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Cabet e Icaria

Hace 170 años los seguidores de Etienne Cabet crearon el primer partido «de masas» laborista, integraron a las mujeres por primera vez en pie de igualdad en la política y la organización y dieron lugar al primer movimiento comunitarista.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

Los términos «communisme» y «communiste» se extienden en la Francia de los años cuarenta de la mano de Etienne Cabet. Recogen la acepción francesa de «communauté» como propiedad común. Con él y con su movimiento -los «comunistas icarianos»- el «principio de Comunidad» se convierte en programa político. El comunismo nacerá como la corriente que define a la comunidad como la unidad de organización básica y preconiza un nuevo orden social a partir de ella, rompiendo con la jerarquía de clases, la acumulación de capital y la separación de los medios de producción. De esa primera forma política abierta del igualitarismo nacerá además, como contábamos hace una semana en nuestro videoblog, el movimiento comunitarista.

Cabet y el comunismo icariano

Pero volvamos a los años 30 del siglo XIX. Tras participar activamente en la revolución de 1830, Cabet ocupa un cargo público del que debe dimitir por sus ideas «excesivamente» democráticas y es elegido diputado por la «Côte d’Or» para, en 1834, tener que exiliarse a Gran Bretaña. Allí se forma filosóficamente y madura su pensamiento. Estudia a los filósofos de los siglos XVI, XVII y XVIII: Maquiavelo, Descartes, Hobbes, Locke, Leibnitz, Montesquieu, Diderot, Voltaire, Rousseu, Mably, Filangieri, Bernardin de Saint-Pierre, Beccaria, Jean Baptiste René, Robinet… Descubre a Adam Smith, y sobre «La Riqueza de las Naciones» anota que la atención pública en la sociedad civil debe ser llevada a la educación. Bebe también de las fuentes de Owen, a quien critica por no tener un plan de organización social. En su firmeza sobre la importancia de los principios de la Revolución Francesa, sostiene que el ideal de comunismo no debe nada a la «Conjura de los Iguales», encabezada por Buonarroti y Babeuf aunque, todavía en Londres frecuenta a los neo-babouvistas. Frente a ellos reivindica a Robespierre y rechaza a Babeuf, pero a partir de los textos de Tomás Moro reflexiona sobre la igualdad llegando a la conclusión de que la comunidad de bienes resuelve los problemas económicos, políticos y sociales. Todo indica que su texto fundamental, «Voyage en Icarie» está escrito en oposición al programa político babeuvista.

«Voyage en Icarie» toma la forma de novela porque quiere dirigirse a las mujeres obreras. La mayoría están en alfabetización o escuchan la novela leída por una «lectrice» mientras trabajan. El objetivo de Cabet es feminizar el naciente movimiento comunista y hacer «familiar» el debate político comunista. En la novela los detalles de la vida en Icaria están descritos no como elementos programáticos sino como bases de la organización social cotidiana, prestando atención al urbanismo, los medios de transporte, el sistema de propiedad de la vivienda, la ausencia de moneda, los ritmos de la vida cotidiana, la cultura de los picnics, la alimentación, los usos lectores, las relaciones amorosas… El objetivo principal de la obra es determinar las disposiciones políticas para que los ciudadanos puedan «emprender un viaje» hacia un nuevo conjunto de objetivos sociales y políticos. En cuanto a la forma de gobierno, Icaria es una república democrática que une el funcionamiento de una democracia representativa en lo nacional y una democracia directa en el ámbito local asentada sobre dos instituciones: la Asamblea Nacional y las Asambleas Populares en las que participan la totalidad de los ciudadanos.

En 1838 se imprimen las primeras copias del «Viaje a Icaria» y Cabet las envía a varios colegas para su contraste. Favorable, d’Argeson responde que la novela sienta las bases de la «civilización futura». Arago en tono hostil critica la obra de Cabet argumentando que «una buena memoria sobre la organización del trabajo sería más útil que todos sus viajes».

En 1839 Cabet se instala de nuevo en París: su prioridad, reencontrar una posición en el partido Republicano (o lo que para entonces queda de él). Concibe un plan para su reorganización, que será la formación de un gran comité público y la compra del periódico Le Nationale para convertirlo en el órgano oficial de la Democracia Francesa. Consulta a Arago y Lamennais para obtener su apoyo, pero Arago lanza una «gran asociación» para la reforma electoral a la que Cabet no es invitado. Cabet pide autorización al «Consejo Real de Instrucción Pública» para abrir un curso de Historia Universal sustentada en la legislación y la Filosofía. Recibe una notificación desfavorable del inspector y su situación se torna complicada: arrastra una deuda considerable a causa de su etapa en el exilio, no tiene perspectivas políticas ni trabajo. Se dedica entonces a la publicación de su «Historia popular de la Revolución Francesa» y reescribe las páginas dedicadas a Babeuf: en últimas, no es ya más el inventor del comunismo y la decisión de intentar una insurrección en 1796 fue un error. Invocar su nombre como mártir de la democracia es contrario a los intereses del Pueblo. Recibirá por estas líneas vivos ataques de los militantes babouvistas.

En 1840 publica la primera versión del «Viaje a Icaria» bajo el título de: «Viaje y aventuras de Lord William Carisdall en Icaria traducidas del inglés Francis Adams por Th. Dufruit» en un intento de pasar desapercibido por sus oponentes teóricos. Difunde los primeros ejemplares entre militantes obreros. En el ambiente político del momento, tenemos un frente en torno al periódico «Journal du Peuple» -Arago, Lamennais, Garnier-Pagés- haciendo campaña por la reforma electoral y la extensión del sufragio a las clases populares. Incluyen la mejora de las condiciones de los obreros y una legislación real sobre la organización del trabajo. Organizan actos por toda Francia a la que acuden miles de obreros. Por otro lado, tenemos a Cabet en «Le Nationale». Será en esta época cuando el partido reformista y el partido comunista se separen. El bauvismo y sus nuevos seguidores toman el nombre de «Comunistas». Algo que incomoda por igual a las autoridades y la mayoría de los republicanos quienes miran cuanto menos con inquietud sus referencias revolucionarias. La «Historia de la Conspiración por la Igualdad» de Buonarroti pasa a ser el vademecum de todos los nuevos militantes revolucionarios. El articulo de Thoré sobre el babouvismo para el «Diccionario político» desencadena un nuevo y definitivo enfrentamiento entre reformistas y babouvistas al atacar a todos los que aspiran a «encadenar la actividad humana y el progreso», defendiendo la imposición legal mediante la violencia y la dictadura revolucionaria.

Este es el momento que escoge Cabet para publicar el «Viaje a Icaria». Hasta entonces, el único comunismo era el de Babeuf y por primera vez el sistema de la «Communauté» se expone en un largo desarrollo rechazando toda filiación con la tradición revolucionaria de carácter violento. Los elementos básicos de Cabet serán «Fraternidad, Igualdad y Felicidad Común»

Entendemos que la democracia no es solamente una forma política, lo que nosotros queremos sobre todo es una organización social donde la cosa pública pertenece a todos y beneficia igualmente a todos.

Una serie de huelgas por todo el país, y un atentado fallido contra el Rey generan un clima de tensión que lleva a las autoridades de gobierno a atribuir la responsabilidad de los sucesos violentos por igual a reformistas y comunistas. Cabet se reafirma sobre la democracia reivindicando los principios de la Revolución Francesa: soberanía del pueblo, libertad, igualdad y fraternidad. Anuncia un programa para la organización de una sociedad sobre estos principios. Publica bajo pseudónimo el «Viaje a Icaria», y define su línea política: «Soy reformista más que revolucionario; soy ante todo demócrata» y añade «más no soy hebertista ni bauvista». Comienza a su vez la publicación de un nuevo periódico, «Le Populaire» con el proyecto de reunir a todas las firmas comunistas e imponer una dirección única.

«Le Populaire» será demócrata, reformista, socialista y, sobre todo, comunista. Defenderá la «Communauté» pidiendo a la opinión pública su establecimiento con un régimen transitorio y preparatorio. La justicia, la moral, la tolerancia, la fraternidad, serán las guías filosóficas. El periódico como proyecto apunta a dos ámbitos, el político y el social. En este último Cabet trata las cuestiones sobre la organización del trabajo, los salarios, las asociaciones de obreros, las coaliciones, el movimiento obrero en todas sus formas. El periódico es para Cabet el medio para conquistar a la opinión pública. Un trabajo de propaganda para asociar la utopía a la realidad. Topa con el rechazo de monárquicos y fourieristas. Para los fourieristas el triunfo del comunismo hará retroceder a la sociedad a la barbarie y los principios de igualdad y comunidad prepararán una división social que conducirá a la anarquía. Tanto el «Journal du Peuple» como «Le Nationale» mostrarán una indiferencia total sin tan siquiera comentar la aparición del nuevo periódico.

Durante 1841 tiene lugar un debate público entre «Le Populaire» y «Le Nationale» sobre una cuestión teórica: el comunismo pacífico. Cabet alcanza en esta batalla el reconocimiento de los principales periódicos que lo presentan como un hombre honesto, lúcido, con un estilo popular y consciente civismo que le convierten en un hombre de bien. A excepción de uno de los fundadores de «Le Nationale» que lanza varias soflamas acusándole, entre otras cosas, de moroso. Sin embargo, el balance de la polémica será positivo para Cabet, le confiere notoriedad pública y le permite reconquistar la simpatía de gran parte de los reformistas, fourieristas y de miles de obreros. También en este año, Cabet publica un manifiesto contra la violencia como recurso, la posesión de armas, los periódicos clandestinos, las sociedades secretas y los mismos banquetes. Una declaración de guerra a los comunistas neobabouvistas.

Defiende que el comunismo babouvista está inserto en el proyecto de agravar el antagonismo social, la discordia y el odio de clases. Lo contrario a una propuesta alternativa de reconciliación y pacificación de Francia. La unión de todos los ciudadanos es la única opción acorde al espíritu republicano. El que había sido editor junto a Cabet en «Le Populaire», Dezamy, a la vista de esta proclama rompe con Cabet e inicia una revista semanal «Code de la Communauté» dedicada a atacar a Cabet y poner en cuestión los fundamentos del sistema icariano basándose en las teorías de Babeuf: Abolición de la propiedad individual, destrucción de las ciudades, vaciamiento de los campos y la reagrupación de todo el mundo en comunas de 10 mil habitantes.

A pesar del hostigamiento continuo, la autoridad e influencia creciente de Cabet no disminuye. En 1842 convoca una asamblea general de accionistas de «Le Populaire» en la que adoptan por mayoría el título de «Comunistas Icarianos» y se muestran a favor de los principios recogidos en la primera página del «Viaje a Icaria» y que incluyen la famosa frase definitoria del objetivo comunista: «De cada cual según sus fortalezas, a cada cual según sus necesidades»:

El nombre de comunismo que tanto asusta a la burguesía no se abandona, su eco sigue siendo de gran alcance en la clase obrera. Para finales de 1842, la mayor parte de los comunistas de Francia son icarianos. La diferencia más clara y remarcada con los neobaveuistas es el rechazo constante de la violencia y el golpe de estado. En 1841 «Le Populaire» recuerda a los simpatizantes «icarianos»:

¡Sed hombres de principios antes que revolucionarios! No busquéis vuestra fuerza más que en la discusión, en la capacidad para convencer a otros, en la opinión pública, en la voluntad nacional.

El llamado es constante a lo largo de los años. En septiembre de 1842, cuando organiza la asamblea general de socios de «Le Populaire» y los neobauvistas empiezan a llamarse a si mismos «comunistas» los icarianos empiezan a llamarse a si mismos «comunistas icarianos» para evitar las confusiones con aquellos comunistas que:

rechazan la idea del sistema desarrollado en el Viaje a Icaria, es decir de la soberanía del Pueblo, de la igualdad, de la fraternidad, del matrimonio, de la familia, de la regeneración social por la discusión, por la persuasión, por la potencia de la opinión pública.

El comunismo icariano es una red, un movimiento, una ceremoniosidad, un partido, una nueva forma de organización militante al mismo tiempo política y social. Periódico y folletos circulan entre los artesanos y obreros, se comparten en los picnics familiares. Son también una herramienta para el proselitismo. La estrategia de Cabet, se basa en ganar más adhesiones y mantener la movilización y las donaciones entre sus simpatizantes. Hay que tener presente la competencia que existe por los lectores entre el marasmo de periódicos democráticos y republicanos. El precio de las suscripciones iguala al de la cesta de productos básicos en un momento económico duro para los trabajadores. Cabet decide establecer una única suscripción mensual, más cara y editar un almanaque. La combinación de ambas medidas le permite ampliar la base social, multiplicando su alcance al crear una doble oferta.

En aquel momento los icarianos no solo son mayoritarios entre los que se llaman a sí mismos comunistas, son también el mayor movimiento demócrata-radical de Europa. Su forma de organización no se parece ni a los clubs de la revolución francesa ni a la de los partidos socialdemócratas que nacerán con el telégrafo más de veinte años después. Los icarianos se cuentan por suscriptores de «Le Populaire». Alrededor suya, los redactores forman el núcleo ideológico, los más de mil accionistas -obreros cualificados y urbanitas en su inmensa mayoría- forman la estructura de organización y los suscriptores, más numerosos y menos cualificados, un entorno comprometido de simpatizantes que participan en banquetes y difunden el punto de vista icariano. El conjunto que en su capa exterior incluye a los diez mil compradores del «Almanaque icariano», es diverso, con muchos matices en cada lugar y con liderazgos fuertes en cada ciudad de provincias.

Los números, llamativamente grandes para la época, se explican por la presencia masiva de mujeres. Cabet insiste una y otra vez en la igualdad de derechos entre sexos afirmando la igualdad de sus inteligencias y que las mujeres no existen para estar al servicio de los varones como «una suerte de esclavas» del «despotismo del hombre». Su «Viaje a Icaria» ya había tomado la forma de una novela de aventuras para llegar al público femenino obrero que se beneficiaba de las campañas de alfabetización del propio movimiento.

Con ellas el comunismo icariano descubre una nueva forma de actividad política pública: los picnics dominicales. Miles de hombres, mujeres y niños se reúnen en espacios abiertos por toda Francia para comer juntos, cantar, bailar, discutir, elevar cometas, disfrutar de los juegos de prado… Es esa experiencia, esta exaltación de la familia en comunidad, la que hace a la idea de una sociedad organizada como comunidad creíble. Un pequeño adelanto de la vida en Icaria.

El mito creado por la novela es al tiempo complicidad referencial y tema de discusión. Es en los picnics donde Icaria deja de ser un modelo literario para convertirse en un sueño cercano. La torpeza de la represión, alentada por la agresividad de los medios conservadores irá poco a poco convirtiendo el «qué bueno sería si tuviésemos una pequeña Icaria en estos momentos», en una corriente que quiere dar el salto a la realidad de un «Icaria aquí y ahora».

Bajo el pretexto de distribuir legalmente un periódico y folletos, los comunistas icarianos crean un movimiento intelectual y político formidable por su cohesión. Entre 1839 y 1848 Cabet vive sin duda su mejor época. Organiza a sus militantes en círculos concéntricos, donde él está en el mismo centro, ejerciendo un control absoluto que le permite mantener una ortodoxia doctrinal rigurosa. No cree en un partido de tipo totalitario. El mundo de los comunistas icarianos que Cabet organiza es complejo, caracterizado por sus matices, muy marcado por la personalidad de las comunidades que organiza: más viriles o menos, más o menos familiares o festivos, más místicos o más reivindicativos en función de las historias y tradiciones locales, más igualitarios o más paternalistas según las regiones. Del total de los icarianos, un tercio están en París. Sin embargo, la presencia física de Cabet en la capital no genera dependencias. Se organizan en 4 ó 5 niveles de compromiso y responsabilidad política. Los hombres del primer círculo son casi todos obreros, constituyen el entorno más cercano de Cabet. A fuerza de frecuentarle, de tomar la palabra en público, adquieren nuevas capacidades que potencian su influencia intelectual, moral y política. Uno de los más célebres entre los trabajadores comunistas es Martin Nadaud. Casi analfabeto cuando conoce a Cabet, llegará a ser colaborador en «Le Populaire» y diputado por Creuse. Será él quien quede al frente del movimiento icariano cuando Cabet parta definitivamente a América. Nadaud será también el autor en 1841 de la carta que circulará entre los obreros de las fábricas de París. El otro gran apoyo de Cabet será el sastre Firmir Favard.

En esta época de cambios y revueltas sociales no es de extrañar que conozcamos mucho del funcionamiento de los grupos organizados a causa de los informes de investigación policial de la época. Una de ellas, detalla la organización de los icarianos: «Cabet tiene las cualidades del creador de una religión: paciencia y tenacidad. Mientras su periódico, destinado a las fábricas y reuniones de obreros, entre otros, es extenso y vehemente, sus cartas son breves, concisas y moderadas». El jefe de policía que realiza la investigación elabora una lista de los «principales agentes de propaganda» del comunismo icariano en la que identifica más de 300 nombres y registra corresponsabes en España, Suiza, Londres y 67 departamentos franceses. Determina también la profesión de cerca de 200, de los cuales, más de 120 son obreros, jefes de taller o capataces.

Uno de los libretos reeditados de Cabet es «La mujer en la sociedad actual y la mujer en la comunidad», publicado inicialmente en 1841, en la que afirma que la mujer es igual al hombre en inteligencia y derechos, que no puede haber subordinación entre los dos sexos, y que el sistema de dominación masculina es pernicioso para toda la sociedad. El principio fundamental de la Comunidad, declara, es la fraternidad ente el hombre y la mujer. La Comunidad, añade, será el paraíso de las mujeres.

Serán las mujeres un pilar fundamental en el asentamiento de comunismo icariano. Los icarianos comienzan a sentirse «una gran familia organizada», son cada vez más los que se sienten «un pueblo» y empiezan a pensar que entre la revolución que se acerca y la emigración para construir su propia «comunidad o república» su lugar está en lo constructivo más que en la batalla política, estableciéndose cada vez más una separación entre el deseo de ver Icaria materializada y el sueño, nunca tan satisfactorio, de una «república social» para Francia en la que esperan poder defender la idea de Comunidad libre y abiertamente. Es este sector el que anima por medio del exiliado polaco Louis Krolikowski a Cabet a retomar su interpretación irreligiosa de las ideas de Jesús de Nazaret como un comunitarismo. Al presentar a Jesús no como una figura divina sino como un líder de los trabajadores, el «Verdadero Cristianismo» causa pánico a los censores y los aparatos de la inteligencia del régimen. Se dan cuenta de que puede ser verdadera pólvora en los barrios obreros. Pero en realidad no refleja como ellos creen una nueva línea proselitista orientada hacia los trabajadores menos cualificados. Lo que está ocurriendo es que los icarianos de base están impulsando nuevas metáforas. Pocos se atreven a decirlo abiertamente, pero cada vez son más los que ven a Francia como el Egipto bíblico y su futuro como un éxodo encabezado por Cabet.

Cabet nunca se decantará abiertamente, de hecho oscilará en los años siguientes para desesperación de sus seguidores tanto en Francia como en América, pero a partir de 1846 empieza a dar vía libre a la publicación de artículos que empiezan a expresar que las «comunidades parciales», que es como Cabet llama a la organización de una economía igualitaria en pequeña escala, pueden ser «posibles». A partir de ahí los argumentos de la corriente que quiere abandonar Europa se despliegan: estas comunidades serían escuelas para la vida en común y lejos de competir con el proselitismo en Francia, reforzarían los argumentos de la propaganda política, etc.

Las aguas del Mar Rojo se estaban abriendo. La presión absurda de la policía política sobre un movimiento pacifista, propagandista y familiar, convertirá el camino abierto en una amplia alameda. En abril Cabet discute con los más cercanos un texto que se anunciará como «la gran confidencia». Hace hoy exactamente 170 años, el 9 de mayo de 1847, será publicada en las páginas finales de «Le Populaire» con el discreto título «Confidence-Remède», pero se recordará por su llamamiento final, escrito es mayúsculas: «Allons en Icarie!».

El primer movimiento político laborista, el «comunismo icariano», había incubado también el primer movimiento comunitarista: antes de un año se fundarán las primeras comunidades igualitarias en América. Desde entonces, en todo momento, siempre ha habido comunidades igualitarias funcionando, proveyendo de un modo de vida basado en los principios fundadores de los comunistas icarianos: «de cada cual según sus fortalezas, a cada cual según sus necesidades».

«Cabet e Icaria» recibió 6 desde que se publicó el Martes 9 de Mayo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Te agradezco la síntesis de la exposición, y cómo has destacado las líneas maestras. Tendré que leer el Viaje a Icaria. Me surgen algunas preguntas. Sus relaciones con el marxismo. Al final parece que comunistas sólo son unos, cuando a lo largo de la historia ha habido más de un pensador-activista que se ha denominado a sí mismo comunista. En este artículo de Vargas Llosa http://www.letraslibres.com/mexico/el-paraiso-invivible se habla de Cavet y su movimiento, y se incide en la planificación, en la rigidez de las costumbres y en la imposición de una organización centralizada. ¿De dónde lo saca?
    Encuentro concomitancias con Proudhon, quien a sí mismo se denominó anarquista.
    Aunque quizás quien más parecido tiene con su propuesta puede que sea Kropotkin y su visión más comunitaria y autogestionaria de la revolución. Compruebo algo parecido a lo que ocurre en clases de filosofía con el epicureísmo, que se da como algo extraño y de poca monta, cuando en ambos casos fueron movimientos que históricamente tuvieron mucha importancia.

    • En ese momento, cuando surge el término, comunistas solo hay dos: Cabet y los (neo)Babeuvistas. Del tronco de Cabet saldrán Sué -q tomó su puesto como diputado cuando le fue prohibido presentarse- Proudhon, el socialismo francés, etc. Los neobabeuvistas influyeron sobre todo en Marx a través de la idea de dictadura revolucionaria, etc. Kropotkin vendría mucho después.

      ¿De dónde saca VLL la rigidez y la centralización? De la novela, que es horrorosamente mala como novela 😀 La práctica de construir Icaria después en EEUU tuvo todos los errores posibles -y por eso fue sumamente fértil- pero en realidad no se le puede acusar en absoluto de dictatorial, al revés. De hecho cuando en los 50 vuelve Cabet, viejo y gruñón, a Icaria y pretende tener poderes dictatoriales frente a la relajación de costumbres, pierde dos asambleas y acaba marchándose con su familia y un pequeño grupo de seguidores.

    • @ruivaldivia @david Pues no se de dónde sacará Vargas Llosa esa idea. Es indudable que su figura, como impulsor del movimiento tiene un papel central, pero todo lo que hemos leído hace hincapié en el empeño de Cabet para no generar dependencias hacia su persona. Una de sus obsesiones, dado que el comunismo icariano se extendía a lo largo de Francia era no generar desequilibrios entre los cabetianos que como él vivían en París, y podrían tener un mayor contacto con él y todos los demás. Parece que unas de las formas que utilizó para solventarlo fue la definición de diferentes niveles de compromiso y responsabilidades. Suena familiar, verdad?

  2. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Y otra pregunta. ¿Cavet utilizó el término laborista o laborismo? En el blog se está intentando definir este término, y ya han aparecido algunos artículos sobre ello. ¿Son ideas inspiradas directamente en Cavet?

    • Usó «ouvrier», «du trevaill», etc. que serían los sinónimos franceses del momento. La idea de la centralidad del trabajo está clara desde el principio del comunismo icariano. En realidad Cabet es un jacobino -el último- que se une a un movimiento laborista que es el último de raíz artesana en Francia. Ese tiempo de frontera se ve todavía en la generación siguiente, en Francia con Proudhon, el primero de los «artesanos socialistas» característicos de la época y en Alemania con Karl Liebneck o August Bebel son los «últimos artesanos» y crean lo que luego será el SPD en Alemania

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