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¿Cómo dirigiría un filósofo tu empresa?

Si le pidiéramos a un filósofo un modelo de gestión que atendiera a lo que las empresas necesitan hoy, seguramente nos sacaría de los platónicos programas de ayuda a la PYME gubernamentales, propondría una forma de trabajar que tendría mucho de estoica y el resultado, al cuajar, tendría un aire de familia con nuestra querida Nintendo.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

banquete filosofico
En un post reciente Natalia Fernández nos ha explicado el sistema Toyota que se aplica en los sistemas de calidad (LEAN, EFQM, etc.) que las administraciones y las consultorías llevan a las empresas.

Los modelos de gestión

Modelo EFQMEn estos modelos, todo empieza con el «liderazgo», es decir, con una «idea» que al llevarse a la práctica materializará inevitables errores en la cadena de producción, en la relación entre los equipos, en la comunicación, etc… Osea, se degradará. Solo mediante un férreo sistema de «ciclos de mejora» y balance, la mejora incremental continua irá acercando el producto al objetivo original. El futuro deseado es una vuelta a la idea primigenia, pura, al pasado.

Comparémoslo con el pensamiento ontológico platónico que comentábamos en el post sobre el estoicismo:

El núcleo central del platonismo es la teoría de las ideas. Según ella, el mundo que percibimos es solo una representación de un mundo abstracto de ideas inmutables. Todo lo que para nosotros es «real» solo es una forma degradada respecto a su origen. Esta importancia de la naturaleza ideal y originaria de las cosas (ontología) ha dado forma a muchas ideologías que hoy nos rodean. Para el pensamiento ontológico cristiano, heredero del platonismo, las cosas son puras en su origen, pues las ideas son creaciones divinas, y su «paso» por el mundo no es más que una degradación, que solo cobra sentido si su historia se entiende como el camino hacia una restauración, a una vuelta al origen. Este origen sería Dios en la visión del tiempo de los cristianos, pero el formato aparece bajo multitud de avatares: la clase que se emancipa emancipando a toda la Humanidad en el marxismo, la patria que recupera su esencia originaria a través de la afirmación de un estado propio en una identidad culturalmente «purificada», etc.

Fábrica ToyotaSí, sin duda es el mismo esquema de pensamiento, la misma visión esencialista, ontológica del mundo.

Digámoslo claro aunque sea a lo bruto: Toyota es platónica. Cada producto reproduce el ciclo de la creación divina: comienza en la mente del líder/Dios con una palabra. Cuando pone a todos a trabajar en ello arranca la Historia del producto. Pero la primera versión no es perfecta. Hay un pecado original que ha de corregirse. Y luego otro y otro y otro. En una mejora ciclo a ciclo que conduce, en los límites del tiempo, a la «calidad total», un mítico Edén donde la criatura real se reconcilia finalmente con su creador. Un momento trabajosamente alcanzado y rigurosamente traducido a «procedures» -las nuevas tablas de la ley- a lo largo del tiempo.

La alternativa Nintendo

Pero Natalia en su siguiente post nos planteaba una alternativa, Nintendo, y un modelo que parecía arcano «intentarlo una y otra vez hasta dar con un éxito… sin dejar de buscar nunca». Nos cuenta Nat que el pensamiento de Yamauchi, el creador de la Nintendo que conocemos, era una praxología: en vez de mirar atrás todo el tiempo para contrastar con el «plan original», se preguntaba al ver el resultado de cada movimiento «¿y ahora qué nueva cosa podríamos hacer que antes ni se nos ocurría, cómo convertimos ese conocimiento en nuevas ideas que nos permitan hacer nuevas cosas y aprender más?». De hacer naipes no saldrá hacer mejores naipes, más cercanos al ideal platónico de «el naipe», sino juegos sociales, y de los juegos sociales aventuras de rol con pistolas laser, y de ahí consolas de juegos, y de ahí…

personajes-nintendoEstamos en el mundo de los estoicos, porque para ellos el verdadero sentido de la vida era conocer y aprender, algo que según Séneca constituiría la «elevación» o verdadera divinización del hombre. Recordemos cómo eso les llevaba a tener una visión «tecnológica» y «praxológica» en vez de «ontológica» como a los platónicos:

Estoicos y epicúreos estarán en el extremo opuesto de la visión ontológica del mundo (…) Para los estoicos lo que importa no es «restaurar» nada (…) la relación con la Naturaleza del estoicismo será ante todo «tecnológica», pues no buscará una «vuelta a los orígenes», sino un alineamiento entre lo posible en el entorno y lo necesario para las personas a través del conocimiento científico. Y del mismo modo, en lo social generará una «praxología» que desarrollará la ética de la virtud-conocimiento donde quiera que el estoico se desempeñe, sea en una pequeña comunidad filosófica o en las magistraturas del Imperio

Pequeño off topic ludópata

YamauchiHay un link con algo más que apunta Nat: Yamauchi, el hombre que dio forma a Nintendo, era un apasionado del Go que aplicó la mentalidad del juego para revolucionar la Nintendo original, que hacía naipes. Según un reciente libro de Florence Coppin y Morgan Marchand el Go es la materialización lúdica de la antítesis del platonismo, el producto de un tipo de pensamiento no-esencialista y no-lineal orientado a la acción y que privilegia el «qué podemos hacer» sobre el «cómo llegamos hasta aquí». Según sus propias palabras: una praxología y no una ontología.

La mejora incremental en los modelos democráticos de empresa

sonrieEl artículo de Nat sobre Toyota es contundente: «hacer lo mismo un poco mejor cada día, no es innovar». Dicho en otras palabras: mejorar poco a poco es una forma de engañarse y seguir contentos derechito, derechito hasta el desastre. ¿Qué pasa cuando se juntan una visión platónica del mundo con el toyotismo y la democracia en la empresa?

Si el sistema de mejora incremental necesita algo es ese tipo particular de comunicación que se llama transparencia. Juan Urrutia apuntaba esta semana cómo eso conduce a una homogeneización total. Y la homogeneización multiplica el inmovilismo de los métodos de gestión, vaciando la democracia interna de significado. El resultado no es en absoluto una novedad como sabemos por la experiencia histórica: la unión de sistemas basados en el ciclo platónico de la mejora incremental con sistemas participativos de gestión produce necesariamente nuevos caudillismos, nuevos padrecitos que pondrán cara al camino hacia el desastre:

¿Pero quién se va a atrever a plantear algo distinto, algo nuevo? Una democracia económica así, sea un soviet, una cooperativa o un comité, es un excelente sistema de control, donde todos, o al menos bastantes, pueden controlar todo el proceso. Pero podemos imaginarles, ante el reto de hacer algo rompedor, de enfrentar una situación nueva. ¿Hacia dónde iban a mirar? Hacia el lugar de donde vienen las reglas, hacia «arriba», buscando refugio en una estructura que no teme tener siempre opinión, deseando encontrar cohesión, tal vez, en el culto de un líder providencial o de un «padrecito».

Conclusiones

karl-popperKarl Popper, uno de los filósofos más interesantes del siglo XX, apuntó ya en «La sociedad abierta y sus enemigos» como el pensamiento ontológico, de Platón a Marx, había sido una verdadera lacra para la historia de Europa y Occidente. Podríamos hacer desde luego un apéndice aplicado al platonismo y sus taras para la gestión de empresas. O podríamos renegar del pensamiento filosófico europeo.

Desde luego, el peso del platonismo ha sido tan fuerte en todas las dimensiones de la cultura occidental que no son pocos los que han buscado refugio en tradiciones que pretendían «incontaminadas» en Asia, sobre todo el Tao o algunos de sus derivados como el budismo Zen. Pero seguramente Popper nos recordaría que aunque hay otras tradiciones de pensamiento «no ontológico», no esencialista, praxológicas, es precisamente la que se imbrica con estoicos y epicúreos en las raíces mismas de lo que se entiende por Europa, la única que sabrá pensar la relación con la Naturaleza en términos no solo prácticos, sino tecnológicos. Entenderlas como un equilibrio capaz de crecer sobre aquello que para el estoico significa el verdadero motor de la vida tanto de las personas como de las sociedades: el aprendizaje y el conocimiento.

Desde el punto de vista de una empresa, del tipo que sea, la alternativa al platonismo de los ciclos LEAN no puede ser el paso a una relación contemplativa con el mundo. Las empresas tienen que satisfacer necesidades –de sus clientes, de sus propietarios, de los que trabajan en ellas, de la sociedad, del entorno…– y eso no se consigue sin traducir a la práctica (tecnología) lo que se aprende de interactuar con lo que las rodea. Esto es lo que significa innovar: traducir lo aprendido en nuevos usos, productos y herramientas que a su vez permiten aprender más.

Así que si le pidiéramos a un filósofo crítico como Popper un modelo de gestión que atendiera a lo que las empresas necesitan hoy, seguramente nos sacaría de los platónicos programas de ayuda a la PYME gubernamentales, propondría una forma de trabajar que tendría mucho de estoica y el resultado, al cuajar, tendría un aire de familia con nuestra querida Nintendo.

«¿Cómo dirigiría un filósofo tu empresa?» recibió 8 desde que se publicó el Martes 15 de Abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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