LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Ahora Fluffy duerme en casa

Las comparaciones son odiosas, pero cada vez que alguien clama contra la contaminación en China, me acuerdo de lo que era Londres a principios del siglo XX o Bilbao en los 70; y lo mismo me pasa con noticias sobre excentricidades de millonarios o mascotas que temen ser devoradas por sus dueños durante la noche.

Prácticas en las Indias

Mastín tibetano enfadadoHoy es noticia que un millonario chino compró la semana pasada dos perros por casi 2 millones de euros. Los bichos en cuestión, mastines tibetanos, pueden llegar a costar esa cantidad, entorno al millón por cabeza, principalmente porque son raros, y como ocurre con animales exóticos como leopardos o cocodrilos, se convierten en artículos de lujo y símbolo de estatus. Pero el trasfondo de la noticia, me da la impresión, es más que el comprador sea un chino a que el perro cueste lo que un piso de lujo en Londres o un Picasso.

Porque el morbo siempre gana, y en este caso lo produce el hecho de que alguien se gaste una fortuna en algo que hasta ahora se preparaba para cenar. Parece que no solo el arte chino aparece en nuestras vidas cual alienígena, sino que nosotros mismos fuimos abducidos y perdimos la memoria.

Mastín tibetano en un concursoPara empezar, no todos los chinos comían perro. Era (y es) algo tradicional solo en ciertas zonas de China, como era (y es) tradicional en Ávila comer cochinillo (o cachorro de cerdo), un animal muy parecido a los «cerdos vietnamitas enanos» que tanto proliferaron como mascotas exóticas en España. Muchos chinos de clase media o media alta de hoy, cuentan que comieron perro una vez en su vida, en una fiesta o celebración especial. Exactamente el mismo número de veces que yo he comido cochinillo, a pesar de haber vivido casi toda mi vida a una hora de Ávila por carretera. El mismo número de veces que comí nutria.

La CNN ya publicó hace unos años un artículo similar, mostrando su fascinación por el cambio de actitud de los nuevos chinos hacia los perros. El artículo cuenta como Zhang Lin pasó de criarse en la provincia rural de Guangdong, donde los perros eran guardianes y en ocasiones la cena de Año Nuevo, a comprarse por 600 dólares a su caniche Dou-dou, al que trata como a un hijo. Pang Yan cuenta la misma historia (sin la parte de comerse al perro) con la diferencia de que ella incluso duerme con su labrador Shunliu.

Concurso de belleza canina en la VI Feria de Mascotas de Wuhan,Suena muy parecido a lo que vivió incluso mi generación con los perros de campo, que dormían a la intemperie, comían las sobras, y eran eliminados si dejaban de ser útiles. Nunca acabaron en el horno, pero sí lo hacían los corderitos, mucho más monos que algunos perros, y esas cabritas, tan bien reflejadas en Copito de Nieve, deliciosas con patatas al horno.

Lo de pagar un millón por un perro, por muy raro que este sea, es la extravagancia de siempre de algunos nuevos ricos. Ya tuvimos noticia también de la moda de los millonarios emiratíes de comprarse un león para la finca después del último modelo de Ferrari. De nuevo, es algo que pasa hasta en la mejores familias, si no echen un vistazo al exceso de dorados y el mal gusto en decoración de muchas nuevas mansiones europeas; no me parece en absoluto reprobable. Solo es un paso más allá de lo que hizo siempre la clase media ascendente: segunda vivienda, tercera vivienda, todoterreno, barco, viñedo, etc.

CanicheEn lo emocional, donde entran las mascotas, también hay cambios de tendencia más o menos parecidos en todas partes según se va progresando económicamente. Aumentan los divorcios, crece el gasto en educación y accesorios para los hijos, y las mascotas pasan a tener su propio espacio, su propia comida, y hasta su propio peluquero. También tiene lugar otro fenómeno: la adopción internacional, que prende no solo entre aquellos que no pueden concebir, sino también entre los que deciden no hacerlo o ya tienen hijos biológicos previamente.

Al hecho de no haber bebés nacidos en el país de origen que se den en adopción (hecho derivado del progreso económico), se une la idea de estar haciendo una «buena obra» al criar en el primer mundo a niños procedentes de países pobres. Pero China es un caso particular. En 1995 se emitió en España un impactante documental titulado «Las habitaciones de la muerte». A través de sus imágenes, los españoles descubrieron las precarias condiciones de subsistencia de (en su mayoría) niñas chinas recogidas en orfanatos como consecuencia de la «política del hijo único», la famosa e impopular medida del Estado chino para controlar su problema demográfico.

Familia chinaLa emisión del documental colapsó las centralitas de los canales de televisión allá donde se emitió, y está en el origen de muchas asociaciones de padres adoptantes de hoy y del aluvión de adopciones de niñas chinas de los 90 y principios de los 2000 (el 40% de los niños españoles procedentes de adopciones internacionales vinieron de China o Rusia). Además del documental, y aunque resulte duro decirlo, muchos padres adoptantes reconocían preferir una niña china por considerarla más bonita que un niño procedente de Africa o América.

Hace ya años que dejó de haber niñas (o niños) chinos «disponibles» para la adopción internacional, por ser estos canalizados a través de los circuitos de adopción domésticos, y el pasado diciembre China relajó oficialmente su política del hijo único. Otra señal de que las cosas están cambiando.

Labrador teñido como un tigrePor eso también es muy comentada, en los mismos artículos que hablan de las mascotas, la nueva «política de perro único», aplicada de momento solo en Shanghai y Pekín, pues en la mayoría de ciudades lo único vigente son normativas de regulación que implican obligaciones como registrar a los animales, pedir permiso a la comunidad de vecinos, o la prohibición de poseer perros violentos, como en todo lugar «civilizado».

En resumen, las comparaciones son odiosas, pero cada vez que alguien clama contra la contaminación en China, me acuerdo de lo que era Londres a principios del siglo XX o Bilbao en los 70, y lo mismo me pasa con noticias sobre excentricidades de millonarios o mascotas que temen ser devoradas por sus dueños durante la noche. Ya es hora de hacerse a la idea de que los chinos se hicieron ricos, y eso es algo muy bueno. Basta con recordar como fue cuando nos hicimos ricos nosotros (no hace tanto), y pensar que los chinos partieron aún de más abajo. Creo que en algunos lugares lo llaman milagro.

«Ahora Fluffy duerme en casa» recibió 1 desde que se publicó el Miércoles 26 de Marzo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] de maíz. Pues bien, si el tema os gusta, y además sienten una fascinación por China tan fuerte como la nuestra, no os perdáis este vídeo. De verdad, vedlo hasta el final, cada uno de sus 49 segundos vale la […]

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.