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Compartir es tener un destello de abundancia

El consumo colaborativo debería entenderse, sobre todo y más allá de los aumentos de eficiencia en el consumo, como un elemento de cambio cultural, como la experiencia de un mundo posible, que sin embargo se dirime y se construye en otro lado.

comunidad transgeneracional
Entender la relación de la abundancia con el coste marginal nos permite entender el «consumo colaborativo» desde un ángulo nuevo.

sharingEconomyPongamos un ejemplo. Un vecino y tú trabajáis en la misma empresa. Tiene coche, así que se ofrece a compartirlo para ir y venir al trabajo juntos. Un buen día descubrís que otro compañero también vive en vuestro mismo edificio. El coste extra generado por llevarle a él es inapreciable. A todos los efectos, cero. Es más, aun podríais pasar de ir tres a ir cuatro, e incluso, de cuatro a cinco, sin que esos aumentos de las personas que disfrutan el servicio supusieran un aumento de los costes totales.

¿Qué ha pasado? Partíamos de una situación donde solo uno iba al trabajo en coche y hemos pasado a otra donde todos han obtenido cuanto deseaban del producto «ir al trabajo en coche» y el coste de hacerlo ha sido nulo. Hemos tenido un destello de abundancia y descubierto en un ejemplo muy cotidiano y sencillo en qué se traducen los costes marginales nulos.

Límites

compartiendo en peer byPero si lo pensamos detenidamente, en realidad tenemos poco más que una ilusión. Si llegara al vecindario un compañero más de la empresa, darle el servicio supondría comprar un coche nuevo. Si dibujamos los costes marginales, tendríamos que son cero entre una y cinco personas, suben -hasta el precio de un coche- al pasar a seis; vuelven a cero en el paso de seis a siete y seguirán así hasta la decimo primera persona a la que queramos llevar, momento en el que tendríamos que comprar otro coche nuevo. Y así seguiría indefinidamente, en el paso de cada múltiplo de cinco al siguiente tendremos un coste marginal más que relevante.

Es decir, si pensamos en crecer, en abastecer a una comunidad o a una red de cierto tamaño, no podemos pensar que nos estamos moviendo, ni mucho menos, en un mundo de costes marginales nulos. Y sobre todo, aunque la ilusión sea funcional para una comunidad pequeña, estamos poniendo el foco en la mera optimización del uso de lo ya existente y lo hemos sacado de lo que verdaderamente significa la abundancia: el desarrollo de la capacidad transformadora sobre nuestro entorno hasta el punto de poder satisfacer las necesidades de cada uno.

Moraleja

Es por esto que el consumo colaborativo debería entenderse, sobre todo y más allá de los aumentos de eficiencia en el consumo, como un elemento de cambio cultural, como la experiencia limitada de un mundo posible que sin embargo se dirime y se construye en otro lado.

Nota extra

Mirar el compartir desde el punto de vista de los costes marginales ilumina también algunos ángulos oscuros del fenómeno comunitario. Sabemos que una de las claves de la capacidad de resistencia y resiliencia de la experiencia comunitaria a lo largo de la historia se ha sustentando en la capacidad para disfrutar de esos «destellos de abundancia» de forma continuada. Sabemos también que aunque el número de Dunbar marca un límite total de 148 miembros al tamaño de una comunidad real humana, las comunidades realmente existentes tienden a tener «umbrales» en su crecimiento, los llamados números sub-Dunbar (6, 12, 20, 30, 60, 80). ¿No estarán relacionados los números sub-Dunbar con umbrales similares al de nuestro ejemplo?

«Compartir es tener un destello de abundancia» recibió 14 desde que se publicó el jueves 4 de junio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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