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Reírse para no descomponerse: la interesante vida de Guillermo Álvarez Guedes

En realidad no tiene ningún sentido dejarse aplastar por la nostalgia del lugar al que no se puede volver incluso si uno regresa muchas veces.

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 GUILLERMO ALVAREZ GUEDESCuando la realidad supera a la ficción, a veces lo mejor que uno puede hacer para mantenerse cuerdo es aferrarse a la segunda, sobre todo si eso ayuda a no tomarse demasiado en serio a la primera.

Debe ser por eso que durante las últimas semanas me ha dado por recordar al legendario comediante cubano Guillermo Álvarez Guedes, mejor conocido por sus dos apellidos, sin el nombre: Álvarez Guedes.

Y por supuesto que la temática de los chistes de Guedes ayuda bastante también a mi empeño por recordarlo durante estos días: icono de la comunidad -o quizás «movimiento» sería un calificativo más apto- de los exiliados cubanos en Miami, el gran éxito de Guedes se debe en gran medida a su enorme repertorio de chistes sobre el régimen castrista.

El humor picante pero ligero de Guedes es tan agradable, que siempre logra burlarse de la gente sin insultar a nadie. Tiene esa capacidad tan difícil de lograr en la comedia, y más aún en la sátira política, de invitar a las «víctimas» de sus bromas a reírse de ellos mismos.

A veces uno siente que es como si Guedes quisiera invitar a todo el alto mando del régimen cubano a reírse con él, como si supiese que ellos también van a entender su dulce sarcasmo sobre la trágica historia contemporánea de la isla. Como si al «victimizarlos» de esa manera, los invitase a empatizar con los tantos que ellos han victimizado de manera no tan jocosa.

Como si en el fondo, a pesar de que siempre desdeñó las filosofadas sobre su humor y que decía que lo que le importaba era lograr que la gente simplemente aprendiera a «triarlo todo a relajo», tuviese una agenda secreta cuyo objetivo estratégico fundamental fuese derrocar a los jefazos comunistas a fuerza de risoterapia.

O al menos así se me ha ocurrido interpretarlo. Y creo que no tengo la culpa de que últimamente mi imaginación se desate en elucubraciones rebuscadas sobre la posibilidad de una ley cósmica, una fuerza ominosa e inexorable de la naturaleza, que determina que la velocidad de desmoronamiento de los estados comunistas sea proporcional a su capacidad para generar situaciones extremadamente cómicas:

Pero dejemos de lado por un momento las elucubraciones, y recapitulemos un poco los hechos de lo que fue la vida y obra del gran Álvarez Guedes.

Es oriundo de Unión de Reyes, Matanzas, donde nació en 1927 y comenzó su carrera artística haciendo teatro desde los cinco años de edad.

Ya en la década de los 40 era bastante conocido, sobre todo por su trabajo radial, aunque para entonces ya había incursionado bastante en en sainetes, comedias musicales y espectáculos de cabaret.

Ya viviendo en La Habana, los 50 fue la década en la que Guedes se consolidó como artista, aprovechando el auge de la televisión cubana, pionera junto a la mexicana y la brasilera en América Latina, inaugurada en la isla en octubre de 1950. Guedes estaba como pez en el agua en La Habana, ya que su trabajo en los shows televisivos impulsaron su trabajo en la deslumbrante vida nocturna que caracterizaba a la ciudad por ese entonces, permitiéndole compartir escenario en los mejores cabarets con estrellas como Beny Moré, Rita Montaner y Olga Guillot… y aquí me van a perdonar pero tengo que interrumpir para una disgresión obligatoria:

Uno de los recuerdos más felices de mi infancia es el de una fiesta que mis padres hicieron un fin de semana del verano de lo que debió ser 1980, en la que para ese entonces era nuestra casa de veraneo en Miami. Creo que era el cumpleaños de mi madre. Era la época del «¡ta barato, dame dos!», por lo que prácticamente toda la clase media venezolana vacacionaba en la Florida. Era bastante tarde, pasado el horario en el que se permitía hacer estruendos en el vecindario. La casa era de dos pisos, mi habitación estaba en el de arriba, pero me despertó el despelote de la fiesta y bajé en pijama a merodear entre los adultos, a ver en qué andaban. Al poco rato llamaron a la puerta, y Conchita, una amiga cubana de mis padres (y madre de María Conchita Alonso), la abrió para dejar entrar a una señorona morenaza deslumbrante, maquilladísima, enjoyadísima, perfumadísima. Pensé que iba a rasguñarme con sus larguísimas uñas pintadas de rojo carmesí cuando me pellizcó la barbilla, que iba tardar una semana en sacarme la pintura labial de las mejillas tras el besazo… «mi amor, saluda a Olga…». Detrás de ella venían unos muchachos cargando un sintetizador, micrófono, amplificador. Recuerdo que cuando cantó «¿Qué Sabes Tú?» fue como si me la dedicara a mi, me dirigía todos sus gestos, me miraba fijamente con esos ojazos, su vozarrón me retumbaba en el estómago… qué vergüenza… pero qué divertido. Qué raros eran los adultos, estaban todos absolutamente locos. Lo último que recuerdo fue una escena medio confusa con unos policías en la puerta, y que después que se fueron la señorona cantó un par de canciones más, pero a capella…

Durante los 50 Guedes también tuvo éxito en el cine, pero el medio con el que obtuvo de lejos su mayor éxito, fue con la grabación de sus monólogos en audio. En 1973, ya con trece años de exilio en Estados Unidos, lanza su primer álbum de comedia, al que seguirían más de treinta, y con los que se consagraría como estrella internacional de la comedia latinoamericana.

Los debo haber escuchado todos. Mis padres tenían una colección enorme, y me dejaban escucharla desde muy pequeño, a pesar de lo bastante grosero de mucho de sus chistes; pero la verdad es que a pesar de eso, otro aspecto de la sutileza humorística de Guedes es que nunca caía en lo soez.

De hecho, logró inmortalizar algunas groserías a tal punto que escuharlo decirlas puede llegar a ser una experiencia poética. Quizás la más conocida de todas sea la célebre «comemierda»:

«Oración» de Álvarez Guedes
Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
el coraje para cambiar aquellas cosas que no puedo aceptar,
y la sabiduría para esquivar a todos aquellos que intentan joderme el día.
Concédeme la tranquilidad para escuchar a cada comemierda que venga a hablarme,
cada sugerencia pendeja que venga a hacer
y cada manera creativa de joderme.
También, ayúdame a cuidarme de los que tuve que mandar al carajo hoy,
ya que estos pueden estar bien relacionados con los del fondillo que tendré que besar mañana.
Ayúdame a dar el 100% de mi al trabajo: 12% el lunes, 23% el martes, 40% el miércoles, 20% el jueves y 5% el viernes.
Y Señor, cuando esté teniendo un mal día
y parezca que la gente se ha puesto de acuerdo para joderme,
ayúdame a recordar que se requieren 42 músculos para sonreír
y sólo 4 para extender mi dedo
y decirles que se caguen en su madre.

Pero es que para cuando Guedes lanza su primer álbum ya tenía bastante experiencia en ese campo. No conforme con su ya muy exitosa carrera artística, se había aventurado en el mundo empresarial lanzando un sello discográfico en 1953, Gema Records, en el que grabó y a menudo produjo a artistas como Bebo Valdés, Willy Chirino, y la banda de salsa El Gran Combo de Puerto Rico, todos futuros gigantes de la música caribeña.

Murió el año pasado en Miami, a los 86 años de edad.

Cuánto tengo que aprender de Álvarez Guedes. De niño nunca me hubiese podido imaginar, cuando escuchaba las cintas de mis padres, que un día sus chistes me iban a reconfortar de la manera que lo han hecho durante estas últimas semanas. En realidad no tiene ningún sentido dejarse aplastar por la nostalgia del lugar al que no se puede volver incluso si uno regresa muchas veces. Guedes nunca dejó de expresar esa nostalgia, como cuando durante una entrevista que le hicieron en agosto del 2007, dijo que «Cuba es un país que ya no existe, aunque yo nací allí».

Pero tampoco dejó que esa nostalgia lo frenara. Al contrario, es como si la hubiese integrado en su ser de manera que terminó sirviéndole de combustible creativo para su arte. De leitmotiv para una vida sumamente interesante.

«Reírse para no descomponerse: la interesante vida de Guillermo Álvarez Guedes» recibió 3 desde que se publicó el Viernes 7 de Marzo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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