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Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

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¿Beneficio económico o buena vida?

Cuando el trabajo se da en un marco que no es alienante, cuando ves su utilidad directa para la gente que conoces y aprecias, cuando te desarrolla humanamente, no necesitas la zanahoria de una «compensación» en la forma de beneficio… y menos aun para ti solo.

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No sabía por qué me sentó tan mal. «Sois una cooperativa así que lo que os mueve es el beneficio, igual que a cualquier empresa». La imagen me irritaba. No solo porque fuera falsa, sino sobre todo por la mezquindad que daba por sobreentendida en el género humano entero.

panticosa picnic indianos indiasNo, nosotros no esperamos ansiosos el reparto de beneficios como piratas que reparten un botín. Para empezar ni siquiera repartimos excedentes. El excedente es lo que sobra tras cubrir nuestras necesidades. Necesidades, también culturales, también lúdicas, claro, pero muy lejanas en naturaleza y volumen del consumo «compulsivo» con el que la publicidad y la moda insinúan que puedes compensar los sinsabores de la vida. Necesidades razonables y sensatas, determinadas por cada uno con responsabilidad y sinceridad. El excedente, lo que queda tras cubrirlas, es en parte ahorro, es decir mutualización de riesgos, y en parte medios, recursos. Recursos que sirven para tener el tiempo suficiente como para trabajar en cosas que no van a salir a mercado: desde escribir en el blog a desarrollar software libre, desde apoyar proyectos bonitos de otros a unirnos a causas en las que creemos o echar una mano a quién lo necesita cuando hay que hacerlo. Recursos para poder construir cosas con sentido.

No trabajamos para repartir un botín, sino para construir realidades útiles y con sentido para todos

Los resultados de una vida comunera

oficina las indiasNuestro modo de vida ha sido igual en las épocas donde hemos vendido mucho que en las épocas donde salir al mercado se nos hacía muy duro. Hemos tenido un gran logro: hemos difuminado muchísimo la frontera entre el trabajo cuyo fruto se vende y genera ingresos y aquel que hacemos simplemente porque nos apetece, porque genera sentido, porque nos aporta hacerlo o porque sirve de forma directa a los demás. Nos gusta lo que hacemos y nos gusta con quién lo hacemos y gracias a eso nos podemos sentir orgullosos cada día. Es decir, lo que nos mueve no es el beneficio, sino el trabajo. Cuanto más trabajamos más aprendemos, más compartimos, más útiles a los demás nos sentimos y por tanto más autónomos somos, cada uno individualmente y en conjunto como comunidad. Y ya se que puede sonar rara esa idea del trabajar como un objetivo en sí. Pero cuando el trabajo se da en un marco que no es alienante, cuando ves su utilidad directa para la gente que conoces y aprecias, cuando te desarrolla humanamente, no necesitas la zanahoria de una «compensación» en la forma de beneficio, porque estás consiguiendo vivir una buena vida, sencilla, honesta, que te permite crecer y que está llena de sentido.

Cuando el trabajo es útil y no alienante no se necesita la zanahoria de una «compensación» consumista o acumuladora

Un aviso para «idealistas»

indianos atardecerCuando no te gastas el dinero en trajes, coches o tarjetas de visita pretenciosas, mucha gente te ve como «idealista». Lo malo de llevar esa etiqueta, sobre todo cuando eres joven, es que atrae a alimañas: verdaderos especialistas en dar por sentado -y que el entorno acepte- que su beneficio económico personal merece la gratuidad del trabajo ajeno. Es un tipo de «emprendedor» peligroso que suele tener mucha prédica entre las administraciones y un cierto liderazgo social. A las finales habla el idioma de la descomposición: lo que hacen los poderosos, las macroempresas, tiene valor porque implica capital, ladrillos, tuercas… cosas bien físicas y tangibles; ahora lo que hacen las personas, su tiempo, su conocimiento, su dedicación… su trabajo, eso no, no hace falta, es una anécdota.

Por eso lo importante es no olvidar nunca algo básico: aunque no todo el trabajo tiene que orientarse al mercado, el que sale al mercado no puede devaluarse por nada, no puede permitirse perder la dignidad mínima del reconocimiento en el lenguaje en el que el mercado habla: los precios. Cuanto más alternativo y «social» quiera ser un proyecto más rígido tendrá que ser con esta regla, porque si la olvida acabará cobrando por aquello que es su objetivo compartir y regalando aquello que tendría que financiarlo.

En el mercado el lenguaje son los precios y la dignidad del trabajo tiene que expresarse en ellos

Para quien quiera, no para unos pocos

may ubedaMuchas veces nos dicen «pero eso no vale para todo el mundo». Otra frase irritante por tramposa. Nosotros no creemos que para tener una buena vida haya que vivir de un único modo que, casualmente, sería el nuestro. Sería soberbio y ciego el creerlo. Pero eso no quiere decir lo que la frase insinúa: que solo un tipo de persona «especial y escaso», pueda vivir en comunidad o pueda desarrollarse a través de una ética del trabajo como la nuestra.

nat-conquistar-el-trabajoLa clave es esa: lo que está en el centro es el trabajo, es el trabajo el que hace posible nuestro modo de vida, no un «genio particular» ni una rara brillantez que permitiría que -azares de la vida- solo las mejores personas y los mejores profesionales se hicieran comuneros, haciendo posible una forma de vida vetada al común de los mortales.

No es solo para unos cuantos «idealistas». Vivir una «buena vida» basada en el trabajo es una opción para todos

Vivir una buena vida al estilo comunero, una vida con sentido, nos hace mejores, nos da oportunidades de sobra para crecer y aprender. Pero lo que necesitamos para llegar a ella es simplemente trabajar y descubrirnos a nosotros mismos y a los demás en el trabajo. No hay que tener fe en que uno mismo se convertirá en un genio, solo hay que creer que uno puede transformar y dejarse transformar por el tipo de trabajo digno de ser llamado trabajo, el que te permite aprender, crecer y compartir con la gente que aprecias.

«¿Beneficio económico o buena vida?» recibió 6 desde que se publicó el viernes 25 de noviembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    Fabuloso. Muchas gracias, David. Los que estamos cerca apoyamos lo que dices porque estamos viéndolo.

    • Gracias Juan! Ayer hablábamos a raíz de esto y de otra anécdota que ya voy a contar en el siguiente post, que tenemos que empezar a poner clara la centralidad del trabajo en lo cotidiano, porque el trabajo es asequible e inclusivo y es el centro de todo. Si no lo hacemos a todos los niveles, los nuevos discursos religiosos más o menos sectarios harán su agosto porque lo más difícil de todo en tiempos de descomposición es impulsar que la gente vuelva a creer en sí misma.

  2. Jordi López dice:

    ¿ Nunca será tarde para re-aprender que el «trabajo» no era eso de «sudor y lágrimas» parecido a lo que debe vertirse en la fragua de Vulcano ? ¿ Nunca será tarde para re-aprender que el «trabajo» no es esa actividad alienante que corrosiona nuestro carácter hasta llevarnos a ser una sombra de nosotros mismos ? ¿ Nunca será tarde para re-aprender que el «trabajo» no necesariamente nos embrutece en pos del dinero sin más ? ¿ Nunca será tarde para re-aprender que el «trabajo» será colectivo o no será ?

    Inspiración comunera en tiempos de la descomposición que precede a la recomposición. Más necesaria que nunca en tiempos, como diría Gramsci, ¿en los que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer?

  3. Lo dijiste todo de manera tan sencilla que no pueden quedar dudas.
    Hincha el pecho 😀

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