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Comunidad, igualdad y demos

Las comunidades no surgen para jugar a las votaciones. Las comunidades surgen porque hay una identidad común tan potente como marcar un demos, una frontera, una manera de vivir

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A partir de una serie de posts de Carlos Boyle, que me invitó esta semana a trabajar el tema, he comenzado a estudiar la historia de los swarming.

Recordaba el impacto que en su día me causaron Las guerras campesinas en Alemania de Engels y Los comuneros de Joseph Pérez y volví a este.

La revolución comunera de 1520 -la primera revolución plenamente moderna en Europa- es la que inaugura también el uso de la palabra comunidad misma. Y aunque de hecho la comunidad castellana es una asamblea y su plural no representa otra cosa que la coordinación de das distintas asambleas urbanas, al español pasa a significar pura y simplemente revolución política. Quijote, aconsejando a Sancho sobre el gobierno de la ínsula barataria, dice:

Te han de quitar el gobierno tus vasallos o ha de haber entre ellos comunidades

Quevedo, la mayor gloria del reaccionarismo ibérico de todos los tiempos, usaba comunero como sinónimo de sedicioso y en la misma línea el primer Diccionario de autoridades de la RAE recogía esta acepción:

Comunidades: Levantamiento y sublevaciones de los pueblos contra su Señor

¿Pero de dónde venía esta asociación tan marcada? El debate sobre los comuneros, con sus interpretaciones ha estado marcado sucesivamente por los programas del absolutismo, el liberalismo decimonónico y el regeneracionismo. Teñido todo él de nacionalismo primero español y más recientemente castellanista. Pero los comuneros simplemente no podían tener un significado nacional o nacionalista. Su concepción del mundo es más entendible hoy desde la teoría de lo local que desde la lógica política de las naciones-queriendo-ser-estados.

Pero si la historiografía contemporánea (Azaña, Pérez, Maravall) se orienta hacia el significado global, constituyente y moderno, de las pretensiones de la Junta, creo que lo más interesante hoy, con la inflación del término comunidad que vivimos, es detenerse en la lógica de funcionamiento de lo que aquellos urbanitas revolucionarios llamaron comunidad.

La comunidad no es otra cosa que una asamblea, es entendida como una comunidad de iguales, donde todos son dignos de cualquier función con independencia de su origen (fueran cristianos nuevos o viejos) y posición social.

Lo esencial no es el mecanismo de resolución de conflictos (las eventuales votaciones), sino la definición del demos. No somos iguales porque participemos en la misma asamblea, sino que participamos de la misma asamblea porque nos reconocemos previamente como iguales.

Por eso, la elección de portavoces en las comunidades, como cuenta Carlos en las recientes movilizaciones argentinas, no es producto de una votación entre alternativas, sino de un consenso. En la Atenas de Pericles se resolvía con un sorteo e igual podría hacerse en cualquier asamblea (quintaesencia red distribuida) convocada desde un principio de identidad.

La elección de alternativas o representantes sólo es conflictiva -y por tanto hace falta votar- cuando

  • se trata de una red no distribuida donde lo que se elige son nodos centralizadores que podrán cambiar la naturaleza de la red (es decir, no existe comunidad) o
  • cuando la asamblea está escindida en identidades estables que tienen visiones coherentes y opuestas sobre los temas en discusión

En el primer caso el uso de la palabra comunidad es cuando menos aventurado, la imagen que nos viene a la cabeza sería la de los congresos a la búlgara: unanimidades forzadas por la potencia cohercitiva de la dependencia a una red clientelar. En el segundo caso uno se pregunta qué sentido tiene mantener una definición de demos en el que unos ven como peligro a los otros en vez de segregarse. En ambos, la respuesta general es que se está creando escasez artificialmente.

Así que, lo que define a las comunidades dignas de ese nombre no es la participación como ejercicio del voto, las comunidades no surgen para jugar a las votaciones. Las comunidades surgen porque hay una identidad común tan potente como marcar un demos, una frontera, una manera de vivir. Vivir juntos.

«Comunidad, igualdad y demos» recibió 1 desde que se publicó el Viernes 23 de Mayo de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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  1. […] -y filosófica- griega. En el modelo de expansión griega la identidad ciudadana y real, de miembro del demos de la polis pudo convivir con una identidad imaginaria más amplia pero operativa: ser griego… pero el […]

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