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Como una enredadera y no como un árbol

El título de este capítulo, fue antes, en 2003, el título de un libro colaborativo en el que los ciberpunks españoles intentamos por primera vez reflexionar sobre aquello que hacía distinto el mundo nacido del desarrollo de Internet y la emergencia de las redes sociales distribuidas.

La metáfora, años después, sigue siendo perfectamente válida para explicar el modo de crecimiento de las filés. Como una enredadera, cada nodo, cada pequeña empresa de la filé es, en si misma, una democracia económica con su comunidad y su demos; cada uno es autónomo y podría reiniciar por si mismo el proceso original que dió lugar a la enredadera-filé en su conjunto. Es decir, cada nodo tiene un horizonte limitado de crecimiento en si mismo pero es una puerta a nuevos brotes. La enredadera, como la yedra, crece reproduciendo nodos y conectando los nuevos a los anteriores.

Preguntarnos por el límite de tamaño de cada nodo es en realidad preguntarnos si existe un tamaño máximo a partir del cual una red social distribuida pierde efectividad.

En 1993 el antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Londres, publicó el primer boceto de un artículo1 en él avanzaba que

Hay un límite cognitivo en el número de individuos con los que una persona cualquiera puede mantener relaciones estables, este límite está en relación directa con el tamaño relativo del neocortex y a las finales impone un límite al tamaño del grupo

Comparando datos de distintas especies de primates, Dunbar llega a extraer una función relacionando tamaño grupal y volumen cortical. Al usarla para predecir el tamaño máximo de una manada humana, el resultado es 147,8, redondeando, 150, el famoso número de Dunbar que marcaría el límite del tamaño de una comunidad humana perfectamente distribuida y cohesionada.

Dunbar puntualiza que este número representa un límite y que cualquier reducción en el tempo y la intensidad de la interacción, debida por ejemplo a la dispersión geográfica, generará una reducción del número real de miembros activos en la comunidad.

Comparando distintos estudios antropológicos, desde tribus neolíticas a comunidades campesinas de fundamentalistas cristianos, pasando por organizaciones militares de todos los tiempos, encuentra una y otra vez, resultados empíricos que aproximan este número con independencia de la época y el sustrato económico de cada comunidad.

De hecho, una regla informal en la organización de empresas identifica el número de 150 como el límite crítico para la coordinación efectiva de tareas y flujo de información a través de enlaces directos persona a persona: empresas mayores no pueden funcionar de modo efectivo sin subestructuras que definan canales de comunicación y responsabilidad.

A través de una multitud de estudios y ejemplos que Dunbar desarrollará aún después en distintos artículos2, el límite máximo de una comunidad conversacional distribuida en la que la colaboración emerge espontáneamente de la interacción y los flujos de información transmiten de forma eficaz el estado del grupo a cada miembro, manteniendo cohesihonada la comunidad, parece bien establecido en 150.

Sin embargo, como vimos anteriormente, cuando nos organizamos como democracias económicas aparece una necesaria división en la comunidad entre los que forman parte de su demos y los que no. El demos, salvo que hablemos de comunidades completamente aisladas, será por definición menor que la comunidad. ¿Existe un límite objetivo, incluso fisiológico como en el tamaño óptimo comunitario?

Chris Allen3 ha sugerido en un conocido post en su blog que bajo el número de Dunbar existe una gama de ordenaciones menores con óptimos y crisis que sería coherente tanto en las comunidades conversacionales como en los grupos laborales y las empresas. Apoyando su argumentación en una base empírica escasa aunque no necesariamente errónea, plantea que hay dos óptimos previos cuando el grupo está formado por entre 5 y 12 miembros y cuando está entre 25 y 80. Allen sin embargo piensa en todo momento, cuando habla de organizaciones empresariales, de grupos en los que la organización funcional es claramente jerárquica y lo hace desde la lógica de la coordinación entre gestores, no en la de una red distribuida.

Sin embargo, algo parece apuntar también en este sentido. La información disponible sobre el funcionamiento de las bandas talibanes y los grupos de Al-Qaeda4 en Iraq y Afganistán, apuntan un tamaño mínimo viable por célula de entre 5 y 12 personas y la existencia de grupos guerrilleros cohesinados sin estructuras de mando desarrolladas entre los 50 y 80 miembros.

Estos datos son coherentes por otro lado con la experiencia corporativa (que plantea un óptimo en las reuniones de coordinación en las 7 personas y de colaboración en grupos de trabajo de entre 25 y 75 personas) y los análisis de psicólogos sociales que por otro lado nos señalan que nuestra red de confianza parece pivotar entre las 70 y 80 personas. Un hecho llamativo también es que los únicos anómalos en las organizaciones militares históricas recogidas por Dunbar son aquellas que mantienen un único mando sobre 80 soldados. También es interesante observar cómo los talleres de los gremios medievales de diversos oficios oscilaban entre 3 y 7 maestros y alrededor de una docena de oficiales-compañeros para talleres entre 60 y 80 personas en su momento de máximo esplendor.

¿Son 80 y 150 los límites máximos del demos y la comunidad respectivamente? No podemos decirlo desde luego con certeza, pero lo que es cierto es que ciertos tamaños de grupales parecen repetirse con cierta consistencia y desde luego, intuitivamente comprendemos que una comunidad humana no puede mantenerse cohesionada sin burocracia a partir de ciertos límites que seguramente estén relacionados con la intensidad de la interacción y el grado de coordinación que precisen para alcanzar ciertos niveles de eficiencia.

Lo importante es comprender que no crecer más allá de ciertos niveles (y el 80/150 parece un nivel máximo sensato) es también un objetivo de eficiencia. La enredadera no es más fuerte si algunas de sus hojas padecen gigantismo, sino si nuevas ramas brotan con fuerza enlazándose con las anteriores.


1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language in humans, R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponible en http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html
London WC1E 6BT
2. Véase por ejemplo, Social network size in humans por Hill y Dumbar, en la revista Human Nature Vol. 14, No. 1, pp. 53–72, 2003, disponible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf
3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html
4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html

«Como una enredadera y no como un árbol» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 22 de abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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