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¿De verdad quieres competir con China?

Denostar los servicios y el conocimiento y meter masas de dinero público a una industria en el fin de su ciclo histórico no es otra cosa que apostar por ser la cola de la cadena. Pretender competir con China por los segmentos de menos valor añadido es pretender ocupar el lugar de Vietnam.

Piaggio factory, Hanoi, Vietnam, AsiaSamsung nació en Corea como un chaebol, un conglomerado al estilo de los keiretsus japoneses. Fue, en especial su división electrónica, uno de los protagonistas en los ochenta del desarrollo de Corea de un país miserable a un PIB per cápita mediterráneo. Fue también de los primeros en ir a China, invertir capital, transferir tecnologías… y ahora que China se mueve hacia segmentos de mayor valor añadido empieza a moverse hacia Vietnam. No son los primeros ni serán los últimos. La manufactura industrial es cada vez más eso que haces mientras eres pobre para salir de pobre. Una vez lo consigues, las inversiones se mueven al siguiente lugar con condiciones para el desarrollo.

Y es que como venimos relatando desde hace años:

Vivimos la «comoditización» de la industria. No de un producto o una gama de productos, sino del hecho de producir industrialmente. Asia se ha convertido en «la impresora 3D del mundo». Y a consecuencia vemos emerger un modelo de empresa pequeña que produce deslocalizadamente para un mercado amplio, rara vez nacional o regional, normalmente global, a través de Internet. Es una nueva escala que queda lejos de la lógica industrial tradicional precisamente porque refleja el increíble desarrollo de la productividad del último medio siglo. En esta cadena, hasta las empresas chinas que manufacturan son realmente pequeñas para los viejos parámetros.

Pablo Arriazu contaba muy bien el otro día qué supone este cambio en Europa y América Latina:

En el debate clásico entre los centros de poder y las periferias, los centros quedan definidos como aquellos lugares capaces de exportar conocimiento, ideas que algunas se convertirán en producción, y solo una parte de ella se podrá pesar en toneladas. La industria empoderada es aquella capaz de prever y anticipar las necesidades que serán necesarias cubrir y de qué herramientas dispone. Para ello es necesario divisar y construir inteligentemente un relato de las tecnologías a nuestro alcance e insertar el verdadero factor productivo de esta nueva economía: conocimiento e ideas.

La posesión de una tecnología productiva, ni siquiera imponiendo los métodos represivos de los derechos de autor, no convierte a su dueño en una pieza insustituible, sino en un proveedor fácilmente reemplazable de fuerza de trabajo poco cualificada. Y no, comprar un ordenador cuántico no convierte a una empresa en un centro de alta tecnología al igual que el usuario de una computadora no es ingeniero informático –aunque tenga un certificado del estado que lo diga

¿Quién quiere estar en el lugar del más pobre?

En ese marco, denostar los servicios y el conocimiento y meter masas de dinero público a una industria en el fin de su ciclo histórico no es otra cosa que apostar por ser la cola de la cadena. Pretender competir con China por los segmentos de menos valor añadido es pretender ocupar el lugar de Vietnam. A nadie le vamos a afear la nostalgia sesentera, pero no tiene sentido tener nostalgia de la pobreza porque fue bonito salir de pobre en los sesenta haciendo lo que los vietnamitas hacen ahora.

Salir de la crisis estructural pasa por ir hacia arriba en la cadena de valor. Pasa porque surjan muchas empresitas de pequeña escala y gran alcance como Geeksphone, no por atraer o crear fábricas de Samsung o Foxcomm, ni siquiera por abrir fábricas junto a las suyas.

Es decir, el futuro pasa por convertir el conocimiento instrumental en conocimiento final. La industria que tiene oportunidad de crear riqueza en Europa y América Latina hoy no es la que opera máquinas para una macrocadena productiva, es la que convierte el conocimiento en nuevos diseños para la impresora del mundo.

Es un reto, no es un drama. De hecho, de aprovecharse permitirá a la nueva generación vidas más interesantes que las que el taller ofrecía.

«¿De verdad quieres competir con China?» recibió 1 desde que se publicó el miércoles 12 de junio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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