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Cómo y por qué acabar con el «becariado»

Las prácticas se han convertido en el estándar del «becariado», un modo de vida precario en el que el trabajo pierde su sentido social y personal. Queremos hacer algo completamente distinto, algo que sirva de verdad. Esta es nuestra reflexión.

inem

desempleo-joven-europaUn informe de la Fundación 1º de Mayo sobre el desempleo juvenil aseguraba que

Los efectos de las políticas de desregulación del mercado de trabajo son especialmente negativos para la situación laboral de las personas jóvenes, ya que −en un escenario de crisis como el actual− no favorecerán un aumento neto del empleo de este grupo de población, pero sí contribuirán a fomentar una mayor precariedad laboral y −por tanto− a una mayor vulnerabilidad social.

Podría argüirse que en realidad eso sería extensivo a todos los sectores vulnerables, pero

La diferencia entre el desafío del empleo juvenil y el desafío del empleo en general consiste, como ha señalado la OIT, en que ayudar a las y los jóvenes a tener un buen comienzo contribuye a favorecer que sus trayectorias laborales sigan la vía del trabajo decente. Cuanto más tiempo lleva emprender esa vía, o si no existe tal vía, más difícil resulta el desafío.

El mundo del «becariado»

informe-cjeSin embargo, según el informe del Consejo de la Juventud «Calidad del empleo joven: becarios y prácticas», lo que caracteriza las condiciones de trabajo de los jóvenes en España es la precariedad, la dependencia familiar y la sobre-cualificación. No parece un ejemplo vital ligado al «trabajo decente».

La formación ya no garantiza como antes un lugar en el mundo del trabajo, sino que simplemente sirve como primera barrera de ingreso. En un escenario donde las posibilidades reales de aplicar el conocimiento adquirido en las experiencias de trabajo se convierten, para la mayoría, en una quimera, el proceso formativo se alarga en el tiempo sin objetivos concretos.

Los datos del estudio son espeluznantes: el acceso al trabajo se convierte en una posibilidad ligada a la clase social de los padres, «tener contactos» es el factor determinante a la hora de conseguir empleo para un mayor número de jóvenes (57,3%); un 41,9% siente que tiene más capacidades de las que el trabajo requiere; a un 54,4% los ingresos que le produce no le permiten ser económicamente independiente y más de la mitad piensan que es difícil o muy difícil que consigan en los dos o tres años próximos un trabajo que les guste.

Si separamos a los que están realizando prácticas, los datos son aun más dramáticos. A pesar de que a un 74,8% los ingresos recibidos no le permiten afrontar una vida independiente, las prácticas son consideradas por un 39,6% de los jóvenes que las realizan como una oportunidad de trabajo, no de formación. Y eso es dramático porque significa que las prácticas se han convertido en el estándar del modo de vida joven. De ese modo, «el extrañamiento cultural provocado por la falta de oportunidades» y «la masificación del empleo precario» se convierten en «el germen de una ciudadanía precaria». Los autores concluyen:

Nunca como ahora se ha necesitado una sociedad civil fuerte donde la prosperidad colectiva avance. Necesitamos de asociaciones, de ayuda mutua, de proyectos cooperativos, de impulsos colectivos, voluntarios y recíprocos para fortalecer la sociedad.

¿Son posibles otras prácticas?

oficinaY llevan razón, porque para toda una generación, reconquistar la vida pasa por conquistar el trabajo, por convertirlo en algo significativo y configurador de una vida con sentido. La cuestión es si el mundo cooperativo puede hacer las cosas de manera diferente, si las prácticas laborales pueden convertirse en algo que realmente permita salir del «becariado» a los que las realicen.

Para conseguirlo tenemos que partir de un consenso sobre el problema para no caer en acciones que o bien acentúen la precarización o bien se queden en mero hacer sin resolver nada.

  1. Partamos de un acuerdo ético: no se trata de contratar trabajadores en prácticas para cubrir a bajo coste «trabajos menores».
  2. Aceptemos que el problema es que no hay actividad económica suficiente para emplear a todos los que lo necesitan, así que por mucho que prepares a las personas para puestos de trabajo concretos, si no estás pensando tú en ampliar plantilla, es muy probable que el resto del sector tampoco. Pretendiendo hacer un aporte te encontrarás creando «entretenimiento» y aliviando estadísticas, no aportando a las soluciones.
  3. Y reconozcamos que no impactaremos mucho más a base de concentranos en «lo más práctico». La formación entendida como «adiestramiento» ya no tiene sentido. Lo tenía cuando el conocimiento de una técnica concreta facilitaba el acceso a un trabajo estable y éste a una carrera laboral o profesional. En un mercado de trabajo marcado por la flexibilidad y la precariedad, no le hacemos ningún favor a nadie enseñándole a ejecutar tareas concretas o a usar un software determinado porque su futuro más probable no pasa por un punto sino por saltar de uno a otro sin llegar nunca a ningún lado.

¿Y entonces?

oficina las indiasLas prácticas laborales y profesionales no tienen sentido si solo sirven a una teórica «empleabilidad» en un mercado de trabajo que es un juego de suma cero. En un escenario así, el de la mayoría de los trabajos hoy, mejorará en todo caso la situación de algunos de los que contratemos, no la situación del mercado. Este tipo de esfuerzos tiene sentido si y solo si van ligados a la generación de nuevas ofertas en actividades y mercados con desarrollo por delante. En lo concreto y desde la mirada de una cooperativa, ofrecer prácticas tiene sentido:

  1. Cuando tengamos crecimiento a la vista en nuestra actividad principal y pensemos que vamos a poder tener nuevos socios a medio plazo. Solo así las prácticas para la cooperativa serán una verdadera inversión, inversión además en aquello que le es más valioso: el conocimiento y las habilidades de sus futuros miembros.
  2. En ámbitos internalizados complementarios a las actividades de la cooperativa si pensamos que nuestros clientes pueden estar interesados en internalizarlas ellos mismos o puede tener sentido la aparición de una nueva cooperativa o pequeña empresa dedicada a ese ámbito.
  3. En ámbitos nuevos, ligados a innovaciones en curso, donde el mercado crece o apunta un crecimiento a medio plazo, haciendo posible la aparición de nuevos negocios y con ellos de carreras profesionales «verdaderas».

Conclusiones

Lo expuesto en el punto anterior no tiene por qué ser compartido por todo el mundo, pero ha sido nuestra reflexión a la hora de diseñar nuestro Programa de Prácticas Remuneradas. Está pensado como una inversión, no como una forma de ahorrar costes. Su público natural está entre los menores de treinta años. Seguro que conoces a alguno al que le pueda interesar. Si es así, pásale por favor, este enlace.

«Cómo y por qué acabar con el «becariado»» recibió 4 desde que se publicó el miércoles 19 de octubre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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