mañana, 8 de marzo, se ha convocado internacionalmente un paro parcial solo de mujeres. Las creadoras de la convocatoria original se hubieran, simplemente, horrorizado.

Zetkin como Luxemburg o Kollontai no fueron feministas. Bien al contrario enfrentaron el feminismo durante toda su vida. La celebración del 8 de marzo fue parte de ese enfrentamiento: buscaba poner en evidencia el carácter reaccionario del feminismo y proclamar que la liberación real de las mujeres solo llegaría por el empuje del movimiento de los trabajadores, hombres y mujeres, juntos e iguales, hacia una nueva sociedad basada en una economía diferente, precisamente lo opuesto a la «identity politics» que nacería del feminismo.

Vamos camino ya de sufrir una década de crisis económica. Es difícil argumentar hoy que el sistema económico actual sea capaz o siquiera se oriente a satisfacer las necesidades de la Humanidad. Tal vez, sea hora de recuperar el 8 de marzo original. Y «original» quiere decir, sobre todo, no restringido a «las mujeres». Porque no serán «las mujeres», ni «los varones», ni «las minorías» ni ningunas otras «identidades» sociológicas las que puedan superar la descomposición, sino el trabajo que es lo que está en el corazón del sistema económico.

El 8 de marzo afirmaba y debería seguir afirmando, la urgencia de un cambio de sistema económico y social. No debería excluir a los trabajadores varones… ni afirmar una «unidad de las mujeres» ciega a la creciente desigualdad y descomposición social. El 8 de marzo debe afirmar la posibilidad del cambio, no las divisiones y discriminaciones que lo dificultan artificialmente.

El #8deMarzo debería afirmar urgencia del cambio, no las divisiones que lo dificultan

Por eso el 8 de marzo no se celebraba con una manifestación de mujeres, sino con una huelga y demostración de fuerza de toda la clase trabajadora: hombres y mujeres, estuvieran en activo, parados o dedicados a la crianza. Si queremos que sirva para cambiar algo, mañana debería ser igual.

«Historia del 8 de marzo» recibió 32 desde que se publicó el Martes 7 de Marzo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Fantástico, Natalia. Claro como el agua. Tirando del hilo podríamos aplicar el mismo “bisturí” a otras políticas de identidad.

    • Ayer justamente leía en Jacobin cómo la hegemonía de la «teoría postcolonial» culturalista (cuyo objetivo era crear la diferencia para las comunidades imaginadas de etnia en EEUU y el anglomundo) empieza a recibir críticas en la academia desde una perspectiva materialista.

      Lo curioso es que eso ocurre cuando en España el postmodernismo empieza timidamente a intentar crear una identity politics racial, recogiendo las historias de los negros sevillanos del siglo XVI, las trazas de la esclavitud en la cultura popular, etc…

  2. Desde luego que si Juan! Ha pasado a aceptarse que una sociedad igualitaria es aquella en la que hombres y mujeres son iguales. Cuántas veces lo hemos escuchado en los últimos tiempos, los mismos en los que la desigualdad ha crecido de forma escandalosa. Más que nunca, es importante recuperar los significados!

  3. Tremendo post @nat! Buenísimo y tremendamente necesario!! El feminismo es la punta de lanza del identitarismo hoy y por lo mismo de la división artificial en dos del movimiento del trabajo y de lo comunitario. Y solo ahí está la salida de todo esto.

  4. Ay @antonio creo que no entiendo lo que quieres decir. No se trata de caer en los brazos del universalismo. La identidad en cajitas separadas y enfrentadas entre si, no se si es un modelo agotado, apuesto a que si; desde luego me resulta agotador.

  5. Magnífico texto María, lo voy a distribuir como caramelos. Antonio hace una pregunta muy interesante: el modelo “identity politics” aparece por alguna cosa ¿no? Fuera del contexto anglosajón, hay un modelo de “identity politics” que tiene que ver con la colonización y la descolonización cuyo proceso de opresión intelectual describieron Fanon y Memmi (“Piel negra máscaras blancas” y “retrato del colonizado”). Ahí, el obrero blanco francés residente en Argelia o Túnez (o incluso en la metrópoli) que se beneficiaba en el sentido más material del término, del régimen colonial, formaba parte del sistema de opresión sobre una comunidad a la que se le negaba incluso la identidad propia, por muy obrero que fuese. En el lado del feminismo, no creo que sea incompatible que las luchas de las mujeres tengan su propia agenda por ejemplo en el caso de la violencia machista (que ya sabemos que nos incumbe a todos, no sólo a las mujeres, pero… ) o su propio acento en muchas materias, con contar con una perspectiva amplia del conflicto social. Dicho esto, es muy claro que tal vez Melania Trump sea una mujer oprimida, pero seguro que su concepto de opresión coincide escasamente con el de la señora que le limpia los baños de la mansión. En EEUU el discurso de las “identity politics” se pone en cuestión porque allá, que es donde más se ha impulsado, ya ha llegado a sus callejones sin salida, mientras la desigualdad (la económica, la que impone la mayor parte de las demás) no para de crecer. Lo que pone el foco en el problema de siempre: en como se reparte o se ha de repartir la tarta de la riqueza que producimos entre todos.

    • La lógica de la identidad, que tiene cierta utilidad, de cierta manera, en cierto modo (tú te llamas Daniel y yo Antonio, esta distinción economiza mucho el lenguaje para entendernos), llevada al extremo es insostenible; como también es útil (en cierta manera, de cierto modo) principio de indeferenciación, y llevado al extremo vuelve a ser insostenible. Me preocupa entrar en dinámicas de oposición que en el fondo caen de nuevo en la identidad (identidad pro-identidad vs identidad anti-identidad). Hacia adentro, como grupo creas cohesión, pero hacia fuera, estás, en el fondo, comprando el marco.

    • Exacto @daniel! Yo cada vez que oigo lo de la «sororidad», la fraternidad restringida a las mujeres pero por encima de las clases, pienso «otra burócrata que quiere una subvención de Ana Patricia Botín»… Aquí la clave está en quién le da la vuelta a esto. Y no serán esas categorías que te junta a la banquera y la señora de la limpienza como si fueran lo mismo.

      De Argelia ya hablaremos un día porque creo que ese modelo identitario no fue real, solo una expresión de las piruetas del PCF para no fallar a los intereses soviéticos del momento. El FLN atacó sobre todo a argelinos árabes, tamazig y «mezclados» por algo…

      Y sobre la violencia de género… te diré que cada día tengo más dudas. En primer lugar creo que reducir por debajo del medio centenar de víctimas a base de políticas públicas es poco menos que imposible. En segundo lugar temo que invisibiliza la violencia sistémica más amplia que se asoma en los más de 4000 suicidios que vemos al año y que tienen que ver con un sistema que destruye el valor de la vida humana, no solo a través del machismo, de hecho no fundamentalmente a través del machismo, sino a través del conjunto de la experiencia humana que define, empezando por el trabajo… o su ausencia.

  6. jajajaja!!! no recordaba a la madre de Mary Poppins, la superó la niñera a modo «La mano que mece la cuna» 😉 Por otro lado fíjate, ¿cuántas sufragistas vimos en películas inglesas, ¿cuántas películas sobre Rosa Luxemburg o la movilización por el sufragio universal? Tenemos pendiente un gran homenaje!

    • Creo que la nuestra es la única biblioteca en España con las obras completas de Rosa Luxemburg (ni la vieja fundación del PC las tiene), y no hay que olvidar q además de una colección muy completa de traducciones al español en distintas épocas y países, conservamos las joyitas de la Unión Spartakista del 89… vamos, que podemos hacer un homenaje virtual, un documental y hasta una exposición… Por cierto que Rosa Luxemburg no solo se enfrentó al feminismo que es lo más conocido, sino sobre todo al nacionalismo «de izquierdas» polaco y judío (el famoso «Bund»), es decir, a los principales identitarismos de su época en Europa Central.

      Y aunque su debate con Lenin sobre la consciencia política es muy conocido (y sigue siendo actual) es seguramente su lectura de la teoría marxista de la crisis y el papel del mercado global lo más interesante de su trabajo. RL básicamente le dice a Lenin que no hay países imperialistas sino que el sistema ha entrado en una fase imperialista en la que hasta los estados más pequeños y más «jóvenes», van a jugar el mismo juego… lo cual sustenta la idea de que ningún movimiento de independencia nacional puede ser ya «progresivo» en el sentido marxista (ampliar de forma efectiva el mercado mundial como camino para desarrollar las fuerzas productivas). En fin… habría que desarrollarlo, pero RL es la antítesis de las posturas que «tácticamente» tomarían los comunistas rusos antes de Stalin y que, a partir de los años 30, se convertirían sin matices en el dogma stalinista y en la base de la definición común de izquierda (apoyo a las «liberaciones nacionales», aceptación de movimientos identitaristas como «nuevas vanguardias», culto del «intelectual progresista», tercermundismo, centralismo y verticalismo a ultranza de la organización del partido y del estado, etc.)

    • Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

      Sí, yo también soy de Mary Poppins. Realmente hay muchas fracturas, grietas que nos atraviesan. Resulta evidente la discriminación y la injusticia que sufren muchas mujeres. Y la sufren en muchos casos por la posición que la sociedad, o la cultura o la religión pone a la mujer, a la procreadora que cuida de la familia y tiene que llevar la casa. Pero también está la fisura de las clases sociales, que atraviesa a muchas mujeres y las separa en otros compartimentos sociológicos y económicos. Entiendo que lo que destaca el artículo de Nat (y hoy aparece uno similar en Jacobin) es el hecho de que hay una lucha por la igualdad entre las personas alternativa a la más conocida del feminismo o de las sufraguistas, que defiende la igualdad total de todas las mujeres de todas las clases sociales, sin distinciones, y que no concibe que haya ningún factor esencialista en la constitución de una mujer que tenga que ser ni especialmente defendido ni atacado. Pero yo entiendo que ello no significa que no se reconozcan una serie de causas estructurales de opresión, eso sí, que operan a distinto nivel según la clase social en la que esté cada mujer. A mí me parece más sensata y justa la postura de Luxemburg, pero no por ello demonizo a las sufraguistas, ni tampoco a las mujeres que en diversas partes del mundo intentan quitarse de encima la injusticia que soportan como personas, pero también por el hecho de ser mujeres, es decir, de pertenecer a un tipo de casilla que en determinados lugares del mundo y grupos soporta la injusticia. Por ejemplo, el siguiente artículo (https://santieraso.wordpress.com/2017/03/07/vivas-y-libres/) que aparece hoy posee ese vocabulario académico un tanto repelente que a mí ya de entrada me disgusta, pero también dice verdades como puños.
      Entiendo pertinente la pregunta de @toni y lo que afirma @Daniel porque habrá que estudiar a qué razones atiende este feminismo que tanto atrae a la derecha de Cospedal, por ejemplo, que aparece dando lecciones de igualdad de género.

      • El atractivo principal para el sistema es obvio: invisibilizar el problema y dividir a la solución 🙂

      • La derecha ya no puede hacer ver que el marco feminista no existe, por eso tiene que intentar contrarrestarlo, apoyándose en sus inconsistencias y contradicciones. Para empezar, no hay “un feminismo”, reducirlo a uno que nos convenga es una operación para demonizarlo, igual que se hace con el comunitarismo (todos hippies). Lo que critiques en uno no será justo con otro. Y entre esos feminismos hay muy violentas batallas, se llevan a matar. Por mi parte, al margen de que haya perspectivas feministas que me entusiasman y otras que me horrorizan, me parece que estando el patio como está para las mujeres, que el objeto de MI crítica, de ese tiempo y esfuerzo precioso, sea el feminismo, me parece un error. Que a día de hoy las mujeres tengan miedo de caminar solas por la noche no es culpa del feminismo, ni de la sororidad. Es problema de la camadería machista. Si voy a dedicar energía, es a criticar eso, no la respuesta, acertada o no, que algunas mujeres estén poniendo en marcha. La sororidad es que en ausencia de otra solución, las prostitutas del Raval se organicen con teléfonos móviles para autodefenderse, porque no han encontrado otra solución. Sororidad es que Ismene le diga a Antígona que no sacrique su vida y por tanto su vínculo de hermana real, por defender unos valores abstractos (que, oh, vienen dicatados por hombres) ¿Hay que poner el tema de las clases en la ecuación? Por supuesto. Pero no olvidemos lo que dijo la ilustre marxista Flora Tristan, la que acuñó lo de “proletarios del mundo, uníos”: la mujer es la proletaria del proletariado. Y con la mejora de las condiciones de los trabajadores, eso no ha cambiado tanto.
        Y ya me callo sobre este tema, pienso que me he explicado suficientemente. Entiendo que si ponéis cosas para que comentemos, tenemos que compartir lo que pensamos de manera franca y educada. Una cosa son los hechos que relatáis, y la otra la interpretación que hacéis de las consecuencias que se derivan. Si encuentro problemas en la interpretación, entonces tenéis que ser más convincentes con vuestros argumentos, nada más.

  7. Y no te parece que la sororidad elimina de la ecuación el hecho de que un hombre ayude a una mujer? Es cuestión de mujeres ayudar a las prostitutas del Raval? es cuestión de mujeres preguntarle a otra mujer si le pasa algo, en serio hemos llegado a eso?

    Si lucho por las mejoras de las condiciones salariales, por ser mujer me debo ceñir exclusivamente a logar mejores condiciones para las mujeres? Es ahí donde veo una contradicción, y también veo que el feminismo como movimiento es a lo que ha tendido. A aumentar la brecha dividiendo hasta el absurdo a hombres y mujeres. No es un juego de suma cero, quito a unos para dar a otras.

    Por otro lado, el feminismo no cuestiona el sistema de organización y producción, sólo busca acomodarse mejor en él. Y aunque no nos guste oirlo, extraer sus rentas del capitalismo. En ese sentido, ¿a quién va a incomodar?

    • “Y no te parece que la sororidad elimina de la ecuación el hecho de que un hombre ayude a una mujer?” No, de la misma manera que la relación materno-filial no excluye la relación paterno-filial.

      “Si lucho por las mejoras de las condiciones salariales, por ser mujer me debo ceñir exclusivamente a logar mejores condiciones para las mujeres?”
      Si la lucha por mejorar las condiciones salariales de todos ha dejado a la mujer por detrás, me parece normal que se organicen para no quedarse detrás.

      “Por otro lado, el feminismo no cuestiona el sistema de organización y producción, sólo busca acomodarse mejor en él”
      No todo el feminismo es así, solo el feminismo en el que os fijáis. Te propongo la lectura de este libro magnífico: https://cup.columbia.edu/book/just-life/9780231171748
      Seguro que las feministas a las que te refieres no hablan de él.

      • Pero claro, si me hablas de una feminista que abortó cuando se enteró de que su feto era un niño, o de feministas que rehuyen que los hombres le ayuden, o que sus conclusiones solo conciernen a las mujeres y no a los hombres, pues claro, qué puedo decir: que no es ese el feminismo el que me interesa. Pero teniendo en cuenta que no son la causa del machismo ni de la desigualdad social, sino su cosecuencia, no me parece ni mucho menos el enemigo a batir.

        • Antonio, varios comentarios que no puedo reprimirme sobre el debate en sí mismo:

          1. Creo que no aceptas nuestra diferencia o parte de nuestra diferencia al menos. Nosotros tenemos un cierto concepto de comunidad y un abierto rechazo a las comunidades imaginadas. No veo el sentido a discutirlo en cada post. Es como si en cada post de Juan sobre arte con argumento posmoderno yo repitiera mis críticas al posmodernismo, o como si en cada post del otro Juan sobre la Macro del Desequilibrio volviera a hacer la crítica básica de los modelos basados en ideas de Arrow. No tiene sentido. No hay una búsqueda común. O comento lo accesorio o me callo y dejo el debate a quien pueda identificarse con sus premisas (o a alguien que esté en desacuerdo pero simplemente no sea yo, que ya sé que no voy a ser convencido ni voy a convencer).

          2. De hecho creo que en vez de favorecer la discusión, volver una y otra vez al mismo tema en el que no vamos a estar de acuerdo lo que hace es forzar unos hilos artificialmente largos que inhiben a nuevos comentaristas. Y digo artificiales porque a estas alturas y después de tropecientos hilos iguales ya son casi rituales, nadie aprende nada y a nadie aporta nada (ni nosotros a ti, ni tu a nosotros).

          3. Hay respuestas en tus hilos, como esta última a @nat o esa de arriba en la que me respondes con algo que no tiene nada que ver, que se hacen raras, incluso violentas, y si no te conociera diría que no tienen otro objeto que decir la última palabra. ¿Para qué?

          En fin, después de lo que cuesta escribir un post como este de Nat (que tiene un trabajo bibliográfico brutal) u otros de los que escribimos cualquiera de nosotros, da coraje perder la oportunidad de discusión en algo que no puedo sentir sino como estéril. Y personalmente, desmotiva mucho cara a escribir. Al menos a mi. La verdad, no sé Nat, pero a mi me da una pereza formidable hacer un post como el que planteaba antes Nat sobre Rosa Luxemburgo o sobre cualquier otra cosa (la llegada del antiracismo posmoderno a España, por ej) si luego no va a haber un debate que aporte o al que al menos se puedan incorporar nuevas personas.

  8. Vaya, que increíble que solo conozcamos el feminismo minoritario… no se qué decirte, me resultan bastante demagógicas tus respuestas. Cuando alguien apela a la sororidad y la sitúa por encima de la fraternidad, lo siento pero está excluyendo al 50% de la población humana en base únicamente de su fisiología.

    ¿Analizamos una ideología o sus excepciones? Porque atendiendo a la evolución del feminismo si hay algo que se hace evidente es que no contribuye a reducir la desigualdad social. Es más hasta el concepto de igualdad se empieza a desdibujar. Nunca aumentó tanto la desigualdad como en la última década y no es una cuestión de hombres y mujeres, sino de producción y distribución de la riqueza.

  9. Imagen de perfil de Ester Ester dice:

    A mí me ha gustado mucho el post también. Muchas gracias @nat y, pensando en lo que dice @david de las bases indianas, creo que la maravilla de que escribáis en base a ellas es que terminan haciéndonos ver otras cosas (a parte de que creamos que la estrategia política, o la táctica como dice en el post, sea la adecuada o no como parece que le ocurre a @toni, si he entendido bien).

    En mi caso, todo el debate me ha hecho pensar que mi entrada a las lectura feministas fue a través precisamente del trabajo. En mi entorno hay muchas “amas de casa”, y me chocaba esta idea de la separación de la vivienda como el sitio del no-trabajo porque siempre, desde pequeña, las he visto trabajar en esto y en lo otro, muy duro, a veces de extraperlo, con esas manos en las que los dedos se ponen como ramas de árbol de tan fuertes… En mi trabajo de fin de carrera trataba de pensar qué le pasaría a la concepción moderna de la ciudad si se metía eso en la ecuación, si esos trabajos permitieran a las que lo hacen ser también sujetos económicos porque muy claramente hay trabajos que no entran en el PIB y menos en el urbanismo.

    De las lecturas sobre el trabajo doméstico llegué a muchos textos interesantes como el Manifiesto Cyborg y algunos otros que, para mí, permitían tener en cuenta cosas que las herramientas más típicas del urbanismo no permiten. No sé, meter las lavadoras en la historia del urbanismo por ejemplo. Y lo más importante, pensar cómo se organizaría la ciudad si empiezan a ser colectivizadas en negocios o situaciones comunales. Hay algunos libros muy chulos sobre cómo, al mismo tiempo que estos movimientos sociales, aparecían comedores colectivos, apartamentos sin cocina, etc. Bueno, ya sabéis de esto mucho por los ejemplos de Fourier pero en América pasaron cosas guays también y seguro que en más sitios.

    Luego, he visto a ciertas arquitectas usar estos mismo ejemplos con partiendo del identitarismo y la reinvindicación. En plan “esto debería existir ahora” o a economistas decir que el trabajo doméstico tendría que estar pagado por el estado… y algo rechinaba. Por eso, ya después cuando os conocimos a los indianos la cosa encajaba más: con ejemplos como la cooperativas de evergreen se entiende bien que no es suficiente con el reconocimiento hay que tener esos programas tácticos para lavar a ropa o hacer la comida.

    Y en ese sentido lo que creo que añadiría en este post (y puede que algún otro de estos posts históricos), o en sus continuaciones, que no quiero yo dar más faena de la que habéis hecho ya! 😀 Bueno, lo que creo que sería interesante es hacer un enlace directo a la propuesta indiana como heredera de esa tradición y con un programa táctico contemporáneo. Claro que sólo publicarlo ya es hacer eso pero, no sé, llego tarde, pero podríamos montar nuestra propia alternativa con el “8 de marzo, día del trabajo y vida”. O bueno, esa exposición de la que habláis en de RL.

    Creo que hay autores que hacen bien su trabajo de hacernos ver y pensar otras cosas, es el trabajo del filósofo al final. Y en arrsa! bien que invertimos en aprender de buenos filósofos (que es muy importante para nosotros) pero también invertiríamos en saber más de estas cosas que nos dan herramientas tácticas para repensar nuestras bases económicas e igualitarias… En fin… lo dejo aquí que parece que estoy reinventando los seminarios indianos.

    Muchas gracias por el post Nat!

  10. @ester Nunca habíamos hablado de este tema, muchas gracias por compartir tu itinerario! Me resulta muy cercano por las idas y vueltas. Sobre lo que comentabas del PIB hablábamos ayer de la propuesta de incluir los cuidados o tareas domésticas. Y claro, el PIB mide intercambios mercantiles. En la medida en que nos acercamos a la abundancia, por ejemplo, el software libre no sale en el PIB, tampoco los libros de las Indias en dominio público. En el camino hacia la desmercantilización basado en la economía de la abundancia cada vez menos cosas estarán en el PIB. Sólo de pensarlo se nos ilumina la cara 🙂

    Me gusta mucho la idea de fundar el día del trabajo y de la vida, busquémosle una fecha que le haga sentido y celebrémosla anualmente!

    • El día del trabajo, la gran fiesta de la II Internacional… era, es, el 1 de mayo. Por muy cansina que los sindicatos la volvieran creo que tiene todo el sentido mantener una tradición centenaria. Lo que podría tener sentido es refrescar y documentar bien la historia del 1 de mayo.

      Y por otro lado, los comunitaristas tenemos el 9 de mayo, el día de Icaria

      • Imagen de perfil de Ester Ester dice:

        La verdad, no conozco bien la historia del 1 de mayo, pero para el día del trabajo (y) de la vida (de repente diciendo que son el mismo me parecía que tenía mucho sentido) creo que la historia de Icaria es muy apropiada. De nuevo, reinventando la rueda en los comentarios… :’) Estaré en Munich ese día pero en aRRsa! nos uniremos a las celebraciones distribuidas por el mundo!

        @nat a mí también me sale una sonrisa de pensarlo, mi experiencia de vivir alrededor de esas mujeres que hablaba es como estar junto a una fuente de abundancia. Precisamente por eso se ve que el PIB no es una medida de la riqueza del mundo. Qué chulo que tenga tanta resonancia con el software libre verdad? En aquel trabajo había muchos intentos de verlos en paralelo y de combinarlos, la verdad. Aunque no dejaba de ser una situación “proyectiva” hecha en la escuela, ahora con las manos en la masa, lo repaso con mucho cariño y, como en el trabajo que hizo @alfonso, hay muchas semillas de lo que hacemos ahora.

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