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El cerebro dividido y la superación del descontento de la descomposición

La ética hacker del trabajo es imposible sin la capacidad fundamental de saltar al abismo, de entregarse a vivir en función al significado sin poder predecir lo que uno va a encontrarse por el camino

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cerebrodivididoHace un par de años leí El Maestro y su Emisario: El Cerebro Dividido y la Fabricación del Mundo Occidental de Iain McGilchrist, pero no fue hasta hace unos días, a raíz de una de nuestras conversaciones de mesa editorial con los indianos en la que de manera totalmente oblicua llegamos al tema de lo destructivo de la noción cientificista según la cual la realidad puede ser perfectamente aprehendida racionalmente, que de repente entendí lo profundamente esclarecedora que la tesis central del libro puede ser para entender las causas últimas de la descomposición.

En El Maestro y su Emisario, McGilchrist, psiquiatra y profesor de literatura inglesa, presenta una fascinante síntesis de 20 años de investigación tanto en neurociencia como en historia de la cultura occidental que rescata el análisis de la división hemisférica del cerebro, que de tan popular que llegó a ser durante las décadas de los 60 y los 70, se banalizó a tal punto que la comunidad neurocientífica la excluyó radicalmente de su agenda de investigación.

Si bien McGilchrist acepta que hay mucho de cliché y burda simplificación en eso de que el hemisferio izquierdo del cerebro se encarga del pensamiento racional, y el derecho del pensamiento creativo e intuitivo, el error se basa en que aunque no existe una clara división funcional entre los dos hemisferios — ambos son usados en gran medida para una amplia gama de tareas cognitivas de diversa naturaleza — cada uno tiene una manera particular de abordar una tarea determinada.

mercedes-benz-left-brain-right-brain-einsteinPor ejemplo, aunque ambos hemisferios son usados intensivamente para las matemáticas, la mayoría de sus grandes descubrimientos fueron percibidos como patrones complejos de relaciones, una habilidad que debemos al hemisferio derecho, mientras que la laboriosa traducción de esos descubrimientos a conjuntos lineales de proposiciones recluta primordialmente al hemisferio izquierdo.

Según McGilchrist, el mundo que nace de la revolución industrial, basada como estuvo en la ingeniería de la manufactura de gran escala, debe tanto sus maravillas como sus descontentos al auge cultural de la racionalidad instrumental característica del hemisferio izquierdo, auge que nos dice comienza cuando Aristóteles formula el principio de no contradicción.

Y uno de los descontentos más importantes de ese auge es nuestra creciente incapacidad de razonar sobre los límites de la razón, lo cual depende mayoritariamente del hemisferio derecho.

La pérdida de significado

cerebrodividido1La capacidad de comprometernos con la consecución de una vida plena de significado es directamente proporcional a esa capacidad de entender los límites de la razón, y por cierto, es la decisión fundamental a la que nos lleva la ética hacker, que al fin y al cabo se basa en dedicar nuestro tiempo y energía a una línea de trabajo que encontremos intrínsecamente valioso y placentero más allá de cualquier consideración instrumental.

Por eso difiero de la perspectiva un tanto pesimista de McGilchrist, que tiende a ver como inevitable el fortalecimiento de la «tiranía del hemisferio izquierdo» en la evolución futura del capitalismo industrial.

cerebrodividido2Si es cierto que el avance tecnológico tiende reducir la escala óptima de producción, haciendo cada vez más factible una vida basada en la ética hacker, la tiranía del hemisferio izquierdo debería tender a perder fuerza. Aunque eso no quiere decir, por supuesto, que esa tiranía vaya a ceder su poder sin dar la pelea, lo cual se traduce en la profunda crisis de transformación interna que inevitablemente se refleja como contraparte a la turbulencia socioeconómica característica de la transición.

Y es que si bien el auge de la razón instrumental fue lo que permitió el florecimiento de la producción industrial a gran escala, fue también lo que permitió el fortalecimiento del estado al punto de convertirse en el leviatán contemporáneo, empeñado como nunca antes en la historia de la humanidad en la ingeniería social sustentada en el impulso cientificista que Hayek caracterizó, en una de sus ideas más sublimes, como una «fatal arrogancia».

A la luz del marco conceptual de McGilchrist resulta especialmente irónico que la izquierda progresista, por lo general tan atractiva para intelectuales humanistas, artistas y otras personalidades que supuestamente son «de hemisferio derecho», prescriban como remedio a la descomposición fortalecer aún más el control estatal de la economía.

En realidad, la desconfianza que tantos proponentes de ese falso remedio le tienen a la genuina libertad de mercado es un ejemplo perfecto de la tiranía del hemisferio izquierdo en acción.

La ética hacker del trabajo es imposible sin la capacidad fundamental de saltar al abismo, de entregarse a vivir en función al significado sin poder predecir lo que uno va a encontrarse por el camino. Ese proceso, al no ser más que un profundo acto de fé, depende fundamentalmente del hemisferio derecho, y es también, como bien lo expresa McGilchrist, el ingrediente fundamental de la verdadera innovación que tanto se extraña en el contexto institucional del capitalismo industrial (el énfasis es mío):

En el campo de la investigación hoy en día uno tiene que ser capaz de decir por adelantado lo que va a encontrar, y nadie financia un proyecto al menos que parezca que pueda tener una posibilidad de llevar a un descubrimiento “positivo”, que en realidad significa que debe ser algo muy parecido a lo que ya conocemos. No estamos preparados para confiar – sentimos que debemos micro-controlar. El objetivo es incrementar la eficiencia evitando lo que se conceptualiza como desperdicio o error, pero esto asegura solo una cosa: la mediocridad. Tristemente, muchos de los que hacen el trabajo verdaderamente interesante en cualquier campo se ven cada vez más obligados a hacerlo fuera del mainstream.

La única salida posible de la infelicidad de la pérdida de significado causada por la «tiranía del hemisferio izquierdo» tan característica de la descomposición es, precisamente, atrevernos a realizar uno de los actos que jamás en la historia de nuestra evolución hayan requerido tanta capacidad para valernos del poder del hemisferio derecho.

«El cerebro dividido y la superación del descontento de la descomposición» recibió 1 desde que se publicó el Lunes 10 de Febrero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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