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Cómo el Weiqi conquistó China

Durante siglos el weiqi estuvo considerado una práctica moralmente peligrosa e intelectualmente pobre. Para ganar la consideración de las élites chinas los intelectuales amantes del Go tuvieron que reformar la teoría del estado imperante durante más de mil años y hacer un relato que sigue fascinándonos hoy

Fu BaoshiComo las primeras noticias sobre Go llegaron a Europa en el siglo XVII de la mano de Mateo Ricci, tendemos a asociar el juego a las clases ilustradas chinas. Y efectivamente, en tiempos de Ricci el Weiqi hacía siglos que era parte del shi yi, el quadrivium que estudiaba toda persona culta y por tanto toda la clase dirigente. Más allá, a Ricci le sorprendió que tener un alto nivel de juego fuera interpretado como un signo de integridad personal, y que los buenos jugadores fueran invitados a todas las casas sin más credenciales que sus resultados sobre el tablero.

Paisaje y partida de weiqiPero no siempre había sido así. Y de hecho los primeros comentarios escritos sobre el juego son más bien despectivos. Y lo que es más importante, sus autores no eran precisamente marginales, sino los mismísimos Confucio y Mencio. Y si para el primero jugar al Go solo era un poquito mejor que no hacer nada, para el segundo se equiparaba al alcohol en su capacidad destructiva para las familias. Aun peor, los radicales de la época, los moistas (siglo V AeC), lejos de ser más tolerantes, lo eran aun menos y de hecho abogaron por su prohibición -junto a la de música- en el ejército.

Durante siglos, los argumentos que trataron de alejar a las clases dirigentes del Weiqi solían remarcar que «no hay nada en el tablero que recuerde a cómo dirigir una prefectura (…) ni dirigir un ejército» y entre los no pocos ensayos escritos contra el juego no faltó quien viera preferible «las campanas o las bellas ropas imperiales a cualquier ficha sobre un tablero». Aún peor, la argumentación dominante que se apoyaba en Mencio, argüía que ganar el juego requiere engañar al enemigo, invadir su territorio y por tanto educa en valores en sí mismos «perversos», propios de una época anterior, la de los «estados combatientes», asociada a un pérfido maquiavelismo. Pero como escribe Paolo Zanon:

Eso no significa que los ilustrados no estuvieran fascinados con el weiqi: nos han llegado treinta y cinco poemas sobre el juego de la época Tang, mostrando cuánto gustaba a la élite ilustrada pasar el tiempo jugando weiqi. Es significativo que no haya ensayos en prosa sobre el weiqi durante este periodo. Esto sugiere una posible dicotomía entre la condena pública oficial y el placer privado del «vicio» del weiqi. Expresar pensamientos estéticos en poemas, yendo más allá del argumento racional, se había convertido en la única manera de expresar el sutil placer de ser absorbido por el tablero.

Las bases del weiqi

cuatro-placeresHubo que esperar hasta los tiempos de la dinastía Song (960 EC-1279 EC) para que la lógica del poder cambiara. Es en ese momento cuando aparece la primera escuela neoconfuciana, un grupo de filósofos y escritores reformistas que buscaban recuperar el núcleo de la doctrina confuciana del buen gobierno aggiornándola a una sociedad que era ya muy distinta a la que conoció el maestro en el siglo VI AeC.

Dentro de ese marco, Ouyang Xiu publica su libro «Sobre los fundamentos», una obra clásica de la teoría de la administración del estado donde defiende que la gestión de lo público debe recaer exclusivamente entre los ilustrados, pues solo ellos pueden entender los fundamentos de los buenos gobiernos de otras épocas y distinguir entre los formalismos de la máquina estatal y los significados profundos de rituales y prácticas históricas. La obra de Ouyang Xiu abrió un período de debate sobre los «fundamentos» de todas las instituciones y lecturas del pasado imperantes en la época. El resultado más conocido fueron los famosos exámenes imperiales, el primer sistema de oposiciones y funcionariado meritocrático. Pero también la rehabilitación pública del Go y su transformación en un símbolo de las nuevas clases ilustradas.

El momento vendría con «Las bases del Weiqi en 13 capítulos» de Zhang Jing, donde se arguye que en el Weiqi, el modo de jugar expresa el modo de ser y la naturaleza moral del jugador, y lo que es aún más importante, que un jugar honesto es más fuerte, más poderoso en el tablero que otro basado en la distracción y el artificio.

Zhang Jing inaugura entonces una nueva lectura del Go que parte de reparar en que, al estilo de las recomendaciones de Sun Tsu, la mejor victoria nace de evitar el combate, que -al modo de Lao Tse- el autoconocimiento de las propias debilidades es la mejor estrategia o que cada movimiento está dotado de significado. El tipo de lectura, que descubren por sí mismos muchos de los que se aproximan hoy por primera vez al juego y que no puede resultar más fascinante.

Y por si no fuera suficiente, recupera en su primer capítulo la poderosa simbología cósmica del juego: desde un punto central nace el espacio y con él los puntos cardinales, pero también el tiempo -los días- agrupados en estaciones; tras ese big-bang rememorado cada vez que el tablero se instala sobre una mesa, en el estático y tranquilo mundo resultante, se moverán inquietas las piezas, pues cada individuo es libre -aunque no impune- para ser y materializarse como quiera en el fugaz tiempo del juego y la vida.

jugando weiqiEl reto confuciano, las acusaciones de inmoralidad, de inutilidad para aprender nada digno del servicio público, acabaron entonces en seco. China integraría el juego en la educación de sus dirigentes y sus clases cultas hasta la revolución cultural y desde China se expandiría por todo el lejano Oriente.

Y lo que es aún más importante, desde entonces el Go es considerado no tan solo un juego, sino una forma de expresión íntima y pública a la vez. Forma que es tanto más acabada y potente, más bella, cuanto más íntegra y responsable.

«Cómo el Weiqi conquistó China» recibió 1 desde que se publicó el viernes 27 de diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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