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9 ideas clave sobre las filés

Este jueves se presenta en Madrid Filés, el último libro de David de Ugarte. Una buena ocasión para repasar qué es, de dónde nace y hacia dónde conduce la filé, la primera forma social originaria del siglo de las redes.

A través de ejemplos cada uno en contextos culturales y geografías completamente diferentes, podemos entender por qué la filé es un marco institucional nuevo y un vector de cambio social.

  1. Incentivos diferentes. Un tema planteado ya por Pekka Himanen en La ética del hacker y los orígenes del informacionalismo, que cruza la historia del desarrollo tecnológico alternativo desde los 60 y que no deja de recordar Alfonso Dubois en el prólogo de Filés. El sistema de incentivos individuales basado en dinero, en la apropiación individual de seguridad y libertad entendida como capacidad de compra, empezó a hacer aguas hace mucho tiempo.

    En el mundo desarrollado, para las generaciones post-Spectrum no ha habido ahorro individual capaz de garantizarles una mínima estabilidad frente al ciclo económico ni una perspectiva vital similar a la de sus padres. Sólo el reconocimiento en sus propios entornos, los lazos de fraternidad familiares y sociales próximos han podido generar un colchón frente a los ciclos económicos y la precarización. La ética hacker, al principio forma parte de esa doble vida que opone reconocimiento social a reconocimiento comunitario y que se expresa pronto en la publicidad de los productos tecnológicos

    Tomemos ahora a un inmigrante senegalés miembro de una cofradía como la muridí que utiliza el deber de acogida de los cofrades para aterrizar en un mundo nuevo. Que requiere del reconocimiento de su trabajo para acceder a las herramientas. Herramientas que originalmente, en Senegal, eran aperos para el cultivo del cacahuete pero que se convertirán, en las playas españolas, en cajas de herramientas llenas de gafas de sol y productos de todo a cien… y con los años, en tiendas de venta al mayor en la calle Amparo. El joven muridí, que vive primero como aprendiz en una casa compartida y luego como maestro-comerciante con sus propios aprendices, vive de y para una red transnacional que le valorará y cubrirá de un modo más drástico pero esencialmente igual a la del hacker europeo.

    Para unos y para otros, las categorías de Himanen (conocimiento y reconocimiento) serán los nuevos incentivos que definan una nueva ética del trabajo pluriespecialista.

  2. Alta productividad. En un caso y en otro, el principio de gratuidad del conocimiento y libertad de objeto de trabajo se fundamentan en un salto en la productividad. Las empresas de hackers apenas requieren capital monetario… y sobreviven cuando las start-ups millonarias caen a pedazos a la enésima ronda de financiación. Comparemos lo que cuesta hoy hacer un periódico hiperlocal con lo que cuesta montar un periódico local tradicional… y comparemos sobre todo las dimensiones de plantilla y los ingresos por persona, la lógica pluriespecialista frente a la fabril del medio tradicional.

    Ventajas basadas en el conocimiento sociotécnológico en el caso hacker clásico o la filé indiana que le permiten ingresos por persona del orden de 6 veces los de las grandes compañías multinacionales. Conocimiento de cómo transnacionalizarse con ventajas en el casó de los comerciantes muridíes, que generan unos ingresos por persona del orden de 300 veces los de sus comunidades de origen. Ni hablemos de filés negras como la Familia michoacana donde el plus de peligrosidad hace que las cifras batan records.

  3. El tamaño de una comunidad. El desarrollo de la productividad fueleado por la pluriespecialización y la globalización del propio comercio y el talento permite la sostenibilidad económica con grupos muy pequeños. La filé tiene un demos, un núcleo de decisión realmente muy pequeño. Sea en las comunidades de software libre, en las células muridíes o en las filés negras, la unidad organizativa sólo sobrepasa las 80 personas en momentos concretos. La productividad ha cambiado dramáticamente las escalas de lo político y lo económico, tanto por arriba (el terreno) como por abajo (la comunidad)
  4. Ausencia de jerarquías. Tamaño pequeño, cohesión identitaria fuerte basada en la seguridad y el reconocimiento y desarrollo de una productividad rampante permiten la ausencia de jerarquías, la vuelta a una igualdad basada en el principio de indiferencia que no veíamos desde el monasterio o el Arte medieval.
  5. Definición de propiedad. En los tres ejemplos que estamos usando -una filé originada en el mundo hacker de los 80-90 como la indiana, una comunidad transnacional extensa originada en un movimiento piadoso de finales del XIX como los muridíes y una filé negra como la michoacana, la propiedad es colectiva y el funcionamiento formal se asemeja al de un grupo cooperativo. No hay herencias reales fuera porque no hay nada que heredar fuera de la filé (de ahí la metáfora familiar). La comunidad es dueña de todo o cuando menos del sustrato que hace posible el mantenimiento. Los individuos consumen, la comunidad ahorra. Esta división aporta una tremenda resiliencia además de generar un efecto de escala: los ingresos generan capital, no salarios, algo estructuralmente diferente a las viejas cooperativas.
  6. Crecimiento por segregación y conexión. Juan Urrutia remarcaba en la presentación de De las naciones a las redes que los hackers ponemos por delante la libertad incluso de la felicidad. Esto explicaría en el caso indiano nuestro sistema de crecimiento por segregación, pero dudo que lo explique en el caso muridí o aún menos en el de las filés negras.

    Creo que bajo este sistema se esconde una limitación objetiva a elementos esenciales del funcionamiento de la filé. De hecho este es uno de los temás que trata el libro de David y creo que da algunas pistas que apuntan hacia la imposibilidad para una comunidad real de pasar de las 150 personas.

    Pero también hay una dimensión más: el crecimiento como una enredadera maximiza la diversidad creando un fuera que no está separado por un abismo sino por un degradado de color que da un lugar cómodo también al que disiente. Digamos que el sistema utiliza el disenso, el deseo de diferenciación para incentivar su crecimiento en red y generar innovación. Algo así como si internalizara la competencia.

  7. Identidad multi-hiperlocal y transnacional. En De las naciones a las redes veíamos cómo el mundo de las redes distribuidas que David había descrito en El poder de las redes hacía que las viejas identidades nacionales conformadoras del individuo se tornaran al tiempo demasiado grandes y demasiado pequeñas. Las filés son obviamente más pequeñas que la mayoría de los estados, pero su membresía y su identidad no es nacional. Juegan fuerte en lo local, de hecho en lo hiperlocal, pero no están definidos por eso.
  8. Generación de cohesión. En el prólogo a De las naciones a las redes Josu Jon Imaz planteaba como reto el qué hacer con los pobres. Visto desde una filé el planteamiento -muy común en los discursos que sobre nosotros se hacen desde la izquierda- se sentía como un pasar el muerto por parte de un estado nacional que parece incapaz de mantener unos mínimos de cohesión. Sin embargo no es una pelota que las filés no jueguen. Precisamente es la clave de su futuro.

    Lo que vemos a las filés hacer es en mucho similar a cómo los gremios y artes medievales se constituyeron en espacios autónomos primero para luego construir espacios de cohesión autónomos y mucho más amplios -las ciudades libres- que zaparían el orden feudal.

    En un mundo donde el estado deja cada vez más zonas de sombra esto lo vemos una y otra vez. Las filés –incluso las negras o especialmente las negras– reordenan su entorno, creando trabajo, infraestructuras, educación, seguridad… sobre sus propias bases. No es sólo relaciones públicas, es su razón de ser declarada.

    Un ariete fundamental es su propia lógica transnacional en un mundo donde los estados nacionales una y otra vez, de la piratería al cambio climático, de la diplomacia a la defensa, tienen que alimentar nuevos sujetos transnacionales para poder mantener activas sus propias funciones.

  9. Un nuevo bicho: la resultante final es un constructo de nuevo tipo que no podemos liquidar como una mera actualización de la cooperativa de toda la vida aunque en resiliencia y formas herede mucho de ella.

    Estamos no ante una nueva forma de empresa, sino ante una nueva forma de comunidad que asegura su autonomía con empresas. Es cierto, y el libro de David bucea bastante en ello, que esas formas tienen un evidente parentesco con aquellas nacidas en la Revolución comercial de los siglos X al XIII.

    Pero la filé es en este momento tanto más importante porque nace en el marco de lo que G. Munís llamaba una crisis de civilización que trasciende en mucho la actual crisis económica. Una crisis de civilización se fundamenta precisamente en la quiebra del sistema de incentivos que mueve a una sociedad. Incentivos que no son otra cosa que el por qué del cómo de la actividad económica.

    Por eso, la filé o mejor dicho, las filés, aunque no pretenden ni pueden pretender en este momento hablar en términos de conjunto social –si es que eso tiene algun sentido– si que puede decir, aquí estoy, aquí hay una alternativa.

«9 ideas clave sobre las filés» recibió 0 desde que se publicó el Martes 24 de Noviembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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