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Abundancia y Comunidad: recuerdos de un viaje

Hoy miro para atrás y me doy cuenta de que esas conversaciones, esos aprendizajes, han sido los hitos de mi formación intelectual. Y sobre todo de que a gracias a ellos la abundancia hace mucho que no es algo abstracto en mi vida ni en la de mis compañeros indianos.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

el libro de la abundanciaRecuerdo la primera vez que leí una argumentación sobre la abundancia. De aquella tenía diecisiete años y estaba en la aventura de leer «El Capital». El párrafo en cuestión es bien conocido, demasiado tal vez para poder transmitir hasta qué punto dio vuelta a mi cabeza y me sumergió en una búsqueda apasionada por la Historia, la Filosofía y la teoría Económica. Recuerdo también, diez años más tarde, allá por 1997, una conversación igualmente subversiva para mi vida. Era de las primeras veces que hablaba con Juan.

Estábamos en su despacho de la Carlos III. Los que le conocen saben que la honestidad intelectual que destila genera un ambiente especial de confianza rarísimo en la Academia. Te hace sentir que solo el conocimiento importa, que no tiene límites preestablecidos, que todo es planteable sin importar lo loco que parezca siempre que uno se aproxime con rigor, no haga trampas en los supuestos de partida y esté dispuesto a aceptar los resultados que surjan sin importar que contraríen sus propios prejuicios. Así que cuando me senté frente a él pude expresar por primera vez desde que había aterrizado en la Universidad la intuición que me apasionaba: estábamos llegando a las nuevas Indias, al verdadero país de la abundancia. Juan se entusiasmó, empezó a compartir ideas y coserlas usando lo mejor del aparataje del análisis económico. Nos sentíamos como un nuevo Américo Vespucio llevando noticias y mediciones incompletas al mejor cartógrafo de Europa y deseando -y temiendo a la vez- que confirmaran un continente nuevo.

Era excitante ver formarse un mapa que entonces parecía interminable. La lógica de las entonces «nuevas redes», de Internet, tenía que ver con la abundancia: miles, millones de personas trabajaban haciendo contenidos, software y todo tipo de cosas no coaccionados por la necesidad, no en un entorno mercantilizado, sino en algo que era un mercado de precio cero y al tiempo era más cosas, economía «desmercada», abundancia, una nueva cultura. Juan se entusiasmaba y nosotros más. Aquella conversación fue el primer bosquejo de lo que tres años más tarde sería «La lógica de la abundancia», nuestro «Mondus Novus», pero también el impulso que llevó al nacimiento de las Indias. Fue el día en que descubrimos el mayor tesoro al que podíamos aspirar: un maestro que no temía el coste de zarpar lejos del seguro cabotaje de las publicaciones académicas para estudiar en serio el viejo sueño… y al mismo tiempo experimentar en el mar abierto del mercado y las redes en el que nadie nos dio nunca más de dos años de supervivencia porque «allí había monstruos». Hace dieciocho años de aquello.

Otra conversación de las que vuelven una y otra vez a la memoria tuvo lugar allá por 2002. Le pregunté a Nat cómo íbamos a organizarnos en las Indias. No teníamos en ese momento para pagarnos salarios pero nos sobraban confianza y ganas de trabajar. Nat dijo: «fondo común y, si hay, vamos tomando según necesitamos». Y ahí quedó definido todo. Hasta hoy. Lógica de abundancia puertas a dentro. Comunitarismo.

el libro de la comunidadPero igual que tardamos años en sentirnos lo suficientemente armados como para poder hablar de la abundancia y saber recibir el eco casi automático de nuestro «utopismo», cuando no de nuestra «locura», nuestro comunitarismo fue mucho tiempo críptico. Demasiado. Ese temor a la cultura entorno tuvo muchos costes, como siempre lo tiene no saber fundamentar bien lo que te define. Nos hacía falta el contraste de pares que hubieran optado por el mismo camino. Tardó en llegar. Fue de casualidad y gracias a Stacco Troncoso que el verano pasado redirigió a nuestra casa a Paul Blundell, de Acorn, uno de los principales dinamizadores del comunitarismo americano actual, que estaba recorriendo Europa estudiando el paso del sistema de mayorías al de consensos en las comunidades igualitarias europeas. Aquellas conversaciones que «nos trajeron noticias de nosotros mismos», nos dieron el impulso que se convirtió luego en «El libro de la Comunidad».

Cuando lo terminamos estábamos trabajando en Gijón, haciendo «focus groups» como locos con gente de esa generación que tiene ahora entre deiciocho y veinticinco años, de la que nadie parece acordarse -los «jóvenes» oficiales son treintañeros- a pesar de que va a decantar los patrones culturales de la Europa postcrisis. Ahí nos dimos cuenta de que sin volver a los orígenes, sin relatar la abundancia y su posibilidad, no íbamos a poder ni siquiera conversar con los que vienen y que nos demandaban una mezcla entre la Universidad Popular de Caen, la Idler Academy y las nuevas escuelas kibutzianas, es decir, «Filosofía entendida como práctica», «Nueva Economía hecha con las manos», teoría aprendida como quien aprende a montar una máquina de Open Source Ecology. Y así, casi como una precuela, nació «El libro de la Abundancia», un libro destinado a crecer, a originar nuevas conversaciones y madurar todavía más, pero seguramente, el más «nuestro» de todos los ensayos que hemos publicado hasta ahora.

Han pasado veintiocho años desde que en el más clásico de los clásicos heterodoxos intuí por primera vez qué era realmente la abundancia. Dieciocho desde que Juan nos enseñó a no temer estudiarla y construirla. Trece desde que Nat supo traducirla en una forma de organizarse que es desde entonces nuestra forma de vivir. Tan solo uno desde que entendimos, no sin vértigo, nuestro propio viaje como parte del de la larga historia del comunitarismo. Hoy miro para atrás y me doy cuenta de que esas conversaciones, esos aprendizajes, han sido los hitos de mi formación intelectual. Y sobre todo de que gracias a ellos la abundancia hace mucho que no es algo abstracto en mi vida ni en la de mis compañeros indianos. Creo que si hay algo realmente bueno en los dos libros que liberamos ayer es que más allá de las razones, saben transmitir esa vivencia.

«Abundancia y Comunidad: recuerdos de un viaje» recibió 9 desde que se publicó el Martes 14 de Julio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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