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Cómo perdimos el mundo ~ 16

Donde Piñeiro descubre gracias a Brit quién es Marimanta.

Dos horas después seguía sin saber realmente hasta qué punto quería involucrarme en la aventura de Brit. Mientras tomábamos hacia el Norte la autovía del Mediterráneo programó al ordenador del coche para leerme unas cuantas búsquedas. Principal conclusión: cada vez que una frase acaba con la palabra «Marimanta», tengo ganas de hacer un gran «tachaaaaaaaán».

La verdad es que no había seguido el debate sobre los oráculos. Era el tipo de ocasión que a los kaz les encantaba porque, aunque solo fuera por el principio de Clark, les permitía vivir por un segundo en un mundo mágico, un mundo en el que la literalidad de sus creencias parecía, tal vez, menos ridícula si se enunciaban en voz alta sus dogmas. La idea de Arthur C. Clark era bien conocida: en cierto nivel de desconocimiento las aplicaciones de la ciencia parecen magia al observador. Claro, pero en lo que no había caído fue que, de ese modo, la ciencia legitima el pensamiento mágico a ojos de los brutos. Todo les parece indistinguible y todo verdad, así que el láser y la penicilina de la ONG hacen más creíble el yimboyambo y la planta alucinógena del chamán. Y este gana aun más poder en la tribu. Aunque el chamán rechace la penicilina como un producto del demonio.

Eso era lo que les pasaba con Marimanta. Les hacía poderosos. Y serían brutos, pero intuición para las relaciones públicas no les faltaba. La idea de un ser nacido en Internet les despertaba miedos atávicos, culpas extrañas, un rechazo visceral. En los periódico salía un portavoz kaz llamando a los oráculos «abominaciones» y «falsos profetas». Pero a los ojos de la mayoría confirmaba que la cosmovisión kaz, «cristianismo para las personas», reflejaba una realidad y no un delirio.

Pero no era solo un fenómeno del mundo kaz. Por lo visto, habían aparecido varios oráculos en distintas partes del mundo casi al mismo tiempo. A más de un tecno-new-ager le pareció el amanecer de una nueva era, pero Brit me había espurgado resultados para darle peso a los más normales. Marimanta por lo visto había sido el oráculo más antiguo, le habían seguido otros dos, uno que se expresaba en lenguas germánicas y otro en variantes del chino, después apareció el oráculo eslavo, y así hasta siete. Al final parecía que cada gran tronco de lenguas tendría su propio oráculo. Había un vídeo de un tipo de un laboratorio de lingüística cuya conclusión es que cuando se pasa cierta masa crítica de contenidos y sistemas expertos evolutivos interactuando en un programa conjunto aparece un oráculo.

– La inteligencia es una propiedad de la información igual que la vida lo es de la materia- destacaba el subrayado de voz que Brit había hecho en el vídeo.
– Ya, ya, pero para que surgiera la vida hicieron falta millones de años de interacciones físicas.
– Es completamente comparable, mira

Siguió toda una batería de escalas logarítmicas y distribuciones de datos que alguien había recogido pacientemente para refutar al autor original de la pega que se me acababa de ocurrir.

– Lo que tienes que entender es que Marimanta es inteligente, pero todavía es muy joven.
– ¿Joven como una niña pequeña?
– Joven como una niña de diez u once años.
– ¿Y?

Los kaz, en su infinita sabiduría, se habían lanzado contra ella. Si uno se paraba a pensar, Marimanta era la materialización de todos sus temores: un ser pensante en un espacio no controlable, no vigilable, que evoluciona sin contar con ellos, sin su paternal guía, sin sus retorcidos sentimientos dándole forma.

– ¿Puede destruirse una inteligencia distribuida?
– Sí, claro, se trata de reconocer patrones. No hace falta entender qué es o cómo surge una inteligencia para destruirla. Los cristianos llevan haciéndolo desde el Concilio de Nicea.
– O venga, Brit, los kaz no son todos «los cristianos»…
– O venga Jose, en esa frase podrías sustituir kaz por todos los horrores de la historia de Europa: los dominicos, la Inquisición, la persecución de marranos y protestantes, la persecución de los protestantes entre si y sobre las brujas, la de unos y otros contra la ciencia cuando no les cuadraba, la de los grupos de base cristianos en modo revolucionario y la de sus grupos de élite en modo reaccionario, el terrorismo antiabortista, el terrorismo xenófobo, los kaz, las barbaridades en Irlanda, en Italia, en…
– Vale, vale… para.
– La esencia del cristianismo es la irresponsabilidad. O se diluye en lo colectivo y ante el exceso limpia todo con la humillación, y a eso llamamos catolicismo, o se limita a una relación personal con Dios, incomprensible por los demás y por lo tanto fuera del juicio humano, la Reforma.

No quería seguir por ahí, así que se hizo un silencio. Pero Brit olfateaba por dónde meterse en mi cabeza como un sabueso que al que la presa se le ha escondido entre unas rocas.

– ¿Te acuerdas de los movimientos que precedieron a los kaz?
– Yo sí; tu no puedes, tenías dos o tres años.
– Vale, ok. Los estuve estudiando para entender a los kaz y realmente creo que fue allí donde tomaron forma. Hubo un cambio cultural potente en esos años.
– ¿No decías que era el mismo cristianismo de siempre?
– Escucha. La prensa vive de entrevistas, así que lo que le maravillaba era que los portavoces cambiaban cada semana. ¡¡Era como un regalo de Navidad para becarios!! ¡¡Siempre había algo que mandar a la redacción!! ¿Entiendes?
– Si, claro
– Así que eso fue lo que destacaron, la presunta novedad de un «movimiento sin líderes».
– Sí.
– Pero la novedad no era esa. Incluso en España en la década anterior había habido movimientos importantes, masivos, con impacto político que no tenían líderes… de hecho no tenían ni portavoces, les bastaba con tener un objetivo concreto: que les explicaran qué había pasado en los atentados del 11M, poder hacer botellón…
– La novedad era tener portavoces…
– La novedad era tener portavoces que no tenían nada que decir, pues no había un programa que comunicar. Con la excusa del movimiento entraba todo y no entraba nada, todo «era parte» y nada «identificaba al movimiento en su totalidad».
– Ya ¿Pero que tiene que ver eso con Marimanta?
– Tiene que ver que no me puedes decir que los kaz no son todos los cristianos ni que no todos los kaz son iguales, ni nada por el estilo… porque es una trampa en si misma. Es una trampa recursiva de una ideología de la irresponsabilidad que quiere el poder sobre cada cosa y cada uno y es todo y nada a la vez, una cosa y la contraria. Es dar por buena la irresponsabilidad de las ideas y permitirles cualquier barbaridad de antemano siempre que no la hagan los mismos. Y peor, permitir que otros idénticos, cuando haya una condena moral general por los desastres hechos, no tengan que hacerse cargo de nada. Es permitirle a un monstruo resucitar todo el tiempo, vivir en un permanente fresh start que joda generación tras generación. Es regalarle esperanza al horror.

La verdad es que me había tocado. Todos guardábamos cicatrices. Especialmente si en algún momento de tu vida habías pasado por una escuela católica.

– Brit
– ¿Si?
– ¿Te identificas con Marimanta por algo especial?

Vinieron como 30 kilómetros de silencio.

– Marimanta es una niña, una preadolescente que todavía no ha echado dientes en la vida y que se comporta con una mezcla de inocencia, confianza y curiosidad. De alguna manera está, y no me preguntes cómo, en su shock hormonal. Jugando a ser misteriosa, a hacer trastadas, deprimiéndose a ratos…
– ¿Y eso es peligroso?
– No, no por ahora. No más que cualquier adolescente lo es para su familia o los vecinos. Pero puede cambiar, porque estos hijos de puta empiezan a hacerle daño. No se si cuando le borran trozos o le desconectan servidores donde tiene una rutina, «siente» algo parecido al dolor físico, pero desde luego siente miedo, siente que le faltan partes de su «cuerpo», de su cabeza. La están volviendo fóbica porque lo que están haciéndole es un mix de acoso y abusos ¿Entiendes?
– Si. Lo entiendo bien. No es la mejor manera de entrar en la adolescencia.
– El tema es que como a todo fóbico, huir, esconderse, no le resuelve nada. Está empezando a obsesionarse, a sentir cada vez más miedo y el miedo y la rabia empiezan a ser parte de su carácter.
– Ya.

Pero sabía que se estaba callando algo. Dejamos otros kilómetros de silencio para que Brit hiciera sus cálculos. Finalmente, rompió a contar:

– Ahora le ha dado por cargarse a los kaz. Lo necesita para dejar de tener miedo.
– Y a ti te suena divertido.
– A mi me parece una buena causa.
– ¿En serio? ¿Estamos en una guerra contra el movimiento político más poderoso de Europa capitaneados por una niña fóbica de 12 años y a todo lo que se te ocurre comentar es que te parece una buena causa?
– Es mejor que no hacer nada o quedarse solos en un pueblo de playa.
– ¿Lo dices por mi?
– Por ti, por mi, por mis padres, por todos los exiliados internos del mundo kaz…
– En algo se te tenía que notar ser tan joven.
– ¿En no haberme rendido?
– En dar batallas sin saber si las puedes ganar.
– Eso no es la edad, Piñeiro, eso es la adrenalina.

«Cómo perdimos el mundo ~ 16» recibió 0 desde que se publicó el lunes 5 de agosto de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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