LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Comunidad y personalidad

En los primeros momentos de la Psicología, Alfred Adler apuntó que el sentimiento de pertenencia a una comunidad y la experiencia de generar significado desde ella, son básicos para un desarrollo personal sano… en cualquier etapa de nuestra vida.

adlerAlfred Adler ha pasado a esos prontuarios divulgativos que son los manuales universitarios por su debate con Freud y su abandono de la Sociedad Psicoanalítica, de la que fue primer presidente. El gran titular nos dice que esta pronta ruptura en el mundo psicoanalítico se debió a la resistencia de Adler para aceptar la teoría de Freud según la cual el origen de la neurosis estaría en la represión de la libido.

Pero nada es más injusto para algo intelectualmente interesante que verse reducido a sus propios titulares. Y lo cierto es que si hay un caso en el pensamiento contemporáneo en el que los titulares han invisibilizado el contenido de una obra hasta el extremo de animar el saqueo, es el de la Psicología adleriana. Y sin embargo, hoy las grandes ideas y preocupaciones de Alfred Adler nos resultan extrañamente actuales y sugestivas.

Una concepción comunitarista del desarrollo de la personalidad

Lexico y apuntesHay mucho de los maestros epicúreos en Adler. Para él la idea de pertenencia comunitaria es central. Nos definimos y nos completamos en una comunidad familiar desde nuestro nacimiento y sentimos nuestras carencias en relación a los que nos rodean. Con ellos intentaremos completarnos, compensar carencias desarrollando otras habilidades y madurar a través de la superación y el aporte, forma ideal de un Gemeinschaftsgefühlsentimiento comunitario– sano. En ese marco, nuestra personalidad se construye no solo con deseos, sino con metas, con objetivos a través de los cuales iremos creciendo y superando nuestros sentimientos de carencia.

El afán de sentido, la voluntad de superar las inferioridades que sentimos en cada momento de nuestro desarrollo, alimentará un ciclo vital de aprendizaje que nos hará crecer desde nuestros problemas al tiempo que nuestro sentimiento de pertenencia, nuestra definición de comunidad, se extiende desde nuestra familia al entorno y finalmente proyecta la idea de aporte hacia lo humano en su conjunto.

Desde esta mirada sobre la familia como comunidad, Adler pondrá el acento no tanto en los conflictos del descubrimiento de la sexualidad y el deseo como en el lugar del individuo en la estructura de la red familiar, se preguntará por los roles derivados de ser niño o niña o el lugar ocupado en el orden de nacimiento de los hermanos, para reconstruir las expectativas y entender los sentimientos de carencia y desamparo en las fases primeras de la infancia, especialmente antes de los ocho años.

familia AdlerPero si por lo que sea no nos sentimos parte, si la familia como primera comunidad de pertenencia no nos sirve de soporte para superar esas primeras inseguridades, aparecerán toda una serie de metas erradas que buscarán unas compensaciones equivocadas al vacío de sentido vital que produce no sentir el amparo comunitario: la búsqueda de atención y reconocimiento primero, la necesidad de ejercer poder sobre los otros después, y finalmente, cuando el dolor haga evidente lo infructuoso de todas estas falsas metas, el deseo de venganza y el rencor. Es el camino patológico, el de los complejos de inferioridad, potenciados y exagerados por una cultura jerárquica de valores falsamente competitivos, exclusión e individualismo.

Con toda una serie de cuestiones sin responder, o lo que es peor, mal respondidas, el individuo construirá discursos defensivos o derrotistas, desarrollará una lógica privada propia hecha de convicciones que contradicen muchas veces su propio sentido común. Habrá en ella falsas razones para la exclusión de otros y para la inacción propia. El intento de encajar todo y justificar el que evite aspectos de alguna de las cuatro grandes campos de relación adlerianos (trabajo, amor, sexo y las demás personas) conformará un estilo de vida reconocible en sus elementos críticos, entre otras cosas, por sus momentos de violencia y sus sentimientos de culpa. Sentimientos que para Adler son justificaciones del sentido común a la inacción a la que conduce la lógica privada. Una persona sana, para Adler, no tiene sentimientos de culpa: aprende y actúa en consecuencia a través del aporte y de un hacer renovado.

Significado y pertenencia

KibutzNo hace mucho, Javier se preguntaba si habría una relación entre el desarrollo disfuncional de las escalas productivas que reforzó la destrucción de los entornos comunitarios y la emergencia masiva de una serie de trastornos de personalidad a partir de la Segunda Guerra Mundial. La Psicología adleriana respondería sin dudas afirmativamente: privada de comunidad real, la experiencia humana solo puede estar abocada a la falta de sentido, a la sustitución errada de una vida interesante por estrategias de poder y venganza.

Pero una vez se hace posible la experiencia de la comunidad, el pensamiento de Adler es optimista y confía en la capacidad que las estrategias personales de compensación, dentro de un entorno comunitario sano, tienen para construir personas cada vez más empáticas con lo humano en general. En una comunidad real integradora, son nuestros problemas y carencias las que nos ayudan a crecer y hacen nuestra vida interesante. Es más, el desarrollo personal sano lleva a expandier las fronteras de la comunidad familiar hacia una comunidad real cada vez más amplia, hacia los amigos y los compañeros de estudio o trabajo; y finalmente abstraer las formas y generosidad de la relación comunitaria hacia una empatía general hacia lo humano.

De hecho, mientras Freud se mostraba pesimista y negaba la posibilidad de una cultura y una sociedad no neurótica, Adler entendió el desarrollo del espíritu comunitario, la Gemeinschaftsgefühl, no solo como base para la terapia individual, sino como una forma de transformación social, como un camino que, de desarrollarse, modificaría la forma en que una sociedad se ve a si misma y cambiaría la forma de gestionar sus inevitables conflictos.

Ceremonias del día de la bandera en EcuadorEn el camino del desarrollo del espíritu comunitario Adler, hijo de su época, aceptaba que pudieran existir capas de cebolla intermedias entre el sentimiento de pertenencia a la comunidad y el amor por lo genericamente humano: abstracciones como la identidad nacional o de clase. Pero la experiencia nos lleva a pensar que en general las comunidades imaginadas y en especial la nación tienen una naturaleza distinta. Recientes trabajos empíricos en el campo de la adopción internacional mostraban como los padres adoptantes más reacios a dar un lugar en el relato de los orígenes del niño a su madre biológica, eran los más inclinados a incluir a esos mismos niños en cursos sobre la cultura y la lengua nacional del país en el que habían nacido, aunque no guardaran recuerdo alguno de su uso por haber sido adoptados antes de aprender a hablar. Estas mismas familias son las que con menos frecuencia permiten que el contacto con la familia biológica se mantenga. El relato nacional del país donde el niño nació pretende sustituir a la memoria de la familia de origen. Algo parecido ocurre allí donde los estados impulsan nacionalismos fuertes: la historia familiar, a partir de cierto punto, normalmente los abuelos, se confunde y difumina en la historia oficial de la nación y sus mitos. La identidad nacional parece un virus que se reprodujera introduciéndose en las memorias comunitarias y familiares para perpetuarse usando sus propios mecanismos de reproducción (los relatos domésticos, las memorias de los parientes vivos, las historias de vida, etc.).

Las identidades aristotélicas, las propias de las comunidades imaginadas, son un disolvente para el Gemeinschaftsgefühl -el espíritu comunitario adleriano- no una consecuencia de su desarrollo.

Microsociología comunitaria

AsambleaPero quizás lo más sugestivo hoy de los aportes adlerianos no son sus esperanzas sociales, sino el hecho de que la lógica de las metas y la definición de los estilos de vida fundamentan una verdadera microsociología comunitaria.

Sabemos hace tiempo que los sistemas de organización industrial que practican metodologías participativas en colectivos que no comparten una amplia reflexión e interacción previa, refuerzan a las finales liderazgos carismáticos o profesionalizados como única manera de superar la aversión al riesgo que la transparencia exacerba. El resultado, a las finales, produce esas mismas actitudes abúlicas que se criticaban como características de los sistemas tradicionales.

Seder de Pesaj en un kibutzPor eso, las empresas, incluso las que buscan innovaciones democráticas, devienen fácilmente comunidades enfermas. En primer lugar porque no suelen formarse desde una deliberación de sus miembros, así que generalmente no derrochan sentimiento comunitario. Y cuando este se trata de introducir desde fuera, los impulsores de los cambios suelen pensar que con cambiar los procedures o las normas basta. Los resultados, lógicamente, defraudan las expectativas. En la práctica es muy frecuente que los propios líderes acaben siguiendo estrategias erradas: ansia de reconocimiento, necesidad de ejercer poder para afirmarse… todo muy adleriano.

No es de extrañar que en otros mundos con similares problemas, desde las comunidades de vecinos hasta los patronatos de fundaciones, abunden los cursos y manuales de convivencia. Y es que en todos estos colectivos, esa microsociología que se esboza en el planteamiento adleriano, parece estar clamando por convertirse en saber comunitario.

Esta es la línea menos desarrollada de las ideas adlerianas, pero también, seguramente, una de las más potentes, sobre todo si aceptamos la epicúrea idea original que articula todo su pensamiento: el sentimiento de pertenencia a una comunidad y la experiencia de generar significado desde ella, son básicos para un desarrollo personal sano… en cualquier etapa de nuestra vida.

«Comunidad y personalidad» recibió 13 desde que se publicó el lunes 21 de julio de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] a la centralidad de la idea pertenencia pero desde un nuevo […]

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.