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Cómo perdimos el mundo ~ 23

Penúltima entrega del cuarto capítulo y por tanto de la historia…

XII

Aviñón, Nimes, Carcasson, Toulusse… habían pasado los días siguientes al escándalo metidos en el coche, bajando para repostar y comprar chuches en gasolineras de carretera. En Nimes y Carcasson, ciudades kaz, mínimos paseos mezclados con los turistas, esperando ver alguna protesta en la plaza que no hubiera tenido reflejo en los medios.

Cerca de Toulusse se alojaron en la granja de unos seguidores de Marimanta, una pareja joven que parecía sacada de un curso de idiomas: tenían dos hijos pequeños, un perro de aguas y una generosidad infinita. Se dedicaban a criar patos. «Patos ecológicos, no estabulados», insistían sin que nadie les preguntara. Se quedaron con ellos una semana. Mientras esperaban el eco social, ayudaron en la granja más para entretenerse y aprender que para otra cosa. Fue divertido. Isabella disfrutó como una niña entre los patos y los fogones. Luca aprendió a montar con un viejo jamelgo de trabajo y Costa engordó un par de kilos. Pero los nervios consumían a Marimanta.

Decidieron seguir camino al Sur, cruzar los Pirineos, meterse en el corazón del mundo kaz para entender qué estaba pasando, de qué no se estaban enterando en la red, en los flujos de datos de todo tipo que el oráculo deglutía continuamente en los blogs, los foros, los grupos de charla en videoconferencia y los muros de todos los servicios de perfiles con más de un millar de usuarios.

Y así, dos semanas después de haber salido de Turín llegaron a Urdax, un pueblito navarro de cuento en medio de las viejas rutas de contrabandistas (la famosa «muga») y cerca de las cuevas de Zugarramurdi, donde fue apresada por la Inquisición a principios del siglo XVII la última gran comunidad de sorginas. Se instalaron en el hotel, una antigua casa torre rodeada de verde salpicado de cuando en cuando por un rebaño de latxas. Difícilmente el entorno -empeñado en reproducir la pintura costumbrista vasca de principios del siglo pasado- podía ser más sedante o el hotel estar más cuidado. Pero no les llegaba el alma. Paseaban cada mañana hasta la plaza del pueblo, compraban unos talos en los puestos, se sentaban bajo una sombra y comenzaban a lamentarse.

– Tal vez sea por el verano… -Costa intentaba que no cayeran los ánimos.
– La difusión fue buena -se consolaba Luca.
– Lo enviamos a ciento once personas entre activistas locales y gente activa públicamente en las zonas libres. Los mensajes fueron interceptados en tan solo nueve ocasiones y ninguno de esos nueve mensajes fue descifrado. De los ciento dos restantes, setenta y cinco hicieron públicos los datos y los redifundieron. A partir de los materiales se han documentado y destapado doscientos treinta y ocho casos de corrupción que implican a concejales, secretarios de ayuntamiento, consejeros y presidentes regionales, ministros e incluso al presidente del gobierno. Los medios oficialistas no han podido dejar de hacer la cobertura. De hecho, si al principio parecía que iban a intentar poner paños calientes, luego, ante lo abrumador de las evidencias, se tiraron ellos mismos a la piscina de la indignación. Es el mayor escándalo de la historia.
– Sí Marimanta, la difusión ha sido un éxito, el sistema de distribución, las personas elegidas y la seguridad también, pero eso no era lo único que queríamos, verdad? El objetivo no era que todo el mundo supiera cómo los kaz succionaban dinero de las grandes empresas a las que luego daban monopolios más o menos encubiertos y quitaban problemas con regulaciones ad-hoc. Lo que queríamos era poner en marcha una revolución- apuntó Isabella
– Sí, no lo entiendo. Todo el mundo está indignado, las encuestas dan mínimos históricos de aprobación a prácticamente todos los dirigentes kaz y al kaz como movimiento… pero a la manifestación mayor solo fueron quinientas personas… la movilización es lo que ha sido un desastre. Y eso es lo que resulta incomprensible.
– Pues los datos tampoco te van a responder a eso. Lo que pasa es que la gente está adocenada, solo unos pocos se han desperezado, la mayoría sigue pasiva…

Patinaban dando vueltas una y otra vez a los mismos números. Las cifras mostraban tozudas a un ciudadano medio imaginario enfadado con los kaz que deseaba cuanta dimisión le plantearan: del presidente al último concejal no dejaba ni a uno. Un ciudadano medio que por mucha indignación que mostrara al encuestador, no iba luego a una manifestación de protesta ni con grúa. «El País» daba hueco en portada a la «noticia» según la cual miles de perfiles en servicios de citas habían sustituido la foto por un cartelito con el lema «que se vayan». La noticia insistía en que, en los servicios de citas, borrar o tapar tu propia foto es un gran sacrificio para conseguir plan. Lo que no contaba era ningún caso en que un gobierno, no digamos un sistema político entero, hubiera caído por un súbito descenso en los noviazgos de verano.

Pero Isabella era demasiado inteligente como para quedar atascada indefinidamente. Le preocupaba más la agonía de su amiga virtual y la amenaza que representaba para ese nuevo modo de vida errante y desesperado que tanto le llenaba. Se dio cuenta de que en realidad Marimanta estaba viviendo, vestido de experiencia política, su primer fracaso amoroso. Y se le ocurrió buscar la salida recordando como salió de la depresión que siguió a la primera vez que recibió calabazas.

– ¿Y si preguntamos a los veintisiete? Que nos cuenten qué vieron que nosotros no.
– ¿Qué veintisiete? -preguntó Luca
– Los veintisiete que no redifundieron, los veintisiete a los que no les pareció una buena idea. No todos lo harían por miedo a la represión o por pasividad o por accidente… Alguno lo haría porque vio lo que a nosotros se nos escapó, especialmente los de las zonas libres que no tienen que temer a los kaz.
– Ver algo ¿cómo qué?
– Algo como que la gente no se iba a mover, como que nos faltaba algo en el plan…
– ¿Y no arriesgaríamos demasiado? -terció Luca, sinceramente preocupado.
– No, creo que no tenemos nada, pero nada, que perder. Hace quince días teníamos el mundo en nuestras manos. Hasta los kaz estaban convencidos. Teníamos una bomba mediática y social -reflexionó Marimanta. Y cuando la hemos hecho explotar resultó ser puro humo. Está ya mediando agosto y no se ha movido nadie. No solo hemos perdido una herramienta usándola, hemos perdido el mundo.

«Cómo perdimos el mundo ~ 23» recibió 0 desde que se publicó el viernes 9 de agosto de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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