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Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

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ABC del comunitarismo

14 ideas que definen el comunitarismo y que son la base de nuestra comunidad y de nuestra mirada sobre el mundo.

Conceptos básicos en vídeo

¿Qué pensáis de lo que está pasando?

  1. No es que «falte trabajo», es que el sistema económico no funciona. El trabajo es el motor de todos los sistemas económicos que ha conocido la Historia. El capitalismo es básicamente una máquina social que convierte trabajo en beneficios y beneficios en capital que produce más capital en un ciclo en apariencia sin fin.

    El sistema lleva un siglo instalado en una forma de vida que solo funciona en las reconstrucciones que siguen a las guerras: la «belle epoque» tras la primera guerra mundial, los «golden years» tras la segunda y los años noventa tras la guerra fría son la excepción, no la norma del modo de vida económico actual. La norma es que cuando no está reconstruyendo lo que ha destruido, el sistema produce crónicamente desempleo y descomposión social. La causa es, simplemente, que ya no funciona. Por eso, cómo y por qué ha dejado de funcionar es fundamental para poder superarlo.

    Cuando no está reconstruyendo lo que ha destruido, el sistema produce crónicamente desempleo y descomposión social
  2. La crisis del capitalismo es una crisis de escala. La esencia del capitalismo no es otra que supeditar la economía y la sociedad a la «reproducción del capital»: reinvertir los beneficios de las inversiones en nuevas inversiones que a su vez den más beneficios que puedan reinvertirse, etc.

    Visto en conjunto el capitalismo ha sido un movimiento hacia escalas de producción y distribución cada vez mayores. Sin embargo a partir de los años sesenta, cuando la reconstrucción de la guerra mundial está acabando, el incremento de escalas choca cada vez más con las posibilidades de la propia tecnología que ha desarrollado y con unos mercados que ya no crecen tan fácilmente. Las empresas e industrias sobre-escaladas se tornan ineficientes por mucho que la inversión se oriente a tecnologías de la información para evitar esas ineficiencias y la política global persiga ampliar mercados para dar lugar en el mundo a capitales que ya tienen mucho más tamaño del que es funcional al aparato productivo.

    Saltando el muro de la embajada de Alemania Occidental. Praga 1989El resultado fue sorprendente: en primer lugar la caída de uno de los dos grandes bloques que dominaban el mundo, el soviético, que era también el de mayores escalas, pero también el desmoronamiento de las grandes empresas nacionales e industrias pesadas en los países centrales. En segundo lugar el crecimiento exponencial de la diferencia entre el capital empleado en la producción y aquel, que mediante las finanzas, apostaba sobre los resultados de esa producción.

    ¿Qué estaba pasando? Que en ausencia de una gran guerra que destruyera «capital excedentario», el crecimiento de escala del capital se estaba tornando contraproducente, un lastre para el propio sistema económico. El exceso de escala no solo convirtió al capital en algo sorprendentemente «barato» -eso significan los tipos de interés de un dígito- sino que produjo una masa volatil de divisas que buscando reproducirse, solo encontraba lugar en la especulación. De herramienta que dinamizaba la producción, los mercados financieros pasaron a ser un casino en el que se apostaba sobre sus resultados. Para poder seguir encontrando donde apostar, el capital financiero sobre-escalado exigía que todas las fronteras se abrieran a su paso, las de los países y las de la regulación, desestabilizando y obstaculizando aun más a la economía productiva hasta el punto de dar pie a la mayor crisis financiera de la Historia.

    La crisis se debe a la sobre-escala de un capital centrado en la especulación y ajeno a la producción
  3. La base de una alternativa productiva está ya aquí. Las tecnologías que se desarrollaron para hacer frente a las ineficiencias de la sobre-escala del capital -desde Internet a las cadenas de montaje móviles o la impresión 3D- aceleraron aun más la reducción de la escala óptima de producción. La gran noticia de nuestra época es que por primera vez la escala más eficiente se acerca, en cada vez más campos, a la dimensión comunitaria. En ese proceso han aparecido cosas tan sorprendentes como el software libre, el primer bien público universal, que es además una forma gratuita de capital productivo, y a su zaga toda una industria de pequeñísima escala y largo alcance con una tremenda productividad, la Economía Directa. Todo eso significa que las formas a partir de las cuales podremos superar el sistema económico actual ya están a nuestra disposición: el camino hacia la abundancia, la solución del problema económico que ha acompañado a la especie Humana desde su nacimiento, pasa cada vez menos por el sistema económico que hemos conocido hasta ahora.
    Por 1ª vez la escala productiva óptima se acerca a la comunitaria
  4. La abundancia es la guía para cambiar el sistema económico y la estructura social. Antes de nada: abundancia es un concepto económico del ámbito de la producción, no del consumo. No tiene nada que ver con el consumismo o la opulencia. Existe abundancia cuando se puede producir una unidad extra sin que eso suponga un incremento perceptible de costes. En una economía que supiera hacer abundantes cada vez más procesos productivos, los productos se «desmercantilizarían», dejarían de ser mercancía que hay que vender. Cualquiera podría disfrutar de la cantidad que necesitara sin renunciar a nada. De ese modo, la extensión de la abundancia llevaría a una economía centrada en satisfacer las necesidades humanas.

    En la práctica existe abundancia cuando el coste de servir una unidad más es inapreciable y, dado un cálculo sensato de la demanda potencial, podemos hacerlo indefinidamente. Por ejemplo: el coste de servir una página web o un libro electrónico a un usuario más en una red distribuida como bittorrent o buena parte de las redes en Internet es, a todos los efectos, cero. Puede parecer poca cosa pero no hay que olvidar que algunos de los productos que hasta hace poco eran más valiosos -diseños industriales, software- hoy son abundantes y se producen de una forma muy distinta a la que se producen los demás bienes. El software libre inauguró una forma diferente de producir, el modo de producción P2P que nos adelanta por dónde va el camino hacia una economía de la abundancia.

    El software libre es el primer ejemplo de evolución hacia una economía de la abundancia
  5. No es la política lo que va a cambiar el sistema ni llevarnos a la abundancia (aunque pueda echar una mano). El activismo político o los cambios legales pueden ayudar, pero no son lo central a la hora de cambiar un sistema económico. Ninguna revolución o cambio político ha conseguido cambiar un sistema económico por otro que no existiera y estuviera bien extendido antes. El capitalismo creció durante siglos en la sociedad feudal, a menudo en conflicto con ella, pero solo cuando ya articulaba buena parte de la sociedad, tomar el poder político le sirvió para extenderse definitivamente. Las revoluciones que buscaron dar el salto a una sociedad de abundancia sin tener una parte sustancial de su economía en abundancia o, al menos, comunitarizada y parcialmente desmercantilizada, solo consiguieron cambiar la forma del capitalismo: de un capitalismo colonial o de mercado a uno de estado necesariamente totalitario. Para superar el capitalismo hay que competir antes con el propio capitalismo, igual que este compitió con el feudalismo dentro del Antiguo Regimen.
    Ninguna política puede hacer un cambio de fondo si no existe una economía alternativa funcionando ya

    Y sí, la política sin ser lo central, puede ayudar: la política monetaria debe perseguir el pleno empleo, el estado debe resistirse de modo efectivo a la captura de rentas por las empresas sobre-escaladas y derogar progresivamente privilegios legales como la propiedad intelectual, la llamada «Devolución»; hay que defender la Seguridad Social de la rapacidad de un sector financiero que no ha sabido adaptarse y sueña con capturar nuevas rentas a costa de destruir el sistema sanitario y de pensiones; y sobre todo no hay olvidar que el camino hacia una sociedad de abundancia está pavimentado de reducciones de la jornada de trabajo: aumentan la participación del trabajo en el reparto de la renta e impulsan un nuevo aumento de productividad al tiempo que reducen el desempleo y la dualización del mercado de trabajo. Hace tiempo que es aconsejable reducir la jornada máxima de trabajo para los asalariados a 30 horas semanales, una reivindicación social que los movimientos políticos deberían tomar ya como bandera.

    ¿Políticas progresistas? Fin de capturas, pleno empleo, devolución, Seguridad Social, reducción de la jornada...
  6. El trabajo es el centro de todo lo que ha de cambiar y el medio para cambiarlo. En ningún lugar la descomposición que sufre el capitalismo se ve tan clara como en la consideración del trabajo que está no solo en su centro sino en el centro de todo sistema económico. Hoy se considera un bien escaso y preciado, casi un privilegio, pero al mismo tiempo es una fuente de angustia, de infelicidad y embrutecimiento cada día peor remunerado. Nada podría expresar mejor la incompetencia del sistema para organizarlo de forma productiva.

    El trabajo es la aportación de cada uno a la gran transformación colectiva que la sociedad hace de la Naturaleza para satisfacer las necesidades humanas. Hoy el sistema económico cada vez puede ofrecer menos empleos con sentido a las capacidades que ha dado a las personas, cada vez tiene menos formas de enganche en las que el aporte de cada uno al bienestar común se vean con claridad. El capitalismo ha conseguido que el verdadero trabajo esté, cada vez más, fuera del mercado: el verdadero espíritu del trabajo vive en el desarrollador que hace software libre o en el ingeniero que libera los planos de un ingenio para obtener energía eléctrica, pero no en los trabajos cada vez más precarios y alienantes que el mercado de trabajo les ofrece.

    Recuperar el valor del trabajo, liberarlo del sinsentido y la precarización, está al alcance de nuestra mano
  7. Conquistar el trabajo es reconquistar la vida. No cabe esperar que nadie, ni el estado ni un fabuloso filántropo lo haga por nosotros: el primer paso para construir, desde abajo y paso a paso, una alternativa al capitalismo es conquistar el trabajo. Conquistar el trabajo no es otra cosa que autoorganizarnos de forma diferente para aprender a producir de forma diferente y con todo o parte de lo producido salir al mercado y obtener lo necesario para asegurar una existencia decente para cada uno. Esa forma distinta significa fundar y organizar lo cotidiano desde una ética nueva, centrada en el desarrollo personal a través de la conversación y el aprendizaje en común, enfrentando los problemas al modo de la «ética hacker» y creando comunidad alrededor de lo aprendido.
    Conquistar el trabajo es reconquistar la vida
  8. El cooperativismo es la forma básica de la conquista del trabajo. Las cooperativas de trabajo son la forma en la que los viejos comunales agrarios y pescadores evolucionaron con la industrialización. Más de doscientos años después son todavía la principal forma a nuestra disposición de organizar la producción democráticamente entre iguales. Hasta hace poco nadaban contracorriente, refugiándose en sectores de baja capitalización o protagonizando historias verdaderamente épicas para conseguir arrancar. Hoy eso está cambiando.

    La reducción de escala hace posible afrontar la producción de todo tipo de cosas -desde productos agrarios a software, desde teléfonos móviles a servicios profesionales- en grupos pequeños de personas que no necesitan las jerarquías y procedimentación de las empresas sobre-escaladas. Y lo que es más importante, no necesitan someter su lógica interna a los dictados de quienes aporten capital. A pequeña escala el capital necesario puede reducirse sustancialmente usando software libre y otras herramientas abundantes y si sigue siendo necesario el aporte de capital en dinero, siempre puede recurrirse a las preventas en una plataforma de crowdfunding si hacemos productos físicos, a donaciones online si hacemos servicios, a bonos participativos o a la financiación de otras cooperativas.

    ¿Quieres empezar el cambio? Uneté a una comunidad igualitaria o a una cooperativa de trabajo
  9. Las comunidades igualitarias son el núcleo desde el que pasar de competir en el sistema a competir con el sistema. La cooperativa de trabajo es la forma de experimentar y aprender a desarrollar una forma alternativa y democrática de organización del trabajo entre iguales… con un compromiso y resultados limitados, porque como toda forma organizativa basada en un comunal, puede servir para crear abundancia, pero limitada también a aquello que se comparte. Por eso, los comunitaristas pensamos que es necesario crear también comunidades igualitarias donde se comparta no solo el capital social sino la propiedad como un todo.

    Es difícil pensar que sin ese comunal ampliado en la comunidad se puedan crear sistemas mutuales, educativos y de servicios. Sobre todo en un mundo donde toda transformación real no puede confinarse en fronteras nacionales ni pensarse aislada de un entorno en el que la proximidad hace tiempo que dejó de ser solo geográfica.

    Y sobre todo es difícil pensar que las cooperativas de trabajo puedan avanzar solas hacia formas de producción cada vez más cercanas a la abundancia. Al final para que haya conocimiento libre, herramientas libres y redes libres que impulsen el cambio hacen falta horas y personas que puedan dedicarse a ello. La «magia» de la comunidad es la capacidad de producir abundancia que late en su propia lógica interna: poner por delante las necesidades de las personas que la forman y pensar a cada uno como un fin en sí mismo, no como el instrumento de ningún objetivo presuntamente superior.

    Por eso el desarrollo de comunidades igualitarias, donde todos comparten todo, es la clave que puede permitir a un tejido más amplio -de comunidades pero también de cooperativas- pasar de competir en el sistema a competir con el sistema en cada vez más ámbitos.

    Las comunidades igualitarias son la herramienta para pasar de competir en el sistema a competir con el sistema
  10. El fin de la sobre-explotación de recursos naturales no se alcanzará produciendo menos o volviendo a tecnologías caducas sino en el camino hacia la abundancia. La productividad es la medida en que un factor productivo aporta a un producto. La productividad es un resultado directo del conocimiento y la tecnología. El avance de la especie humana desde sus orígenes hacia la abundancia, eso que se llama progreso, no es otra cosa que el aumento de la productividad física del trabajo a largo plazo. Que aumente la productividad del trabajo solo significa que son necesarias menos horas para producir lo mismo. Pero el incremento de la productividad no solo afecta al trabajo, sino a todos los factores, no solo en la producción industrial o de servicios sino también en la producción agraria.

    La cuestión no es si es posible aumentar la producción y abastecer las necesidades de un mundo donde 795 millones de personas sufren hambre o desnutrición. Lo es. La cuestión es cómo. Y ese cómo tiene que ver con que el desarrollo tecnológico prime las necesidades humanas globales -incluidas las de largo plazo- sobre la reproducción del capital. No es casualidad que donde el movimiento comunitarista y cooperativo ha sido el núcleo de la producción agraria y el protagonista de la innovación tecnológica, la evolución de la productividad agraria haya alcanzado la sostenibilidad a pesar del incremento poblacional. En Israel, una de las zonas con mayor tensión en los recursos hídricos del mundo mediterráneo, la producción desde 1948 hasta hoy se multiplicó por 16, tres veces más que la población. Y aunque el regadío pasó de 30.000 a 190.000 Ha, se consume un 12% menos de agua. Es decir, el desarrollo tecnológico alentado por el sector comunitario, incrementó la productividad general nada menos que un 26%, reduciendo significativamente el coste de producir una unidad más y acercándonos en esa medida a la abundancia.

    Decrecer no es la solución sino enfocar el desarrollo tecnológico hacia la eficiencia y la productividad real
  11. Todas las formas de discriminación son inaceptables y deben combatirse, pero es difícil pensar que puedan eliminarse mientras vivamos bajo sistemas económicos que dan incentivos a la exclusión. Nos cuesta hacer una jerarquía entre las discriminaciones arbitrarias que nos ocurren o nos tratan de imponer en cuanto cruzamos las puertas de nuestras comunidades. En esta sociedad se discrimina por cada cosa que pueda discriminar: sexo, posición social/laboral, sexualidad, lengua/dialecto/acento, ingresos, lugar de nacimiento, color de la piel, apellidos… Lo que esté más a mano y sea más fácil en cada momento para mantener una renta a alguien o a algún grupo, servirá de argumento para excluir. Se discrimina con cualquier excusa para restar oportunidades a otros y obtener así una renta. Y se discrimina también para dividir y fragmentar a aquellos que se plantean que el sistema da cada vez menos esperanzas a la satisfacción de las necesidades humanas. Echarle las culpas a cualquiera que sea «distinto» -por su lugar de nacimiento, su sexo, su lengua materna, sus deseos, sus rasgos físicos o lo que sea- es una distracción perversa que debe ser denunciada. Pero si enfrentar toda exclusión es un imperativo ético básico, no debe hacernos perder el foco.

    Algunas de estas discriminaciones como el sexismo o el racismo, heredadas de sistemas económicos anteriores al capitalismo, han llegado a construir verdaderas macro-estructuras ideológicas y culturales que se han eternizado a través de la educación y la cultura. Si cambian, en parte gracias al activismo, es precisamente porque el patriarcado, la «pirámide racial» o la homofobia no son estructuras económicas sino un conjunto de patrones culturales que pueden modificarse, hasta cierto punto, dentro del sistema. De hecho, se modifican porque no tocan las bases del sistema económico y sin embargo permiten a una parte de la élite vestirse de «transformadora» o «progresista». Pero precisamente porque no tocan los fundamentos del capitalismo, es difícil pensar que puedan extinguirse completamente dentro de un sistema que siempre dará incentivos a la discriminación.

    Un sistema basado en la exclusión no acabará con la discriminación y la opresión de las mujeres
  12. Una comunidad igualitaria no es una suma de identidades imaginadas sino un grupo de personas que se relacionan como personas, en nombre propio. En entornos donde no hay ni puede haber rentas, como una comunidad igualitaria, no hay esa tensión hacia la discriminación a la que estamos acostumbrados en el estado y las empresas. La historia de las comunidades igualitarias de hoy no es la de una «lucha» por llegar a disfrutar la igualdad porque estén divididas internamente por sexo, raza, origen social o lugar de nacimiento. La igualdad es el punto de partida, no un objetivo ni un logro. A fin de cuentas una comunidad igualitaria es… igualitaria, no está luchando por serlo o acercándose a conseguirlo. Lo es. No es el resultado de superponer una comunidad de varones a otra de mujeres o comunidades de raza, sexualidad o lengua materna. Una comunidad igualitaria está formada por personas con sus nombres, caras, afectos… no por ideales platónicos a los cuales las personas servirían o representarían. Una comunidad igualitaria no conoce otros componentes que sus miembros.

    Y esto es importante no solo en la cotidianidad -pues una comunidad donde no fuera así no podría llamarse honestamente igualitaria- sino también en el significado del comunitarismo como un todo. Sería inconcebible pensar que una forma de organización comunitaria que no fuera igualitaria, que no partiera de la igualdad social de sus miembros, pudiera dar paso a construir una sociedad que si lo fuera.

    Comunidad es volver a poner en el centro del trabajo y de la vida a las personas reales
  13. El comunitarismo no es la promesa de un futuro maravilloso, es un aquí y un ahora. Creemos que impulsar comunidades igualitarias y cooperativas, crear conocimiento libre, desarrollar herramientas para la comunicación distribuida, fomentar nuevas formas educativas o apoyar pequeños emprendimientos comunitarios son acciones «progresistas», en la medida en que van construyendo las bases que harán posible en su momento superar el actual sistema económico, cada vez más disfuncional, y acercarnos a una economía guiada por las necesidades humanas.

    Pero lo que define al comunitarismo no es solo el horizonte, sino sobre todo el aquí y el ahora: un modo de vida, el característico de las comunidades igualitarias, basado en un tipo de relaciones opuestas a las del mundo en descomposición que nos rodea. Relaciones diferentes con el trabajo, que pasa a ser una fuente de angustia y se convierte en una forma de desarrollo personal; con el conocimiento y el aprendizaje, que sustituyen a la acumulación y el miedo como motores del trabajo; con el entorno, que deja de ser riesgo o competencia para pasar a ser responsabilidad; y sobre todo una forma distinta de relación con las personas que nos rodean: de la competencia a la colaboración, de la imposición al cuidado mutuo y la responsabilidad compartida.

    El cambio de sistema productivo y modo de vida no es algo para el futuro, es aquí y ahora
  14. Puedes vivir como piensas. Hoy en día hay ya muchas comunidades igualitarias repartidas por el mundo en las que viven y trabajan decenas de miles de personas. Tienes la puerta abierta en muchas de ellas, incluida la nuestra. Es difícil ser un «seguidor» en una comunidad igualitaria. Tendrás que crear tu espacio, aprender, buscar o inventar tu propia actividad. Y cambiar o al menos diversificar cuando crear que te estás auto-limitando. Tendrás más libertad que en ningún trabajo por el que hayas pasado, pero también tendrás que acostumbrarte a vivir con un sentimiento de responsabilidad que la sociedad individualista en la que vivimos hace tiempo que olvidó. Porque en una comunidad igualitaria eres responsable de ti mismo, pero también de lo común y del bienestar y las libertades de cada uno de los demás. Si las cosas salen bien, disfrutarás el triunfo como propio aunque tu aporte haya sido pequeño, si salen mal, tendrás que aprender del fracaso aunque no hayas sido parte del esfuerzo. Dar el paso, convertirte en un «comunero», es en muchos sentidos, llegar a un nuevo mundo con mucho que aprender y todo por hacer.
    Los «followers» y los «me gusta» no cambian la realidad, tú sí

«ABC del comunitarismo» recibió 5 desde que se publicó el Martes 21 de Febrero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por las Indias.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Imagen de perfil de Jordi López Jordi López dice:

    Cuando hace unos años tomamos la decisión de emigrar a Argentina con mi familia, me atrajo el “todo por hacer” que se respira en del otro lado del Atlántico… en contraposición a la sensación de conformismo rentista precario que nos invade de este lado. Es ahora, cuando más que nunca, sentimos (entre compañeros y amigos) que hay “tanto por hacer” … con nuestras propias manos. En colectivo.

    De nuevo me veo interpelado por el espíritu comunitarista como camino a (pro)seguir…

  2. Gracias @jordila! Gracias @toni!!
    Le hemos preguntado a Silvana si se anima a preparar una ilustración para cada punto para hacer una edición en papel en forma de folleto y repartirlo en eventos en los que hablemos y demás… puede ser algo guapo… así que contamos con vosotros para distribuirlo!!

  3. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Por supuesto que participaré. Y lo de Silvana me parece una estupenda idea. Sobre el texto, hemos hablado de muchas de estas cosas, y hasta están escritas en Las Indias, pero de vez en cuando estos trabajos de reexposición, de recapitulación, de volver a pensar los conceptos y reescribirlos, son muy positivos. El énfasis que se pone en que la abundancia reside en la producción, me parece muy oportuno y acertado. También el tono positivo, activo y evitando en todo lo posible el victimismo o la rabieta, tan común en textos alternativos o radicales. La parte dedicada a la sobreexplotación de recursos incide en el hecho fundamental (aunque no me satisface mucho el ejemplo del agua, que sí es oportuno para contextualizar el impacto de la tecnología, pero que al producirse en un entorno de gran injusticia y conflicto bélico puede desvirtuar el mensaje o hacer que no llegue claro). El punto 11 sobre la discriminación me parece muy oportuno en el momento presente y se desmarca claramente de la identity politics, y muy bien estructurado. Y el último punto me parece esencial y es aquí precisamente donde yo estoy aprendiendo más cosas aún cuando no haya conseguido dar el giro vital que proponéis. Gracias.

  4. Hay una idea que salió hoy discutiendo con @nat sobre el pensamiento de Rosa Luxemburg y que no quiero que se pierda… y la verdad este me parece un post oportuno para apuntarla aquí.

    La idea es que la forma de organización con la que transformas un sistema prefigura la forma del sistema que creas. Si creas una guerrilla, tendrás una sociedad militarizada. Si creas un partido político una sociedad burocratizada y jerarquizada. Por eso en su día Hever Hakvutzot, la primera confederación de comunidades igualitarias fue tan importante y por eso, a una escala muchísimo menor, es tan importante que existamos hoy, porque mientras exista algo productivo, igualitario, basado en conocimiento y deliberación, orientado a la abundancia en cada pasito, la puerta a una sociedad de abundancia, realmente libre, seguirá abierta.

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