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Blitzkrieg bop

Los últimos éxitos tecnológicos logrados por China han suscitado una cierta inquietud en el Pentágono y el Congreso de Estados Unidos, donde se teme que el gobierno de Pekín decida acelerar su proceso de hegemonización cortando de raíz las aspiraciones independentistas de Taiwan. Sin embargo, los vientos de guerra en el estrecho soplan con menos fuerza de lo que pudiera parecer a primera vista.

ese a su dinamismo económico, el sureste asiático se ha convertido en una de las zonas más inestables del planeta. Los primeros focos de conflicto, entrevistos ya a mediados de la década pasada, pueden comenzar a estallar a corto y medio plazo. Su resolución no será fácil: la explosión de sentimientos nacionalistas —auspiciados por los gobiernos, enfatizados por los medios de comunicación y muy activos gracias a las expectativas de mejora social— hace que cualquier problema nacional sea considerado como una afrenta casi personal que debe saldarse con el mayor perjuicio posible para el causante. Por si fuera poco, la creciente importación y fabricación de armamento y la falta de instituciones que permitan la cooperación entre los diversos países del área dificultan la aplicación de medidas diplomáticas desde una perspectiva multilateral.

El estrecho de Formosa: uno de los focos más peligrosos

Aunque las relaciones entre la República Popular China y la República de China en Taiwan nunca han sido buenas, desde 1996 —año en que se celebraron las primeras elecciones democráticas taiwanesas— han entrado en una fase muy delicada en la que las negociaciones entre ambas partes ha ido acompañada de amenazas más o menos veladas por parte de la China continental.

Los comicios de 1996, en los que el presidente Lee Teng-hui, candidato del Partido Nacionalista (Kuomintang), fue elegido por la ciudadanía por primera vez, fue la excusa para que el ejército chino iniciase un acantonamiento masivo en la provincia de Fujien que hizo temer lo peor durante varias semanas. Sin embargo, gracias a las gestiones taiwanesas y estadounidenses y al realismo de los militares chinos, todo quedó en una demostración de fuerza. El giro «independentista» del presidente Lee en sus últimos años de legislatura continuó disgustando a los representantes chinos y la ascensión en el año 2000 de Chen Shui-bian, candidato del Partido Demócrata Popular (Minchintang), cuya postura soberanista quedó bien clara en la campaña electoral, despertó el temor en el continente.

Taiwan: ¿entre el colapso y la guerra?

Pese a la renuncia explícita del presidente Chen de acometer cualquier proyecto independentista, las presiones internacionales que China ha orquestado contra la isla le han colocado en una difícil situación. La negativa por parte de la ONU y la OMS a aceptar la presencia de Taiwan como observador en sus reuniones de consecuencias muy negativas, tal como ha podido verse con motivo de la epidemia de neumonía atípica que afectó a la región durante el primer semestre de este año— así como el rechazo de muchos países a establecer relaciones diplomáticas han sumido a la isla en una crisis económica y social de la que se recupera con esfuerzo y mucho tesón, y que ha llevado al presidente Chen al convencimiento de que el país debe tomar la iniciativa y comenzar a plantear su futuro sin complejos, solución que puede ser considerada temeraria en las circunstancias actuales.

Las últimas manifestaciones taiwanesas en favor de su soberanía han despertado las iras de China, que ha repetido en numerosas ocasiones su disposición a invadir la isla en el caso de que ésta decida declarar su independencia o posponer indefinidamente su reunificación con el continente.

La capacidad ofensiva del Ejército de Liberación Popular aumenta con rapidez. Según el último informe anual sobre poder militar chino presentado en el Congreso de Estados Unidos, el ritmo de desarrollo, fabricación y adiestramiento en el nuevo armamento permitirá a China convertirse en muy poco tiempo en una gran potencia regional capaz de regir los destinos de Asia según sus propias necesidades. Y la incorporación de Taiwan figura entre ellas.

¿Disuasión armada o preparativos de guerra?

En la actualidad, el ejército chino ha dispuesto en la región militar de Nanjing cerca de 450 misiles de corto alcance capaces de destruir diversos centros neurálgicos taiwaneses como cuarteles, depósitos de armamento, centros administrativos y de gobierno, bancos, centrales nucleares, aeropuertos o refinerías. Asimismo, dispone también de misiles balísticos de medio alcance con los que atacar Okinawa, donde se halla la principal base estadounidense de la zona. Por otra parte, se han establecido diversas unidades de guerra electrónica y la mayoría de la tropa acantonada en la región está compuesta por paracaidistas e infantes de marina a los que se les entrena en operaciones de sabotaje y ocupación.

La estrategia ofensiva es bastante clara: iniciar un ataque rápido general que inutilice la capacidad de respuesta taiwanesa e impida el apoyo del ejército estadounidense.

Como es de esperar, Taiwan no aguarda cruzada de brazos. Las partidas presupuestarias destinadas a defensa aumentan cada año y se dedican sobre todo a mejorar la capacidad táctica, logística e informativa del ejército, uno de los más modernos y mejor preparados del mundo. Cada año contesta a las maniobras veraniegas chinas con otras en las que emplea fuego real, misiles de última generación y todo su armamento tecnológico para simular la respuesta a una hipotética invasión de sus vecinos. En las celebradas en septiembre de este año (denominadas Han Kuang 19), se movilizaron 6.000 soldados, 44 cazas F-16 y diversas fragatas equipadas con misiles mar-aire y mar-tierra en menos de dos horas.

Las medidas defensivas taiwanesas no contemplan sólo una lucha en su propio territorio, sino también la interceptación de cualquier tipo de ataque áereo, basado en parte en el sistema de detección PSTARs —que suministraría la empresa estadounidense Lockheed Martin y cuya adquisición China intenta impedir de todas las maneras- y del daño a posibles cabezas de puente mediante la destrucción de diversos objetivos en el continente. Para ello se cree que se está desarrollando un sistema de misiles tierra-tierra de medio alcance que pueda llegar a Shanghai, Hong Kong y otros puntos del sur de China, un proyecto que el gobierno taiwanés había rechazado anteriormente y que ahora tal vez se vea obligado a emprender.

¿Guerra inminente…?

El ministro de defensa taiwanés, Tang Yian-min, en declaraciones a France-Presse, avisó de la posibilidad de que China atacase la isla antes de 2008, año en que terminará la segunda legislatura de Chen Shui-bian (en el caso de que sea reelegido en los comicios de febrero de 2004) y se habrán conseguido los objetivos de plena independencia militar, económica y, tal vez, política presentadas en el Plan 2008.

Por otra parte, la reciente guerra de Irak ha abierto un inquietante camino, ya que en la medida en que China prefirió mostrarse circunspecta ante la iniciativa de Estados Unidos de derrocar por la fuerza a Saddam Hussein, ésta podría exigir una actitud similar en el Consejo de Seguridad de la ONU en el caso de que decidiese impedir de una vez por todas que Taiwan rompa sus lazos políticos y culturales con ella.

¿… O un encuentro en tablas?

Aunque las perspectivas son preocupantes, es dudoso que estalle un conflicto inminente. Si ocurriese en las condiciones actuales, a pesar de la victoria, China debería enfrentarse a numerosos problemas.

La experiencia vivida hace unos meses nos muestra que toda guerra suscita un gran rechazo en la opinión pública, por lo que no sería extraño que -pese al desconocimiento en buena parte de Occidente (y especialmente en nuestro país) de todo cuanto ocurre en Asia- el régimen de Pekín quedase desacreditado internacionalmente y, lo que sería realmente grave, se enconase la pugna interna entre los reformistas partidarios del presidente actual, Hu Jintao, y los conservadores, defensores de la línea de gobierno de Jiang Zemin.

Por otra parte, el desencadenamiento de una guerra en el sureste asiático, por pequeña y rápida que fuese, alteraría el orden geoestratégico mundial. En principio, la invasión de Taiwan colocaría a Japón y Corea del Sur en una situación muy comprometida, ya que ambos países se verían obligados a decidir si desean mantener sus buenas relaciones con Estados Unidos o bien aceptan formar parte de la esfera de influencia china, lo cual provocaría el fin de la presencia estadounidense en Asia y el inicio de una política de bloques que podría desembocar en una nueva guerra fría. Sin embargo, a estas consecuencias, calculables a muy largo plazo, hay que añadirles otras mucho más inmediatas: la interrupción de las actividades comerciales en la zona, el retraimiento de las inversiones extranjeras en China y, lo que sería todavía peor, una reducción de las importaciones exteriores, de las que depende el actual crecimiento sostenido del país.

Por todo ello, la política china respecto a Taiwan se cifra en una hábil combinación de medidas de presión y ofertas de colaboración. Si bien las reivindicaciones del presidente Chen Shui-bian han sido recibidas con desagrado al otro lado del estrecho y se han respondido con nuevos bloqueos diplomáticos, se mantienen los acuerdos de intercambio tecnológico, económico y comercial entre los dos países, lo cual garantiza una cierta estabilidad a corto plazo.

No obstante, las elecciones taiwanesas de febrero de 2004 pueden alterar todavía más las relaciones entre ambas partes y entorpecer las posibilidades de que se llegue a una resolución del conflicto favorables para todos. Es de esperar que los organismos internacionales se den cuenta de la gravedad de la situación y hagan todo lo posible por evitar complicaciones mayores.

«Blitzkrieg bop» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 1 de Noviembre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Javier Lorente.

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