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Apuntes de verano: El gobierno de las redes

Muchas veces hablamos de las organizaciones en red, pero pocas de su funcionamiento concreto. Trabajar en red va mucho más allá de deslocalizar. Y tiene sorpresas: las redes no son democráticas… sino algo mejor.

Imaginemos una organización en red. Una red de activistas sociales, una campaña como “El proyecto Septiembre“, o una red de pequeñas empresas como en la que se integra la Sociedad de las Indias. Son organizaciones en red de verdad. Nada que ver, además del tamaño o el pulmón financiero con organizaciones a las que se suele dar como ejemplos de red como Zara. ¿Por qué?.

En primer lugar porque las redes que llamamos de enredadera, o bien nacen de un pacto entre iguales que se reconocen como tales, o bien articulan una relación que en nigún caso es de dependencia. Si existe mando o dependencia, el concepto red se limitaría a una cuestión de distribución geográfica y comunicación interdepartamental. Como en el caso de Inditex estaríamos hablando de una organización estructurada jerárquicamente que utiliza estructuras reticulares para la comunicación interna, no de una red propiamente dicha.

Lo que define a una red enredadera es como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist que todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores. En este sentido toda red es una red de iguales.

Plurarquía vs democracia

En un sistema así la toma de decisiones no es binaria. No es “si” o “no”. Es “en mayor o menor medida”. Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Este sistema se llama plurarquía y según los mismos autores hace imposible manterner la noción fundamental de democracia, donde la mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de opinión. Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara en contra, no podría evitar su realización.

Netocracia y Plurarquía

Con un sistema así es comprensible por qué en las redes no existe “dirección” en el sentido tradicional, pero también por qué inevitablemente surgen en su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde fuera, por la representación del conjunto de la red o cuando menos como la materialización de la identidad que les define. Estos grupos son los netócratas de cada red, sus líderes en el sentido estricto, pues no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores que aglutinan la red, a la hora de proponer acciones comunes.

Esto es válido dentro de redes identitarias, por ejemplo podríamos decir que AlQaeda es la netocracia de la red terrorista islámica wahabí. Pero también se proyecta hacia redes sociales más amplias. Es en ese sentido que hablamos de una Netocracia vinculada a la red en general. Por ejemplo, cuando Libro de Notas y Ciberpunk.org lanzaron la propuesta de un Google Bombing reclamando responsabilidades políticas por el desastre del Prestige, no podían saber cuantos blogs les iban a seguir. Fueron cientos, un resultado que demostró que eran parte de la netocracia de la blogsfera española.

11S netocrático

La misma lógica subyace en “El proyecto Septiembre“. Los ciberpunks americanos y españoles lanzan una propuesta a todos los nodos de la gran red global: organizar debates el 11S en bibliotecas y centros sociales sobre derechos y libertades civiles. Sugieren, en España, discutir en canon a las bibliotecas, los CDs y la conexión a Internet. Pero dejan claro que puede que en tu comunidad sean otros los temas a discutir o los actos a emprender

Al fin el proyecto es todo un test sobre la capacidad de las redes: en cada lugar los debates serán al fin organizados por grupos, colectivos o personas que les darán un sabor propio, que tendrán una aproximación diversa a los derechos civiles. La dimensión irá unida pues a la diversidad, al contrario que en las organizaciones tradicionales, donde la diversidad se percibe como enemiga de la operatividad y se entonan continuos cantos a la unidad garantizada por la dirección central.

Y sobre todo, proyectos como “El proyecto Septiembre” y otros similares realizados en los últimos años por Ciberpunk.org demuestran que es posible otra forma de actuar social y políticamente, que un grupo pequeño de gente, elaborando buenas propuestas, puede llegar más lejos que una organización jerárquica tradicional. Que no se trata ya, en estos tiempos, de crear grandes organizaciones, ni siquiera desde planteamientos de transparencia y participación directa interna. Las direcciones abiertas, democráticas y transparentes son reivindicaciones propias de tiempos en los que dirección y democracia eran males necesarios. Hoy no son necesarias ninguna de las dos. En su lugar tenemos plurarquía y netocracia. Disfrutémoslas. Vivamos como enredadera, que no sólo seremos más libres, además es más operativo.

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