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Cigarros electrónicos: una cuestión de estética

Volver a hacer de los usos y consumos culturales normales algo normal, al tiempo que la tecnología los hace menos arriesgados para la salud, parece la mejor forma de salir de una larga época de malas drogas y malos discursos anti-droga.

stephen-dorffLos gigantes del tabaco se mueven hacia el cigarro electrónico, un mercado de pequeñas empresas que ha crecido hasta facturar 1000 millones de dólares solo en EEUU. A medio camino entre los inhaladores de droga de los cuentos ciberpunk y la parafernalia de la nicotina-sin-tabaco de los estancos, no dejan de tener el atractivo de lo postmoderno.

Fueron creados en 2004 por Hon Lik, un farmacéutico de Hong Kong cuyo padre, un fumador compulsivo, murió de cáncer de pulmón. Su modo de enfrentar la pérdida fue crear una forma que permitiera la inhalación de nicotina sin humos y sin combustión. Buscaba una forma de consumir nicotina que fuera mucho más segura, pero que diera continuidad al hábito social y cultural de fumar. La compañía en la que trabajaba «Golden Dragon Holdings», se convertiría en la primera empresa de cigarrillos electrónicos (如烟) y pronto empezaría a conocer el éxito en el mercado chino y ganar espacios en EEUU.

Organizaciones como ASH -la organización antitabaco de los colegios médicos británicos- reconoce en un informe específico que no existen datos que avalen daños para la salud y por tanto no considera apropiado incluir su uso en las prohibiciones de las leyes anti-tabaco. Por su lado la OMS ha declarado que los cigarrillos electrónicos no pueden ser tratados, como los chicles de nicotina, como tratamientos para dejar de fumar. Tener esa declaración significa en muchos países tener acceso a subvenciones… y eso entra en contradicción con lo más «viejo» del cigarro electrónico: la estética.

Según una declaración de NICE, el organismo antitabaco del gobierno británico citada por Wikipedia pero que ha desaparecido de la página de esta institución, el principal problema sería que al tener una estética similar al tabaco en combustión…

el uso de cigarros electrónicos podría socavar la prevención del uso del tabaco reforzando la normalidad del uso de cigarrillos en espacios públicos y de trabajo

De hecho, si los altísimos impuestos sobre los cigarrillos (que superan en casi toda Europa y buena parte de EEUU el 85% de su precio de venta) han hecho rentable la fabricación, la base de su aceptación han sido las prohibiciones de fumar en espacios públicos. Algo que han comprendido bien los publicistas:

¿Y si la estética es una oportunidad?

Es decir, tenemos un dispositivo para consumir nicotina de un modo nuevo que esquiva los cancerígenos de la combustión y que si ha encontrado un primer rechazo de las instituciones antitabaco es porque estas han hecho de la condena estética, una parte central de su ímpetu y su discurso. Tal vez también porque se sostienen sobre un discurso biopolítico de raíz puritana no reconocido abiertamente (eliminar las «adicciones»). Pero no es tema: este discurso, que ha hecho destrozos como la «guerra a las drogas», a día de hoy colapsa abiertamente; simplemente la utopía de una sociedad sin drogas -sin consumos culturales de alcohol, nicotina, alcaloides…- es simplemente eso, una utopía terriblemente contraproducente y represiva además.

Pero volvamos a la estética. Cuando uno visita las páginas de los fabricantes lo primero que llama la atención es el esfuerzo deliberado por crear, a través del lenguaje, un relato diferenciado. Ya no se fuma, se «vaporea» («vaping» en inglés). En EEUU se opta por remarcar que ni mancha dientes ni lleva olor a los vecinos. En la «sofisticada» Europa se crean metáforas más o menos liosas sobre navegación y barcos mientras se explica con presentaciones cómo funciona el cacharrito… Y sin embargo, la metáfora básica, la que da forma al diseño del dispositivo, sigue siendo el cigarrillo.

Pero ¿no cabría pensar un diseño diferente para algo diferente? Algo que no lo definiera como un sustitutivo. Algo más parecido a una pipa tal vez, o algo tan teki, minimalista y diferente como el producto realmente parece ser. Volver a hacer de los usos y consumos culturales normales algo normal, al tiempo que la tecnología los hace menos arriesgados para la salud, parece la mejor forma de salir de una larga época de malas drogas y malos discursos anti-droga.

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  1. […] y muertes en el planeta. También es cierto que la reinvención hacia dispositivos electrónicos no es una novedad para los consumidores. El nicho de los cigarrillos […]

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