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Band of Brothers o el sentimiento de pertenencia

La Compañía «Easy», que luchó en la II Guerra Mundial, contaba con 162 hombres que se convirtieron en hermanos. Esa unión emocional salvó muchas de sus vidas al convertir las distintas individualidades en un todo cohesionado.

En el estudio de las relaciones humanas según Adler y de como se forman las llamadas comunidades intencionales, resulta muy interesante fijar la atención en aquellas que se dan de manera «accidental» y que no por eso dejan de ser comunidades auténticas. No es el caso de la familia tradicional, que sería una comunidad no intencional (los hijos no eligen formar parte de esa comunidad) pero sí hay una voluntad de unión y una cultura comunitaria detrás. Hablaríamos más bien de comunidades surgidas de la unión ante la adversidad.

Easy-CompanyY como estamos en época de lluvias, granizos, nieves y en general tardes que invitan a los maratones televisivos, vamos a recordar una joya del 2001, «Band of brothers» de nuevo de la HBO, coproducida por Steven Spielberg y Tom Hanks y en la que podemos ver ejemplos tanto de construcción comunitaria como de muchas de las teorías adlerianas sobre el comportamiento humano.

La serie, de diez capítulos, relata las experiencias de la «Easy Company» del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista, de la 101.ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial, desde el desembarco de Normandía hasta el Día de la Victoria en Europa. El guión se basa en el libro del famoso Stephen Ambrose que a su vez se basa en gran parte en los testimonios de miembros supervivientes de la Compañía «Easy».

Aunque la serie tiene sus momentos pastelosos, tan típicamente americanos, es bastante realista y sobre todo, consigue transmitir muy bien las dinámicas emocionales que tienen lugar entre un grupo de hombres en situación de estrés prolongado, que tienen que compartirlo todo a veces en situaciones de extrema escasez y cuyas vidas dependen de la suerte pero en gran medida también de sus propios compañeros.

El caso del Capitán Herbert Sobel

Desembarco de NormandíaEl primer comandante de la compañía, antes de entrar en combate el Día D, fue el Capitán Herbert M. Sobel, famoso por su dureza e inflexibilidad durante los entrenamientos. Gracias a eso, la Compañía se convirtió en una de las mejores del batallón, pero todos coinciden en que muchas de sus medidas disciplinarias fueron excesivas. Cuando empezaron las simulaciones de combate, Sobel resultó ser un cero a la izquierda, prácticamente incapaz de leer un mapa.

La arbitrariedad de sus duros castigos unida a su incompetencia en las maniobras le hizo perder el respeto de sus hombres. Cuando esto se hizo evidente, la arbitrariedad y desproporción de los castigos aumentó terminando en el motín de varios sargentos cuando el Teniente Winters (oficial justo por debajo de Sobel y verdadero líder de la Compañía) iba a ser sometido a una Corte Marcial por no aceptar un nuevo castigo absurdo.

El motín de los sargentos fue la primera manifestación de auténtica unión de la Compañía, y la desmesura de Sobel su primer comportamiento patológico grave. Al parecer, Sobel venía de una infancia traumática con muchos temas sin resolver y respondía a sus inseguridades provocando miedo y abusando de su poder. Este comportamiento le alejó cada vez más de sus hombres que a su vez no podían sino censurar sus defectos en el campo en lugar de ayudarle a resolverlos. En resumen, Sobel se quedó solo, ninguno de sus hombres estaba dispuesto a morir por él o según lo acabaron viendo, a morir por su culpa.

Los sargentos se amotinaron conscientes de que el castigo era ser fusilados. Solo la cercanía del Día D les libró de la muerte y el alto mando fue lo suficientemente inteligente como para trasladar a Sobel a otro destino.

Reemplazos y bajas

band-of-brothers-picDurante el Día D y la batalla de Carentan, la Compañía pierde a muchos de sus hombres, que han vivido, sufrido y luchado juntos durante más de dos años (contando los entrenamientos). Cuando antes del inicio de la Operación Market Garden llegan los reemplazos, en su mayoría chicos jóvenes sin experiencia, estos son recibidos con frialdad e incluso con cierta hostilidad. La razón es muy clara: morirán pronto, nadie quiere asumir el coste emocional de llegar a conocerlos, de llegar a sentir que son parte de la familia.

La profecía sobre su destino es una consecuencia de su falta de experiencia, pero también es autocumplida. Como nadie quiere encariñarse con ellos, no terminan de integrarse y esa «falta de pertenencia» les hará cometer más errores, sentirse más débiles y desprotegidos, más solos y por tanto, con más papeletas para que la lluvia de balas y morteros los alcancen a ellos y no a otros.

Un trato similar recibe el soldado Webster, al reincorporarse después de una larga baja (o el Teniente Jones, un oficial de reemplazo recién salido de West Point con muchas ínfulas y ninguna experiencia real). Mientras que otros soldados heridos pidieron el alta voluntaria para combatir en las Ardenas, Webster cumple toda la baja, rehabilitación incluida y llega cuando ya ha pasado lo peor y la moral de la compañía está por los suelos, debido al cansancio y al gran número de hombres caídos en combate.

A pesar de sus intentos por recuperar el cariño de sus compañeros, todos le tratan con desprecio. Es además uno de los pocos universitarios de la compañía. Esto, unido a su ausencia en el peor momento le hacen perder el reconocimiento de los demás como un igual. Ya no comparte el contexto y abandonó a los suyos cuando más lo necesitaban. Aunque él siente que hizo lo que debía al cumplir la baja establecida, para los demás su comportamiento solo muestra una clara falta de compromiso. «Si fuera un hermano de verdad», hubiera pedido el alta como los demás para volver junto a los suyos.

Pánico

liptonCuesta creer que después de un duro entrenamiento con el Capitán Sobel y de saltar en paracaídas entre una lluvia de fuego enemigo a alguien le pueda dar un ataque de pánico, pero en realidad es de lo más normal. De hecho para ellos, la guerra de verdad empezó después del Desembarco.

En la primera batalla, el soldado Blithe queda inhabilitado por lo que se conoce como «ceguera histérica» o «psicosomática». Se queda ciego a causa del pánico. Cuando el Teniente Winters le dice que no se preocupe por nada y que le mandarán de vuelta, Blithe se echa a llorar y solo alcanza a decir «yo no quería defraudar a nadie». Su pánico procede del miedo a fallar a los suyos, a no estar a la altura. Paralizado por el miedo al fracaso y por tanto a ser excluido, se autosabotea excluyéndose él mismo.

El Teniente Winters, cuyo liderazgo natural proviene de su capacidad de empatía, simplemente le coge de la mano cariñosamente y le tranquiliza, haciéndole sentir que todo está bien, que aunque se marche no va a perder su cariño y su respeto. Automáticamente, Blithe recupera la vista.

El siguiente ataque de pánico tiene lugar en una operación decisiva. El oficial al mando, Dike, que ocupa ese lugar por antigüedad y buenas conexiones familiares, no es capaz de liderar ni a un perro faldero. En medio de la operación (el asalto a Foy), un ejemplo clásico de lo que no se debe hacer, sufre un ataque de pánico y solo su reemplazo por el Teniente Speirs en mitad de la batalla evita que mueran todos sus hombres (Ver vídeo).

De nuevo, Dike es un enchufado de buena familia cuyas inseguridades derivan en una grave incompetencia y en una ausencia mental casi permanente (el palabras del sargento Lipton «simplemente, Dike no está ahí») lo que produce una total falta de integración y de conexión con los demás que alimenta el círculo vicioso.

«We happy few»

photography8Después del Día de la Victoria, el sargento Powers gana el sorteo para ser enviado a casa antes de la fecha oficial. Al despedirse, manifiesta su gran preocupación: «No sé como voy a explicar todo esto en casa».

El problema de comunidades como esta es que son temporales y sus miembros se ven abocados a separarse y volver a entornos donde nadie podrá entender por lo que han pasado. Los lazos que les unen ya nunca podrán romperse y la distancia puede hacerse a veces muy traumática. Winters, contó en sus memorias que 50 años después del final de la guerra no pasaba un solo día sin que pensara en sus hombres.

En los testimonios de los veteranos incluidos en la serie, llama la atención algo que todos ellos hacen, cada uno a su manera: todos se sitúan a si mismos en segundo plano para ceder el protagonismo, el heroísmo y los méritos a los demás, todos destacan el orgullo de formar parte de un grupo en el que se encontraban sus compañeros. De nuevo, como centro de todo, tenemos el sentimiento de pertenencia. Winters termina diciendo, con lágrimas en los ojos, que cuando su nieto le preguntó si fue un héroe durante la guerra él le respondió «No, pero serví en una compañía de héroes».

«Band of Brothers o el sentimiento de pertenencia» recibió 6 desde que se publicó el miércoles 10 de diciembre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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