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Casas sobre la colina

Dov Feigin fue uno de los primeros artistas abstractos de Oriente Medio. Niño en la revolución rusa, adolescente en el exilio kazajo y fundador de un importante kibutz, siguió siempre ligado a la comunidad que había ayudado a fundar y que inmortalizó en «Casas sobre la colina», una de las últimas obras en que consigue captar un mundo que parece movido por la luz.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

Dov Feigin nació dos años después de la revolución de 1905 en Luhansk que era en aquella época un gran centro industrial, la base de la mayor compañía de fabricación de ferrocarriles de Rusia y uno de los principales focos de la socialdemocracia y las «ideas avanzadas» del Imperio. Luhansk estaba fuera de la región de confinamiento judía del Imperio ruso, pero a la familia Feigin, como a cierto número de artesanos, se les permitió vivir en la ciudad por tener el padre de Dov el oficio de sastre. Se consideraban afortunados porque en aquella oprimida clase media de artesanos judíos abundaban las aspiraciones de modernidad, y vivir en una ciudad fuera del confinamiento les permitió que el pequeño Dov pudiera asistir a la escuela normal.

Cuando la revolución estalló de nuevo en 1917 Luhansk fue uno de los principales focos revolucionarios: eseritas herederos del populismo ruso, obreros socialdemócratas alineados con bolcheviques o mencheviques, anarquistas… y unos pocos nacionalistas ucranianos que veían en la ocupación alemana la oportunidad de una república racista que no dudaban en avanzar con pogroms y matanzas de judíos en cuanto veían la oportunidad. Aquellos años, entre la formación del primer soviet local -que serviría de base a una breve república soviética– la Majnovschina y la amenaza de los nacionalistas, el ejército blanco y los alemanes, con su cola de antisemitismo, matanzas y hambre, no fueron fáciles para la familia Feigin.

En 1920, con Ucrania por fin «pacificada», emigran a Gomel, en la antigua región de confinamiento, que había sido liberada por el ejército rojo en enero de 1919 y que se estaba convirtiendo en un nuevo centro industrial gracias a un astillero fluvial, una fábrica de zapatos («Trud»), un horno industrial de pan y una primera planta de generación eléctrica, materialización de aquel «Socialismo es soviets y electricidad» que Lenin haría famoso ese mismo año. En Gomel la vida de un Dov de 13 años tomará forma. Los padres consiguen que reciba clases de dibujo y le apuntan, como actividad complementaria, a la escuela religiosa para que aprenda hebreo y Torah y haga bat mitzvah.

Gomel, una de las pocas ciudades con una mayoría demográfica judía, tenía vibrantes movimientos juveniles socialistas que soñaban con prepararse para el kibutz. Dov, con apenas dieciseis años se une a Hashomer Hatzair. En ese ambiente conoce a otro chico de su misma edad, Aharon Giladi que marchará becado a estudiar Arte en Petrogrado antes de ser enviado al gulag. Dov no tendrá la suerte de la experiencia petrogradense. En 1924, dentro de una oleada de represión a los grupos scouts sionistas, será detenido y enviado al exilio en Kazajistán. Gracias a la intermediación de la Cruz Roja, consigue que la pena le sea conmutada por otra de deportación. Llega a la Palestina británica en 1927 donde se integra en un grupo de pioneros que será el núcleo, unos años después, del kibutz Afikim… donde se reencontrará con Giladi y sufrirán las carencias y miserias de aquellos grupos de jóvenes que trabajaban a destajo en espera de poder garantizar un crédito y disponer de una tierra propia.

Al igual que Giladi, Dov Feigin, no estará en Palestina cuando el kibutz consiga por fin una parcela. En 1933 consigue una beca de la ENSAD y marcha a París a formarse. Volverá como artista profesional al Tel Aviv de 1937. Desvinculado del trabajo comunal agrario pero vinculado ideológicamente a Hashomer Hatzair y sus evoluciones -del comunitarismo al pacifismo pasando por un idilio prosoviético tras la guerra contra la Alemania de Hitler-, será uno de los fundadores de «Ofakim Hadashim» (Nuevos Horizontes) el primer movimiento de artistas que evolucionó abiertamente hacia la abstracción en Oriente Medio. Será reconocido como escultor y contratado en numerosas ocasiones para realizar grandes piezas monumentales al aire libre. Como apuntaba un crítico que, por otro lado no ocultaba su reluctancia ante la ideología del autor, su obra:

Desarrollaba una visión del mundo y una ética basada en los principios de justicia colectiva, hermandad y la creencia de que la valía de un individuo y su bienestar son codependientes en una sociedad armoniosa.

Murió en el año 2000 tras casi 70 años dedicados a la creación y a la enseñanza. La pieza que ilustra este post y que está en la colección indiana, es una litografía a color, una de 250 copias, realizada antes de su evolución hacia la abstracción. Se titula «Casas sobre la colina» y representa las primeras construcciones del kibutz al que siguió ligado toda su vida. Es una de las últimas obras en que consigue captar un mundo que parece movido por la luz.

«Casas sobre la colina» recibió 5 desde que se publicó el Sábado 10 de Diciembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Precioso post, cuanto cariño muestra en esta litografía! Puede que lo mire con ojos de comunitarista, pero en esta litografia veo mucho mas que un paidaje. Por cierto, su obra plástica me encanta!

    • Por cierto, mi principal diferencia con la tesis de @ruivaldivia en su serie sobre Arte es que él apunta -dicho a lo bruto- que para crear nuevos mundos, nuevas relaciones sociales, hay que imaginarlos antes, tener nuevas formas de percepción y representación. Es básicamente un idealismo filosófico.

      Por el contrario, yo creo que, en un periodo de descomposición como el actual, solo desde la experiencia del mundo nuevo puede hacer se Arte. El Arte vivo transmitiría y reflejaría más que imaginaría esa experiencia. Más a lo bruto aun: no habría que buscar el arte en las galerías sino en las comunidades, los grupos de software libre, etc. que son los que experimentan nuevas relaciones sociales y por tanto pueden, a partir de ahí, necesitar nuevas formas de representación ligadas, más o menos, a la abundancia.

      Pues bien, aunque este es tema por sí mismo para un post y aunque es cierto que hay más factores, tanto en el caso de Giladi como en el de Yohanan Simon y en el de Fegin se da la misma circunstancia: cuando abandonan el kibutz dejan el arte figurativo y se meten en la abstracción, es decir, cambian el modo de representación cuando su vida pasa de la comunidad a Tel Aviv.

      Sin embargo Cagan, que siguió en el kibutz (sigue todavía, creo, con 96 años) fue el único que no cambió el modo de representación y por decirlo de algún modo «siguió siendo naive».

      No quiero decir con esto que el «naive» sea el modo de representación «espontáneo» del comunitarismo, aunque, vista la FEC y los alemanes diría que si que lo fue del comunitarismo agrario del siglo XX.

      Lo que si quiero decir es que primero es la experiencia y luego la representación, incluso de las imaginaciones. Y no deja de tener gracia que desde Tel Aviv todo lo que se pueda imaginar de un nuevo mundo sea abstracto y desde un kibutz figurativo y, en buena medida, naive.

      • Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

        Sí, la verdad es que dicho tan “a lo bruto” he sentido un poco de pánico de estar proclamando un proyecto idealista en relación con la experiencia artística. Si después de casi 30 capítulos un lector serio y competente afirma esto, pues estoy casi por retirarme. En todo momento intento resaltar,en mi trabajo, la dimensión comunitaria y experimental de la creación de imaginarios y de sistemas de símbolos. Quizás alguna frase un tanto descontextualizada o no muy acertada por mi parte haya podido despertar esa crítica. Pero comparto todo lo que dices en tu comentario sobre la relación entre experiencia, acción e imaginario. Por ejemplo, todo lo que afirmé sobre las mediaciones es eso precisamente, o sobre el gusto, la conexión de la experiencia vital compartida alrededor de la experiencia artística. Nunca he considerado que el arte transforma por sí mismo. En las cosas que he escrito sobre la ética, la educación o la política, siempre he estado defendiendo que una obra de arte por sí misma puede servir casi para cualuwier cosa, y que lo que realmente la define en una orientación y significado es la forma particular de experimentarla y crearla en un contexto, situación, comunidad, etc. Precisamente eso, la co-creación del imaginario es una de mis tesis principales, que el esteta aislado es un reducto del pasado y que es en la recombinación, desvío, etc. de los significados habituales en los que las comunidades interpretantes y creativas fabrican los significados y sentidos de las experiencias artísticas, no como contemplación o admiración, sino como una parte consustancial de sus modos de vida, de sus acrtividades cotidianas. Todas mis referencias al arte de vivir de Foucault, o a Dewey, van por aquí precisamente. Creo que no es acertado ese juicio tan “en bruto”, pero asumo que no haya podido ser del todo claro, por lo que en lo que queda de serie (5 capítulos), tendré muy presente tu comentario. Y cuando lo relea para dejar cerrada la edición, intentaré detectar qué frases hayan podido despertar esa crítica. Gracias.

  2. Y que paisaje histórico forma este post con el de Giladi y el de Cagan…

    https://jardin.lasindias.com/las-cuatro-vidas-de-aharon-giladi

    https://jardin.lasindias.com/abundancia-sabatica

    Qué importante para nosotros, comunitaristas, es recuperar aquella generación kibutznik…

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