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Carta abierta a los que estudian en la Universidad y a los que se preocupan por su futuro

La degradación de la Universidad europea es un problema humano y estratégico. Una de esas situaciones en las que el pensamiento napoleónico y su amor por la especialización y la certificación estatal se muestra en toda su peligrosa y dolorosa chatura.

biblioteca cambridge

Siempre maravilló en el continente que entre los grandes capitanes de industria británicos no abundaran los técnicos, ingenieros y administradores como en Francia, que una mezcla de «humanidades» bastara para formar gente competente para crear o coordinar organizaciones, escribir periódicos, involucrarse en política, crear una de las mejores redes de inteligencia del mundo, poblar las más complejas y pérfidas finanzas o liderar movimientos culturales y sociales contestatarios.

DelasnacionesalasredesEl modelo napoleónico que sufrimos la inmensa mayoría de los universitarios europeos, asiáticos y latinoamericanos huía como de la peste de conseguir aquello de lo que se enorgullecía Lawrence cuando decía que «cada joven británico lleva en si las raíces de la excentricidad». Y es que la educación cambridgeana no pretendía formar técnicos para un sistema productivo, sino alimentar curiosidades para empoderar a los alumnos. Por eso la universidad continental europea y la sudamericana no proveen de una experiencia similar a Cambridge y Oxford: personalizada, humanística, basada en la capacidad del tutor para guiar lecturas y búsquedas personales y acompañada de clases que son conferencias y conferencias oportunas como una clase.

No son ya solo dos modelos pedagógicos diferentes con sus pros y sus contras. El problema es que el mundo ya no es el mundo napoleónico y que la respuesta del sistema universitario europeo (y japonés) es destruir la formación humanística para convertirse en un centro de adiestramiento técnico profesional (un «training» en «competencias»).

Y esto es un problema. Un problema humano y estratégico. Una de esas situaciones en las que el pensamiento napoleónico y su amor por la especialización y la certificación estatal se muestra en toda su peligrosa y dolorosa chatura.

Porque la vida de los que hoy están estudiando en la Universidad no puede ni va a ser como la media de sus abuelos ni como la mediana de sus padres: no se emparejarán en los últimos años y conservarán su pareja toda la vida, no entrarán en una gran empresa y harán allí su carrera profesional entera hasta que la prejubilación les devuelva al mundo real y al refugio de los hobbies. Su vida no será continuidad, especialización y resistencia; será cambio, reinvención y resiliencia. Y si se les arrancan las «raíces de la excentricidad» simplemente no sobrevivirán.

¿Qué necesitamos para sobrevivir de una pieza?

Capitalismo_que_vieneLos ciclos profesionales nos vienen dados. Dados por una industria que cambia, por el shock tecnológico permanente, por los cambios sociales, por las crisis. Porque muchas veces parece, como escribió una vez William Gibson, que vivimos inmersos en «un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido».

En un mercado cambiante, si las empresas buscan especialistas están exigiendo en realidad pluriespecialismo secuencial: que hoy en esta empresa seas especialista en una cosa y mañana en otra empresa, especialista en algo totalmente diferente. Si sales al mercado por tu cuenta, lo cual es cada vez más sensato y necesario, el pluriespecialismo te vendrá impuesto por tus propias necesidades. Eso lo sabemos bien en las Indias y por lo mismo sabemos bien que sin una base humanística no hay empoderamiento que no sea empoderamiento en falso, que sin dominio y fuerza de la propia curiosidad no hay manera de dar el salto con pasión y con disfrute del territorio de comfort de «lo que estudié» a lo que «debería saber», entre otras cosas porque ni siquiera sientes ese saber como un deseo o al menos como algo deseable y placentero. Solo como un obstáculo a la supervivencia.

Sobrevivir exige trascender, poder hacer un relato de la vida que permita mantener un mínimo sentido, una mínima unidad entre los saltos que se nos exigen. Necesitamos un coraje que no da la habilidad técnica, que de hecho se atrofia con la falsa seguridad de saber manejar ciertas cosas, de tener las «competencias» que un día se juzgaron oportunas pero que ya no son centrales.

Transcender es tener referencias, metáforas, relatar y relatarse. Algo que cualquiera que ha entrevistado a universitarios que aspiraban a un empleo sabe que están lejos de poder conseguir porque no se les han dado las herramientas, al contrario, se les han quitado anulando el placer y la responsabilidad de entender el mundo.

La necesidad

portada-filesNecesitamos aprender a disfrutar las humanidades. Necesitamos formación superior humanística: Sociología, Psicología, Economía, Historia del Arte, Antropología, Historia, Literatura, Cultura Digital… pero no al modo de una secundaria intensiva y alargada. Necesitamos aprender humanidades aprendiendo a hackear las humanidades. Es una necesidad vital, al margen de que necesitemos o no ese «training» para ser contratados -si hay suerte- por grandes empresas.

No es una alternativa a la Universidad. Lo necesitamos en cualquier caso. No es complementario aunque sirva, además, para sacar jugo y disfrutar lo que la Universidad ofrece. Es simplemente necesario.

«Carta abierta a los que estudian en la Universidad y a los que se preocupan por su futuro» recibió 5 desde que se publicó el Miércoles 30 de Septiembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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