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Celebrar para distribuir

El debate arqueológico nos replantea el concepto mismo de producción colectiva y el papel de la celebración en la vida comunitaria.

En muchas comunidades neolíticas de la Amazonia llama la atención cómo en el ciclo de la producción y el reparto sigue incluyéndose, como una etapa más, la celebración.

Y según una hipótesis que cada vez es más aceptada entre los arqueólogos habrían sido las bebidas fermentadas, útiles a la celebración, las que habrían incentivado la sedentarización más allá de las evidentes e inevitables desventajas en bienestar. Se resolvería así una paradoja clásica de la Historia económica: la productividad de la primera agricultura no justificaba por si misma el abandono de una economía de caza y recolección.

Incluir el poder de la celebración en el modelo y la potencia de la nueva relación con la tierra que se habrían originado en el cuidado de los primeros vegetales domesticados, daría una clave para entender aspectos culturales, religiosos y económicos oscuros en la visión tradicional de la revolución agrícola.

La Antropología clásica nos había enseñado a todos en la escuela que el paso a una economía agraria había generado la propiedad privada y, para contener los conflictos generados por esta, un incipiente estado nacido de las jefaturas de tribu y clan primero y de los mumis después… lo cual nos volvía a poner frente al problema de la productividad.

Sin embargo, el registro arqueológico parece poner en cuestión esta visión lineal. El arqueólogo norteamericano Patrick McGovern remarca:

Whenever we look at the Neolithic beverages and the domestication of these plants, we find that it was more of an egalitarian effort, with people working together

Aunque las bebidas fueran realmente primitivas y el cultivo muy precario, no permitiendo por ejemplo la elaboración de pan, estas bebidas de celebración incluían según los descubrimientos de McGovern resinas y componentes que las convertían en profilácticas, incluso en una especie de “primeros antibióticos“.

Uniendo la línea de puntos

En una economía basada en una estructura social muy horizontal como la caza y recolección, la celebración es el principal mecanismo colectivo de cohesión social. Satisface las necesidades ceremoniales y asegura la distribución del producto.

La fermentación de granos salvajes -la forma más primitiva de cerveza- empieza a jugar un papel cada vez más importante en estas celebraciones que no son algo separado sino verdadera motivación, objetivo motriz del proceso productivo.

Con el tiempo se descubre que estas bebidas tienen un efecto nutritivo y curativo y poco a poco la comunidad pasa más tiempo mejorando el cultivo de los granos, cuyos excedentes en algún momento empiezan a poder procesarse aunque sigan siendo complemento más que centro de la dieta cotidiana.

La primitiva comunidad agraria no tendría por tanto una estructura social ni un ciclo productivo esencialmente diferentes de los de la tribu nómada. Tras el comunimo primitivo de cazadores recolectores que fascinó a los primeros antropólogos no vendrían el estado, la propiedad privada y la división sexual del trabajo, sino una fase de comunismo agrario cuyo eslabón de unión con el pasado estaría precisamente en la lógica económica de la celebración, fundamento primitivo de la religio comunitaria… que permitiría el salto posterior, sin que la comunidad estallara en pedazos, a un modelo social sometido al desgarro de la privatización de la tierra.

El caracter sagrado del pan (arroz/maiz/etc) y la cerveza (vino, chicha, etc.) recordarían para siempre, el mito de esta Edad de Oro cuando la celebración y la cohesión abandonaran el centro del proceso productivo para convertirse en fenómeno político religioso.

¿Y a nosotros qué?

Todas las culturas actuales guardan el recuerdo de este desgarro y la nostalgia de un tiempo donde la celebración era una parte fundamental de la producción y distribución del bienestar y no sólo ritual político.

Podría incluso interpretarse la pervivencia del mito como un deseo profundo de retomar la potencia generadora de significado de una economía comunitaria capaz de celebrar y distribuir sin la mediación simbólica de una religión exterior o el estado.

Y ese es precisamente en el punto en el que el debate comunitario global se encuentra tras la crisis del modelo kibbutz. Las dos ideas que la arqueología nos aporta parecen sencillas en su enunciación, pero son en realidad la puerta a reflexiones mucho más profundas y necesarias:

  1. el modelo de organización comunitaria ha de incluir la celebración en su cotidianidad como una parte más del proceso de trabajo y producción
  2. la celebración ha de incluir siempre algo extraordinario capaz de rememorar la magia de la lógica de la abundancia y mantenerla en el centro de la perspectiva grupal… como la cerveza fue a nuestros antepasados

«Celebrar para distribuir» recibió 2 desde que se publicó el viernes 22 de enero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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