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Cómo perdimos el mundo ~ 24

Segunda entrega del último episodio…

Isabella había elegido finalmente dos zonas libres con las que Marimanta había contado desde el primer momento. Eran los dos anómalos más llamativos de los resultados de la operación: Briga y los yeclanos. El lugar de la cita lo había elegido Circia. Con ella iban Flavia y Cras.

Los yeclanos llegaron primero. Se habían perdido en las salidas de Tafalla. Las instrucciones del encuentro incluían desconectar el ordenador de abordo para no dejar un rastro facilmente trazable y ya no estaban acostumbrados a manejarse por comarcales desconocidas sin geoposicionamiento. Sabiéndolo, salieron de Olite, donde habían dormido, con todo el margen del mundo. Para dejar menos rastro aun, habían decidido ir tan solo dos: Laura y Carlos, el coordinador técnico de todo el parque, un chico moreno de ojos tristes que mediaba ya la treintena y que no iba a ningún lado sin su cornetto barroco, el instrumento que enseñaba a tocar a los niños que optaban por el itinerario musical. Piñeiro y Brit, que les acompañaban, se turnaban al volante para evitar usar la conducción asistida y hacer pública su posición.

La entrada de Olcoz era, sin embargo, lo menos discreto del mundo. Un caminito de un único carril sobre una loma de trigo. Ironicamente una única señal marcaba el límite de velocidad en setenta. Nadie hubiera pasado de treinta con nada que no fuera un tanque. Al final, unas cuantas casas y la Iglesia: San Miguel de Olcoz, el punto de cita. Dejaron el coche y dieron la vuelta al edificio varias veces. La entrada principal, con un amplio alero, estaba cerrada, tenía una puerta pequeña, sin decoraciones y no miraba al pueblo. En un lateral, perpendicular a la calle, había una puerta románica mucho más bonita. Se detuvieron a leer el panel explicativo que el ayuntamiento había colocado enfrente. Resultaba casi incomprensible. En parte porque estaba practicamente borrado por el Sol. En parte porque trataba de asociar mitos griegos con citas de la Biblia sin ton ni son para explicar las figuras, a las que comparaba con las de otra Iglesia, Eunate, a la que tampoco conocían. «Debe ser el típico pique entre pueblos» -comentó Laura.

Los neovenecianos y el grupo de Marimanta llegaron casi al mismo tiempo, solapando las presentaciones en mitad de la calle desierta. Circia tomó el liderazgo rompiendo el silencio tras las presentaciones.

Seguro que todos os preguntáis por qué elegimos esté sitio aparte de porque nos quedaba cerca…

Sonrisas diplomáticas.

La idea es que esta Iglesia cuenta una historia que no es muy diferente a la que hemos vivido en estos días y que ya está derivando en un verdadero cerco a las zonas libres. Venid a la puerta.

A cualquier observador externo le hubieran parecido un grupo de amantes del románico con su guía.

– La historia que cuenta esta puerta es muy similar a la nuestra en estos últimos meses. Mirad el arco: empieza y termina con dos figuras similares, parecen angelotes pero si os fijáis uno mira hacia arriba y otro hacia abajo. Son el amanecer y el anochecer y en realidad, al tiempo, los dos periodos entre equinocios, cuando el Sol es cada vez más fuerte y cuando es cada vez más débil. Son dos figuras mitraícas: Cautes y Cautópates. El principio y el fin. Sí, como el alfa y el omega de las biblias cristianas. Empezaremos por el principio que nos marca la carita que mira hacia arriba, Cautes.

La primera figura es joven y guapa. Está desnuda, simbolizando inocencia, pero carga algo con una cuerda. Su culpa. Empezamos sabiendo pues que es inocente y culpable al mismo tiempo. Es el verdadero protagonista de esta historia.

– ¿Cómo Marimanta? -apuntó, indiscreto, Costa.

– Sí, sí… pero espera. Déjame seguir. Le sigue un noble cristiano, armado con su espada. Bajo él, unas cabezas cortadas. Sabemos que en la época era costumbre exhibir en las iglesias las cabezas de los penados. Era seguramente el señor a cargo de esta zona a finales del siglo XI o principios del XII, cuando el reino navarro hizo de la fusión con la Iglesia el eje de su afirmación estatal. No nos es difícil imaginar a sus equivalentes contemporáneos. De hecho, por si a alguno os cuesta, podemos ir cuando queráis a la frontera de Briga y os presento al jefe de los guardias, González se llama.

Sonrisas irónicas. Estaba ganándose a la audiencia.

– La siguiente imagen es un hermoso cuélebre, una figura que aparece en todo el Cantábrico y especialmente en Asturias y que representa el conocimiento ligado a la religión antigua, al saber secreto. En la historia original seguramente fuera algún tipo de práctica medicinal o sanadora. En nuestra historia bien podría ser el sistema criptográfico con el que se escondieron los informes antes de hacerlos públicos o los listados de datos en si mismos.

Y Costa y sus compañeros sonrieron y asintieron.

– La siguiente imagen orienta el mensaje. Un religioso con un volumen de pergamino en la mano. Nos están contando una represión de la religión antigua, ordenada por la Iglesia y ejecutada por un noble en representación del rey o del poder secular. Hoy ni que decir tiene que en vez de obispos tenemos a los kaz haciendo directamente las leyes. Pero lo mejor viene ahora.

El arco se cierra con lobos mirando a unas fauces. El lobo representa la comunidad, pero por lo mismo es el guardián de la vida, el que evita que los vivos entren en las aguas subterráneas donde viven los muertos. Que ambos lobos miren a las fauces quiere decir que nuestros protagonistas estaban abocados a la muerte. Seguramente no por su delito frente al poder católico, sino por aquello que destaca la primera imagen. Su inocencia. Pero sobre eso nos darán más detalles después. En cualquier caso, lo que el cierre del arco destaca es aquello por lo que hoy hemos sido convocados aquí. ¿Por qué ha salido todo mal? La respuesta está en la segunda parte, en la segunda serie de figuras.

Ahora vienen los dramatis personae y su calificación ¿Qué figuras tenemos? En primer lugar un cuervo real. ¿Es hermoso, verdad? Podéis ver las plumas, la corona… es el mensajero del Sol. Representa el destino deseado, el objetivo de nuestra historia. Es el que lleva los mensajes y organiza las cosas. La figura oscura que hace posible la llegada de la luz. ¿Estoy muy equivocada si pienso que en nuestro remake podría ser..? ¿Cómo te llamabas? ¿Luca? A lo mejor me equivoco, es puro instinto.

– Si, bueno, tal vez, efectivamente yo organizaba los viajes de Costa cuando recibía los pedidos de Marimanta, aunque no sabía que era ella realmente la que nos contrataba, ni qué quería…

– Es solo una historia Luca, una metáfora, pero creo que estoy llegando a donde quiero llegar. La segunda figura es el cuélebre de nuevo. Pero esta vez con una mitra. La mitra, que os voy a contar, es un símbolo mitraico, jajaja. Y el cuélebre mitrado representa al que ejercita ese conocimiento, en nuestro caso la criptografía. Es decir, Costa.

Y finalmente el principio vital, la mujer que alimenta a la serpiente, a lo primigenio, la alegría de vivir, el ciclo de la vida. ¿Esa eres tú Isabella? ¿Eres tu la que entró en esto solo por el gusto de hacer algo diferente? ¿La que les levantaste la moral cuando andaban alicaídos? ¿La que siempre hizo que todo pareciera normal en mitad del absurdo? ¿La primera amiga de Marimanta?

– Si, tal vez- respondió Isabella cohibida

– Pues ahora viene la imagen más importante, la que explica por qué todo salió mal. Si os fijáis en la cabeza parece un ave, una cabeza de oca. Pero mirad el cuerpo y las patas. Especialmente las patas. ¡¡Tiene pezuñas!! Eso es porque no representa a una oca, representa a un avestruz. En la época el cuento habitual sobre el avestruz es que como no sabe volar deja sus huevos en el suelo y son comidos por otras especies. El avestruz representa la negligencia, el daño autoinfligido en los relatos gráficos medievales. Y aquí está cabeza abajo. Está muerto, cazado. ¿Por qué? La negligencia de todos y la responsabilidad del más inocente. La confianza infantil de Marimanta en lo que su conocimiento podía hacer y la negligencia de todos no parándola a tiempo. Dos ideas, dos culpas: adanismo y confundir soluciones técnicas con respuestas políticas.

¿Por qué os queríamos enseñar esto? ¿Por qué os hemos traído hasta aquí? Porque queremos dejaros grabada la misma idea que transmite este arco: Marimanta, eres inocente y responsable al mismo tiempo. Decidiste un enfrentamiento con enemigos poderosos. Enemigos que no van a dudar en hacer rodar cabezas para imponerse si se ven amenazados. Pero pensaste que bastaba con enfrentarlos publicamente a lo que son, con organizarse bien, con usar un conocimiento técnico que no pudieran entender, con transmitir como toda alternativa el espíritu vital, la alegría de vivir, las generosidad, las ganas… Pero si crees eso, solo estás siendo negligente, «naive». Infantil. Y nuestras cabezas serán esas cabezas cortadas bajo los pies del poderoso.

– No hacía falta traernos hasta aquí para echarnos esa bronca -replicó, un tanto queda Isabella

– Sí, si hacía falta. El chico que Marimanta nos mandó, Bjorn, cuando le criticábamos el plan no hizo más que respondernos que ahora iba a ser diferente, que las cosas ahora son diferentes y que por tanto la gente iba a responder de manera diferente. Que venía una revolución. ¡¡Y no!! No hay nada diferente, en el siglo XI y ahora, enfrentarse con el poder tiene sus reglas y aun cuando lo haces bien es más que probable que te salga mal… ¡¡porque es el poder y el poder eso!! Pero si lo haces mal, no van a dejar de ti ni los huesos. Y quien quiera escuchar un relato sobre ti va a tener que hacer kilómetros para llegar a un pueblo perdido donde quede un dibujo críptico, esotérico, que tal vez, solo tal vez, recuerde a alguien que aquello pasó. No se puede ser adanista, no se puede pensar que sois los primeros en enfrentaros con el monstruo, porque no lo sois. Y tampoco sois los primeros en salir trasquilados y en dejar a vuestros amigos al borde del desastre.

Se hizo un silencio, no era tenso, tampoco apesadumbrado. Seguramente necesitaban escuchar una bronca así. Más si venía acompañada de un cuento en el que pudieran proyectarse, representarse sin hacerse demasiado daño.

Piñeiro miró a Brit, que bajó la vista. El argumentario de Circia le recordó a los discursos en el coche de su compañera. De repente parecía que llevaran una vida juntos. Brit tomó aire para hablar, pero quien tomó la palabra fue Laura.

– Circia, creo que entiendo y comparto lo que quieres decir. Seguramente no haya que ser tan duro con los chicos y con Marimanta, aunque seguramente tampoco vayan a hacerse cargo de todo los campamentos de menos que hemos vendido por el cierre de fronteras. Ni de lo que nos está costando encontrar financiación para cosas básicas como medicinas o recambios…

– Lo siento -dijo Marimanta- no pensé que fuera a pasar esto, si lo hubiera sabido…

– No importa lo que sabías Marimanta, importa que por una vez alguien lo intentó- terció Brit

– No, Brit. Somos muchos, en todas las zonas autónomas los que venimos no intentándolo, sino construyéndolo desde hace mucho y somos nosotros los que ahora pagamos vuestra niñada -respondió, cortante, Laura- aunque confieso que yo misma me emocioné mientras no sabía en concreto de qué se trataba, qué contenían esos documentos.

– ¿Entonces no tiene sentido hacer nada contra los kaz? -dijo Marimanta

– No escuchas Marimanta -dijo Cras- toda nuestra vida es un hacer en contra del mundo kaz, de hecho somos la prueba de que otra cosa es posible y funciona. Si no fuera así no nos habrías mandado los datos para que los difundiéramos. La cuestión es que tu sigues pensando en los sujetos del mundo kaz, seres abstractos como «las personas», «la gente», «Italia»… que no existen más que en la imaginación del poder. Ni yo ni nadie puede levantar a Italia contra los kaz por lo mismo que nadie puede quedar a cenar con Italia o comprarle un regalo, pero si podría hacerlo con Circia o con Flavia o con una comunidad real de amigos, o una villa libre. ¿Entiendes? Mientras sigas pensando que el cambio lo hacen los diosecillos imaginarios del mundo kaz, no puede haber cambio! El cambio está delante de tus narices, en las zonas libres, donde a diferencia de las ecoaldeas que tanto gustan a los kaz, pagamos nuestras facturas, nos mantenemos por nosotros mismos, compramos, vendemos, construimos… Esa es la alternativa, no hay otra.

– Pero entonces, yo no puedo hacer otra cosa que esperar que me maten -dijo Marimanta, y de alguna manera, la tristeza y el desespero filtraron el sonido del sintetizador a través del que se expresaba.

Yo no puedo limitar lo que soy dentro de una zona libre. No puedo encerrarme, no puedo cercenarme más partes que las que ya me quitaron los kaz sin dejar de ser yo misma.

¿Y qué te crees? ¿Que vosotros podréis perdurar muchas generaciones así? Las fronteras con las zonas libres se iban a cerrar tarde o temprano igual. Los kaz solo ven vuestras zonas libres como un confinamiento, como una reserva india, como un prólogo a vuestra extinción. Y ni siquiera iban a necesitar invadiros. Les basta con aislaros. En realidad no sois tan diferentes a mi, necesitáis aire, necesitáis red, necesitáis interacción. Si os encierran, si os encerráis, vuestros hijos no serán ya neovenecianos o yeclanos que eligieron serlo, serán pueblerinos a los que vuestros amados símbolos y cuentos les vinieron dados. Se sentirán pequeños al lado vuestra porque vuestras historias de viejo, vuestras rutas comerciales, vuestras grandes aventuras, serán inaccesibles para ellos… porque no podrán ser mejor que vosotros. Y no me digas que en cuatro kilómetros cuadrados pueden conseguir aprender y vivir tanto como habéis vivido vosotros mochila al hombro y vendiendo por ahí. No. No funciona. Y ni siquiera van a tener una red libre para poder disfrutar un simulacro en dos dimensiones. No. Si el entorno kaz se descompone, y acaba de empezar a descomponerse, no hay lugar a salvo y no hay alternativa posible si, cuando menos, no le pone coto. Si los kaz se pudren y descomponen, no podéis no hacer nada, porque si no hacéis nada os llevarán por delante, igual que a mi.

– Llevas razón Marimanta y tenemos que trabajar a partir de eso. El aislamiento no es sostenible, ya lo sabíamos. Pero tu gran cagada ha sido no entender que los kaz no son un partido que la gente sustituye por otro en las elecciones. De hecho tienen ya mil partidos, mil caudillos y listas. No son una organización vertical. Ni siquiera son una organización horizontal formal. Son una cultura, una moral, un modo de ser producto de dosmil años de cristianismo, rentismo, paternalismo e irresponsabilidad -rompió Brit. Si quieres parar eso, si quieres tirar a los kaz, no te servirá de nada tirar a unos cuantos políticos kaz, ni siquiera a todos los políticos kaz. Y por cierto, ni siquiera te bastaría con cortarle las alas a un centenar de grandes empresas que se alimentan del estado y a las que la cultura kaz hace de hoja de parra. Ni siquiera eso te basta. Las rentas de las que viven unos y otros, las que son la esencia del sistema, son las que querían todos los demás, ese 98% que tu querías que se manifestasen e hicieran una revolución. Asúmelo, pedir rentas para todos no es una revolución, es una repartija. No es el asalto del Palacio de Invierno, es un primer día de rebajas.

No sé si me he explicado bien…

– Mejor de lo que crees -apuntó Cras, a quien las pupilas se le habían ido dilatando conforme la escuchaba

– ¿Y entonces? -preguntó Luca.

– Marimanta sigue pensando en «ganar el mundo» porque ella tiene su esencia repartida en mil lados, en mil ordenadores cuyos operadores nunca conocerá -arrancó Flavia. Pero creo que lo que toca es otra cosa. Es construir un mundo que vaya más allá de nuestras zonas libres, de nuestras «reservas indias» que decía ella. Que no deje de ser nuestro, que no esté hecho en función de seres imaginarios, de comunidades imaginadas, sino en función de nosotros, de esas personas con las que pensamos y cuyos nombres nos evocan eso que llamamos nuestra propia vida.

Y sinceramente, no creo que aquí, de pie, en mitad de la nada, podamos llegar de repente a la respuesta a la que ninguno hemos sabido llegar por nuestra cuenta. Pero si que creo que podríamos seguir viaje juntos. Juntos tenemos cosas increíbles, empezando por Marimanta, un oráculo, el tesoro más increíble de nuestra época. Y juntamos prácticas y conocimiento, e historias… Tenemos un nuevo punto de partida. Juntos somos otra cosa, algo que da para pensar, para arrancar de verdad. Para hacer una estrategia que rompa este impasse que no es solo nuestro, que está en todo, que está pudriendo todo.

Yo, la verdad, os invitaría a seguir camino hacia la costa. Subir a San Juan de Luz, coger un barquito, visitar a los Talaios. Hablar. Aprender. Seguir camino a Briga. Pasar una temporada. Aprender más. Y volver. Volver a la carga. Y esta vez hacerlo de un modo que no esperen, al que no sepan responder, que nos devuelva espacios propios donde crecer.


Fin de «Cómo perdimos el mundo»

«Cómo perdimos el mundo ~ 24» recibió 0 desde que se publicó el viernes 9 de agosto de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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