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Bitcoin: el universalismo como error de diseño

El problema de bitcoin es de diseño, pero, en este momento, lo que crea la inestabilidad y las fluctuaciones no es el diseño de la oferta monetaria incluido en el algoritmo, sino el modelo social.

bitcoinsakiBitcoin se ha convertido en el tema de moda de los analistas financieros. Entre otras cosas porque, aunque sean migajas dentro del gigantismo de los mercados especulativos, hay ya todo un mercado -y servicios– pensados para la especulación en la «nueva divisa». Sus drásticas subidas y bajadas, sus records semana si, semana también, dan conversación de café a activistas y economistas. Estos últimos recordando que casi doscientos años de Teoría Económica han de servir para algo y que una moneda deflacionaria tiende necesariamente a generar «trampas de liquidez» y especulación. La volatilidad de bitcoin sería algo así como «la venganza de Keynes» por crear algoritmos de divisas desde teorías del capital y el dinero fuera de lugar.

Y sí, probablemente una economía que usara bitcoins como medio de cambio tendería a generar trampas de liquidez una y otra vez. La teoría según la cual bitcoin, por diseño, nunca tendría una espiral deflacionista simplemente no es verdad. Una oferta monetaria rígida -como aquella hacia la que Bitcoin tiende por diseño- acaba produciendo una espiral deflacionista. Pero hoy el drama no es ese.

Una moneda sin mercado

En un modelo macroeconómico muy muy básico el precio de una moneda está basado en las importaciones y exportaciones de la economía que usa esa moneda. Si los indianos fueramos más y tuvieramos una economía relativamente compleja con una moneda propia (llamémosle el «indiano»), la oferta de «indianos» en el mercado crecería cuando quisieramos comprar más cosas a otras economías, la demanda de «indianos» en cambio crecería cuando las otras economías quisieran comprar más productos hechos por nosotros. La relación entre oferta y demanda de «indianos» al final reflejaría la relación entre exportaciones e importaciones y a través de ella la diferencia de productividades entre nuestra economía y las demás.

El problema es que el número de transacciones de bienes y servicios realizadas en bitcoins (el valor de la economía interna nominada en bitcoins) tiene poco que ver con el número de compras de moneda y como en realidad el único mercado al que interesa bitcoin es el de las divisas, el resultado es una demanda de acumulación: se compran bitcoins para tenerlos, no para comprar con ellos bienes producidos en una economía bitcoin y nominados por tanto en bitcoins.

Dicho aun más claro, el uso principal de bitcoins no es el intercambio sino la especulación, entre otras cosas porque hay poco o nada que comprar en la moneda. Incluso sus partidarios pueden hacer pocas, muy pocas cosas más que especular con ella. A día de hoy Bitcoin solo puede ser un «semi-activo financiero».

El mundo al revés: toda la vida estudiando cómo políticas monetarias restrictivas generaban acumulación de divisa (la trampa de liquidez) y a través de ellas crisis porque se reducían los intercambios comerciales de bienes y servicios, y ahora tenemos un caso en el que pasa lo mismo simplemente porque los poseedores de moneda no tienen en qué gastárselas -o, en muchos casos, solo toman moneda como una forma desaire a los bancos centrales, sin intención de articular transacciones económicas reales.

El verdadero problema de diseño

La cuestión es que bitcoin es una divisa, una moneda, que no refleja ni articula ninguna economía real. Pretende ser la moneda P2P de una economía P2P todavía en proyecto. Y es que construir una economía P2P, estructurar mercados verdaderos, es complejo. A día de hoy una perspectiva con mucha batalla que dar por delante.

Pero no nos lamentemos: fue pensada así. Otro atajo, sofisticado, divertido… pero como todos los atajos, non da. Desde el primer momento nos preguntábamos si correspondía a una actividad económica P2P real. Y en un principio, la fusión podía de hecho estar produciéndose. Pero a las finales, Bitcoin es el ejemplo de algo que se crea desde el universalismo, sin plantearse un quién real y concreto. Un relato desde la nada, sin sujeto, sin dimensionar la propuesta a las comunidades reales y la dimensión de sus transacciones. Se creaban los incentivos para tener miles de «mineros», se ponía la base de un movimiento de seguidores condenados a la especulación. Pero ¿por comprar divisas P2P iba a surgir una economía P2P con transacciones de miles de millones de dólares de la noche a la mañana?

La pregunta de fondo sigue en pié: ¿para quién está hecho bitcoin? ¿quién, qué comunidades, están articulando la globalidad de sus transacciones con la divisa? ¿qué demanda había de ella? ¿qué economía reflejaba?. Hasta la Bitcoin Foundation ha comenzado a reajustar salarios mes a mes porque sus trabajadores cobraran en bitcoins, pero pagan sus pisos, su comida, su transporte… en dólares!!

El problema de bitcoin es de diseño, pero, lo que crea la inestabilidad y las fluctuaciones no es el diseño de la oferta monetaria incluido en el algoritmo, sino el modelo social. El universalismo destruye lo que toca, o al menos lo hace inútil para las comunidades reales.

«Bitcoin: el universalismo como error de diseño» recibió 4 desde que se publicó el jueves 11 de abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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