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Cómo las grandes tallas vencieron a la industria de la moda

Una breve historia de la pasión industrial por la delgadez y la economía de la anorexia impuesta.

Tara LynnLa industria de la moda ha dedicado todos sus esfuerzos a mantener un canon de belleza sin importarle que ello supusiera dejar a buena parte de la población fuera de su demanda potencial. La esbeltez, la delgadez extrema, permanece como ideal de belleza aún a costa de renunciar a una buena parte de los clientes, especialmente en los EE.UU donde los índices de obesidad son ciertamente alarmantes.

¿Cómo puede sobrevivir un sector que se niega a responder a las necesidades de los consumidores? Jugando con los deseos y aspiraciones de las personas. Pero hay mucho más. Escalas y procesos industriales resultan tan determinantes o más que el juego de querer ser como las modelos de las revistas. Porque son los procesos industriales y las señalizaciones sociales las que dan forma a las modelos.

Guerras, escalas y modelos de belleza

Marilyn MonroeTras la II Guerra Mundial, la Europa arrasada no puede sostener el liderazgo en el mundo del arte… y cada vez le cuesta más en el de la moda. EE.UU comienza a ganar influencia buscando crear un nuevo estilo, diferente del hasta entonces más sobrio y clásico europeo. Como se podía intuir en «El diablo viste de Prada», pero sobre todo en el documental sobre la vida de Anna Wintour, editora de Vogue, el nuevo centro de poder es un entorno muy reducido que se jacta de dictar tendencias a millones de personas en el mundo y poder aupar o hundir a las empresas del sector. Sin duda, es la Edad de Oro de las publicaciones especializadas.

La tendencia se asocia a elegancia, sofisticación, pero sobre todo marca la pertenencia a una clase social. La moda es sinónimo de exclusividad. Desde comienzos de la era Moderna, los diseños, las confecciones, eran una demostración de poder adquisitivo pero también toda una declaración sobre la «inferioridad» de los trabajos productivos. Si la ropa casi no permitía libertad de movimientos, ni de respiración en el caso de las mujeres, era para señalar que no lo necesitaban en absoluto.

Del mismo modo, la alta costura se pensó para un estilo de vida que nada tenía que ver con los ritmos continuos. No hay pie que aguante tanto tacón. No hay pamela misteriosa ni cobertura de red que te permita estar frente a una pantalla. Por eso cada momento del día tenía su etiqueta, desde el pícnic al cocktail, desde la hora del té hasta la cena. Y los trajes se adaptaban a la medida de unos cuerpos, más bien generosos. Porque tener grasa era estar «de buen año» -año con excedentes- y por tanto estar y ser «hermoso». Obviamente, los ricos, siempre eran hermosos.

Cuando los hermosos se convirtieron en gordos

TwiggyTras siglos adorando la redondez, el volumen produce admiración tanto en hombres como en mujeres. Pero con el ocaso de Marylin surge el primer fenómeno global de la moda, la primera top model: Twiggy. ¿Qué ha pasado para que una niña extremadamente flaca no se asocie a la pobreza o al hambre de postguerra? La eclosión de la comida industrial y las grasas baratas. Ahora, en cada vez más países, empezando por EEUU, los pobres… están gordos. Siempre es «buen año» en el estado del bienestar.

Con Twiggy en las pasarelas y Audrey en las pantallas, la estilización y la delgadez se proponen como nuevo estándar de belleza. Empieza la lucha contra las formas. Y no es coincidencia que sea a finales de los 60 cuando se inventa el aeróbic, abriendo un nuevo mercado a toda una sucesión de métodos que prometen lo mismo: esculpir el cuerpo perfecto. Como tampoco lo es la irrupción de las dietas como moda.

Economía de la anorexia impuesta

La demanda global crece sin parar desde el fin de la guerra y la oferta corre por alcanzarla. Las listas de espera por los nuevos modelos de coche son frecuentes en muchísimos países en la época. El crecimiento constante de la demanda alimenta la estandarización y la masificación de la producción. Si se va a vender todo, cuanto más se produzca mejor, más escala, menores precios unitarios, más ingresos totales y más beneficios por pieza. No es tiempo para la «customización». La industria de la moda es una de las primeras en alcanzar escalas globales y atraer capital financiero a la industria de bienes de consumo.

Todo esto en ropa tiene un nombre: «prêt à porter». Patrones iguales, hechos para un modelo ideal fácilmente reconocible, que luego se escala hacia arriba y hacia abajo para hacer las tallas pequeñas y grandes. Nunca quedan igual, claro. Pero a quién le importa si lo que vas a mostrar es el patrón universal, el patrón en el que todo el mundo ha de encajar. Igual que los coches no se adaptaban a los clientes individuales sino a tipologías muy generales (deportivo, turismo, lujo, trabajo) se espera de las personas que se adapten a la moda industrial y no al revés… alteraría la estructura de costes.

La cultura del molde

Barbie vs MujerPor eso, aunque quede en un segundo plano del relato, los sesenta ven la introducción de estilos de vida saludables como secciones fijas en las revistas de moda, asociando el estar flaco con ser estupendo. No es inocente. Y sin embargo en todo este tiempo parece que cuanto más adelgazan las modelos más engorda la población, en EE.UU de forma alarmante, pero también en Europa.

La industria no se inmuta, para qué. Ya se ajustarán. Las tallas grandes son «nicho». No interesan. ¿O sí?

En los últimos años aparecen coches de siete plazas y Apple amenaza entrar en el mercado con una vannette familiar de ocho… En el mundo de la moda las «modelos XL» suben en caché y en presencia mediática como la espuma.

En el nuevo mundo hay sitio para la XL

Tara Lynn Elle¿Qué está pasando? La industria empieza a ser consciente de que las escalas que le dieron el poder y se llevaron el mundo por delante, amenazan con volverse en su contra. Los nichos son ya demasiados y desde hace una década sobran señales de que cada uno de ellos puede convertirse en la cuna de nuevos competidores menor escala pero con un alcance comparable a las grandes marcas.

Así que ahora, los grandes descubren el «nicho» del volumen mayoritario. Como un sargento legionario que vuelve a casa y felicita la Navidad como sabe, a gritos, la industria vuelve a sus clientes del modo en que siempre se relacionó con ellos: saturando portadas, montando franquicias y alentando en reportajes televisivos el «orgullo relleno».

Pero no se engañen. Hemos ganado. Con o sin los gigantes de escala, lo que está claro es que en el nuevo mundo hay sitio para todas las tallas. Las que están fuera del molde, también.

«Cómo las grandes tallas vencieron a la industria de la moda» recibió 3 desde que se publicó el jueves 19 de febrero de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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