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Amor al arte, ethos de Arte

«El Sistema» del maestro José Antonio Abreu en Venezuela es un claro ejemplo de que la mejor manera de subvertir el orden establecido, sobre todo en tiempos de descomposición rampante, no se basa en el choque frontal contra las estructuras de poder.

orquesta_juvenil_abreuTodo empezó en un sótano de Caracas en el año 1975.

José Antonio Abreu, economista de profesión y músico por vocación, estaba obsesionado con una idea: formar un grupo de jóvenes músicos que eventualmente conformarían la primera orquesta sinfónica venezolana que estuviese a la altura de las mejores a nivel internacional.

Con mucho esfuerzo había logrado obtener donaciones suficientes para comprar 50 atriles con los que podrían ensayar 100 muchachos. Pero el comienzo no fue muy alentador: solo se presentaron 11 al primer ensayo, que iba a hacerse en ese sótano de Caracas. Hoy Abreu recuerda ese momento como el más importante de su vida, porque decidió seguir adelante con los 11 que se presentaron en lugar de dejarlo todo porque los otros 89 se quedaron en casa.

38 años y 2 millones de alumnos más tarde, la Fundación Musical Simón Bolívar, mejor conocida como «El Sistema», es historia.

Considerado por una amplia variedad de eminentes autoridades internacionales de la música clásica el programa más potente de educación musical del planeta, El Sistema instruye actualmente cerca de 300 mil niños, predominantemente en situación de pobreza, a través de casi 300 centros de enseñanza alrededor de Venezuela.

Muchos de ellos se convierten en músicos profesionales, integrando una de sus orquestas juveniles, de las cuales la más famosa es la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel, también director de la Filarmónica de la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos y considerado como uno de los mejores directores del mundo a la escasa edad de 32 años.

Pero la mayoría de los chicos que pasan por El Sistema terminan haciéndose profesionales en áreas distintas a la música. Porque El Sistema es, más que un método de aprendizaje musical, un método de desarrollo personal a través de la música.

El impulso que llevó a Abreu a seguir adelante cuando sólo se presentaron 11 muchachos al primer ensayo en 1975 está institucionalizado en la cultura de El Sistema. El ejemplo del maestro es lo que inspira a sus miles de alumnos a asumir la responsabilidad de vivir una vida repleta de significado, una vida interesante a pesar de las circunstancias, y así salir de la pobreza y el entorno de violencia en el que muchos de ellos, de otra manera, se habrían quedado atrapados.

El Sistema es un caso paradigmático de lo que caracterizará cada vez más a los movimientos sociales exitosos de la transición, y su relevancia es enorme no sólo por sus logros en sí mismos, sino también por el contraste de sus valores con los del discurso hegemónico que ha cooptado desde el estado a prácticamente todos los movimientos sociales en Venezuela.

Y es que a pesar de la relación formal de El Sistema con el estado venezolano, e incluso de la obtención de cuantiosas subvenciones, Abreu ha logrado mantener el control absoluto de la organización, inmunizándola del vicioso clientelismo que históricamente ha caracterizado a la mayoría de organizaciones financiadas por la renta petrolera.

abreuEl Sistema tiene vida propia porque no fue creado por el estado ni ha dependido nunca de éste para su éxito, un hecho que para muchos resulta difícil de entender a la luz de su participación en las más altas ceremonias gubernamentales, en las que la Orquesta Simón Bolívar funge como orquesta oficial, o de que gobiernos de turno variopintos se jacten de las subvenciones que le aportan.

Por eso no sorprende que a pesar de las formas, Abreu pueda declarar abiertamente, tal como lo hizo durante una reciente entrevista con el New York Times, que «nunca se ha sentido presionado políticamente».

El Sistema es un claro ejemplo de que la mejor manera de subvertir el orden establecido, sobre todo en tiempos de descomposición rampante, no se basa en el choque frontal contra las estructuras de poder.

Puede que la mayoría tienda a ver el secreto del éxito del sistema en el amor a la música que Abreu profesa por doquier e infunde en sus alumnos. Pero en realidad su fuerza radica, más que en el amor al arte, en lo mucho que su ethos comparte con el de los Artes. Tal como concluía David hace unos años,

Los gremios hackearon el orden establecido, no lo reformaron. No se hicieron cargo universalmente de los problemas y las miserias del mundo de los señores como si fueran propias, simplemente expandieron una lógica de cohesión alrededor del núcleo firme de sus propias estructuras.

O dicho de otra forma: el secreto del éxito de El Sistema es su capacidad para hackear el (otro) sistema a través de la cohesión y del sentido que esos chicos consiguen dar a sus vidas subvirtiendo el «orden establecido de la descomposición» y su dinámica destructora.

«Amor al arte, ethos de Arte» recibió 4 desde que se publicó el Viernes 6 de Diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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