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Fiebre, lluvia y amigos

Me volví a dormir, soñando que el centro de salud era arrasado por una inundación y a continuación ocupado por un equipo de pingüinos médicos que instauraban un sistema de atención personalizada con software libre para poder hacer cualquier trámite por Internet.

Puff, menos mal que la bronquitis no me ha permitido ir a currar. La mañana ha estado bien, sudando bajo el edredón. El problema ha empezado cuando me he acercado al centro médico porque (como siempre) no cogían el teléfono. Así que salí de casa enferma, con el estómago vacío y a mitad de camino, justo en el punto en el que ya no te merece la pena dar la vuelta, llegó el diluvio, así, de repente.

Nadie puede decir que fuera imprevisible pues estaba muy nublado, pero llevaba tantos días así que nadie creyó al cielo cuando empezó a gemir en forma de chispeo. Cuando conseguí refugio bajo un andamio no me sentí mejor, pues ya estaba tan empapada, los vaqueros pegados a la piel como licra y pesados como plomo, que lo único que conseguía era congelarme con las olas de aire frío que venían hacia mí. Seguí camino lo más rápido que pude, para que al llegar al centro médico las 5 personas que había en recepción me miraran como a una loca. Debí llegar en el momento de la meditación, pues ninguno de ellos movió un dedo cuando yo llegué ni siquiera cuando les dije que deseaba cambiar de médico a uno que me atendiese más temprano de las 6 de la tarde y que quería pedir cita para hoy, lo antes posible. Sólo uno de ellos rompió amablemente la meditación para decirme que no me podía cambiar de médico porque a esa hora no se cambia uno de médico. Al final creo que le he dado pena con esa pinta de perrito callejero que debía tener, toda mojada y me ha dado una solución, pero si volvía a las 4. Cuando he vuelto a esa hora, él ya no estaba, pero he vuelto a coincidir con la hora de la meditación del nuevo turno y la portavoz me ha dicho que la solución planteada por su colega era imposible, es más, que ni siquiera creía que me hubiera dado esa solución. Podía cambiar de médico o pedir cita a partir de las 7 y media pero no las dos cosas.

Tengo la fiebre para defenderme, así como la falta de cafeína, nicotina y alimentos, pero no me gusta perder la serenidad, sobre todo con la administración, porque nunca me sirve para más que para que me de por llorar cuando llego a casa. Menos mal que me volví a dormir, soñando que el centro de salud era arrasado por una inundación y a continuación ocupado por un equipo de pingüinos médicos que instauraban un sistema de atención personalizada con software libre para poder hacer cualquier trámite por Internet.

Después de la cita con el médico, que casi no me quiere dar el estúpido justificante para el trabajo me he venido a la BIE para conectarme a Internet (en mi casa falló para rematar) y saludar a los chicos y me encontré con agradables sorpresas como a Lobito y a Juan

Juan Urrutia

Además conocí a Ana, a la que espero volver a ver pronto. Un auténtico brazo de mar de mujer, llena de alegría, energía, intuición e ideas.
Vamos que al final, se alegró el día.

«Fiebre, lluvia y amigos» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 12 de Mayo de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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