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Arte con derecho a copia

Dicen que cuando vio por primera vez las caras estampadas de Marilyn, enmudeció ante una forma de representar entendible para todo el mundo y que mantenía la potencia del mensaje.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

haringKeith HaringNació en Reading, Pennsilvania y creció en un distrito de unas 5.000 personas, Kutztown, en el seno de una familia comunitarista. Su relato de infancia parece de cuento, como los que le contaba su padre, con quien aprendió a dibujar. Ese niño flacucho y con gafas del que decían tenía la misma habilidad para meterse en líos que para salir de ellos, llegó a convertirse en el icono de una generación. Producto de la cultura popular, del cómic y de la televisión, Keith Haring crece en un mundo que empieza a conocer la publicidad y el marketing, en el que un dibujante podía tener grandes posibilidades (como veíamos en Mad Men).

Animado por sus padres se matricula en la escuela de arte de Pittsburg, y a los 20 años, después de su primera exposición, decide mudarse a Nueva York. Corre el año 1978, se instala en el Greenwich Village y se matricula en la Escuela de Artes Visuales, que abandonará al poco tiempo. El Village concentra en ese momento a un buen puñado de chicos de provincia que buscan un hueco en el arte, la música y la literatura. Jóvenes talentosos precarizados en el boom del pop, el punk o el clubbing. Trabajos temporales, fiestas nocturnas, y en el caso de Haring, la obsesión por pintar. Dicen que cuando vio por primera vez las caras estampadas de Marilyn, enmudeció ante una forma de representar entendible para todo el mundo y que mantenía la potencia del mensaje. Cuando tiempo después descubrió los graffitis, le fascinó el impacto visual y la multitud de espacios disponibles para pintar. No manejaba el aerosol, pero su estilo de trazo continuo le parecía compatible con aquellas figuras o mensajes que veía por toda la ciudad.

Keith Haring dibujando en el metroDisputar muros o vagones de tren no le resultó un plan apetecible, pero usaba el metro a diario y reparó en unos carteles negros que cubrían los anuncios una vez finalizada la campaña publicitaria. Probó a dibujar en tiza sobre uno de ellos. Era perfecto para sus figuras, un sencillo fondo negro sobre el que lanzar un mensaje que podría ser visto por miles de personas al día. Al igual que los graffiteros, comenzó a dejar sus propias marcas. En unos meses, sus dibujos se habían convertido en un fenómeno.

Galería ShafraziSu primera exposición en Nueva York fue casi una suerte traicionera, una oportunidad estupenda para conseguir reconocimiento y ganarse un hueco en el circuito comercial y artístico neoyorkino, pero ¿qué iba a exponer? Sus obras eran carteles, espacios temporales que o bien eran nuevamente cubiertos o alguien despegaba para llevárselos a su casa. Se había desarrollado en la calle, ¿qué podía mostrar en una galería? En sus diarios contaba que la sola idea del lienzo le estremecía, provocándole un bloqueo creativo. Se sentía incapaz de enfrentarse a algo tan valioso y cargado de significado en sí mismo. Creativo y con recursos, dio con la solución: pintaría sobre vinilos, y además aprovecharía las paredes de la galería para crear el ambiente adecuado.

Esa exposición significaría la consolidación de Haring, pero también la entrada del arte urbano en los selectos circuitos comerciales. Su amigo y galerista Tony Shafrazi se convirtió en su agente, y comenzó a recibir pedidos de ciudades de todo el mundo para pintar murales. Mareó a guardias de uno y otro lado del Muro, dejó sus huellas en Sydney, Melbourne, Río de Janeiro… Dió clases de pintura en Nueva York, Ámsterdam, Londres, Tokyo y Burdeos, y diseñó motivos para campañas de alfabetización en Estados Unidos y Alemania.

Houston Street

En 1989, huyendo de ARCO, llega a Barcelona para visitar a una amiga, quien le sugiere hacer una intervención en la ciudad. Acepta bajo la condición de tener libertad para escoger el sitio, pasearon y se decidió por la plaza Salvador Seguí, en el corazón del Raval, uno de los barrios más descompuestos entonces por el tráfico de drogas. El mural, en sí mismo una campaña de prevención contra el SIDA, fue donado a la ciudad de Barcelona, con derecho de reproducción. Sí, el ayuntamiento podría hacer uso del mural, y replicarlo cuantas veces quisiera.

Keith Haring en BarcelonaEn 1992, durante la remodelación del barrio, el mural fue retirado y se realizó una copia, alojada en el MACBA. Ese hubiera sido el fin de la historia, pero gracias a la licencia de reproducción que Haring otorgó a su obra, el mural ha vuelto a la plaza. Hace unos días, fue pintado de nuevo en la pared escogida por Haring para conmemorar los 25 años de su creación original.

Esta historia ni siquiera tendría por qué terminar aquí. Pues ese mural podría ser reproducido tantas veces como se quisiera en cualquier punto de la ciudad. ¿Curioso? no tanto si tenemos en cuenta la máxima de Haring, transmitir a través de sus dibujos al mayor número de espectadores posible. shepard-fairey-keith-haringAlgo que bien puede enlazar con la idea de usar las ciudades como espacios expositivos integrales, o de volver a tener ciudades que nos hablen.

Así, este chico que creció con la televisión, buscó hacer del arte un canal mainstream. Creó toda una iconografía, un lenguaje simbólico original, sencillo y llamativo para alertar de los peligros que amenazan a la sociedad (SIDA, totalitarismo, opresión), pero también para cantar lo maravilloso de la vida.

Su pasión, su obsesión y continua innovación en el arte, y sobre todo en su forma de transmisión, fue el motor de una vida intensa y dotada de sentido. Por cierto, qué curiosa esa correlación entre tener una vida interesante y poco o ningún aprecio por la propiedad intelectual. Tal vez, como comentaba Juan Urrutia, para el que tiene una buena idea la propiedad intelectual seguramente sea la forma más simple de monetizarla, pero para el que tiene talento y muchas ideas, sin duda es preferible ignorarla.

«Arte con derecho a copia» recibió 3 desde que se publicó el Jueves 6 de Marzo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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