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Coaching para padres

Cuando sientes que pierdes el control, el coacher de padres puede ser la mirada externa que necesitas para decirte sin implicaciones emocionales que estás haciendo mal o bien en la crianza de tu hijo.

I forgot to feel guiltySi hay un problema común a casi cualquier familia que se precie es el de la intervención en la educación de los niños. Que levante la mano el que no ha sufrido tensiones e incluso conflictos más o menos graves por diferencias con sus padres o hermanos por la educación de sus propios hijos.

De un lado, tenemos a unos abuelos o a unos tíos, que consideran una obligación el hacer notar a sus hijos/hermanos que están cometiendo un error en la crianza de sus pequeños. Y del otro lado, tenemos a unos padres que se sienten cuestionados por sus propios progenitores o hermanos en aquello que les hace sentirse más inseguros: domar a esos pequeños monstruos con los que tanto soñaron.

Y es que el problema comienza ahí. No importa como nos criaron nuestros padres, no importa lo que cambiaríamos y lo que imitaríamos, no importa el ideal de crianza que tengamos en la cabeza. La realidad destroza todos nuestros ideales, y de pronto nos vemos incapaces de ser esos padres perfectos que creíamos ser.

La gran verdad

Go the fuck to sleepEn 2011, Adam Mansbach, desesperado en sus intentos de hacer dormir a su hija de dos años, escribió un post desahogándose que envió a sus contactos. Tuvo tan buena acogida que lo amplió y acabó siendo un libro para adultos que ilustró uno de sus amigos y decidió publicar la editorial newyorkina Akashic Books. Antes de su lanzamiento, el pdf ya se había convertido en un fenómeno viral, alcanzando un mes después el nº 1 en ventas de Amazon.

El libro se llama «Go the fuck to sleep» – ya se puede leer la secuela, «You have to fucking eat» – y expresa, imitando el estilo de los libros para dormir a los niños, los – verdaderos – pensamientos de los padres cuando no hay manera de que el nene deje de marear y se duerma de una vez.

Aunque los medios se centraron en cómo un libro que nunca pretendió serlo pudo convertirse a través de FaceBook en un fenómeno de masas en cuestión de semanas, lo realmente importante fue que Mansbach se convirtió en un héroe para muchos miles de padres, que cada noche sufrían en silencio de deseo por decir «go the fuck to sleep». El éxito, según dijo el mismo autor, radicaba en reconocer de una vez que la paternidad – sin dejar de querer a tus hijos más que a nada en el mundo – no es esa experiencia idílica, constructiva y maravillosa que nos habían hecho creer, sino una cosa muy difícil, frustrante y agotadora.

Los padres perfectos

Go the fuck to sleepDesde la adolescencia, no dejamos de criticar, para bien o para mal, la educación que nos dieron nuestros padres y de compararla con la de nuestros amigos. En muy fácil convencerse de que nosotros sabemos realmente de qué va esto, ya que sufrimos en carne propia los errores y aciertos de una crianza determinada. De entrada es una opinión bastante acertada, pero a la hora de la verdad, resultamos estar completamente equivocados.

Nuestras brillantes teorías se vuelven inútiles ante esas caritas de cordero degollado, esos llantos desesperados que nos llegan al fondo del alma y esos chantajes emocionales dignos del más hábil y retorcido manipulador. Las teorías se rigen por la racionalidad y es imposible aplicarlas cuando tantas y tan intensas emociones están implicadas todo el tiempo. Si además tenemos un trabajo, lo más seguro es que ni siquiera tengamos energía para mantener en pie nuestro plan genial, que sea cual sea siempre parece estar diseñado para padres que no tienen nada más que hacer.

Nuestro ADN nos dice que protejamos a nuestros hijos. Lo que ocurre es que en algún momento de la evolución desapareció el gen que nos decía que también debíamos protegerles de nosotros mismos. Nuestras ambiciones y el sentimiento de culpa que nuestra aparente imperfección como padres nos genera, terminan haciendo más daño al niño que un par de azotes a tiempo.

La intervención familiar

Scary kidCuando nuestra propia familia interviene en la educación de nuestros hijos con criterios diferentes a los nuestros, suelen tener razón. Aunque también hay una implicación emocional fuerte, el hecho de no vivir bajo el mismo techo y al no haber una responsabilidad directa se genera la distancia suficiente para ver cosas que los padres no ven.

Los abuelos consentidores son cada vez más algo del pasado, que tenía lugar cuando las visitas se daban en fin de semana y vacaciones. Ahora es cada vez más común que los niños pasen la mitad del tiempo con sus abuelos, que pueden consentir a sus nietos puntualmente, no a media jornada.

Pero es cierto que para los padres, esa intervención puede resultar emocionalmente intolerable. A los asuntos sin resolver con sus propios padres y hermanos o a una mala relación con los suegros, se une la confirmación de sus más profundos complejos, la emergencia del sentimiento de culpa, el estallido de sus inseguridades más terribles. En el peor de los casos, no lo aguantarán y romperán con la familia. En el mejor de los casos, será una fuente de conflictos que puede permanecer durante años.

Coacher para padres o el tercer rabino

Ante un conflicto irresoluble entre dos partes, cada cual defendida por su propio rabino sabio, la solución es llamar a un tercero que no sea defensor de ninguna de las partes ni las conozca.

we are happyEsta estrategia es efectiva en muchos tipos de conflictos espirituales y emocionales. En este caso, ni siquiera es necesario que la tercera parte sea rabino, quiero decir, ni siquiera hace falta que la tercera parte tenga hijos propios para «saber lo que se siente». Justamente, lo que necesita un buen coacher para padres es no prestar en absoluto atención a «lo que se siente». La única exigencia es que no conozca a los padres de nada para que la implicación emocional sea mínima.

El buen coacher para padres analizará la situación como si tu relación con tu hijo fuera un problema matemático o un análisis de texto. Para él, tu hijo será solo una ecuación o un sintagma. Sus llantos serán como el molesto sonido de la Thermomix cuando termina una tarea, solo hay que conseguir alcanzar el selector de velocidad para que calle. No le afectarán sus miradas ni sus abrazos. Será inmune al chantaje y a su lengua de trapo.

Lo difícil, obviamente, es hacerle caso al coacher. Pero si te atreves, tienes la garantía de que será sincero, efectivo y no te hará sentir culpable, acomplejado o mal padre. Al fin y al cabo, le has contratado para que te ayude. No puedes ser tan malo si has dado ese gran paso.

Los primeros coachers para padres deberían ser los maestros, que pasan como mínimo 5 horas con los niños e influyen de forma determinante en sus vidas. Pero eso no va a pasar un filtro ministerial, todos los sabemos. Sí sería fácilmente aplicable en entornos de crianza semi-delegada o compartida como los de algunos kibbutz o comunidades rurales y supone una gran oportunidad para los nuevos proyectos de «shared babysitting» y guarderías cooperativas.

Pero sobre todo supone una gran oportunidad para esos millones de padres superados por la realidad, que solo quieren hacer lo correcto y dejar de sentirse mal por algo tan hermoso como es criar a un hijo.

«Coaching para padres» recibió 5 desde que se publicó el martes 3 de febrero de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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