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Cómo destruir una sociedad igualitaria en tres pasos

O lo qué es lo mismo: qué tres condiciones han de darse para que surja una tecnocracia que tome el poder político y finalmente se adueñe de lo común convirtiéndose en una nueva burguesía.

kibutzEn posts anteriores de esta serie hemos ido reconstruyendo la configuración del modelo comunero moderno en la Palestina colonial y cómo, la particular situación del Yishuv tras la guerra Mundial y el Genocidio acabó haciéndole perder su autonomía en los años cincuenta. En este post cerramos el ciclo histórico del kibutz intentando entender la cadena de acontecimientos que arrancando entonces acaban con la privatización bajo distintas formas de más de 2/3 de las comunidades existentes entre los años 80 y 2010. Seguiremos para ello el que es seguramente el mejor trabajo publicado sobre el tema en una lengua occidental, «las investigaciones sobre la tecnocracia kibutziana de nuestro amigo Menachem -Manolo- Topel, que parece ser de los pocos historiadores que todavía entienden que las cosas no «ocurren» impersonal, desubjetivadamente, sino que hace falta un «quién» que las impulse primero y las realice después.

1. Escala sobre-comunitaria

La escala había sido el gran tema de debate en el movimiento comunitario hasta la guerra mundial. Por un lado las kvutzot que seguían el modelo original de Degania, agrupadas en Hever HaKvutzot, defendían que las comunidades debían mantenerse, en principio, por debajo del número de Dunbar, diversificando su economía del modo que fuera posible para alcanzar productividades aceptables. Por otro, los dos grandes movimientos kibutzianos oponían a la pequeña «kvutza» la idea de «kibutz», es decir, que la propiedad y la soberanía no debía estar en cada comunidad sino compartida entre todas de modo que fuera posible agrupar recursos para industrializarse y alcanzar productividades mayores en la perspectiva de convertirse en una opción social y económica viable capaz de absorber en algún momento a toda la población en un modo de vida comunal y colectivista.

fundadores kibutz MalkiyaEl debate fue zanjado por las imposiciones del contexto histórico: aunque Degania y Hever Hakvutzot intentaron crecer horizontalmente, compartiendo recursos pero creando nuevas kvutzot con los emigrantes y refugiados que llegaron a final de los años veinte, las oleadas de refugiados producto de la guerra, el genocidio y la expulsión de los judíos de los países árabes tras la independencia de Israel, pusieron la prioridad en adaptarse a un crecimiento impuesto que retrotraía las condiciones de vida de todos los comuneros a una precariedad muchas veces extrema. El crecimiento en escala, una de las claves en la definición del modelo en los años 20, fue así parejo a la pérdida de autonomía del movimiento y su absorción por el estado.

Como resultado, en los años cincuenta en casi todos los asentamientos se ha sobrepasado la escala comunitaria. Como es inevitable cuando esto ocurre, el liderazgo político y administrativo tiende a distanciarse del común y debilitarse. Esto ocurre además en un momento en el que buena parte de los líderes históricos del kibutz se han convertido en «kibutznik de fin de semana» y están «cedidos» al estado recién nacido. Otra expresión de a pérdida de autonomía a favor del estado.

ginegar kibutzAtender la avalancha de nuevos refugiados en un contexto de guerra abierta con los países vecinos, no solo puso en el centro al estado, redefinió al kibutz en función de las urgencias de este en nombre de la emergencia humanitaria: no había manera de absorber en las estructuras kibutzianas existentes entonces a tal cantidad de nuevos miembros. En un país cercado y bloqueado por los demás de su entorno, lo que se esperaba y exigía de los kibutzianos era que aportaran aun más a la capacidad productiva en general y a la agrícola en particular para responder a las necesidades de la masa de nuevos ciudadanos.

Es decir, los cincuenta no solo ven el cambio de escala y la la pérdida de autonomía en un momento de crisis ideológica, sino que imponen por primera vez la contratación de técnicos y gerentes en el mercado para poner en marcha a toda velocidad nuevas unidades productivas.

2. Emergencia de estructuras descentralizadas sobre las centralizadas

kibutz genosar produccion y ocioTodas las comunidades son redes distribuidas perfectas (todos se relacionan con todos), centralizadas a la hora de la decisión en torno a una asamblea. Esa forma básica se rompe por delegación en subgrupos que se institucionalizan, un efecto clásico de alcanzar la escala sobre-comunitaria. Si tomamos las grandes organizaciones kibutzianas, Hever Hakvutzot se organizaba como una red distribuida -con multiples relaciones entre las diferentes comunidades- mientras las demás intentaban crear sistemas de control democrático centralizado que optimizaran el uso de recursos.

asamblea kibutzPero la naciente tecnocracia verá inevitablemente en el control por la asamblea de kibutz nacional y de la kvutza local como un problema. La lógica de la asamblea es inevitablemente distinta de la de la «función gestora» y sus principios de maximización. En el kibutz además según Topel «son leales a la normas de consecución de tareas, modo de vida ascético y colocación de recursos en la producción» pero «no se sentían comprometidos con cuestiones relacionadas con la igualdad o la participación democrática». En un terreno subjetivo además se sentían en cuestión por unas asambleas que asumían activamente su centralidad e imponían la rotatividad en las responsabilidades electas. Dicho de otra forma: eran un cuerpo extraño, una burocracia profesional en un sistema que llevaba en su esencia el fin de la división del trabajo y la dirección -y no solo el control- democrática de la producción.

La respuesta tecnocrática será impulsar estructuras regionales compartidas, justificadas sobre la necesidad de escala. Estas nuevas estructuras se moverán en un limbo donde ni las direcciones nacionales ni las asambleas locales tendrán control directo. Es un espacio político-económico propio y descentralizado construido en los intersticios de los viejos sistemas kibutzianos. A partir de ellos la tecnocracia ganará peso e influencia legitimándose en el puro aporte económico de los resultados de estas estructuras, en sus necesidades de crecimiento y sobre todo en la creación de nuevas estructuras de mando con sus consecuentes gestores.

kibbutz kinneretLa lógica de la gestión -asociada al objetivo del bienestar- se opondrá crecientemente a la lógica «ideologica» de las generaciones fundadoras. Es el debate que aparece reiteradamente como «el kibutz: ¿camino u hogar?». Cuando en los 70 la derecha llegue al poder en Israel, segando el estado del bienestar y la complicidad con los kibutz, estos perderán su tratamiento preferencial por parte del estado y la élite «política» comunitaria de cargos electos perderá su capacidad para competir en influencia interna con los tecnócratas. El terreno de legitimación era ya casi exclusivamente el «aporte al bienestar» en el que los tecnócratas habían construido su legitimidad. El orgullo comunitario se vio superado paulatimanente por una sensación de dependencia: la «atrasada» producción comunal igualitaria tenía que supeditarse de forma natural a la «modernidad» y «rentabilidad» aportada por las élites tecnocráticas industriales.

3. Desideologización y valores sesentayochistas

voluntarios en el kibbutz Massada en 1981El desarrollo de las industrias regionales ligadas al kibutz supondrá dos cosas: aparece una nueva élite con un modo de vida desentendido de los valores kibutzianos pero inserta en él y se acepta la necesidad de formar cuadros para «tareas directivas» que hasta entonces se habían entendido rotatorias. «La gestión pasó de ser una forma de liderazgo a un puesto de trabajo» asegura Topel. Como resultado los jóvenes del kibutz de los sesenta exigirán primero estudiar en las universidades, viajar al extranjero y finalmente diseñar la estructura productiva del kibutz en función de las necesidades de «autorrelización» profesional en vez de al revés (estudiar y aprender para resolver problemas compartidos) como había sido en la tradición de la kvutza. Siempre presentándose como posibles «mediadores», la tecnocracia creará sus propias universidades cooperativas dentro de la estructura kibutziana: la élite gestora había encontrado un modo de reproducción de la tecnocracia controlado por sí misma… y encima había que darle las gracias.

kibbutznikEl impacto cultural es brutal y toma las formas del vitalismo sesentayochista: individualismo hedónico y «libertario», desautorización de las asambleas por los «grupos íntimos», cada vez más identitaristas, que siguen a distintas teorías psicológicas y un abierto desdén por la «ideologización» de la generación anterior. Se está preparando un terreno en el que lo ideológico se opone a «lo técnico», en el que las necesidades de la gestión se enfrentan a las de la comunidad, pero en el que lo comunitario está inerme porque el sujeto ya no es la comunidad, la kvutza, el grupo íntimo de complicidades donde todos cuidan de todos haciendo crecer lo común, sino el individuo sesentayochista, buscando un ser esencial a través del disfrute de su autorrealización, presuntamente única e independiente de quienes le rodean y a las finales mesurable en ese «diferencial» de pequeños privilegios que acabará reclamando un salario que lo refleje. La ideología de los gestores se ha hecho generacionalmente hegemónica.

salon kibbutzLa crisis económica israelí del 85 encuentra a estos jóvenes convertidos en tecnócratas, formando sólidos grupos informales con gestores contratados y defendiendo el «trabajo externo» y los «salarios diferenciales». La crisis económica no solo les da un nuevo protagonismo como posibles salvadores sino como responsables electos por las asambleas en recambio de la vieja generación. El discurso sobre la necesidad del kibutz de «ponerse al día» con el resto de la sociedad israelí -entonces en plena transformación neoliberal- se hace mayoritario. El cambio generacional es la antesala de la privatización y la privatización el paso del kibutz de estructura comunitaria a propiedad privada de sus antiguos gestores.

Conclusiones

en el camino aharon giladi kibutzSeguramente más de un lector encontrará paralelismos con la evolución de grandes grupos cooperativos más cercanos. Sin duda la experiencia de la kvutza y el kibutz, por la radicalidad y alcance de su apuesta original, contiene formas y procesos que hemos visto en la descomposición de muchas otras estructuras igualitarias en el cambio de siglo. Lo importante sin embargo hoy es sintetizar estos tres grandes prerequisitos para la aparición de una burguesía tecnocrática desde la comunidad igualitaria. Y cerrarle el paso.

«Cómo destruir una sociedad igualitaria en tres pasos» recibió 5 desde que se publicó el sábado 22 de octubre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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