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Cómo los icarianos descubrieron el comunitarismo

Cómo y por qué una parte del movimiento icariano hizo la transición del comunismo universalista al comunitarismo

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

viaje a IcariaCuando en 1840 Etienne Cabet publica «Voyages et aventures du Lord Wiliam Carisdall en Icarie», el famoso «Viaje a Icaria», está muy lejos del comunitarismo. La sociedad utópica que describe es de una homogeneidad y un autoritarismo que hoy asustan pero que parecía natural a los obreros de la época, formados a caballo entre los últimos talleres gremiales y las primeras fábricas industriales. De ese ambiente en el que Cabet ha crecido y vivido toda su vida, surgen muchas ideas que luego serán recogidas por el marxismo. Entre ellas de una dictadura «de transición». Pero también el rechazo de la puesta en marcha de comunidades igualitarias de pequeña escala. El mismo «Viaje a Icaria» condena a los fourieristas y a su propio amigo David Owen con un párrafo contundente:

¡Nada de comunidades parciales, pues el éxito no puede hacer bien y la caída, casi segura, haría siempre mucho mal! ¡Solo proselitismo y siempre proselitismo hasta que la masa adopte la comunidad!

Un comunismo pacifista, democrático y nacionalista

bandera icarianaLo que le diferencia de los neobauvistas, los primeros comunistas herederos de la «Conspiración de los Iguales» de la revolución francesa, es su rechazo constante de la violencia y el golpe de estado. En 1841 recuerda a los simpatizantes «icarianos»:

¡Sed hombres de principios antes que revolucionarios! No busquéis vuestra fuerza más que en la discusión, en la capacidad para convencer a otros, en la opinión pública, en la voluntad nacional.

El llamado es constante a lo largo de los años. En septiembre de 1842, cuando organiza la asamblea general de socios de «Le Populaire» y los neobauvistas empiezan a llamarse a si mismos «comunistas» -una palabra creada por Cabet para definir a los partidarios de la gran comunidad social- los icarianos empiezan a llamarse a si mismos «comunistas icarianos» para evitar las confusiones con aquellos comunistas que

rechazan la idea del sistema desarrollado en el Viaje a Icaria, es decir de la soberanía del Pueblo, de la igualdad, de la fraternidad, del matrimonio, de la familia, de la regeneración social por la discusión, por la persuasión, por la potencia de la opinión pública.

En aquel momento los icarianos no solo son mayoritarios entre los que se llaman comunistas, son también el mayor movimiento demócrata-radical de Europa. Su forma de organización no se parece ni a los clubs de la revolución francesa ni a la de los partidos socialdemócratas que nacerán con el telégrafo más de veinte años después. Los icarianos se agrupan alrededor de «Le Populaire», el periódico que dirige Cabet. Alrededor suya, los redactores forman el núcleo ideológico, los más de mil accionistas -obreros cualificados y urbanitas en su inmensa mayoría- forman la estructura de organización y los suscriptores, más numerosos y menos cualificados, un entorno comprometido de simpatizantes que participan en banquetes y difunden el punto de vista icariano. El conjunto que en su capa exterior incluye a los diez mil compradores del «Almanaque icariano», es diverso, con muchos matices en cada lugar y con liderazgos fuertes en cada ciudad de provincias.

La llegada de las icarianas y el descubrimiento de la comunidad

Tiempo de Armonía por SignacLos números, llamativamente grandes para la época, se explican por la presencia masiva de mujeres. Cabet insiste una y otra vez en la igualdad de derechos entre sexos afirmando la igualdad de sus inteligencias y que las mujeres no existen para estar al servicio de los varones como «una suerte de esclavas» del «despotismo del hombre». Su «Viaje a Icaria» ya había tomado la forma de una novela de aventuras para llegar al público femenino obrero que se beneficiaba de las campañas de alfabetización del propio movimiento.

Con ellas el icarianismo descubre una nueva forma de actividad política pública: los picnics dominicales. Miles de hombres, mujeres y niños se reúnen en espacios abiertos por toda Francia para comer juntos, cantar, bailar, discutir, elevar cometas, disfrutar de los juegos de prado… Es esa experiencia, esta exaltación de la familia en comunidad, la que hace a la idea de una sociedad organizada como comunidad creíble. Un pequeño adelanto de la vida en Icaria.

El mito creado por la novela es al tiempo complicidad referencial y tema de discusión. Es en los picnics donde Icaria deja de ser un modelo literario para convertirse en un sueño cercano. La torpeza de la represión, alentada por la agresividad de los medios conservadores irá poco a poco convirtiendo el «qué bueno sería si tuviésemos una pequeña Icaria en estos momentos», en una corriente que quiere dar el salto a la realidad de un «Icaria aquí y ahora».

La nación… de lejos

Icarianos saliendo de FranciaLos icarianos comienzan a sentirse «una gran familia organizada», son cada vez más los que se sienten «un pueblo» y empiezan a pensar que entre la revolución que se acerca y la emigración para construir su propia «comunidad o república» su lugar está en lo constructivo más que en la batalla política, estableciéndose cada vez más una separación entre el deseo de ver Icaria materializada y el sueño, nunca tan satisfactorio, de una «república social» para Francia. Es este sector el que anima por medio del exiliado polaco Louis Krolikowski a Cabet a retomar su interpretación irreligiosa de las ideas de Jesús de Nazaret como un comunitarismo. Al presentar a Jesús no como una figura divina sino como un líder de los trabajadores, el «Verdadero Cristianismo» causa pánico a los censores y los aparatos de la inteligencia del régimen. Se dan cuenta de que puede ser verdadera pólvora en los barrios obreros. Pero en realidad no refleja como ellos creen una nueva línea proselitista orientada hacia los trabajadores menos cualificados. Lo que está ocurriendo es que los icarianos de base están impulsando nuevas metáforas. Pocos se atreven a decirlo abiertamente, pero cada vez son más los que ven a Francia como el Egipto bíblico y su futuro como un éxodo encabezado por Cabet.

Cabet nunca se decantará abiertamente, de hecho oscilará en los años siguientes para desesperación de sus seguidores tanto en Francia como en América, pero a partir de 1846 empieza a dar vía libre a la publicación de artículos que empiezan a expresar que las «comunidades parciales», que es como Cabet llama a las comunidades reales, de escala dunbariana, pueden ser «posibles».

A partir de ahí los argumentos de la corriente que quiere abandonar Europa se despliegan: estas comunidades serían escuelas para la vida en común y lejos de competir con el proselitismo en Francia, reforzarían los argumentos de la propaganda política, etc.

Las aguas del Mar Rojo se estaban abriendo. La presión absurda de la policía política sobre un movimiento pacifista, básicamente cultural y familiar, convertirá el camino abierto en una amplia alameda. En abril Cabet discute con los más cercanos un texto que se anunciará como «la gran confidencia». El 9 de mayo será publicada en las páginas finales de Le Populaire con el discreto título «Confidence-Remède», pero se recordará por su llamamiento final, escrito es mayúsculas: «Allons en Icarie!»

«Cómo los icarianos descubrieron el comunitarismo» recibió 26 desde que se publicó el Martes 3 de Mayo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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