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Alain de Botton: del monoateísmo al poliateísmo

El debate entre el ateísmo al uso y el ateísmo 2.0 va mucho más allá de reivindicar el valor de lo simbólico y ceremonial. Coloca el verdadero debate mucho más allá de donde las batallas entre «pensamiento religioso» y ateísmo lo habían dejado, para situarnos entre esas dos grandes corrientes que podríamos llamar «monoateísmo» y «poliateísmo».

Productos de la School for lifeUna de las cosas más interesantes por las que recordaremos este año será por una exposición distribuida entre el Rijks Museum de Amsterdam, la National Gallery of Victoria de Melbourne y la Art Gallery of Ontario de Toronto. Se llama «Art as Therapy» y su idea básica es que «determinadas obras de arte son útiles cuando enfrentamos algunos problemas». Es decir, son generadoras de sentido. Dicho en términos clásicos, son «sacer», sagradas.

Virtus de de BottonLa idea que inspira el evento se explica en un libro del mismo título de Alain de Botton. Básicamente, de Botton dice algo que parecería obvio a Cicerón o a cualquier persona culta de los tiempos republicanos: hay símbolos, alegorías y metáforas que ayudan a reflexionar sobre valores, nos ayudan a generar significados, construir vidas interesantes y reafirmarnos en las virtudes seculares en las que basamos nuestros proyectos vitales.

De Botton no es solo un teórico: experimenta en el mercado cuanta idea defiende en sus libros, así que ni corto ni perezoso lanzó «virtue dolls»: una Virtus, una Serenitas y una Lucina/Vesta actualizadas con estética Daruma. Siguió después con «velas de la utopía» y cuadernos con frases inspiradoras de filósofos que incluían hasta una colección de «Moleskines» estoicas. Así que esta exposición solo es un paso más en el desarrollo de una línea argumentativa de largo aliento: según de Botton, los museos nos han fallado al olvidar esa dimensión simbólica y sus resultados «terapeúticos»… y deberían aprender de las religiones y los sistemas organizados de culto.

Ateísmo 2.0

La idea ya la había desarrollado en un libro anterior: «Religion for atheists», donde propone que «en vez de mofarse de las religiones, los ateos deberían hurtar cosas de ellas». El argumento lo resumía en una «TED talk» que ya se acerca al millón y medio de visionados:

Religión para ateosEl planteamiento de de Botton tiene una sutil diferencia si la comparamos con la «religio» y el significado del «Cultus Deorum» republicano: en la Roma clásica, la «religio» se entendía como el cuidado mediante ceremonias y símbolos de los valores que permitían mantener la convivencia. Era, fundamentalmente, la continua celebración y afirmación de las bases del contrato social.

El «ateísmo 2.0» de de Botton se parece mucho más al enfoque estoico y a lo que parece haber sido su principal producto para el mercado global de la época: el mitraismo. No se centra tanto en reafirmar las bases éticas de una política sana como en poner en valor comportamientos éticos frente a un entorno en descomposición, en la esperanza de que las mil formas de entender una vida interesante puedan reconstruir los cimientos de la convivencia. Es por eso que utiliza el término «terapéutico» para referirse al rol «espiritual», simbólico del arte, o a los psicoterapeutas como el nuevo sacerdocio.

Conecta así con una demanda social que quiere «curas» para la experiencia humana en un tiempo de descomposición social, aunque seguramente lo más valiente sería decir que el Arte, todo el Arte, por definición esas representaciones del mundo generadoras de significado, sea Altamira o Haring, es simplemente, sagrado.

¿Por qué el ateísmo no sigue a de Botton?

Manifestación en MadridEl «ateísmo 2.0» de de Botton es, sin duda, cada vez más conocido y cuenta con más seguidores, sobre todo en Gran Bretaña, donde su «School of life» organiza todo tipo de eventos, conferencias y hasta sesiones de psicoterapia, en un enfoque que no puede sino recordarnos nuestros esfuerzos y los de Javi por ayudar a otros a construir sus propios marcos para «una vida interesante».

Pero el ateísmo organizado y mayoritario no sigue por esa línea. Es cierto que en algunos lugares el ateísmo es en realidad un movimiento fundamentalmente político, enfocado en defender la laicidad de las instituciones frente a la injerencia de las religiones organizadas en el estado y la imposición de una moral pública particular y generalmente muy conservadora. Pero en general la posición que todos identificamos como «atea» es sobre todo iconoclasta, condescendiente, cuando no refractaria, frente a la necesidad de la ceremonia o el símbolo. Lo que nos viene a decir la crítica de de Botton es que ese ateísmo, en su afán racionalista, vino a tirar el niño del simbolismo con el agua sucia de la «superstitio».

ManifestantePero ese no es el problema de fondo. La cuestión es ¿por qué? ¿Por qué el ateísmo común necesita afirmar el racionalismo negando la ritualidad o el simbolismo?

Lo que normalmente entendemos por «ateísmo» viene a coincidir en la idea ilustrada de que la razón científica es un proceso de descubrimiento de la verdad aplicable a cualquier campo, desde la composición de la materia a la organización social óptima. Y la razón, el método, no podrían sino ser velados por la afirmación simbólica, no digamos por la práctica social más o menos ritualizada o ceremoniosa. El racionalismo ilustrado es necesariamente antisimbólico por lo mismo que es cientifista.

Pero como nos enseñó Popper, si esto es cierto para las ciencias «duras», desde luego no lo es para la Historia, la Política, la Ética o la búsqueda de sistemas sociales… a no ser que demos por bueno el planteamiento platónico y sus consecuencias: el fin de las sociedades diversas y abiertas con las que, por otro lado, simpatizan la mayoría de los ateos que conozco. Pero el hecho es que bajo la dulce capa del materialismo filosófico y la defensa de la verdad científica, el ateísmo al uso mantiene la semilla amarga del platonismo.

Del mono-ateísmo al poli-ateísmo

karl-popperLa cuestión no es si se puede ser sincera y abiertamente ateo y al mismo tiempo profundamente religioso en el sentido en que lo plantea de Botton (la respuesta es, obviamente, que sí). El debate de fondo entre ateísmo y «ateísmo 2.0» es si existen principios de verdad más allá de la verdad científica.

Dicho con más claridad: el debate de fondo consiste en si la ciencia nos permite acercarnos a un modelo óptimo para convivir y organizarnos social y económicamente del mismo modo que nos permite acercarnos a una verdad única sobre la Naturaleza. Para el platonismo -desde el propio Platón a Marx, pasando por el cristianismo- la respuesta es afirmativa.

foucaultPara aquellos a los que Popper llamó los «defensores de una sociedad abierta», desde epicúreos y estoicos a libertarios y postmodernos, la respuesta es negativa: en lo social, lo político, lo ético y mil campos más relacionados con lo social, no aplicaría un único principio de verdad generadora de una sola forma «ideal» de sociedad, sino muchos. Por tanto, no habría un ideal de futuro al que aspirar o una idea de sociedad que imponer. En palabras de Foucault, ni tan siquiera existiría «algo así como el conjunto de la sociedad» como sujeto desde el que pensar.

libretasEl debate entre el ateísmo al uso y el ateísmo 2.0 va mucho más allá de reivindicar el valor de lo simbólico y ceremonial. Coloca el verdadero debate mucho más allá de donde las batallas entre «pensamiento religioso» y ateísmo lo habían dejado, para situarnos entre esas dos grandes corrientes que podríamos llamar «monoateísmo» y «poliateísmo».

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