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¿Cómo contar el progreso?

El elemento unificador del gran viaje hacia la abundancia de nuestra especie no es un «pueblo» ni un sistema, no es «Occidente» ni una ahistórica epopeya del capitalismo y los mercados. Pocas cosas tan perecederas como pueblos, sistemas o mentalidades a lo largo de la Historia. Lo común son las necesidades, al tiempo cotidianas e históricas, definidas en la batalla por eliminar el dictado de la necesidad.

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El otro día llegamos a la idea de que para hacer una Genealogía de la Abundancia no nos valía un relato histórico lineal, una mera cronología dividida en fases. En su lugar optamos por destacar una serie de «atractores» que darían coherencia, atrás y adelante en el tiempo, a distintas tecnologías y formas sociales.

El descubrimiento del molino de agua es muy anterior al de la brújula, pero en nuestro esquema preliminar de atractores, la brújula se relacionaría con «creación del mercado mundial» y el del molino de agua lo haría con «industrialización». Y aunque la industrialización marque los siglos XVIII, XIX y XX no todas las tecnologías desarrolladas en la época están orientadas a poner en marcha o reforzar la revolución industrial, algunas tan importantes como el sextante -o más tarde el GPS- siguen vinculadas a la creación de una red mundial de intercambios capaces de englobar a toda la especie: el mercado mundial.

Es cierto que hay fenómenos históricos y sociales que constituyen verdaderas incubadoras tecnológicas orientadas a un único propósito. La «Revolución comercial europea» del siglo X al XIII es todo un ejemplo: las mejoras de los sistemas de tiro en el transporte terrestre se verán pronto acompañadas de la vela latina, el timón de codaste, la brújula y las nuevas cartografías al servicio de los navegantes, pero también de las tecnologías sociales capaces de recabar recursos en el espacio y el tiempo para tomar y reducir riesgos: letras de cambio, hawala, seguros… Todos estos desarrollos articulan tal cantidad de recursos que requieren sistemas contables de nuevo tipo -nacen la contabilidad de doble asiento y con ella los libros de balance y pérdidas y ganancias- y estructuras integradas de coordinación comercial y productiva capaces de expandirse por encima de todo tipo de fronteras: las «compañías» genovesas, las redes de filiales, etc.

De esta manera se entiende bien la empresa medieval, tanto en su forma comercial -la compañía- como en su forma «industrial» -el Arte- como respuesta a las necesidades de mercados de larga distancia, superponiéndose primero y absorbiendo después las formas de la producción local -gremios, artes menores, trabajo doméstico agrario, etc. Y si vamos aun más atrás en el tiempo, cabe decir lo mismo de las «societates publicanorum» romanas en comparación con los «collegia» locales.

De hecho, desde la aparición del préstamo con interés en Sumer hasta las primeras sociedades industriales inglesas pasando por la primera sociedad por acciones, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (1602), la epopeya de la «conquista del tiempo» por la innovación financiera estará dirigida por el afán de conectar mercados por encima de las unidades políticas dominantes en cada época y repetirá de distintas formas los mismos «descubrimientos»: participaciones de capital, transferencias virtuales de recursos, sistemas contables… solo cuando estudiamos las tecnologías navales podemos hacer un relato de acumulación y desarrollo más o menos lineal del conocimiento y, a veces, ni eso.

Conclusiones

El relato del progreso, del camino hacia la solución del problema económico por nuestra especie durante los últimos docemil años, es el relato de la respuesta a un problema inherente a nuestra especie: cómo reducir al mínimo el trabajo necesario para producir aquello que necesitamos para vivir hasta el punto de hacerlo irrelevante en la vida de las comunidades humanas y de sus miembros. En ese camino y en el marco de las sociedades mercantilizadas que nacen con la revolución agraria, aparecerán una y otra vez los mismos objetivos: el primero cómo convertir las fuerzas naturales (desde el curso de los ríos a la energía atómica o los rayos solares) en movimientos capaces de sustituir el esfuerzo físico… y recientemente el intelectual; el segundo, expandir y en el límite, unir a toda la especie en una única red de intercambios planetaria no solo para poder utilizar el mayor número de recursos sino también para reforzar el primer objetivo mediante la especialización.

Las respuestas unas veces serán originales y otras se «reinventarán» una y otra vez, unas veces se perderán y otras servirán de base a las siguientes innovaciones. La resultante ha sido una acumulación de conocimiento y capacidades de transformación, pero el relato del proceso no puede ser lineal porque hasta muy recientemente no ha sido en realidad un único proceso, sino el resultado de la convergencia de muchos. El elemento unificador del gran viaje hacia la abundancia de nuestra especie tampoco es un «pueblo» ni un sistema, no es «Occidente» ni una ahistórica epopeya del capitalismo y los mercados. Pocas cosas tan perecederas como pueblos, sistemas o mentalidades a lo largo de la Historia. Lo común son las necesidades, al tiempo cotidianas e históricas, definidas en la batalla por eliminar el dictado de la necesidad.

«¿Cómo contar el progreso?» recibió 9 desde que se publicó el Domingo 19 de Febrero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Con esta serie me siento más cómodo leyendo la palabra “progreso” en el blog, se distancia del relato lineal (y triunfal) que culminó en los campos de exterminio nazis.

  2. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Yo creo que del pensamiento ilustrado, Turgot, Condorcet, etc. y de aquí pasa a los etnocéntricos y aquellos que justifican el statu quo porque ellos están aquí y son los mejores porque son los últimos y herederos del progreso lineal, y su presencia queda legitimada así, precisamente porque gracias a ellos estamos donde estamos (pura tautología) y porque el hecho mismo de que estemos donde estamos y todos sea tan perfecto o lleve camino de serlo, justifica las víctimas o las injusticias cometidas. Es que en el colegio y en la universidad nos enseñan eso precisamente, todos los relatos son lineales, históricos, hagiográficos, como si todo fuera puro determinismo. Una mirada cibernética ayudaría a entender mejor la historia y el progreso. Si a ello le unes el darwinismo social pues ya tienes la clave de ese concepto lineal, determinista, inexorable y triunfalista del progreso.

    • Qué liberador sigue siendo Marx, la verdad…

    • Por cierto, que casi prefiero esa visión escolar que cuentas, fácilmente matizable y criticable, a lo que veo que sucede ahora en a uni. El otro día en una entrevista una chica que había estudiado Humanidades nos decía orgullosa que no había estudiado Historia sino su crítica de género, es decir que el único elemento en común que había sacado de toda la Historia de la especie era… la permanencia del patriarcado. No les preguntes cuál es la diferencia de naturaleza sistémica entre patriarcado y capitalismo, porque ni siquiera reflexionaron sobre ello. Es idealismo del de toda la vida, claro, pero un idealismo sin virtud hegeliana alguna, incapaz de ver nada más que la teogonía de las comunidades imaginadas del género, la raza, etc. incapaz de valorar la experiencia humana en términos materiales, de entender la diferencia en las relaciones de poder que se establecen en un marco de patrones culturales móviles y las que lo hacen en el corazón de las relaciones económicas (cuyos cambios no obedecen a voluntarismos sino a posibilidades factuales). En fin, que de una historia justificadora se ha pasado en la uni a una historia indignada y voluntarista al tiempo, aun más desempoderadora para el estudiante e invisibilizadora del capitalismo y su papel.

  3. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    También aparece en la crítica que de la filosofía del progreso realiza la Escuela de Francfurt, por ejemplo Hockheimer y Adorno en la Dialéctica de la Ilustración, o también en El Hombre Unidimensional de Marcuse.

    • Ay! Ahí confieso mi sesgo, no los soporto ni a la EdF ni a Marcuse… me sale la fobia… y cuanto más pasa el tiempo más me doy cuenta de que, especialmente Marcuse, pero también sus compañeros francfurtianos fueron en realidad los armeros de esa nefasta generación del sesenta y ocho que destruyó a base de cinismo y banalidad las pocas cosas decentes del mundo de postguerra… de aquellos polvos sesentayochistas esta desigualdad, estas identity politics y estos trumps…

  4. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    jaja. Entiendo que te caigan gordos. Yo no veo tan clara la conexión con los del seseintayocho. Bueno, es verdad que Marcuse sí. Pero los otros siempre cargaron con su experiencia traumática con el nazismo. Se creían herederos de la ilustración, orgullosos de haber vivido y haberse criado en el ambiente más culto del universo, y zas!, ahí mismo nace el nazismo y los campos de concentración, la inhumanidad más abyecta. Todo su pensamiento es un drama que a mí me mortifica y rehuyo, aunque también valoro muchas de sus páginas, pero ese tufillo elitista y escéptico no lo soporto. Os recomiendo la película de los hermanos Cohen, Ave César, sólo por las escenas en las que aparece retratada esta secta intelectual en un chalet californiano al borde del mar: casi se reconocen a Adorno y demás: SUBLIME.

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