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Degania paso a paso

El nacimiento del modelo comunitario contemporáneo en el contraste entre «sociedades de amigos» y modelos colectivistas.

El ejemplo, más que ninguna otra cosa, ha sido siempre la principal forma de impulsar movimientos comunitarios distribuidos de largo aliento. Las noticias que llegaban de las colonias de trabajadores en América o de los éxitos de falangsterios exóticos en el siglo XIX y sobre todo del kibutz en el XX, crearon verdaderas heterotopías que demostraron que cualquier pequeña comunidad podía materializar los valores de la conquista del trabajo y construir una buena vida basada en nuevas relaciones sociales. Las imaginaciones que suscitaron inspiraron a millones de personas que participaron en cooperativas, movimientos educativos y mil cosas más. Más allá de su propia evolucion y experiencia, las comunidades igualitarias, han sido referentes culturales empoderadores para el trabajo.

Los dos grandes modelos de comunidades igualitarias

falansterioEl siglo XX nos ha dejado dos tipos de comunidades igualitarias. El primero, la kvutza, una «sociedad de amigos» que se considera, de cara al entorno, un ejemplo y un espacio de aprendizaje del que los demás pueden sacar provecho; el segundo, el kibutz, una «sociedad alternativa», pretende ser el germen de una forma alternativa de organizar al conjunto social.

El primer modelo es comunitario-céntrico, se basa en el desarrollo orgánico de las relaciones interpersonales y se pone a si mismo límites de escala, quiere ser «pequeño» y cuando crece lo hace bajo la forma de una confederación de comunidades. El segundo es universalista, conoce el poder del ejemplo, pero lo supedita a desarrollar una mecánica de convivencia que permita un crecimiento en principio libre de escala, válido «para todo el mundo».

encuentro entre comunidades miembro de KommujaEntre los primeros están comunidades históricas como Degania y actuales como las Indias, entre los segundos el icarianismo del siglo XIX y el «gran kibutz» colectivista israelí servirían de referencia histórica para entender los kibutz colectivistas actuales pero también para las comunidades igualitarias norteamericanas (Twin Oaks, Acorn) y alemanas como Niederkaunfungen.

Este último modelo parte de un «diseño»: la «Nueva Icaria» de Cabet para los icarianos, la sociedad socialista para los kibutz colectivistas o el «Walden 2» conductista para Twin Oaks. Su historia es la historia de una negociación entre estos diseños mecánicos, ex-ante y la realidad de la convivencia y la producción. Por contra, la «pequeña comunidad» nace de forma «espontánea» en un marco de «conquista del trabajo» que genera valores comunitarios. Su historia se presenta como la respuesta de un grupo cohesionado de amigos a una serie de retos prácticos y anímicos. Si en la comunidad colectivista la teoría busca hacerse realidad, en la «sociedad de amigos», será el trabajo el que acabe buscando a la teoría para afirmar su autonomía.

El nacimiento del modelo «Degania»

Lo interesante de estas «sociedades de amigos» es el sorprendente paralelismo en su evolución y maduración a pesar de la diferencia de contextos históricos, culturales y sociales. Tomemos el periodo de formación del «modelo de la kvutza» en Degania como ejemplo, abstraiéndolo en lo posible del contexto político de la Palestina de la época.

Fase 1: Compartirlo todo en ausencia de todo

comuna de haderaEn 1908 encontramos un grupo de tres amigos. Tienen todos dieciocho años y todos son varones. Van por los primeros asentamientos judíos realizando trabajos como temporeros. La situación económica es dura y lo que ingresan no llega para comer regularmente. Por motivos prácticos, comienzan a vivir juntos y poner sus salarios en común. Están intentando hacer realidad la idea de la «conquista del trabajo» y son reconocidos como buenos trabajadores. Se les unen otros tres de la misma edad y similar contexto ideológico. Tienen problemas con los gestores del asentamiento en el que trabajan y organizan una huelga que pondrá el foco sobre ellos. Se trasladan de asentamiento y se les une otro grupo más -dos chicos y dos chicas- que también venía de ese «compartirlo todo» forzado por la necesidad material. Empiezan a generar atención. Les llaman «comuna» y ellos mismos empiezan a darse cuenta de que su modo de vida, compartiendo y decidiendo todo entre todos, no solo les permite vivir mejor y resistir a un entorno laboral hostil sino que se están creando unos lazos afectivos que en un entorno tan duro les permiten ser mucho más resilientes y autónomos.

Fase 2: La cuadrilla de pioneros

deganiaSe comienzan a «vender» como un grupo de trabajo de «élite» preparado para los trabajos más duros y se ofrecen, ya como cuadrilla, para labores de pionero en terrenos lejanos y adversos: despedrar y desbrozar, construir las infraestructuras básicas, hacer la primera siembra. En 1910 consiguen ser contratados por primera vez como grupo -aunque solo los varones- para preparar unos terrenos en una zona insalubre, Um Juni, atestada de malaria, junto al lago Kinneret (el Tiberiades). Marchan todos -también las mujeres- porque separan claramente su propia organización, la kvutza, del contrato que les liga al FNJ propietario de las tierras. Legalmente, para poder habitar el lugar, ellas figurarán como empleadas de ellos. Llegan el 28 de octubre y se asientan en tiendas de campaña.

Pronto aparece la primera institución: la reunión nocturna tras el trabajo donde todos discuten de todo, reflexionan sobre lo que están viviendo y organizan las cuestiones prácticas, «al modo de una reunión familiar más que al de un comité ejecutivo». Cuando la administración intenta desplazarles a un nuevo asentamiento en el que tendrían que fundirse con otro equipo y someter su trabajo a la asesoría de agrónomos profesionales, se rebelan: no les importa cambiar de terreno, pero para que una comunidad funcione y pueda desarrollar el tipo de pedidos que les exigen, aseguran, es fundamental tener una autonomía total sobre su propia organización.

Para la época y sus escalas, los doce de «Um Jumi» no son más que una pequeña cuadrilla de trabajadores no cualificados, pero son conscientes de que son «otra cosa» y lo hacen valer tratando de tú a tú al mismísimo Fondo Nacional Judío y sus gerentes. Un nuevo administrador -Ruppin un gerente excepcionalmente abierto e inteligente que será una figura clave en el desarrollo de kvutzot y kibutzim- negocia con ellos: cede en todo pero a cambio de que -con un crédito del propio FNJ- dejen las tiendas y creen los primeros edificios. A los comuneros les da miedo, temen perder parte de su identidad como «grupo de trabajo de vanguardia» al asentarse, pero finalmente deciden aceptar, quedarse en Um Jumi. Simbólicamente le cambian el nombre por «Degania», flor de gramínea. Es el 26 de julio de 1910. La decisión de permanecer y convertirse en granjeros se materializa pronto en la primera boda.

Fase 3: Pareja, familia y comunidad

Degania Yosef y Miriam BaratzLas condiciones son durísimas pero para finales de 1912 tienen ya beneficios y comienzan a devolver los créditos recibidos para comprar herramientas, semillas y materiales de construcción. Ya hay un niño, lo que obliga a una reflexión. Y las dos mujeres exigen igualdad en la participación en el trabajo, no estar recluidas en las actividades domésticas y los trabajos más ligeros. El resultado será el primer modelo comunitario pleno: los niños se consideran responsabilidad colectiva, las parejas -y sus eventuales hijos- tendrán espacios -habitaciones primero, bungalows después- y tiempos propios, pero las comidas seguirán siendo colectivas. No se ve en ningún momento -a diferencia de lo que ocurre habitualmente entre los colectivistas- oposición entre las familias que están surgiendo y la comunidad. Al revés, como dice Miriam Baratz «es importante crear una célula familiar (…) y desde ahí ir al comedor comunitario para llevar el espíritu de la pequeña familia a la gran familia».

Más importante y más revolucionario aun para la época, la igualdad en el trabajo de las mujeres les obliga a incorporar al modelo dos innovaciones radicales: el trabajo doméstico pasa a ser también responsabilidad de los varones y la producción se diversifica para requerir menos intensidad física con nuevos cultivos de regadío y olivos, gallinas, una lechería, un huerto y pronto miel. La igualdad les lleva a una mayor productividad. Cuanto más se comunitarizan más abundancia crean.

Fase 4: Crecimiento, asimetrías internas y cooperativización insatisfactoria

primeras casas en DeganiaPero el terreno con el que cuentan y la ambición de ponerlo a producir, genera una contradicción. Tienen que contratar trabajadores temporales. Más de 58 en algún momento del primer año. A los que llegan les ven como miembros potenciales, les dan voz en las asambleas y les ponen las cosas fáciles para quedarse. Para 1914 son ya 84 adultos viviendo en Degania, 40 como miembros. Pero los comuneros todavía no han asumido que lo que realmente les define es «compartirlo todo». Los fundadores y sus familias siguen teniendo solo un fondo común, los nuevos tendrán un salario propio al margen de que el fondo pague los gastos comunes.

El crecimiento, además, les lleva a crear nuevas instituciones que sustituyen a la reunión diaria en la mesa de comedor: un comité ejecutivo y una asamblea semanal. Los propios fundadores se sienten incómodos y reducirán los poderes del comité al mínimo. La crisis que supone la guerra -con cientos de refugiados llegando a la kvutza- les llevará a renunciar a todo el bienestar duramente conquistado y volver a dietas de supervivencia a favor de crear servicios públicos (comedores, orfanatos, etc.) para los refugiados. A pesar de las carencias, en 1915 tienen todavía energía como para invertir parte del magro presupuesto en contratar a un profesor de hebreo para poner en marcha todo un programa cultural -desde lecturas colectivas a coros- articulado por la adopción de la nueva lengua, un terreno neutro que permite trabajar y discutir en pie de igualdad con las docenas de recién llegados que empiezan a colaborar en el trabajo.

Pero para febrero de 1917 el crecimiento por pura empatía y el disgusto de fondo de los fundadores con las nuevas instituciones propias de una escala mayor, pasa factura. Tanjum Tanfilov dice en la asamblea:

La vida en común fue nuestro primer objetivo con nuestra llegada a Um Jumi. Nuestra misión era la expansión de la granja y nunca pensamos que esa expansión pudiera dañar la armonía de la kvutza. No pensamos que los trabajadores temporales viviendo con nosotros no sintieran familiaridad espiritual con nosotros.

degania 192?El espíritu integrador le llevará a proponer, con Joseph Bussel, un nuevo cambio productivo para poder dar trabajo igual a todos en la espera de que cambiando las condiciones materiales cotidianas, las afinidades se formen. Es claro que para ellos la integración y el sentimiento comunitario están por encima y determinan el curso del desarrollo económico por el que optan. Pero las cosas simplemente no son así. Los nuevos miembros no sienten y viven el metabolismo económico como propio. En la misma lógica, los fundadores empiezan una nueva revolución en marzo de 1919: proponen una bajada de salarios (que solo ellos seguían poniendo en común) para comprar al FNJ la propiedad de las tierras. El objetivo: que la combinación de propiedad e ingresos variables en función de los resultados empujara una integración de verdad.

Pero los cambios y la cooperativización de la propiedad siguen sin funcionar. En 1919 las asociaciones de trabajadores han diseñado un nuevo tipo de asentamiento «para todo el mundo»: la moshava, cooperativas agrarias de trabajo sin aspiraciones comunales. El plan lo apoya el FNJ y Hapoel Hatzair, el partido «gordoniano» del que son parte buena parte de los fundadores de Degania. Comienza a llegar una nueva oleada migratoria y nadie considera ya la kvutza un modelo escalable. Cinco familias de Degania, incluida la familia Dayan, una de las fundadoras, se ofrecen para iniciar el proyecto.

Bussel les pide que marchen cuanto antes para no desestabilizar aun más la kvutza. La ruptura en el centro mismo del proyecto con la aceptación de la derrota por los Dayan, deja el corazón roto a los que quedan. Las cartas cruzadas entre Shmuel Dayan y Tajum Tanfilov son conmovedoras. Bussel mantiene el ánimo haciendo de tripas corazón y lanza una nueva reforma para retornar al «espíritu original», un «reset».

Fase 5: Reseteo y comunalización

degania 1030 niñosEl «reseteo» significa, por fin, una reducción del número de miembros a aquellos que de verdad están por compartirlo todo. Solo quedarán 25 adultos -13 de ellos mujeres. En consecuencia se reducen las tierras cultivadas y se diversifica aun más la producción. Por primera vez se hace consciente que el centro y el objetivo del trabajo no es cultivar más tierra ni dar cabida al mayor número posible de personas, sino mantener y desarrollar las relaciones comunitarias. El objetivo principal de la comunidad es la comunidad misma y su autonomía, condición de todo lo que pueda venir después. Estamos ya en 1920.

No tratarán de integrar en la comunidad a los nuevos grupos de emigrantes que llegan desde Europa. Dos de ellos llegan ese mismo año. Se convertirán en kvutzot independientes -Degania Bet y Degania Gimmel- aunque se establecerán en las cercanías y usarán los sistemas de regadío, las herramientas, recursos y servicios de Degania. La idea de crecer como una confederación de kvutzot empieza a flotar en el ambiente.

La economía comunitaria mientras tanto se está reponiendo, para 1923 ya han conseguido pagar todas las deudas generadas por la situación excepcional de la guerra. Degania se ha convertido mientras tanto en el modelo de una nueva cultura secular judía, que al mismo tiempo que conserva fiestas y celebraciones y honra una nueva forma de relación con la Naturaleza a través del trabajo, es completamente ajena a la práctica del culto religioso.

un pueblo en el jordán baratz deganiaPara 1922 Degania ha pasado solo de 23 a 35 miembros, pero el número total de kvutzot ha pasado de tres a ocho. Es necesario hacer un «modelo» explícito para evitar que las comunidades recién formadas repitan los mismos errores de Degania en la construcción de una vida comunitaria autosuficiente. La respuesta parece obvia, declararse comuna abiertamente y superar de una vez la división entre cuentas y salarios particulares para «los nuevos» y fondo comunal para «los viejos».

La argumentación toma un cariz económico porque es verdad que la comunalización tiene un efecto inmediato sobre la resiliencia económica de todos y a los deganianos les sigue dando vergüenza postular abiertamente un modelo basado en algo difícilmente escalable o universalizable. Pero Baratz en principio se opone, no quiere que parezca que se declaran comuna «por los dólares y los céntimos», como «un producto de la necesidad». Las heridas de la ruptura del 19 duelen todavía y la comunitarización pasa finalmente a ser explícita. Para 1923 lo que están en Degania son los que realmente quieren el modelo comunitario, la comunidad «de verdad», unida por lazos interpersonales, donde todos cuidan de todos, todo se decide por consenso y todo se comparte: el trabajo y su producto, el consumo y el ahorro.

Fase 6: Choque generacional

hashomer hatzairParadojicamente, para entonces, el modelo comunal ya no es visto como «utópico», «irrealizable» y «solo para unos pocos». La nueva generación llegada en la última oleada migratoria, influida por la revolución rusa y el marxismo, tenderá a descalificarles «por la izquierda» rechazando por «pequeñoburguesa» su concepción de la comunidad «pequeña» basada en las familias, la conversación y los lazos de solidaridad interpersonal. Será la generación del «gran kibutz» de ámbito nacional que se ve a si mismo como el primer paso de una sociedad colectivista… algo que producirá rechazo en unos deganianos que sentían una antipatía instintiva por las constricciones impuestas por un modelo diseñado ex-ante.

El resultado del shock generacional será un parón en el crecimiento en la formación de nuevas kvutzot y un paso a segundo plano ante un nuevo tipo de movimiento, los kibutz colectivistas. Para 1927, cuando crean «Hever Ha Kvutzot» el número de comunidades habrá crecido hasta la docena, mucho menos que el número de comunidades del modelo alternativo.

Fase 7: Crecimiento orgánico

degania colorSin embargo, la claridad y el compromiso con el modelo finalmente destilado en 1923, les permitirán conectar con los más jóvenes de la generación de la revolución rusa, los que ya han visto la derrota de la revolución en Europa y rechazan el modelo de kibutz estatal y no comunitario, abrazando de nuevo el ideal constructivo de la conquista del trabajo. Tras muchos viajes y debates, en 1932 absorben a un movimiento juvenil europeo, Gordonia, que les permitirá impactar más que nunca en su entorno y mantener un crecimiento sobre el modelo de «sociedad de amigos» hasta que los desastres de la Segunda Guerra Mundial y el Genocidio primero y los costes de todo tipo de la Guerra de Independencia y la construcción del estado de Israel doblen final, pero nunca totalmente, su evolución.

Un modelo pragmático e idealista

indianos 2011La evolución de Degania hasta que consolidó el modelo de la kvutza resulta sorprendentemente familiar a los indianos, crisis incluidas. En nuestro caso pasamos por prácticamente todas las fases y problemas en el casi mismo orden y hasta con lapsos de tiempo entre ellas muy similares, incluida la comunitarización espontánea en el origen, la confianza mágica en los efectos de la cooperativización sobre los trabajadores externos al núcleo comunitario después, inevitablemente frustrada en ambos casos, y las discusiones sobre si incluir abiertamente o no la comunalización en nuestra definición. Incluso, salvando las inmensas distancias, podría compararse la actitud de los jóvenes de la tercera aliya, con la de la generación que llegó a la militancia con los movimientos de 2010-2011 en el Mediterráneo europeo.

No se trata de defender una mágica inmanencia de la forma ni tampoco, mucho menos, de defender que toda comunidad ha de pasar inevitablemente por las mismas etapas. Para nuestra desgracia, los indianos no conocíamos la historia de Degania y para su desgracia, los deganianos no conocían bien las experiencias cooperativas y comunitarias anteriores y sus problemas. Unos y otros fuimos adanitas a la fuerza. Pero lo que es cierto es que cuando en dos contextos históricos, sociales y geográficos tan diferentes, grupos llevados por unos valores comunes llegan a un modelo casi idéntico tras cometer errores similares, deberíamos pensar que no es pura casualidad.

dia de las indias gijonSi optamos por un modelo ejemplar, de pequeña comunidad productiva, definida por estrechos lazos de solidaridad y confianza entre sus miembros, la igualdad interna real que ha de sostenerlo solo es posible desde la diversificación productiva, la conjugación de espacios familiares y comunitarios y el gobierno a través de sistemas consensuales basados en la deliberación y la reflexión permanente. Es decir, no basta con la institución de un fondo común como en los modelos colectivistas, es necesario un crecimiento que desde el principio ha de partir de la afinidad de valores y de la afirmación de la autonomía del trabajo, algo que no se deduce automáticamente de la adhesión ni siquiera de la participación temporal en proyectos comunes. El modelo alcanzará su crecimiento orgánico solo si es capaz de proyectar esos valores fuera de la propia comunidad, creando un entorno a su alrededor, conectando con preocupaciones sociales y sabiendo discernir cuando debe crecer y cuando ayudar a constituirse a un nuevo grupo.

No parece fácil. No es fácil. Y sin embargo merece la pena no solo para los miembros de la comunidad, sino para un entorno mucho más amplio en el que el impacto de una comunidad potente dedicada a la conquista del trabajo y el conocimiento supone siempre un elemento dinamizador y cohesionador al mismo tiempo, una referencia con la que se puede contar también en momentos difíciles.

«Degania paso a paso» recibió 4 desde que se publicó el miércoles 30 de diciembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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