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Cómo perdimos el mundo ~ 17

Saliendo de Turín a toda velocidad

IX

No había podido evitar la tentación. A fin de cuentas era dinero gratis y estaba de vacaciones. No iba a dejar de disfrutar. Un A5 Cabrio. Había alquilado un A5 Cabrio con todos los seguros y extras posibles en la oficina de Europcar de la estación de Torino.

– ¿Y ésto? -Preguntó Luca, nervioso, cuando la vieron esperando en doble fila, con un pañuelo de seda rojo recogiéndole el pelo.
– Nos hacía falta un buen maletero. Subid.
– Pareces una diosa de los cincuenta -apuntó Costa.
– ¡Qué guapo eres! Anda ¡Entrad! Está todo detrás. Las maletas y mis compras. Tenemos cuatro horas para llegar a Francia. Os va a encantar el paseo.

La nueva generación de descapotables era realmente increíble. La cortina de aire a presión que envolvía el parabrisas y las puertas, hacía el pañuelo innecesario y de paso reducía el ruido en cabina al nivel de una berlina. El motor hubiera sonado a gloria si hubiera hecho más ruido que el roce de las ruedas contra el suelo. En cuanto salieron de la ciudad conectó el móvil al ordenador de abordo y puso en marcha el sistema de pilotaje remoto.

– Hasta cerca de Cuneo tenemos autopista, así que podemos tomárnoslo con calma.

Los coches autopilotados no habían sido la panacea del tráfico, pero la mayoría de las autopistas de peaje europeas incluían ya carriles especiales y sistemas de guía que interactuaban con ellos. Casi toda la gama alta incluía el hardware de serie y dos años antes por fin se había consensuado un estándar europeo para el software.

– Bueno, ahora contadme ¿qué pasó?
– Cuando íbamos a entrar nos dimos cuenta de que algo no iba bien.
– Se dio cuenta Luca en realidad
– El restaurante estaba lleno y me dio un mal presentimiento, así que volvimos atrás y le dije a Costa que me esperara en la esquina. Y al entrar… bueno, teníamos una especie de contraseña con los camareros, pero no reconocí a ninguno, así que ni pregunté, salí lo más discretamente que pude.
– Entonces ¿no pasó nada?
– Bueno, al salir algo les debió llamar la atención porque uno de ellos salió y me llamó a voces
– ¿Y tú?
– Salí corriendo hacia donde estaba Costa
– ¿Y luego?
– Corrimos como alma que lleva el diablo hasta meternos en un patio… como cuando éramos pequeños.
Los tres sonrieron
– Y entonces alguien entró en mis gafas y en el móvil de Luca al mismo tiempo.
– Marimanta, vuestra clienta.
– Sí, ¿cómo lo sabes?
– Me quedé dormida en la habitación y el móvil no tenía batería, cuando me levanté y lo conecté me hizo una aparición espectacular, me dijo que lo estabais pasando mal y me dio instrucciones. Bueno, instrucciones y saldo como para alquilar este coche.
– ¿Sabes que es un oráculo? -por la cara con que preguntó se veía que a Costa le parecía fascinante.
– ¿No sabrás como contactarla verdad? -devolvió sin responder Isabella.
– No. Nunca la habíamos visto antes, te contamos la verdad -aseguró Luca.
– Tengo una idea. Teléfono: uno, uno, uno, cero, cero, cero, uno, uno, uno.
El teléfono respondió con el tono de teléfono no existente
– Teléfono: remarcar.

El parabrisas entró en modo pantalla. Una de las ventajas del pilotaje remoto era que te permitía hacer videoconferencias. La imagen se fue definiendo hasta aparecer la clásica foto promocional de una habitación de «hotel con encanto». La cámara se fue moviendo para mostrarla y finalmente salir por la puerta hacia una pequeña recepción y de ahí al exterior. Pasó de largo un invernadero y acabó haciendo panorámicas de un lago alpino.

– Anda que no eres hortera -dijo Isabella
– Es bonito! -protestó Marimanta. Y los comentarios son buenos. Además, no creáis que es fácil encontrar una reserva libre en los Alpes franceses a esta altura del año.
– ¿Comprobaste si eran de la misma IP del hotel? La mayoría de los comentarios son un timo.
Dos segundos de silencio
– Son de distintas IPs y todos de fuera de la región… menos el primero.
– ¿Ves? Eres una pardilla.
– Alto! Parad! -terció Luca. ¿Dónde está eso? ¿Dónde vamos? ¿Nos están siguiendo?
– Están intentando descubrir quiénes sois. Les está costando, están buscando entre la gente del encuentro de Spiritualittá. En cualquier caso estáis más seguros al otro lado de la frontera.
– Pero no hemos hecho nada ilegal -protestó Costa
– Encriptar con un grado de complejidad superior al que pueden resolver las autoridades es delito en toda Europa y en cualquier caso les da igual. Descubrieron las listas que cifraste para mi. No saben romperlas. Te necesitan para ahorrarse unos cuantos años de estudio.
– ¿Qué había en esas listas? -preguntó Isabella.
– Datos, datos financieros y códigos de cuentas secretas de las organizaciones kaz. Con ellos cualquiera puede acceder al histórico de movimientos y ver quién les está pagando y hasta qué punto están corruptos.
– Pero los conseguiste asaltando ordenadores.
– Asaltar implica una violencia que me es ajena. Si algo me pide una clave y puedo acceder a esa clave se la doy. Si quieren que no entre que lo digan en el robots.txt
– Una pregunta Marimanta -dijo Costa- ¿por qué no los cifraste tú?
– Porque no se tanto como tu y sobre todo porque nunca colgaste el software que desarrollaste en ningún lado, si lo hubieras guardado en un servidor lo hubiera cogido de ahí y no te hubiera molestado, creemé.
– Pero eres un oráculo…
– ¿Y qué? ¿Tengo que saberlo todo? Porque pueda acceder a cualquier información ¿tengo que se experta en cualquier cosa? -sonaba cada vez más irritada- ¿Y tú? Por tener Internet en el móvil ¿ya sabes sobre todo lo que se publica en la web? Yo leo, leo datos, leo rápido y entiendo lo que entendería cualquier persona inteligente con mis lecturas y una memoria infinita para recordar qué leyó dónde. Nada más. Soy un oráculo, tengo límites, soy mortal, soy como vosotros, no una especie de Dios.

Se hizo un silencio.

– Un poco temperamental también eres, no? -respondió finalmente Costa

A Isabella se le escapó una risa suave. Y a Luca también. Y poco a poco, todos, Marimanta incluida, empezaron a reír, cada vez más abiertamente, como si volvieran a la edad del pavo, como si mudaran de piel. Como si comenzaran un viaje sin vuelta prevista.

«Cómo perdimos el mundo ~ 17» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 5 de Agosto de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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