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El Centre d’Estudis Històrics de Terrassa, l’Arxiu Històric Comarcal de Terrassa i l’Ateneu Candela organizaron el ciclo de conferencias «La producció col·lectiva a Terrassa. Passat, present i futur». La conferencia fue emitida por streaming, dejamos el vídeo y el texto que expusimos.



El propósito de esta intervención es trazar la relación entre las colectivizaciones y el concepto del procomún, exponer el modo de producción p2p analizando el impacto y las consecuencias en cuanto a formas de relación y organización económicas y sociales.

Orígenes

Vamos a hacer un recorrido buscando la relación entre las colectivizaciones, el nuevo comunal y el modo de producción p2p. Para ello, vamos a dar un salto en el tiempo. Nos vamos a situar en la Edad Media. En los siglos IX y X, era una práctica habitual entre reyes y nobles en la cornisa cantábrica y hasta las fronteras de los reinos musulmanes ofrecer tierra a comunidades de siervos liberados.

Para otorgar este derecho se usaban dos tipos de cartas:

  • la «carta puebla» o «carta de población», que era un contrato entre el propietario de las tierras y la comunidad
  • el «fuero municipal», que aportaba además ciertos privilegios jurídicos y de autogobierno y que precisaba del consentimiento del rey.

En ambos casos, la costumbre era, dar un solar a cada familia y la tierra a la comunidad, que la dividía para su explotación durante periodos fijos entre todos sus miembros. Además del fenómeno agrícola, se tiene constancia de comunidades de pastores en los Pirineos, y hasta el día de hoy se mantienen todavía sistemas comunales de pastoreo por toda la península.

En casi todos los idiomas encontramos una palabra para referirse al trabajo comunitario. En asturiano le llamamos andecha, en portugués mutirão, en euskera auzolan, en ruso toloka, en finés talkoot, en noruego dugnad… También para los bienes comunes: el «comunal», el procomún, el «iriai» en japonés, los «commons» en inglés, son la forma básica para referirnos a un bien público no estatal.

Sin embargo, lo que resulta significativo en la historia de las colectividades en la península es que, ya sean sistemas comunales de pastoreo, cultivo de la tierra o explotación del mar, lo que es importante es la organización económica y el desarrollo de un sistema de bienestar social diseñado a la medida de la comunidad. Estamos ante un sistema basado en producción y cooperación.

Estas formas, vigentes desde la Edad Media, resistirán a la Modernidad con relativa fuerza hasta que las «amortizaciones» del primer liberalismo en el poder les obliga a evolucionar hacia el cooperativismo moderno.

Es el caso de Port de la Selva, un pueblo organizado en torno a una cooperativa de pescadores. La cooperativa era la propietaria de las barcas, redes, fábricas, almacenes, frigoríficos, vehículos de transportes. Es decir de la producción, pero también del café, el teatro y la sala de reuniones – el ocio- y un sistema de previsión social, con seguro contra muerte, accidente o pérdida de embarcaciones. Como contaba Gerald Brenan en «El laberinto español»,

Port de la Selva era una república libertaria en pequeño y realizaba el ideal de todos esos pueblos de Cataluña, Andalucía y la misma Castilla, que, en épocas diferentes durante el pasado siglo, habían proclamado su independencia y procedido a la división de tierras y a la emisión de su propia moneda.

Así que creo que no toca insistir en la relación entre estos modelos comunitarios y las colectividades de la Guerra Civil que habéis trabajado en estos días. La producción comunitaria tiene un antes y tiene un después, que es nuestro «ahora». Solo quiero salvar tres ideas que nos servirán luego al estudiar el modo de producción p2p para entender los puntos de continuidad y los cambios.

  1. Los comunales agrarios clásicos se basan en una serie de bienes de capital (la tierra, aperos de pesca o labranza) que son liberados para su uso, explotación y mantenimiento por la comunidad.
  2. Haciendo eso, en realidad estamos ante una comunidad que se dota de una organización económica propia
  3. y donde La generación de riqueza que se produce revierte en la comunidad

Pero antes de volver sobre estos tres puntos, vamos a estudiar el otro origen del nuevo comunal: el desarrollo económico y tecnológico que nos legó el mundo industrial… y su colapso.

El legado del capitalismo industrial y la crisis de las escalas

Pensemos en el coche.

El gran símbolo del capitalismo industrial es la industria del automóvil. Aplicando tecnología punta, capital intensivo, una nueva organización del trabajo (el «taylorismo») y una aproximación tanto a la producción como al mercado de gran escala se consiguió algo increíble hasta entonces: convertir el automóvil -una máquina sofisticada- en un producto de consumo accesible a las grandes masas de la clase media.

¿Qué representa el coche para el mundo anterior, todavía fundamentalmente agrario?

En primer lugar un incremento drástico, prodigioso de la productividad. Si hay algo representativo de lo que ha supuesto históricamente el capitalismo es el desarrollo de la productividad. Y productividad a las finales es tecnología. Pero la tecnología también incide en el sistema a través de otras variables. La más importante, quizás, la escala óptima.

¿Qué es la escala óptima? El tamaño óptimo de uso de los recursos, empezando por el propio capital, que se utilizan como media en la producción. Lógicamente la escala óptima lo es para un tamaño de mercado determinado y para una tecnología dada.

Si los mercados no crecen súbitamente, a partir de cierto desarrollo económico toda la fuerza de la evolución tecnológica tenderá a reducir la escala óptima de producción. Quienes se mantengan produciendo por encima de esa escala, usando capital de más, teniendo una dimensión mayor, simplemente coleccionarán ineficiencias.


Crisis de las escalas

Es por eso que el desarrollo tecnológico afectó negativamente en primer lugar a los países del bloque soviético. ¿Por qué? Por la forma en la que se había dado su desarrollo y por el carácter centralizado de su economía. Tanto inercias, como gigantismo, estaban en el ADN de su organización industrial. Para los años 70 la situación ya es tan grave que la URSS tiene que asegurar su abastecimiento básico comprando grano en EEUU. Los movimientos de protesta de Polonia, las huelgas en Rusia, se producen en los 80 como reacción a un desabastecimiento que parece no tener remedio. El sistema centralizado de propiedad estatal hacía aguas por todos lados. El bloque soviético no lo «tiró» el presidente Reagan, pero tampoco los movimientos de protesta popular. El sistema soviético se desfonda tras arrastrar unas ineficiencias crecientes durante dos décadas.

¿Pero era diferente en Europa o EEUU?

No, y de hecho es precisamente por esa crisis de escala que se ponen en marcha los grandes cambios económicos de los ochenta y noventa. Eso que se suele conocer como neoliberalismo.

¿Qué es en realidad el neoliberalismo? Un conjunto de políticas orientadas a insuflar vida a una sobre-escala de capital. ¿Qué es lo que hacen Thatcher, Reagan y finalmente Clinton?

  1. Desregular, alimentar a los grandes consorcios de la industria militar y aerospacial los dos primeros y de la propiedad intelectual el tercero… modificar acuerdos internacionales a favor de grandes intereses… en una palabra, generar rentas desde los estados que compensen las ineficiencias de las macroempresas
  2. Ampliar el tamaño de los mercados para dar sentido a las grandes empresas sobreescaladas, eso que se llamó la globalización
  3. El capital mismo estaba cada vez más sobre escalado. Las nuevas empresas en los nuevos sectores requieren cada vez menos escala y por tanto menos capital. En los 80, empiezan a aparecer fondos gigantescos, masas de capital que buscan donde colocarse.

Tienen que distribuir sus riesgos cada vez en más lugares. Y eso son costes de gestión e ineficiencias crecientes. Los síntomas típicos de un problema de sobre escala. Así que el estado neoliberal ayuda, mediante la desregulación financiera y la apertura de fronteras a los flujos de capital dando sentido a nuevas líneas financieras que agruparán sectores y regiones enteras a través de la securización, la financiarización y toda una nueva serie de productos financieros que repartían y globalizaban los riesgos, convirtiéndolos al final, como hemos visto, en sistémicos.

Pero en el mundo de los noventa están pasando otras cosas al mismo tiempo.

Internet y la lógica de la producción distribuida

En primer lugar, la estructura de comunicaciones cambia. Estamos pasando de un mundo descentralizado (el mundo del telégrafo y las naciones) hacia un un modelo distribuido de comunicación (el mundo de Internet).

Sin entrar en el detalle, esa nueva estructura distribuida hace independiente la escala del alcance. Una pequeña empresa china, como la que creó la vuvucela, o la que creó el EGo, el estandar de cigarro electrónico, puede vender en todo el mundo. Por supuesto no llegará para abastecer toda la demanda, pero surgirán cientos de otras pequeñas que lo abastecerán rápidamente.

Así que, al menos en parte, la apertura de barreras comerciales de los 90 será un tiro por la culata para los objetivos del neoliberalismo corporativo. El resultado ha sido un constante incremento de comercio basado sobre todo, en la emergencia de nuevos agentes de menor escala, menos intensivos en capital, en la periferia. Es lo que se conoce como la globalización de los pequeños.

La consecuencia directa ha sido la mayor reducción de pobreza de la historia humana, pero también un notable crecimiento de la desigualdad y una inestabilidad económica creciente ¿por qué?

El capital, lejos de adaptarse a la reducción de escala ha seguido aumentándola, recurriendo a la «financiariazación» y la «securización», separándose del sistema productivo y generando burbujas regularmente para colocar ese excedente de capital.


Relación producción capital

Es estos gráficos se ve la evolución del comercio frente a los flujos de capital. Mientras el comercio sigue un crecimiento constante, el capital crece de forma exponencial. Podemos ver además cómo se marcan los picos coincidiendo con las burbujas.

Desde el punto de vista de la organización de la producción lo que sucede es que el cambio tecnológico está reduciendo el tamaño eficiente de escala drásticamente. Pero esto supone un verdadero problema para el capital: cuanto más cerca de la producción individualizada estemos, menos necesario resulta. Empieza a acumularse una gran bolsa de capital financiero que no puede integrarse de forma directa en la producción. El capital tiene menos grandes proyectos en los que invertir y comienza a moverse de un modo cada vez más rápido, más sensible ante cambios en las oportunidades como podemos ver en el histórico de los flujos internacionales de capital.

Su estrategia forzando escalas para asegurar rentas, ha tenido consecuencias de peso como la restricción a la propiedad intelectual, la «redefinición» innecesaria de Internet para dar sentido a infraestructuras recentralizadoras (Google, Facebook, etc.) y sobre todo ha conseguido que se multiplicaran las presiones para capturar al estado.

Esa estrategia sólo puede llevar a la destrucción simultánea del mercado y el estado, el fenómeno que llamamos «descomposición» y que va paralelo a la destrucción de capacidades productivas que suponen las crisis y las guerras que las preceden y acompañan.

Y aún hay más.

Internet no es solo un fenómeno de comunicación. Con el software libre, cuyo desarrollo y extensión son su producto directo, ha aparecido un nuevo modo de producir y distribuir. Dadas las carencias de los sistemas de contabilidad nacional tan solo podemos intuir el verdadero impacto que hasta hoy ha tenido el software libre. Sabemos solo cosas parciales, como que por ejemplo el valor ganado por los países en desarrollo por la incorporación de software libre a sus industrias y administraciones ha superado toda la ayuda al desarrollo, pública y privada, enviada a lo largo de la historia desde los países centrales.

¿Cuál es el ciclo de producción del software libre?

En primer lugar se resignifican por completo capital, mercado y beneficio


Sistema de producción p2p

El centro del sistema no es ya la acumulación de capital sino de «procomún», una forma de capital, el conocimiento, universal y de libre acceso por cualquiera.

¿Qué sale al mercado? El mantenimiento, las personalizaciones, los desarrollos particulares… y salen ya como libres, incorporándose al comunal y quedando a disposición de todos.

El mercado del software libre parte de esa accesibilidad universal, es decir, de la eliminación de rentas de propiedad intelectual, de posición, etc. El único beneficio extraordinario, casi mínimo y desde luego extremadamente temporal que puede tener un desarrollo de software libre es el debido a haber innovado y mejorado algo. Pero dura poco como renta. Cuando haces algo bueno y lo liberas, ganarás prestigio, obtendrás más pedidos… durante un tiempo. Son rentas que se extinguen solas. Como media, el mercado de software libre remunera a los que producen en él, el valor de su trabajo, con un pequeño extra si innovaron lo suficiente como para «hacerse un nombre».

La buena noticia, este ciclo no es exclusivo del software libre.

Primero fueron otros bienes intangibles basados en conocimiento, desde música a novelas pasando por libros de texto. Pero en los últimos tres años han estallado cada vez más proyectos que buscan fabricar cosas.

A fin de cuentas, el valor hoy de un objeto en el mercado es en su mayor parte diseño, tecnología, ingeniería… todos ellos también intangibles.

Por eso ya no hablamos del sistema de producción de software libre, sino de modo de producción p2p, e igual que sirve para producir software sirve para producir objetos materiales y todo tipo de servicios.

En los últimos tres años se han multiplicado los proyectos de fabricación industrial basados en las posibilidades de una alta productividad a pequeña escala sobre un procomún de conocimiento técnico. Es decir: pequeña escala de producción, altísimo alcance (porque el comunal es por definición universal).

Solo el proyecto «Open Source Ecology» trabaja en el diseño de 40 máquinas industriales básicas libres: desde un generador eólico a un tractor pasando por una máquina de hacer ladrillos.

Pensamos que estas tecnologías, aunque todavía un poco verdes, pueden ser una base válida para enfrentar los efectos de la crisis financiera en el tejido productivo local tradicional, en el de la micro y pequeña empresa industrial, desde los talleres de barrio a las fábricas de componentes.

Y finalmente, volvamos al sistema comunal tradicional. Tanto el modelo histórico como el p2p se basan en una forma distinta de propiedad: el comunal.

Pero mientras en las colectividades históricas el sujeto de esa propiedad, el que podía explotarla y usarla era una comunidad concreta de personas unidas físicamente en una localidad, ahora:

  • esa posibilidad de uso y explotación es universal
  • el trabajo y las comunidades que lo hagan no se definen necesariamente desde lo local, sobre un territorio, sino sobre una red, como se puede ver en cualquier proyecto de software libre o de industria p2p
  • y lo que haga cada uno, lo que aporte cualquiera, revierte directamente a todos a través del nuevo comunal de conocimiento que por propia naturaleza es universal.

Conclusión

El modo de producción p2p es el heredero de una riquísima tradición comunalista que viene desde la premodernidad. Pero es hijo también de la modernidad y del increíble desarrollo de productividad que el capitalismo nos ha legado. Tiene sus propias lógicas, lógicas que se basan en la abundancia y no en la escasez de los viejos sistemas de gestión política, incluso comunitaria. Es una gran máquina de crear bienes públicos y universales sin necesidad de estado. Distribuye el desarrollo y la posibilidad de producir sin confinar a las personas en un territorio ni adscribirlas a una comunidad por nacimiento.

Definitivamente, podemos estar muy orgullosos de las formas comunales del pasado, ahora, el modo de producción p2p señala un futuro con el que, seguramente, hubieran querido soñar las viejas generaciones libertarias.

«Colectivizaciones y modo de producción p2p» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 6 de noviembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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