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Capitalismo de estado, desigualdad y una addenda terminológica

¿Es el capitalismo de estado una garantía contra la desigualdad? ¿Es la desigualdad un motivo de crisis social para el capitalismo de estado? ¿Y si la respuesta a ambas preguntas fuera negativa?

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

lujo-en-chinaLos excesos de ostentación de la élite política china son vistos por los observadores, incluso en Taiwan, como una fuente posible de inestabilidad. La idea es que aunque el ascensor social funcione en el sector privado, la imagen de un mandarinato que abandona la sobriedad del neoconfucianismo para enriquecerse sin pudor y a tiempo completo -aunque sin dejar de cobrar el salario oficial- puede llevarse por delante consensos hasta ahora intocables en la sociedad china.

No creo que sea así. Puede irritar el descaro y la ostentación de unas clases dirigentes cuya incompetencia y rentismo se ve como causa de desastres generales, es cierto, pero yo ahí miraría hoy a Europa o EEUU más que hacia China, donde las ganancias de bienestar y riqueza para grandes sectores sociales son evidentes. Pero sobre todo, porque incluso en Corea del Norte basta con ver las inauguraciones y fotos oficiales para darse cuenta de que la desigualdad en el capitalismo de estado es no solo endémica, sino parte del discurso cotidiano de aquellos regímenes.

Y es que el capitalismo de estado especialmente en su versión autoritaria contemporánea -nacida en Singapur por cierto, no en Shanghai- no es la solución, sino el mismo problema -la descomposición del mercado y el estado por el peso de los rentistas- a otro nivel, más concentrado. Acemouglu y Robinson aseguran en un artículo recientemente traducido que

el capitalismo de Estado no es una asignación eficiente de los recursos económicos, sino que es una forma de maximizar el control político sobre la sociedad y la economía (…) Argumentar que el éxito del capitalismo de Estado es prueba de su superioridad es poner al carro delante del caballo (…) el capitalismo de Estado no surgió porque no había otra manera de garantizar el crecimiento económico de estos países, sino porque permitió un crecimiento sin desestabilizar la estructura de poder existente. (…) El capitalismo de Estado persistirá siempre y cuando las élites existentes sean capaces de mantenerlo y beneficiarse de él – incluso si el crecimiento económico en última instancia se paraliza. Y existe una buena razón por la que en algún momento esto llegue a ocurrir.

La razón no es más que sus propios objetivos: la captura de rentas, motor último de la descomposición:

Las instituciones extractivas crean condiciones de competencia dispares, y también rentas y beneficios que se concentran de manera estrecha en aquellos con poder político y conexiones. Las instituciones inclusivas crean condiciones de competencia equitativas y otorgan incentivos y oportunidades a la gran mayoría de la población. Pero aquí radica el problema para el capitalismo de Estado: las instituciones inclusivas requieren de un sector privado lo suficientemente potente como para contrarrestar y controlar al Estado. Por lo tanto, la propiedad estatal tiende naturalmente a eliminar uno de los pilares fundamentales de una sociedad inclusiva.

No se si sería la intención de Acemoglou y Robinson pero para ser realmente precisos habría que añadir al capital financiero, sus satélites industriales y las empresas «estratégicas» sobreescaladas hasta el oligopolio, concomitantes desde el origen -normalmente una privatización- con la élite política y corporativa en el diseño del gran sistema de captura de rentas.

Addenda: Lírica en frases cortas

Se preguntarán por qué insisto en el término descomposición en vez de usar desmoronamiento como ayer hacía Juan.

La descomposición es un «empate», un «impasse» de proporciones colosales entre las fuerzas que concurren en la disipación de rentas (a las que pasábamos revista en «El modo de producción P2P») y los intereses y estructuras rentistas ligados a la captura del estado y la sobre-escala. Ese empate erosiona, descompone en cotos capturados e inútiles, al mismo tiempo a las dos instituciones centrales de la estructura económica y la sociedad contemporánea, el mercado y el estado, amenazando con llegar a un punto de irreversibilidad, donde solo quede el horizonte de un colapso general.

La descomposición es pues, entre otras muchas cosas, un tiempo de lo que Nat llamó una vez «crisis de civilización» y ayer Javier podría haber llamado crisis de «lo humano». Un periodo para replantearse todo, desde los mitos a las estructuras productivas, sabiendo que no hay un plazo infinito para construir alternativas. Pero que algo no sea infinito no quiere decir que vaya a culminar inmediatamente o que haya acabado ya, mucho menos que no haya opción ya para construir alternativas.

Creo que Juan piensa igual y que lo que llama desmoronamiento (el proceso en el que el viejo mundo «se cae en pedazos amenazando con dañarnos gravemente y [que] puede acabar enfermándonos y matándonos») es exactamente la misma cosa dicha con otra palabra.

Como por desgracia la descomposición es anunciada y acompañada por esa «gran máquina de destruir significados» de la que hemos comentado en más de una ocasión, creo que es mejor no liarnos con sinónimos, que si ya es trabajoso proyectar un concepto y hacerlo relativamente común, conseguir que no se diluya en una etiqueta vacía es casi sobrehumano. Así que mejor no llamamos la atención del monstruo con sinónimos que cuando las definiciones bailan, se hace mucho más difícil discutir el fondo y hay que comenzar por consensuarlas. Es, desde luego un tiempo para la lírica, pero escrita a frases cortas.

«Capitalismo de estado, desigualdad y una addenda terminológica» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 9 de Enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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