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Ciberpunk en una taza vacía

La I Conferencia sobre visiones de lo humano en el Ciberpunk y la Cibercultura, en Praga ha sido el punto culminante de un verano postmoderno y ciberpunk. Un alto imprescindible para teorizar dónde estamos y hacia donde vamos.

Los checos gustan de reunirse en subterráneos. Dejan para los turistas los bares amplios y las terrazas y se sumergen en escaleras que siguen a pequeñas puertas apenas anunciadas por un cartel de cerveza Staropramen. En largos bancos y mesas corridas, con un aire neblinoso por el tabaco y cálido de puro espacio angosto, discuten y hablan mientras los camareros, sin preguntar, reponen cerveza de medio en medio litro. Praga es hoy una ciudad postmoderna, una taza vacía a un tiempo parque temático y subterráneo proletario. Arriba reinan el inglés, el alemán, el catalán y el español. Abajo, entre los humos y el calor, se refugia el checo.

Pero durante estos días no ha sido raro encontrar interlingüa, un inglés bastardo de lenguas eslavas y latinas, entre las mesas. Mesas que vibraban en largas discusiones sobre las limitaciones políticas de Green days in Brunei o el mito del cyborg. Entre los turistas, por unos días, había una nueva tribu: el Colegio Anglo Americano -una institución nacida de la Revolución de Terciopelo- había traido a 70 académicos, artistas y activistas de todo el mundo para discutir el estado del arte del debate en el ciberpunk y sobre la cibercultura.

Aunque las comunicaciones están publicándose en distintos idiomas, el debate público y el informal no quedaron registrados. Una pena, aunque si que podríamos resumir en dos los campos en que a día de hoy se centra el debate: los fundamentos de una acción política ciberpunk tanto en el ciberespacio como en el mundo físico y la naturaleza de la identidad y el espacio virtual, teniendo este último como subtema especialmente importante la cuestión sexual.

Identidad, cuerpo y espacio

El concepto de identidad postmoderna que entre nosotros defendiera en los 80 Juan Urrutia, incluso el de postmodernidad, son el fundamento hoy de los debates en torno a este tema. Fue especialmente interesante contrastar el atraso español y la estulticia de los medios de comunicación en torno al significado del cyborg. Para cualquiera que haya seguido la prensa española y las evoluciones de nuestro mundillo cultural (barcelonés fundamentalmente), el cyborg es un humano con su cuerpo alterado tecnológicamente. A día de hoy una impostura o una fantasía. Tal y como se definió en la Conferencia la cosa toma otros visos: todos somos cyborgs. Cyborg, el la forma que los humanos tenemos al relacionarnos en un entorno mediados por máquinas, máquinas que son interfaz pero también parte ya de nuestro propio ser durante la comunicación y por tanto nos definen. Yo soy mi cuerpo, no estoy yo y mi cuerpo, arguía apasionada una ponente. Un astronauta con su traje es un cyborg, pero también un internauta con su ordenador en el espacio virtual. Inmediatamente surgen las cuestiones y el debate: ¿qué naturaleza tiene éste nuevo espacio en el que nos movemos? ¿qué repercusiones para la identidad y el sexo?. En un mundo virtual la identidad se define aún más crudamente que en el mundo físico: el cuerpo es algo que se interpreta, la identidad es la historia dentro de la cual interpretamos con él. El espacio en el cual se hace no es algo que está sin más, es activo, es territorio nominado, reclamado, definido… A través del relato de la ciencia ficción clásica (como en la comunicación de la española Cristina Alfonso-Ibañez) o del ciberpunk (con el análisis del cuerpo de Maya en El fuego sagrado de Sterling que haría Birgit Pretzsch) a lo largo de los cuatro días de debates se irían desgranando las mil nuevas metáforas desde las que entendemos, tememos y actuamos con nuestro nuevo e híbrido cuerpo.

La política del ciberpunk

En el mundo postmoderno todo relato es un relato político. Expresa una voluntad o una subjetividad que inevitablemente lo es. La diferencia es que el relato ciberpunk lo busca intencionadamente. No hay pues exégesis a partir de los relatos de Sterling o Stephenson: hay debate directo sobre sus consecuencias. Claro que una de las cosas que pudimos aprender es la viveza del ciberpunk literario más allá de sus clásicos. Descubrimos por ejemplo la existencia de una literatura ciberpunk centroeuropea, húngara, que fantasea sobre la decadencia burocrática de Europa e imagina una Budapest fronteriza de nuevo con el Islam. Pero sobre todo el debate constató la aparición de un nuevo escenario y un cambio en el relato político del ciberpunk.

El nuevo escenario viene marcado por el fracaso del concepto negriniano de Imperio, como nos relataba Istvan Csicsery-Ronay en el que seguramente fue la mejor comunicación de la conferencia. La globalización tecnológica es mucho más compleja y contradictoria de lo que nos relataban. También las alternativas. Se constata el fin de la épica del hacker como intruso, del vaquero de consola de Neuromante y la búsqueda de nuevos referentes. Han pasado muchas cosas desde mediados de los ochenta y nuestra misma percepción de las tecnologías ha cambiado. No deja de percibirse la influencia del software libre y el nacimiento de Linux en la nueva orientación de Sterling hacia una reivindicación del uso político de las tecnologías artesanas en relatos como el ya clásico Green days in Brunei que discutimos largamente junto a Istvan a partir del papel de Joshua Raulerson

La naturaleza política de las tecnologías, como apareció definida en los papeles de Marcus Leaning y Pawel Frelik, definió por otro lado el campo de batalla del libertarismo ciberpunk. La tecnología ocupa para los ciberpunks y para nuestro tiempo el lugar que la Economía ocupaba en el siglo pasado para la definición del modelo social. Partiendo de ésta idea nuestro propio paper sobre la experiencia política del movimiento ciberpunk español consagró la idea del mito del futuro como alternativa a la fundamentación mítica del pasado propia de las ideologías nacionalistas e izquierdistas. Un terreno que las comunicaciones de David Silver y Adrienne Massanari ahondaron al abrir un vivo debate sobre la colonización comercial y militar del ciberespacio: lo que hemos llamado la batalla de las .com que ahora revive, en palabras de David Silver, como batalla de los .mil.

Conclusiones

Los congresos de los partidos, los sindicatos, las patronales o la concentración de antiglobis de Bové en Francia este verano nos muestran la vacuidad que pueden alcanzar las ideologías formadas en el siglo XIX y crecidas en el XX. Ya no tienen pudor en sustituir el debate por los conciertos de Manu Chao o las discusiones por los mítines mediáticos. Son puro y vacío espectáculo, modesto velo para repartos y escenificaciones del poder sin ningún trasunto intelectual real.

Se podrá estar o no deacuerdo con los presupuestos estéticos y políticos del ciberpunk, pero de lo que la misma viveza de los debates de Praga no deja duda, es de que hoy en día la cibercultura y el debate político generado en torno a ella es el terreno más fertil de todos los posibles para entender el presente y empezar a manejar el futuro. Nuestro mundo es un mundo ciberpunk, entre otras cosas, porque como dice Pat Cadigan la ciencia ficción nunca habló del futuro sino del presente.

«Ciberpunk en una taza vacía» recibió 0 desde que se publicó el sábado 16 de agosto de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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