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Cómo perdimos el mundo ~ 07

Mientras en Briga…

IV

El bar de la posada parecía diseñado por un grupo de tramperos del siglo dieciocho que hubiera abandonado a Daniel Boom para montar un club de jazz: paredes de troncos y falso techo de lona cubriendo una sala del tamaño de una iglesia. El escenario tenía enfrente una amplia zona vacía para bailar. Le seguía un patio de mesitas redondas con sillas metálicas acolchadas acompañada por una larga barra de vinilo negro que llegaba casi hasta los reservados y la salida del fondo.

Las luces estaban apagadas. Se encendió un foco sobre Flavia. No necesitaba más que un vaquero y una camiseta blanca para llenar el escenario. Se soltó el pelo. Brilló azul bajo el foco. Los leds de los ecigs del público tililaron nerviosos. Levantó las manos con las palmas extendidas. Era el signo que el sistema de sonido entendería como principio del show. Aplausos. A partir de ahí, sus dedos serían seguidos por una cámara de alta resolución. El ordenador interpretaría los movimientos para el sintetizador y el público oiría una guitarra eléctrica cuando estuvieran bajo el ombligo. Una batería si estaban sobre el pecho. Ni el público ni ella necesitaban ver la virtualización. Las gafas de realidad ampliada en los conciertos habían quedado solo para intérpretes principiantes y espectadores nostálgicos.

Había prometido comenzar con clásicos del siglo pasado. Y todos interpretaron que iba a empezar despacio. Pero no iba a hacer versiones lentas. Los primeros acordes eran un llamado a la adrenalina. Necesitaba desfogar. Los que ya estaban cerca del escenario, en su mayoría gente de fuera que venía para la feria del día siguiente, empezaron seguir el ritmo con la cabeza. Al reconocer la canción, la panda de amigos de Briga saltó también a la zona de baile. Después del primer estribillo estaban ya coreando.

I never liked where we came from
And I tried to fight
We need development rearrangement
We need some dynamite
But if you’ll be my reflection
We’ll let our memories die
And we can drive all night
Drive all night
We got what’s left and we got what’s right
Drive all night…

Al final de la barra, Cras le pasó un vaso plano a Bjorn y le hizo un gesto para ir a sentarse en una de las mesas del fondo, protegidas por una pared de vídrio y elevadas sobre el resto casi hasta la altura del escenario.

– ¿Qué es?
– Whisky de verdad, no sintético, traído directamente en el barco desde la destilería en Irlanda.
– ¿Se toma solo?
– Sí, y a traguitos, saboreando, no como en las pelis.

Se sentaron mirando ambos hacia Flavia. El cristal amortiguaba el sonido lo suficiente como para hablar sin levantar la voz.

– ¿Por dónde empezamos?
– Me gustaría conocer muchas cosas.
– Pregunta lo que quieras, yo te respondo. Pero luego, cuando acabe Flavia iremos a comer algo a la playa. Y ahí nos tienes que contar tú.
– De acuerdo.
– Perfecto, pregunta.
– ¿Qué ha sido lo de hoy?
– Una reunión abierta, las hacemos para la gente de fuera, es una especie de demo general.
– ¿Las de verdad son muy distintas?
– No, solo que van por niveles, hay siete, como los mosaicos del suelo, pero la dinámica es basicamente la que has visto hoy: ejercicios, brindis y cena, normalmente reglada, osea con la intervención de alguien que ha preparado un tema que se debate al final, con los postres. Al final se hace un último brindis y todos se van tranquilamente. Nada del otro mundo -sonrió- Literalmente. ¿No es lo que te imaginabas?
– No, la verdad. Ahí fuera, la imagen que tenéis es de una especie de magos tecnológicos que hacen música sin instrumentos y sintetizan vapores antes que nadie, no imaginaba algo así… como antiguo.
– Ya. Bueno… es una historia un poco larga.
– Cuenta, me interesa.
– Mira, los que comenzaron todo esto, como mis padres, vivían en un mundo donde el poder de cualquier cuento -las ideologías, la religión, la profesión o lo que fuera- nacía de controlar una parcelita de pasado, ser reconocido como su legítimo dueño y contarla como te conviniera. Si no tenías un país en el pasado o si no te identificabas con alguno de los que hubiera, no existías en el país del presente. Cada cual tenía la suya. En España la izquierda tenía la república y la resistencia al franquismo, el centro la restauración, los soberanistas de derechas contaban desde las guerras carlistas, los de izquierdas desde los movimientos obreros de los treinta… Todos ellos se daban en un terreno que a las finales era la nación. Una u otra, da igual, la nación. Y el que tuvieras que comprar un cuento prehecho sobre ella era una forma de aceptar que no había sitio para ti en ella. Era igual en Italia, en Argentina, en Francia, en México, donde fueras.
– Y entonces se fueron a la Antiguedad.
– No, el pasado entero era un campo de batalla superpoblado. En un momento hasta los que hubiera antes de los romanos estuvieron en disputa ¡¡Si hasta hacían estudios genéticos masivos para encontrar de qué tribu tenía cada cual más ancestros!! No tenía mucho sentido. En realidad fueron mucho más listos. Se fueron al futuro. Empezaron a contar lo que iba a ser, en vez de pelearse por lo que había sido. Pillaron a todos con el pie cambiado y a cuenta de eso casi les pusieron contra las cuerdas con los derechos de autor, las patentes, el acceso a Internet…
– Les salió bien…
– Al principio sí. ¿Por qué crees que me pusieron Cras? Pero pronto el futuro se convirtió en una feria. La verdad es que visto ahora uno no entiende como no lo previeron. Para cuando se dieron cuenta, el mañana estaba arrasado, ocupado por vendedores de humo, por rentistas que buscaban una parcelita para gestionar palabras de moda, expectativas, capitales y subvenciones. El relato del cambio en los medios se convirtió en una sucesión de hypes, gurús y novedades que crecían y caían uno tras otro hasta que nadie creyó nada. Y encima el mundo había cambiado con el siglo. Y mucho. La idea de «un» futuro común ya no se sostenía. La descomposición del viejo mundo era evidente y el resultado no era un auge de las alternativas, sino una mayoría que quería volver atrás, que fantaseaba con un mundo controlable y ordenado como si lo hubiera conocido, como si hubiera existido alguna vez.
– Los kaz.
– En parte. Los kaz vinieron después, pero desde luego se gestaron ahí. Piensa en la nueva Iglesia. El Papa Benedicto fue el fin de una época, de casi dos mil años diría yo. Su batalla por defender el origen cristiano de Europa fue el último intento de hacer las cosas al viejo modo, fundando una lectura del pasado, abriendo un debate a partir de ahí, creando una batalla política en su propio terreno. Ese Papa era un intelectual. Pero precisamente por eso ya estaba fuera de su época. Su dimisión fue todo un símbolo. Francisco fue el salto de la fundamentación intelectual a la emocional, de la lucha por la Historia al adanismo permanente de los gestos y los sentimientos. En realidad estaban reconociendo un patrón que apareció con los primeros movimientos de protesta de comienzos de la crisis.
– Los movimientos distribuidos, sin líderes.
– No, la novedad no es que fueran distribuidos. Desde hacía diez años y hasta cinco minutos antes, había habido movimientos distribuidos en medio mundo tirando dictaduras y poniendo en jaque regiones enteras. Lo original, además de su incapacidad para conmover al estado, fue su adanismo, su ruptura con la idea de que había que fundamentar las cosas, de que la Historia o el futuro contaban. No, ellos protestaban y argumentaban como si inauguraran el tiempo. Y hubo quien supo entenderlo. Decenas de profetas salieron en los años siguientes vendiendo sistemas económicos alternativos y recogiendo las rentas de una autocomplacencia bien cebada por la prensa.
El gran cambio fueron los kaz precisamente porque supieron hacer un movimiento «inocente», que no tenía que justificar nada porque tenía memoria de pez para lo que le convenía, porque no se hacía cargo de ninguna historia, de ninguna trayectoria, de nada que pudiera ser discutible. Fíjate, los kaz hablan de «personas» como si ser persona siempre hubiera sido lo mismo. No hay fondo. No hay nada ahí. Solo mitos, llamadas emocionales, sentimientos, cosas blanditas. Pueden tomar cualquier forma, ser cualquier cosa, defender algo y su contrario. Les da igual, sean lo que sean, siempre serán reconocibles y siempre se sentirán inocentes como un niño recien nacido.
– Y por eso frente a los mitos simples de los kaz, buscaron mitos aun más antiguos.
– Es algo un poco más complicado pero sí. Buscaron cuentos más o menos conocidos e igualmente difusos que pusieran en jaque los mitos kaz. Cosas que reverberaran en el subsconsciente colectivo como su disolvente: Venecia, la ciudad estado odiada por los papas y los reyes medievales, la primera república de Europa, una república de mercaderes para más inri; Mitra, el dios del que los cristianos habían copiado desde los sombreros de sus obispos a la fecha de la Navidad… Luego les dieron sus propios contenidos: la Venecia histórica era un sistema oligárquico a años luz de Briga, el mitraismo no permitía participar a las mujeres y aquí ya has visto… En fin, puestos a jugar con imágenes y emociones en vez de con fundamentaciones y programas, demostraron que no lo hacían tan mal. Al menos las pajarusadas no nos calaron.
– ¿Ese era el miedo? ¿Ser influidos por el ambiente kaz?
– No creo, la verdad. Según mi padre era al revés, intentaron contagiarse y aprender algo, aunque fuera en negativo, como hubieran hecho hasta con el demonio encarnado. Pero los kaz eran tan vacuos que los nuestros acabaron constatando que no había manera de aprender nada. Así que al menos, decidieron ser ellos mismos jugando a que inventaban un mundo desde cero… mientras en realidad intentaban conservar todo lo que mereciera la pena de antes de la descomposición. Creo que no me explico bien, lo que quiero decir es que decidieron representarse mediante cosas que eran cada vez más parecidas a juegos de rol que a ensayos y argumentos filosóficos, pero que cuando te metías en esos juegos de rol acababas aprendiendo a mirar de otra manera.
– Quieres decir que contaban lo que pretendían o lo que hacían al modo adanista pero que en realidad seguían haciendo las cosas al viejo estilo, como los intelectuales o algo así…
– Sí. Algo así. Piénsalo un poco. Aquí desarrollamos tecnologías que van por muy delante de los kaz, tecnologías libres que se usan luego en todo el mundo, como la que viste hoy, mientras en la mayoría de las zonas libres viven plantando lechugas y si tienen wifi dan las gracias. ¿Por qué crees que es eso?

«Cómo perdimos el mundo ~ 07» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 28 de Julio de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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