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Algunas críticas al «Manifiesto Comunero»

Algunas cuestiones y críticas recibidas por el «Manifiesto Comunero» que enriquecen y amplían el ámbito del debate.

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En la discusión pública del «Manifiesto Comunero» van surgiendo preguntas y críticas que son muy interesantes y que nos permiten ir un poco más allá. Muchas de ellas se han incorporado al texto, que ha crecido ya más de un 50%. Otras seguramente no deban integrarse en el texto principal, pero pueden acompañarlo en un apéndice. Por eso es importante también recogerlas y conservarlas.

Es muy diferente producir software libre que producir verduras. Parecería creíble para un futuro 100% virtual, pero verdura seguiremos necesitando.

Cada avance de la productividad nos acerca a la abundancia, y en el límite nos colocará en ella. Aunque «en el límite» no signifique lo mismo que llegar a la abundancia, está más cerca de lo que la mayoría de la gente piensa. No solo si vemos la evolución de la productividad de casi cualquier bien en los últimos dos siglos, sino si pensamos por ejemplo en los planes para robotizar el campo japonés en una generación. Es verdad que el resultado no será el de un coste marginal cero todavía para todos los productos, pero estará muy cercano. En una sociedad donde la mayor parte de los costes marginales están muy cercanos a cero, la escasez y por tanto los medios para gestionarla -como la autoridad o el mercado- solo determinarán la forma de organizar la sociedad y nuestra vida cotidiana marginalmente.

El modelo lo tenemos ya en el modo de producción P2P, donde el mercado sigue existiendo y jugando un papel importante -se venden innovaciones y trabajo personalizado- pero el motor del sistema, su dinamismo innegable, viene de otro lado: de una nueva forma de disfrutar el trabajo, la relación con otros y ser parte del esfuerzo productivo de la sociedad.

manifiesto-comuneroCuando se habla del «trabajo» y de su reconquista, parece sugerir la sustitución del trabajo laboral por -únicamente- el trabajo voluntario.

Está relacionado con lo anterior. En cada paso sigue existiendo una parte del trabajo, al principio importante, que va destinada al mercado y por tanto se puede decir que a fin de cuentas es «trabajo mercantilizado». Pero al reducirse la escala, se da ya espontáneamente en un marco de relaciones diferente.

Basta echar un ojo a las decenas de proyectos de Economía Directa que se presentan en plataformas de financiación colaborativa como Kickstarter para ver qué quiere decir eso en la práctica: lo que se nos presenta como pequeñas empresas son en realidad pequeños grupos de amigos que crean y diseñan juntos un proyecto productivo. Su trabajo tiene la lógica de la ética hacker, no el del trabajo asalariado.

Si esa tendencia la aplicamos conscientemente al desarrollo comunitario, el resultado es que la diferencia entre «trabajo voluntario» y «trabajo forzado por la necesidad» se difumina desde el día uno. Eso es algo ya contrastable en las comunidades igualitarias aunque todavía tenga un impacto pequeño en el relato social mayoritario. Trabajar es para cada vez más gente algo muy distinto a vender horas de su día a una empresa.

¿Las propias comunidades igualitarias no sufrirán en su seno el problema de las escalas? En una economía desmercantilizada este problema sería un imposible, pero en un contexto económico como el actual ¿es posible zafarse?

La tendencia a la reducción de la escala óptima de las unidades productivas por supuesto que afecta a las propias comunidades. En principio quiere decir que la escala óptima de cada vez más industrias y negocios se acercará a la escala comunitaria. Es decir, las comunidades podrán hacer más cosas diferentes y enfrentarse con éxito a las empresas sobreescaladas en el mercado en un espectro más amplio de actividades.

Pero también significará que otros productos, como hoy todos esos bienes digitales que pueden ser replicados sin coste marginal en redes distribuidas, pasarán de ser un negocio comunitario posible a estar bajo el dominio de la abundancia.

Hace cien años montar una editorial estaba lejos de lo asequible para una comunidad igualitaria de un centenar de personas. Implicaba un capital y unos recursos que no tenían a su disposición. Los primeros casos de éxito de editoriales en dimensión PYME se dan en los sesenta y setenta, con esfuerzos hercúleos y normalmente con un fuerte aporte de donaciones o financiación a fondo perdido que estaba fuera de lo convencional. En la década de los 2000, tener una actividad editorial competitiva con las grandes editoriales para una comunidad era ya asequible y de hecho los indianos lo hicimos, compaginando el dominio público con la impresión de pequeñas tiradas a bajo coste y la descarga gratuita de las obras íntegras en la red. Así, cuando un título funcionaba, lanzábamos otra edición, la reducción de escala suponía una reducción de riesgos. Aunque los grandes grupos mediáticos nos asfixiaran en la cadena de distribución, que es una forma de capturar al mercado y obtener rentas, la verdad es que obtuvimos resultados en nuestra especialidad -ensayos originales en español de autores vivos- que mejoraban en tirada y ventas las medias de prácticamente todas las editoriales de ensayo del momento. Y todo eso lo hicimos con una dedicación a tiempo parcial. Pero después pasamos nuestro modelo casi completamente al libro digital. Ya no es negocio para nosotros y nuestros libros no son mercancía ya para nuestros lectores, que los descargan y comparten libremente. Si hacemos copias en papel es por conmemorar algo relacionado con el libro o para asegurar que llegue a lugares y entornos donde todavía no ha llegado el acceso al libro electrónico.

El ejemplo de la actividad editorial vale para muchas otras actividades hoy todavía comerciales. Las mercancías irán «pasando» por la escala comunitaria para de ahí convertirse en bienes libres y dejar de tener salida al mercado. Y las comunidades irán cambiando lo que ofrecen al mercado en cada momento mientras aumenta lo que producen en abundancia y resulta gratuito para todos.

La comunidad es la última escala a la que el mercado es necesario y la primera en la que la abundancia es posible. Es una suerte de institución liminal que ha de gestionar la transición entre un mundo de gestión de la escasez y la sociedad de la abundancia. Para jugar ese papel de «membrana» entre dos épocas, la comunidad tendrá que extenderse, crear una experiencia humana nueva, nuevas formas de cultura propias y nuevas ideas inimaginables en el mundo externo a ella. Y todas esas cosas posibilitarán uno o varios saltos tecnológicos tan importantes como en su día fue la máquina de vapor, que serán las que nos den el empujón definitivo para llegar al nuevo mundo.

Faltan referencias al feminismo, las mujeres en general están mucho más exiliadas del trabajo laboral actual; es más, desde el femenino hay más preparación para el cambio a un nuevo mundo relacional más rico, desmercantilizado, para compartir de verdad en la pequeña escala del barrio y el pueblo, cooperando en vez de competir, descentralizadamente, sin autoritarismos.

Nos cuesta hacer una jerarquía entre las discriminaciones arbitrarias que nos ocurren o nos tratan de imponer ahí fuera. Por supuesto que nos damos cuenta de que la sociedad ahí fuera discrimina por cada cosa que pueda discriminar: sexo, posición social/laboral, lengua/dialecto/acento, ingresos, lugar de nacimiento, color de la piel, apellidos… Lo que tenga más a mano y sea más fácil en cada momento para mantener una rentita a alguien o a algún grupo, le servirá de argumento discriminatorio. En realidad, ni siquiera se puede decir que el mercado discrimine, de hecho el móvil de la discriminación es ponerse a cobijo del mercado, se discrimina con cualquier excusa para obtener una renta.

Por eso en entornos donde no hay ni puede haber rentas, como una comunidad igualitaria, no hay esa tensión hacia la discriminación a la que estamos acostumbrados en el estado y las empresas. La historia de las comunidades igualitarias de hoy no es la de una «lucha» por llegar a disfrutar la igualdad porque estén divididas intermamente por sexo, raza, origen social o lugar de nacimiento. La igualdad es el punto de partida, no un objetivo ni un logro. A fin de cuentas una comunidad igualitaria es… igualitaria, no está luchando por serlo o acercándose a conseguirlo. Lo es. Y en nuestra experiencia podemos decir que basta querer serlo para serlo, basta no pensar a ningún otro ni a la comunidad misma como instrumento de nada, como herramienta de ningún fin por «superior» que parezca. Basta con tratar a cada uno y a lo que hacemos juntos como un fin en si mismo. Cuando le decimos a la gente que se acerque a las comunidades igualitarias, les estamos diciendo que den el salto a un mundo que está a la vuelta de su casa y donde la discriminación ya no existe, un mundo que ellos mismos pueden construir.

Mirar atrás para centrarse en los síntomas de la enfermendad y convertir las barbaridades sufridas por uno o por otros, ahora o históricamente, en identidad no nos gusta porque es estancarse en un «ser», en una de esas supuestas esencias cuando lo que toca es un hacer que además, en cuanto se pone en marcha, deja atrás definitivamente, a día uno, toda esa mugre machista, racista, excluyente y prejuiciosa que supuran la descomposición y el poder rentista.

No creemos que sufrir discriminación haga a nadie ni más ni menos valioso. Ni siquiera nos dirigimos a los jóvenes parados como un grupo específico. Decimos que las comunidades tenemos que abrirnos y trabajar para ser una alternativa a la destrucción humana que supone el paro y que se ceba en las generaciones más jóvenes. Que podemos ser ya esa alternativa, que no podemos conformarnos con seguir como hasta ahora y que ha llegado el momento de ponernos manos a la obra, que ese tiene que ser un horizonte. Pero no llamamos primordialmente a nadie, llamamos a todos, jóvenes y no jóvenes, mujeres y hombres, de todo lugar, a ponerse manos a la obra y conocer o experimentar, o al menos tener en cuenta, la alternativa comunitaria.

«Algunas críticas al «Manifiesto Comunero»» recibió 11 desde que se publicó el Domingo 1 de Mayo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por las Indias.

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