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Banksy en el Guggenheim

El museo, tal como lo conocemos hoy día, puede perfectamente desaparecer, transformándose en algo ubicuo cuya capacidad de acción se materializa en los diferentes espacios repartidos por toda la ciudad.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

¿Cómo hacer de un museo «de provincias» una visita obligada? Este era uno de los temas de reflexión dentro del programa de Pública 14, un evento celebrado hace unos días en Madrid y dirigido a gestores culturales. Junto a la intervención de uno de los directivos de la Tate Gallery, parecían concentrar las expectativas de un sector que en los últimos años ha tenido que encarar un contexto económico poco favorable y una realidad social que comenzaba a demandar un tipo de experiencias que no encajaba con el concepto tradicional de museo.

Para dar respuesta a estos desafíos, contaban con Marc Sands, director de comunicación y audiencias de Tate. Como anuncia su título, el encargo que el museo le hacía era diseñar la estrategia para adaptar al Tate a los nuevos tiempos, para seguir teniendo sentido de cara al público, especialmente el más joven, cuyas referencias y formas de aproximarse al arte tienen mucho más que ver con el cómic, Internet o los videojuegos. Para Sands, que llegaba a ese puesto tras haber sido director de marketing de los periódicos The Guardian y The Observer, la orientación del museo al mundo digital era clara. Reformó la web, integró un sistema de recomendaciones tipo Amazon, y reforzó la oferta de contenidos con entrevistas a los artistas, artículos de fondo, blogs temáticos y apps. El resultado sorprende y cumple con la función informativa sobre las muestras, pero sobre todo saca partido a su fondo pictórico relacionándolo con Halloween, las visitas familiares de navidad o el año nuevo chino. Y resulta adictivo, después de cada post no puedes dejar de leer el siguiente y ver cómo relacionan las obras con los temas. Una genialidad.

Además, la nueva plataforma buscaba dar cabida a espacios de participación, algo que hasta ese momento ninguna web de ningún museo había contemplado. Su objetivo, llevar a los usuarios, a la audiencia, al blog y la comunidad Tate, generando una sensación de pertenencia, una mayor vinculación con la institución.

Pero su estrategia pasaba también por utilizar nuevos elementos para complementar la experiencia expositiva buscando hacerla más divertida, más dinámica, con diferentes niveles de profundidad y con mayor extensión, de modo que pueda continuar puertas afuera. Así, el próximo mes de julio, al personal del museo se incorporarán pequeños robots y animaciones interactivas basadas en Minecraft se integrarán en la muestra.

También han llevado a cabo una ampliación y construido un anexo, pero la importancia de su viraje radica en el ejercicio de reconceptualización más que en el impacto arquitectónico.

El efecto Guggenheim

A finales de los 90, Bilbao forjó el efecto Guggenheim convirtiendo al museo en el símbolo de la ciudad, y recaudando en los tres primeros años de actividad más de 100 millones de euros, cifra que cubría sobradamente los gastos de su construcción. A partir de ese momento, muchas ciudades se lanzaron a tener su propio centro de arte en la misma lógica de edificio moderno y llamativo. Por eso no es casualidad que la pregunta sobre cómo tener visitas sea el reflejo de la preocupación de un gran número de gestores culturales. También con el ícono arquitectónico jugó el Centro Cultural Niemeyer. Una instalación con la que Avilés, al igual que Bilbao, buscaba recuperar la zona industrial para la ciudad. La estrategia iba poco más allá de la edificación de una gran instalación multifunción que se presentó como la obra culmen del arquitecto brasileño.

Hace unos días un catedrático de Bellas Artes afirmaba que a día de hoy, toda instalación que no haga una diferencia, trabaje un discurso y se posicione en un segmento de mercado está condenado al fracaso. En el caso del Niemeyer, trifulcas políticas truncaron un centro que no llegó a ser. En su arranque el centro tuvo poco más relato que la biografía de su creador.

Hoy es una bonita explanada en la que ir a buscar el sol. Eso sí, permitió que Brad Pitt se paseara por Avilés con casco de obra. No es poco.

¿Qué significa un museo hoy?

Los museos durante años han puesto su foco en lo pedagógico, en la contextualización de movimientos artísticos para buscar atraer y conectar con el público. Algunos han comenzado a moverse hacia la diversión, creando un nuevo concepto de ocio e incluso ofreciendo una oferta paquete, una experiencia que se pueda compartir en familia, pareja o amigos, que incluya paseo, compras o cenas inspiradas en la exposición y que permitan seguir conversando.

Un museo es cada vez menos un edificio o una experiencia aislada. Para definir un modelo que pueda a hacer frente a la oferta de ocio enlatado, cada centro debe trabajar su identidad, su propuesta al público, plantearse la fórmula de contar y de contarse y buscar los aliados necesarios.

Una vez se abre este camino, pasa a ser uno más en una red de muchos, un articulador de una serie de propuestas. Así, el museo, tal como lo conocemos hoy día, puede perfectamente desaparecer, transformándose en algo ubicuo cuya capacidad de acción se materializa en diferentes espacios repartidos por toda la ciudad.

¿Cómo haría Banksy un museo?

Así que el viaje arquitectónico de los museos, la puesta en valor de una marca mediante la construcción de un gran edificio, paradójicamente lleva a su desaparición como nodo centralizador. A fin de cuentas, toda innovación tiene un ciclo, y llegado su fin, no tiene sentido volver sobre lo mismo, sobre todo si no eres un gran museo, uno de esos pocos con una colección propia lo suficientemente potente como para armar exposiciones temáticas a partir de él.

El arte de guerrilla aplicado a la museística bien podría usar arquitecturas efímeras, utilizar edificios, paredes, salas distribuidas por una ciudad… o usar la ciudad misma como espacio expositivo integral.

¿Para qué querría Banksy un museo? Seguramente para delimitar un espacio en el que no hacer arte, de modo que fuera evidente para qué está todo lo demás en la ciudad.

«Banksy en el Guggenheim» recibió 6 desde que se publicó el Miércoles 5 de Febrero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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