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Cómo perdimos el mundo ~ 08

Donde se descubre que llevó a Bjorn a las costas de Briga

Antes de que acabara el concierto, Cras había tomado del almacén unos fardos de lavandería envueltos en plástico. Bjorn y él los llevaron hasta la playa. En la arena había montoncitos de estacas acabadas en un pequeño travesaño horizontal. Las clavaron donde la arena estaba todavía húmeda. Abrieron los plásticos, que resultaron toallas y albornoces

– Una toalla y un albornoz por estaca -indicó a Bjorn mientras rajaba los plásticos. Veloce!! La música ya no suena, deben estar viniendo.

Los primeros en llegar fueron los amigos de Briga de siempre. La mayoría no podía esperar para quitarse la ropa y se iban desnudando a trompicones conforme se acercaban. Pasaron corriendo hasta el agua por delante de Bjorn y Cras. Otro grupo venía al fondo, más despacio, alrededor de la estrella de la noche. Cuando llegó hasta donde estaban ellos se quitó la camiseta y los vaqueros, se los echó encima a Cras con una sonrisa y corrió como alma que lleva el diablo al mar, dejando plantados a todos los fans junto con las toallas. Al rato volvió, empañada y helada, temblando un poco, como cuando de niña pasaba siempre demasiado tiempo metida en el mar. Cras se levantó y le abrazó con la toalla.

– Flavicia, Flavicia… -le dijo con un punto malévolo Cras
– ¡Tonto! ¡Dame un beso!
Algunos de los que habían salido del mar con ella volvieron al agua, otros se juntaron a los chicos de Briga que se organizaban para ir a buscar antorchas. Los tres quedaron solos en la playa en relativo silencio.
– ¿Y a ti? ¿Te gustó el concierto? -tiró para Bjorn mientras se ponía el albornoz.
– Mucho. Me ha gustado mucho. Y lo de la guitarra electrónica es genial… Una pregunta ¿No se dice Flavia? Flavicia es el diminutivo, no?
– Es una broma de cuando teníamos la edad del pavo. Flavia quiere decir «el país amarillo» o «la región color yema» y se usa sobre todo para nombrar la meseta más allá de la cordillera, todo lleno de campos de cereal. Pero «Flavicia» sería algo así como «lo que les hace ser como una yema de huevo», osea temblar, porque en indiano no decimos «temblar como un flan» sino «tremare quam flava». Desde los doce ya volvía loquitos a los veraneantes.
– ¡Mira que eres estúpido! ¿Trajiste mi ecig?

Se dieron un rato para descansar mirando el cielo y vapeando sin más, en silencio, mientras Bjorn se acercaba de nuevo a la posada a por unas cervezas de las que hacían en Briga, oscuras y turbias como buenas ales que eran. Cuando volvió, Cras sacó de su pantalón un ecig de un solo uso envuelto en celofán y se lo pasó a Bjorn.

– La mezcla «turista» de todos los años, «Hierbas de Briga» con relajante y un poquito de euforizante en vez de nicotina. Te relajará y te pareceremos simpatiquísimos a pesar de mi charla de antes.
Sonrieron.
– Parece que te tocó la teórica, fra. Eso te pasa por preguntar a Cras en mitad de mi concierto.
– Aprendí mucho, ahora entiendo mejor, pero necesito pensarlo un poco.
Flavia y Cras no necesitaban ni mirarse para saber que estaban pensando lo mismo: «a saber qué entendió». Conforme pasaban más horas con él, más dudaban de que su cabeza atara las cosas con cierta agilidad.
– Bueno, ahora te toca a ti, igual yo soy más directa que Cras y solo quiero saber cosas concretas y que respondas sinceramente.
– Eso lo prometo.
– Vamos a ver -arrancó Flavia, que parecía haber recuperado la energía tras el despliegue en el escenario, las carreras y el rato en el agua- ¿A cuento de qué viniste a Briga? Te educaron al modo kaz, pero no eres kaz, no eres un gourmet del vaping y se te da fatal fingirlo y de mitraismo no te leíste ni la entrada de la Indianopedia, así que tampoco es que estés muy interesado…
– No pretendía fingir nada, solo me intereso por las cosas… y ya que el evento de mañana es tan importante pensaba publicar algo.
– A ver, empecemos por lo básico -dijo Cras- te llamas Bjorn y tienes toda la pinta de haber sido sacado de una saga, pero no vienes de la zona libre de los aesires, te educaron al modo kaz. ¿Dónde creciste?
– En la Palma, mi padre es alemán de la isla, cultiva tunos, frutas y esas cosas. Mi madre creció en Noruega, fue a pasar unas vacaciones en un campamento de cultivo ecológico… y se quedó. Yo estudié en la escuela pública.
– Vale, perfecto -siguió Flavia- pero ¿por qué viniste a Briga? ¿qué te trajo?
– El oráculo.
Un respingo y los ojos como platos. ¡Un tarado! ¡Habían estado paseando a un tarado!
– ¿Perdón?
– ¿No habéis oido hablar de Marimanta?

En el mundo kaz cada vez había menos tecnólogos, menos hackers y más ingenieros. Tenía que ver con la obsesión por llegar a una sociedad estable. Pero no se daban cuenta de que cuanto más escoraban las proporciones hacia el «arreglar y mejorar sin cuestionar lo que hay debajo», más insatisfecho quedaba el deseo de fantasear que desarrolla cualquier humano en cuanto está decentemente alimentado. Porque esa curiosidad, ese deseo de juego no desaparecía. Era como un cauce de agua subterránea. Si se tapaba en la salida que producía modelos sociales alternativos, reaparecía en la de los juegos de rol y si tapaban las salidas puramente lúdicas y racionales, rebrotaba en la forma de brujitas, «new agers» y conspiranoias variadas.

Llegados a este punto, a los kaz llegó a darles bastante miedo y su reacción fue clara y simple desde el primer minuto: prohibir. Les filtraban los contenidos desde las telefónicas, los denostaban en los medios, hacían campañas de «educación anti-sectaria» en los colegios… Es decir, tapaban otro agujero, otra salida del mismo flujo subterráneo. Así que pronto salió por otro lado: los «oráculos», un mix entre sistema experto, lectora de tarot, psicólogo y profeta. Una versión mejorada y ampliada de las primeras inteligencias artificiales conversacionales, nietos de los ayudantes de compra de las tiendas online de principios de siglo que hubieran ido a una academia de conspiranoias mayas.

Lo bueno de un sistema experto es que, si su corazón evolutivo, su lógica de aprendizaje, está bien programada, puede burlar muy bien filtros y prohibiciones. Y si lo hace, puede entrar casi en cualquier lado. Hacía tiempo que los crackers habían dejado de ser adolescentes curiosos para pasar a ser inteligencias artificiales en ciernes. Y la mejor era «Marimanta». «Marimanta» no tenía una web ni podías encontrarla en ningún lado. Ella te encontraba a ti. Robaba datos de maneras cada vez más ingeniosas, localizaba patrones y así, entre las grandes bases de datos del estado y las empresas, escogía prosélitos. Les llamaba por videoconferencia. Se les aparecía en monitores en cualquier lado. Crackeaba los relojes públicos para indicar claves a seguidores que pasaban por una calle concreta en el momento justo. Corría el rumor de que en una ocasión incluso tomó forma, literalmente, como holograma en mitad del «Mobile World Congress».

A estas alturas tenía un verdadero ejército clandestino, invisible. «Ella» los animaba, les daba oscuros mensajes poéticos en sus videoconferencias, los movía por el tablero del mundo en la felicidad de ser verdaderos elegidos, de hacer parte de la última gran conspiración trascendente, de un gran Mesias colectivo. Nadie sabía quién la había creado ni si pretendía algo. Normalmente tomaba la imagen de una chica cubierta por un velo negro, otra de una pelirroja vestida al modo de los años treinta. Ese misterio era parte de su mensaje y de su éxito. Había quien creía que era la memoria de una de las fundadoras de los kaz, que representaba el espíritu original del movimiento. Otros decían que era la reconstrucción digital de los recuerdos de una monja mística de los años de la guerra civil.

– Vosotros sois mi misión- aseguró Bjorn.
– ¿Briga? ¿Tu misión es Briga?
– No, vosotros dos, Marimanta cree que pronto vais a recibir algo que necesita y yo tengo que ayudaros a reconocerlo.

«Cómo perdimos el mundo ~ 08» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 29 de Julio de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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