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Cambio climático: Historia de un Deicidio

Matemáticos, meteorólogos y ecólogos no se ponen de acuerdo. Es una cuestión a debate en la comunidad científica y simplemente no existe consenso sobre si se están produciendo calentamiento global y cambio climático o no. La cuestión sobre la que si cabe la reflexión no es menos interesante: ¿por qué queremos creer en el cambio climático? Los dioses, las tecnologías y la libertad, tienen mucho que ver. La Historia de la Tecnología desde la Revolución Industrial hasta hoy no es sino la historia de un deicidio.

Cuando uno lee los documentos del IPCC de Naciones Unidas, puede creerlos o no, pero lo que es seguro es que está leyendo la literatura tecnoapocalíptica de nuestro siglo.

Pero la verdad es que no existe un consenso científico. Para muchos meteorólogos el problema es que las series de datos no son lo suficientemente amplias como para ser significativas: cuando disponemos de ellas el supuesto cambio o el calentamiento global desaparecerían. Para otros, como Bjorn Lomborg los datos del supuesto calentamiento global simplemente no revelan nada más que nuestros miedos. Para el conocido ecólogo inglés David Bellamy, sólo se trataría de fenómenos naturales en los últimos estértores de una Era Glacial… es decir de algo no necesariamente producido o azuzado por el comportamiento humano.

¿Por qué necesitamos creer?

No es necesario compartir la escatología climática de moda para denunciar los costes sociales derivados de la dependencia de combustibles sólidos y la tecnología del automóvil con motor de explosión. El debate científico sobre la existencia del calentamiento global y más allá, sobre si su origen es antropogenético (generado por el hombre) o no, seguirá abierto mucho tiempo: el necesario para tener series estadísticas fiables lo suficientemente amplias. Por eso, desde nuestro punto de vista la cuestión más interesante es ahora por qué el apocalipsis nuclear ha sido sustituido por el climático en la imaginación y los tópicos de la cultura de masas.

Watt y Nietzshe mataron a los dioses de la Naturaleza…

La máquina de vapor de Watt lanzó la primera gran estocada a los viejos dioses de la Naturaleza. Mule-Jenny, el primer telar mecánico, supuso el primer paso de la emancipación de la producción respecto a los ciclos naturales. La gran Revolución Industrial es básicamente eso: el reloj sustituye al Sol en la organización del tiempo humano diario, los planes de producción y los ciclos del mercado a las estaciones. Los humanos alcanzamos una nueva suerte de libertad. Empezamos a entender nuestra acción colectiva como un ejercicio de emancipación respecto a la Naturaleza, nuestro mundo como una construcción… tanto en la producción como en la política. Las nuevas tecnologías del fin de la Ilustración empezaron a resquebrajar el viejo edificio teórico de la unión entre el orden divino, natural, y el orden político-social. Los dioses mueren conforme los ciclos de la Naturaleza van perdiendo importancia en la producción de la subsistencia y conforme la revolución liberal va poniendo en manos humanas el edificio político. El Zaratrusta nietzschiano corrobora lo que la tecnología de entonces ya casi ha consumado: los viejos dioses han muerto, producción, organización social y moral están ya sólo en manos del Hombre.

…y Popper y la Sociedad Red, a los de la Historia

Nacen en cambio nuevos y crueles dioses: los de las leyes de la Historia. Cómo no recordar a Popper en su Miseria del Historicismo cuando dedica el libro a la memoria de los incontables hombres, mujeres y niños de todos los credos, naciones y razas, que cayeron víctimas de la creencia comunista y fascista en las Inexorables Leyes del Destino Histórico. Pero un nuevo empujón tecnológico, nacido del impulso a las tecnologías de la información que supuso la guerra contra el nazismo, habría de minar y hacer caer el viejo mundo de las creencias histórico-teleológicas. Con la caída del Muro de Berlín nacía la Sociedad Red, se abrían nuevas reflexiones y morían los últimos dioses. Muchos no se acostumbrarían a la soledad.

Deicidas

La Sociedad Red es el producto de un deicidio en serie. Han ido cayendo los dioses de la Naturaleza y los de la Historia. Ya ni siquiera creemos en el progreso como destino. Conforme nos hemos ido emancipando del tacto de la producción física, conforme nuestra vida se ha ido “virtualizando”, menos hemos necesitado a los dioses en nuestra vida cotidiana. Más hemos sufrido la carga de nuestra humana responsabilidad.

Por eso la tecnofobia refleja esa culpa deicida. Lo que los sucesivos apocalipsis, de Ozymandias a la Guerra de las Salamandras, de El día después nuclear a El día después de mañana climático representan, es esa culpa del que conforme se separa de la Naturaleza, conforme pierde la fé en que la Historia tenga un final, en que el mundo pueda arreglarse de una vez y para siempre, siente que… se separa de Dios y merece ser castigado. Y es que la tecnología puede ayudar a liberarnos de la crueldad de la Naturaleza, de las miserias del orden social o de las arbitrariedades del poder humano… pero difícilmente nos librará de la ira de nuestros viejos dioses mientras sigamos dándoles cobijo y trinchera en las circunvoluciones de nuestros cerebros.

«Cambio climático: Historia de un Deicidio» recibió 0 desde que se publicó el lunes 7 de junio de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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