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¿Amenaza el libro electrónico a las editoriales?

La revolución del libro electrónico es muy distinta de la de la música digital… y seguramente muchísimo menos dramática.

Prácticas en las Indias

Mañana parto a Santander para participar en el curso que organiza la industria todos los años. Este año se llama Las nuevas formas de edición y su incidencia en los derechos de autores y editores y la idea era hablar de la experiencia de la Colección Planta 29 y de cómo hacer negocio en Dominio Público…

…Pero es un poco tarde en realidad para eso. Si queremos estar un paso por delante en el debate y la negociación con las editoriales hay que pasar ya a hablar del libro electrónico.

La tentación es pensar que la revolución del libro electrónico será similar a la que en su día abrió el ya fenecido Rio, al convertir el mp3 en el formato de la música móvil. Y es cierto que algunas cosas son parecidas pero el conjunto es realmente muy diferente y tienden a facilitar la apertura del modelo de negocio de las editoriales. Veamos:

  1. El reproductor de mp3 vino a suceder al walkman y al discman, el objeto social preexistía, el uso de dispositivos para llevar música encima ya estaba extendido. Mientras el consumo de música es masivo, la lectura de libros no lo es tanto: el número de lectores que leen al menos una novela o un ensayo a la semana no es comparable a los que escuchan al menos un disco nuevo a la semana. Por lo mismo, los 300 euros que costaba el Rio cuando salió -o los 600 del primer iPod- no imposibilitaron la formación de una primera gran bolsa de consumidores: ver gente con reproductores de mp3 en el metro se convirtió pronto en algo normal. Algo que no ha pasado, ni seguramente pasará con el Iliad.
  2. El libro electrónico es una verdadera novedad, porque la gracia del libro electrónico es que no es un libro… es una biblioteca y un cuaderno que -en breve, estamos trabajando en el software- permitirá compartir comentarios y notas en una red. Es decir, mientras el lector de mp3 se orientaba al consumo individual de música, el libro electrónico se orienta a la lectura compartida, a la biblioteca y la generación de conocimiento en red, algo que no ha prendido de forma masiva ni siquiera en las grandes organizaciones.
  3. Los costes de digitalización son mucho más altos en el caso del libro. Hacer una copia electrónica de un disco recien comprado deja el disco intacto y consiste en correr un programa y esperar 15 minutos a que aparezcan los archivos mp3 en el escritorio. Digitalizar un libro es un verdadero trabajo que lleva horas y deja el original destrozado. Si calculamos los costes, la digitalización sólo resulta rentable en el caso de las bibliotecas.

Es decir, el público, tanto particular como sobre todo institucional, del libro electrónico tiene fuertes incentivos a pagar por contenidos. La cuestión es si las editoriales entenderán el modo en que pueden atender esta demanda, pues aquí empiezan las novedades:

  1. No hay que repetir los errores del negocio discográfico: si hasta Steve Jobs reniega del DRM no se trata de imponer un modelo cerrado como intentan –infructuosamente– el Kindle de Amazon o el Sony Reader. El libro electrónico sirve para compartir bibliotecas y el modelo de negocio debe orientarse a ellas, sin cercenar el uso marginal, personal, basado en la copia privada o el main-business no despegará.
  2. En el libro electrónico los formatos son importantes… y diversos. El pdf no es equivalentes al mp3 en música: un tema en mp3 me sirve, en principio en cualquier reproductor, un pdf sólo podré leerlo cómodamente si el formato de pantalla coincide con las dimensiones de mi libro electrónico. Cuanto más abierto sea el formato electrónico, más valor tendrá la edición porque más fácil será la personalización a las necesidades de cada usuario dentro de la biblioteca corporativa o escolar.

¿Dónde está el negocio?

A diferencia del negocio de la música pop, el libro electrónico, por lo dicho más arriba es escásamente sustitutivo del libro en papel en términos globales:

  • la mayoría de usuarios, es decir, la masa de gente que lee menos de un libro al mes, seguirán usando el libro en papel.
  • Como demostramos con Planta 29 los pdf’s libres y fácilmente reproducibles representan para estos usuarios el equivalente de un promocional. De hecho un promocional mucho más efectivo que los habituales adelantos en prensa. Más descargas significa más libros vendidos en papel y no menos.
  • Los heavy users del libro, que son los que se gastarán los 400 o 500 euros que cuesta un libro electrónico, tienen todos los incentivos para suscribirse a una tarifa plana igual o superior a su gasto medio mensual en libros

¿Pueden ganar las editoriales dinero con el libro electrónico sin entrar en batallas estériles que les separen de sus clientes como ha hecho la música? No es tan difícil: El negocio del libro electrónico está en la suscripción individual o colectiva, no en la venta de ejemplares individuales. Lo lógico es que yo me suscriba a colecciones o editoriales completas pagando una tarifa plana a cambio de un derecho de descarga.

Dicho de otro modo: o las editoriales apuestan por las bibliotecas electrónicas o crean sus propias bibliotecas.

«¿Amenaza el libro electrónico a las editoriales?» recibió 2 desde que se publicó el Lunes 7 de Julio de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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